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Brookfield, el fondo que pretende expulsar a 5.000 vecinos de Madrid
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Quién está detrás de Brookfield, el fondo canadiense que pretende expulsar a 5.000 vecinos de Madrid

Bruce Flatt.

Germán Aranda Millán

23 de mayo de 2026 23:12 h

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Hace menos de dos años, el fondo canadiense Brookfield estuvo cerca de convertirse en el dueño de la farmacéutica de hemoderivados catalana Grifols con una opa de exclusión que rozaba los 7.000 millones de euros. No llegó a puerto y su mayor inversión en España hasta la fecha ha sido finalmente inmobiliaria: compró a finales de marzo pasado por 1.000 millones las 5.000 viviendas que en 2013 Blackstone adquirió al Ayuntamiento de Madrid de Ana Botella y a la Comunidad y dejaron de ser públicas.

Brookfield se ha convertido de una tacada en uno de los grandes caseros de España, aunque su objetivo es vender los pisos uno a uno, lo que costará el hogar a miles de vecinos angustiados por su futuro, tanto para quienes tienen que renovar sus contratos como por el vencimiento de los que acaban dentro de unos años. 

El fondo canadiense inició su actividad en el año 1899 al crear una empresa eléctrica en Brasil que después crecería, y es hoy uno de los mayores gestores de activos alternativos (inversiones fuera de los mercados tradicionales, como acciones, bonos o efectivo) del mundo, con casi un billón (más de 900.000 millones) de activos bajo su gestión, repartidos entre infraestructuras, energías renovables e inmobiliario. Cerró 2025 con 5.400 millones de beneficios y su capitalización bursátil es de 101.000 millones de dólares en la empresa y de 76.000 en Asset Management, que es la compradora de las viviendas. Su cartera inmobiliaria es de 72.000 millones. 

Sin respuesta a los inquilinos

Los inquilinos de las viviendas de Brookfield en Madrid no saben con quién hablar para esclarecer su futuro, un mes y medio después de que se confirmara la operación mediante la compra de la socimi cotizada Fidere de un fondo a otro por más de 1.000 millones, a un precio final de 220.000 euros por vivienda que triplica lo que gastó Blackstone al comprarlas al Ayuntamiento y a la Comunidad de Madrid. Han intentado hablar con el personal de Brookfield en España, que les remiten a las oficinas de Londres, donde no hay respuesta. 

Saben, por los medios de comunicación y por el hecho de que algunos pisos vacíos no se están alquilando, que Brookfield pretende venderlos uno a uno y que eso les condenará a marcharse cuando acaben los contratos de sus hogares, a los que entraron con precio regulado y se les duplicó con los años con la compra de Blackstone. Pero su único interlocutor es un asistente virtual de la página web incapaz de hablar de intenciones a medio plazo. 

La empresa que está detrás de ese asistente virtual es uno de los mayores gestores de activos del mundo, con una cartera de más de 900.000 euros de fondos de terceros y propios repartidos por 35 países, que es cuatro veces más que hace ocho años. 

Al mando de Brookfield Corporation está su CEO Bruce Flatt desde hace 26 años, aunque hace un par de meses dio un paso al lado en el brazo de activos Brookfield Asset Management, donde colocó a Connor Teskey como CEO. En España, el principal responsable desde hace 12 años Álvaro Zamariego, formado en la Universidad Pontificia de Comillas y con carrera en Morgan Stanley, en Citi y en CVC. 

Hace un mes, en una entrevista con CNBC, Flatt se mostraba optimista con el efecto de la guerra de Irán en la economía. “Va a hacer que todos nos centremos en nuestras tareas. Estos países van a desarrollar su propia IA, sus propios oleoductos. Construirán mejores países gracias a esto”, decía. Hace un año, también aseguraba que era “el mejor momento” para la inversión inmobiliaria. 

Pese a que en otras conversaciones ha dicho que “lo más importante son las personas”, la situación de los inquilinos de Blackstone que dejaron de vivir en pisos protegidos no ha merecido ningún comunicado de la empresa, que declinó responder a las preguntas de elDiario.es. 

Casi siempre que habla con los medios de comunicación, Bruce Flatt repite como un mantra: “Nos dedicamos a controlar la columna vertebral de la economía global”. “Nuestro trabajo se realiza entre bastidores. Nadie sabe que estamos ahí, y proporcionamos infraestructuras críticas a personas que pagan una pequeña cantidad. La mayoría de gente cree que la carretera por la que circulan pertenece al gobierno. Incluso si es una de peaje, no saben quién es el propietario”, añadía en una entrevista para el Financial Times en 2019. 

Negocios en duda

El mismo medio publicó el pasado año una investigación en la que cuestionaba el cambio de manos de doce propiedades de Brookfield en 2024 en que gastó 1.400 millones de dólares de su rama de seguros para comprarse propiedades a sí misma. “Brookfield utiliza sus propias compañías de seguros vinculadas como vehículo para deshacerse de activos”, denunciaba en el artículo Dmitry Khmelnitsky, jefe de contabilidad de Veritas Investment. 

Las transacciones, que permitían a la empresa registrar capital propio como nuevos ingresos, planteaban “interrogantes sobre la calidad de las ganancias y la valoración de los activos” de Brookfield, en un ataque a la confianza que es clave porque gestiona fondos de pensiones públicos y sindicales de miles de personas. El reportaje definía a Brookfield como “un laberinto que contiene miles de entidades, fondos interconectados, sociedades, fideicomisos y empresas”. 

No es la única polémica en la que se ha visto implicada Brookfield, que según publicó The Intercept y OCCRP (Organización contra el Crimen y la Corrupción), fue investigada por las autoridades brasileñas en 2021 por violaciones ambientales en el sureste de Brasil. Con la compra de una hidroeléctrica, creó un embalse gigantesco que provocó la pérdida de peces y de actividad pesquera, y después se investigaron tanto las compensaciones recibidas por afectados como amenazas sufridas por quienes protestaron. 

Aunque el origen de la empresa está justamente en la electricidad y en Brasil, el negocio inmobiliario fue el que impulsó la precoz carrera de Flatt, nacido en la provincia canadiense de Manitoba en el año 1965 e hijo de un alto ejecutivo de Investors Group. 

Un directivo precoz

A los 28 años, en 1993, lideró una oferta de Brookfield para comprar oficinas, que incluían cuatro torres del World Financial Center y el edificio 245 Park Avenue en Nueva York a precios bajos. El éxito de la operación aceleró su carrera para convertirlo en CEO de la empresa 7 años después y hasta hoy. 

Después de los atentados del 11S, en vez de deshacerse de activos en la zona financiera de Manhattan que estaba siendo abandonada por inquilinos, Flatt y Brookfield no solo mantuvieron, sino que ampliaron sus inversiones. La torre comprada en 1993 se vendió por separado en 2017 por 2.200 millones de dólares en uno de los precios más altos jamás pagados por un rascacielos estadounidense, casi seis veces más que cuando se compró.

Comprar, esperar una revalorización, obtener rentas de alquileres mientras tanto y vender fue lo que hizo Blackstone justamente con las 5.000 viviendas que adquirió en 2013. Comprar en bloque y vender la vivienda por separado es la que debe hacer que Brookfield rentabilice una inversión de 1.000 millones que triplica la que en su día hizo Blackstone. Que miles de vecinos vulnerables pierdan su hogar con la operación después de años de abusos contra su derecho a la vivienda no es algo que parezca preocuparles. 

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