Sánchez pone distancia del latido de decepción y fin de ciclo que palpita en el PSOE tras el caso Zapatero
La última frase del discurso con el que José Luis Rodríguez Zapatero ganó, contra todo pronóstico, el XXXIV Congreso Federal del PSOE fue “no os fallaré”. El sintagma se convirtió en un lema personal que repetiría años después, la noche de su victoria en las elecciones generales de 2004, para extender el compromiso a toda la ciudadanía. Hoy, aquellas palabras son para una inmensa mayoría de socialistas un quebranto inesperado y doloroso de quien ha sido el faro moral del partido durante lustros.
Entre los que andan como Santo Tomás, incrédulos, pero a punto de meter el dedo en la llaga, y los que prefieren creer que están ante una “superproducción de realidad aumentada” hay un sentimiento de desolación que recorre esta semana todas las federaciones del PSOE. Diga lo que diga el sumario de la causa que investiga el juez José Luis Calama en la Audiencia Nacional, José Luis Rodríguez Zapatero ha roto el corazón del partido. Y quién sabe si algo más.
El alcance de lo leído en el auto de su imputación por tráfico de influencias tiene una significación tan notable porque el expresidente era, en palabras de un veterano dirigente, “el santón laico de la organización” y “un modelo ético” al que Pedro Sánchez ha sacado en procesión cuando ha necesitado para recordar todo lo bueno que hizo durante sus gobiernos, que no fue poco.
Como el de La incredulidad de Santo Tomás que pintó Caravaggio, hay un marcado contraste entre las luces y las sombras que, unido a la crudeza con que ese auto describe redes societarias, comisiones, empresas pantalla y transferencias de cientos de miles de euros, llena la escena de un tenebrismo incompatible con la vida y la personalidad hasta ahora conocidas de Zapatero.
“No hay explicación para que hiciera presuntamente de forma opaca e ilícita lo que Felipe González o José María Aznar han hecho, mediante el lobbismo, desde que dejaron la presidencia del Gobierno. Si por alguna razón personal decidió dedicar su vida a ganar dinero de esa forma, lo que debió hacer es dejar de predicar desde los púlpitos del socialismo y desaparecer de la esfera pública”. Quien así habla es un socialista que, el martes por la mañana, era escéptico con todo lo que leía, pero el viernes admitía ya que “no vamos a tener más remedio que creer”.
¿Fin de ciclo?
La resolución del juez Calama ha extendido una sombra de sospecha sobre el presidente y su entorno más cercano, además de señalar a sus hijas por el cobro de un millón de euros de la trama que se investiga a través de la empresa Whathefav de la que son administradoras y socias. Algo que, para la inmensa mayoría de los socialistas, resulta más incomprensible aún: “Si la motivación inicial era solucionarles la vida a las chicas, lo que ha hecho es complicar su existencia hasta el resto de sus días”. El dolor es más intenso entre los correligionarios de Zapatero cuando se proyecta el efecto que todo esto ha podido provocar en la esposa del expresidente, Sonsoles Espinosa, una mujer prudente y discreta, que siempre huyó de todo foco.
Hoy ya nadie en el PSOE habla de la baraka o la buena estrella que durante años se dijo que velaba por un Zapatero que se definía a sí mismo como un optimista antropológico, sino de lo que todo este asunto puede suponer para Pedro Sánchez: si la legislatura ha entrado definitivamente en barrena; si el presidente podrá aguantar el calvario judicial que el PSOE y su propia familia tienen por delante; si los socios aguantarán la presión de la derecha; si se anticiparán las elecciones o si el fin de este ciclo político será más estruendoso aún de lo ya previsto.
Al latido de decepción que palpita en toda la organización se une además un sentimiento de fin de ciclo que muy pocos disimulan, pero con el que el presidente del Gobierno ha decidido marcar distancias.
La respuesta de la oficialidad es un no rotundo a posibles consecuencias políticas tras lo que destape la investigación sobre Zapatero: “Nada de lo que llena las portadas de los diarios estos días precipitará unas elecciones; el presidente está mucho más tranquilo que cuando se conocieron los casos Ábalos o Cerdán y no vamos a aceptar un relato friccionado por la derecha de que la continuidad del presidente Sánchez es insostenible”.
“Ni esto es Latinoamérica, ni un Estado criminal corrupto, ni Sánchez y su gobierno están aquí para robar a los españoles, que es una narrativa construida por Feijóo y por Ayuso de escaso recorrido. Nos enfrentamos a la superproducción de una realidad aumentada por la caverna”, aseguran fuentes de La Moncloa.
¿Cómo afecta entonces al Gobierno esta bomba de neutrones? “No hay que avanzar pantallas, sino esperar al sumario y hasta el momento no hay prueba incriminatoria contra Zapatero. Si todo lo que se destapa es que el expresidente o Javier de Paz usaban sus contactos para hacer llamadas e interesarse por expedientes, el PP debería ser consciente de que se ha abierto un melón muy peligroso que se le puede volver en contra”, advierten desde el equipo del presidente.
Un ministro del PSOE llama la atención sobre “la delgada línea que separa el lobbismo del tráfico de influencias, que es el elefante en la habitación de este caso y del que el PP no saldrá tampoco indemne, aunque cuente en ocasiones con la connivencia de algunos jueces”. En la sede de algunos ministerios de hecho se han empezado a rastrear llamadas y visitas de exministros de Rajoy, más recientes que remotas, a funcionarios y altos cargos para interesarse por algunos proyectos y expedientes, según confirman fuentes gubernamentales.
En la misma dirección del relato sobre un caso poco estético, pero no ilegal, transita otra voz del Ejecutivo que duda además del “origen de una investigación casi parapolicial”. Palabras mayores que transmiten que en el ámbito socialista permanece el convencimiento de que todo lo que rodea a Sánchez es resultado de una ofensiva coral de la derecha política, policial, judicial y mediática. “Motivo más que justificado —añade el mismo interlocutor— para mantener el apoyo a Zapatero y, en ningún caso, convocar elecciones”. Y por el que Sánchez ha decidido defender hasta las últimas consecuencias la inocencia de Zapatero, aunque en La Moncloa no puedan negar que hayan pasado del shock de las primeras horas a la ansiedad por conocer el alcance de la investigación cuando se haga público el sumario, que todo indica que será mañana lunes.
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