La cruel realidad del transporte aéreo de animales domésticos
En los últimos cinco años, 40 animales muieron, 27 llegaron heridos y 4 se perdieron, solo en vuelos comerciales estadounidenses. La mayoría de las muertes fueron causadas por asfixia, golpe de calor, insuficiencia cardíaca y ansiedad severa —condiciones totalmente prevenibles e innecesarias—. También se han registrado decenas de casos de animales que han escapado de las jaulas en la pista, sobre todo gatos, y han sido atropellados por un vehículo o han desaparecido para siempre. En cuanto a las lesiones registradas, mayoritariamente son casos de perros que sufren heridas en las patas y la boca por intentar romper la jaula donde viajan. Estos casos no son excepciones, sino que revelan fallos alarmantes, negligencias e incoherencias graves en el sistema: falta de regulación, protocolos, formación y responsabilidad. En realidad, es muy sencillo entender que transportar seres vivos en bodegas diseñadas para mercancía es como enviar jarrones de cristal sin papel de burbujas. Absurdo, ineficiente y mortal para nuestra familia.
Es el caso de Brookie, la joven perrita de tan solo once meses que murió hace poco aplastada dentro de su caja entre las cintas transportadoras del aeropuerto de París CDG, a pocos metros de donde la había despedido la familia (con dos menores presentes) y bajo la indiferencia de Air France y del personal del aeropuerto. O la muerte de Ewok, en el mismo aeropuerto dos meses después, asfixiado en la bodega de un avión de Corsair que llevaba parado dos horas por fallos técnicos y que la propia aerolínea intentó ocultar. La lista de casos reales es estremecedora. Dakota, que despegó ya muerta por asfixia en la bodega de un avión de Aeroméxico por culpa de no haber presurizado la bodega, ya que el piloto no sabía que había un animal en ella. Joca, en Brasil, muerto de asfixia después de haber sido enviado por error a otro destino por la aerolínea GOL y ser devuelto sin salir de su caja durante más de un día. Tito, el gatito que se perdió para siempre en La Paz, Bolivia, antes de despegar, pero cuyo extravío solo se comunicó cuando su madre ya había llegado a su destino. Arturo, un gatito que se escapó de su transportín roto en Madrid mientras hacía escala, por culpa de la mala manipulación de un empleado de Iberia que lo ocultó durante horas. Iberia ni se presentó al juicio; que, por cierto, perdió. El pobre gatito Rodri siguió la misma suerte que Arturo en Atenas por culpa de la negligencia de Aegean Airlines. O Gos, al que Binter no aseguró bien su transportín en la bodega y, cuando la abrieron, el perro estaba suelto, corriendo el riesgo de saltar a pista y poder ser disparado por el equipo de fauna, o de llegar realmente herido a su destino. Nunca quisieron saber nada de lo ocurrido. Eso fue lo que le pasó a Nougat en Ibiza por culpa de la manipulación en bodega de Transavia. Nougat llegó suelto en bodega con la mandíbula rota.
En España somos muy afortunados de contar con GFAM (Gestión Felina Aeroportuaria de Madrid), único en el mundo, según lo que he podido averiguar durante todo este tiempo. Esta asociación está formada por trabajadores de AENA y, además de conocer muy bien cómo funciona la gestión de mercancías, nos han demostrado algo en lo que siempre he creído: que cuando los imprevistos se abordan desde la cooperación de todos, los resultados llegan y todo el mundo es más feliz, humanos y no humanos.
Fue así, con trabajo en equipo, como pudimos recuperar a Nerone, Locky y Merengue, tres gatitos y un perro perdidos debido a la falta de protocolos de gestión en aeropuertos. Desde Flytogether, junto con GFAM, seguimos impulsando la creación de protocolos claros y eficaces ante la pérdida de animales en aeropuertos y en el transporte en general, tanto a nivel nacional como europeo. Creemos que existe margen para avanzar y mejorar, y es por eso que tendemos la mano a AENA para explorar puntos de unión que nos permitan construir mejoras que beneficien a los pasajeros, a las empresas y a los animales.
Es clave saber que no existe ni ha existido nunca ningún registro de vuelos con animales ni de accidentes en ningún país, excepto en Estados Unidos (DOT, Departamento de Transporte) y únicamente desde el 2005. Ninguna agencia nacional o europea de seguridad aérea —AESA o EASA— tiene conocimiento de los animales domésticos que vuelan ni de lo que ocurre en esos vuelos. Según nuestro propio registro, que llevo actualizando constantemente desde noviembre de 2021, Flytogether ha confirmado hasta hoy 18 muertes, 9 heridos, 8 perdidos, 18 escapados (y recuperados), 11 casos de abusos en cabina y 7 casos de abusos durante los controles (retención en frontera o prohibición de embarque).
Algo positivo, dentro de este contexto tan negativo, es que los animales de compañía en España se consideran un miembro más de la familia desde 2021, cuando se modificó su régimen jurídico para que dejaran de ser tratados como cosas. Este cambio, introducido en consonancia con una nueva realidad social más sensible con los animales, es ignorado totalmente una vez se entra en territorio aeroportuario. Es un vacio legal que hay que desarrollar. Por eso estamos trabajando junto con APPDA (Asociación Parlamentaria en Defensa de los Derechos de los Animales) en una Proposicion No de Ley, a través de la cual, conscientes de las dificultades del proyecto en cuanto a dimensión internacional, múltiples sectores involucrados, transversalidad, etc. proponemos:
- Desarrollar el art. 29 de la Ley 7/23 para garantizar el cumplimiento del art. 333 bis del Código Civil (sintiencia animal).
- Recoger sistemáticamente las cifras de accidentes sufridos por animales en aviones y aeropuertos.
- Establecer unos protocolos básicos en los aeropuertos de AENA.
Esta será también la demanda que haremos a la Comisión Europea a través del lanzamiento de una Iniciativa Ciudadana Europea a finales de año.
¿Cuál es el verdadero problema del transporte aéreo para los animales de compañía?
Las aerolíneas y aeropuertos, con la colaboración de las empresas de transporte de animales, están vendiendo una falsa realidad con la que se lucran y en la que nadie prioriza el bienestar de los animales, ya que no existe responsabilidad legal. Cada año hay animales que resultan heridos, traumatizados, perdidos o muertos durante el transporte aéreo sin ningún tipo de responsabilidad legal por parte de los responsables.
El maltrato y los riesgos para la seguridad durante el transporte aéreo se dan en todas las situaciones: tanto en la bodega como en la cabina, así como durante el transporte dentro del aeropuerto. En la bodega de carga, los animales están aislados en la oscuridad, a menudo hacinados entre el equipaje y otros animales. Están expuestos a ruidos ensordecedores, olores tóxicos y temperaturas extremas. No hay nadie que intervenga si sufren o entran en pánico. Si suena una alarma, el piloto debe despresurizar todo el compartimento, a menudo con consecuencias fatales. Cualquiera que nos diga que volar en la bodega es seguro, que es solo cuestión de acostumbrar al animal al transportín o que a veces es incluso mejor que viajar en cabina debido al temperamento del animal, o miente o no tiene ni idea.
Esto sucede a menudo con las empresas de transporte de animales. Es habitual que nos digan que con ellas los controles son más exhaustivos, que los animales están más vigilados, más seguros, con más atención durante la espera, que nos actualizarán durante el trayecto. Todo mentira. Simplemente no funciona así. Solo hace falta saber el coste de enviarlo por carga en vez de como exceso de equipaje: un vuelo intercontinental como mercancía no baja de los 2.000 euros, frente a unos 300.
Por otro lado, en la cabina los animales deben permanecer confinados debajo de un asiento, dentro de un transportín, sin excepción y durante largos periodos de tiempo. Su seguridad y comodidad dependen totalmente de la empatía de cada miembro de la tripulación, que muy a menudo no permite ni abrir la cremallera para acariciarlo o darle agua. Es un gran mito pensar que por ir en cabina están a salvo.
En cuanto a los aeropuertos, también gestionan a los animales como carga y no existe ningún tipo de protocolo para los animales vivos que circulan por ellos, ni en caso de pérdida ni de muerte. Por no haber, no hay ni lavabos para animales en la mayoría de ellos. Los transportines se apilan, se caen, se dejan desatendidos en rincones, pistas calientes o terrenos helados durante largos periodos. Los manipuladores suelen estar mal formados, ser indiferentes o ser trabajadores subcontratados sin experiencia en bienestar animal. Los problemas que se producen con las reservas de animales en el check-in, tanto en cabina como en exceso de equipaje, son precisamente porque se consideran objetos: en el sistema no los ven, porque son lo mismo que una maleta. Parece que las aerolíneas escondan información expresamente para que las transportadoras tengan el monopolio en mercancía o para cobrar doble a través de “errores del sistema”.
Por último, los gobiernos y sus ministerios son quienes gestionan la importación y exportación de nuestra familia animal como mercancía, lo que causa situaciones dramáticas debido a meros errores de papeleo que acaban destruyendo familias. Además, algunos gobiernos,como Inglaterra, Sudáfrica o muchos países de Oriente Próximo, tienen políticas de entrada muy estrictas y no permiten la llegada de ningún animal en cabina independientemente de su peso, obligando a hacerlo mediante carga, por mucho que las aerolíneas quieran adaptarse. De ahí la importancia de establecer lazos institucionales para llevar el debate a los parlamentos de cada país.
La situación actual en Oriente Próximo y los problemas que se están dando para la repatriación de ciudadanos españoles con animales, debido a la nula flexibilidad de los gobiernos, son dramáticos y muestran la complejidad de esta temática. Los animales no solo son tratados como mercancía por las aerolíneas o por las agencias aeroportuarias, sino también por los gobiernos. Una cosa es la gente que abandona a sus animales al irse del país y otra las personas que se encuentran con barreras enormes cuando intentan escapar de allí con ellos: certificados, test, documentación veterinaria y procesos que, en situaciones normales, ya son complejos, y que en medio de una guerra se vuelven prácticamente imposibles. Por ejemplo, perder un vuelo por no poder coger un taxi para ir al aeropuerto y que el certificado de salud caduque por unos pocos días sin poder renovarlo. Por eso, además de denunciar públicamente a las aerolíneas como Air Europa, que ponen trabas cuando deberían asistir a sus clientes, estamos luchando para que el Gobierno español establezca, a través del Ministerio de Sanidad, la puesta en marcha urgente de un dispositivo excepcional que permita la entrada de los animales de familia que acompañen a sus responsables y que provengan de zonas de conflicto en Oriente Próximo, aunque no cumplan con las condiciones sanitarias europeas de importación. Esto debería establecerse de urgencia, como hizo rápidamente Francia, a los pocos días del inicio del conflicto.
Objetivos
Mi objetivo a largo plazo es redefinir los marcos legales internacionales que rigen el Convenio de Montreal para que reflejen e incluyan la sintiencia animal (derechos y obligaciones), estableciendo normas internacionales de seguridad para el transporte aéreo independientes de las aerolíneas. También quiero garantizar la rendición de cuentas de las aerolíneas, los aeropuertos y las empresas de transporte para que nosotros, como consumidores, estemos protegidos.
Este año 2026 quiero seguir generando conciencia, informar verazmente en redes desmintiendo falsas narrativas, seguir dando voz a las víctimas y seguir apoyando a las familias sin opción a volar, a través de nuestro servicio de seguimiento de vuelos con los pettags. Los pettags son flyers personalizados de vuestro animal, descargables en la web, que se imprimen y se pegan en el transportín con el fin de presionar a los transportistas para reducir riesgos. Pronto también podré actualizar sobre el lanzamiento de la iniciativa ciudadana europea para demandar la introducción de protocolos en aeropuertos europeos.
Es inadmisible que en 2026 miembros de nuestra familia mueran en la total indiferencia de un sistema que los sigue tratando como simples maletas o mercancía.
Si quieres ayudar o apoyarnos, visita nuestra web www.flytogether.org o escríbeme directamente, sin dudarlo. Cuantas más personas seamos, antes conseguiremos nuestro objetivo.