Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

Roque Nublo: el gigante de piedra de Gran Canaria pone límites para sobrevivir al éxito turístico

Vista del Roque Nublo y La Rana (Tejeda)

0

En el corazón de Gran Canaria se erige una silueta que permite reconocer la isla incluso desde la distancia. Se eleva entre barrancos y pinares, recortada contra el cielo, como si alguien hubiera colocado una enorme pieza de ajedrez en mitad de una montaña que hace las veces de tablero. Hablamos del Roque Nublo, uno de los grandes símbolos del archipiélago canario y un lugar que hoy plantea un reto: cómo permitir que se visite sin poner en peligro el paisaje que lo hace único.

La respuesta pasa por organizar las visitas y limitar el acceso cuando sea necesario. Antes de preparar la excursión, conviene conocer qué hace especial a este monumento natural, cómo se puede llegar hasta él y qué condiciones hay que cumplir para recorrer sus senderos.

Roque Nublo y Roque Bentayga desde Acusa (Artenara)

Huella volcánica en el corazón de Gran Canaria

El Roque Nublo se encuentra en el interior montañoso de Gran Canaria, en una zona elevada que supera los 1.800 metros de altitud. Su figura, una imponente mole rocosa de aproximadamente ochenta metros de altura, destaca sobre el relieve de la cumbre y forma parte de uno de los paisajes más reconocibles de la isla.

Su origen se remonta a la intensa actividad volcánica en la zona hace millones de años. Las erupciones dejaron materiales que, con el paso del tiempo, se consolidaron y quedaron expuestos a la acción del viento, la lluvia y los cambios de temperatura. La erosión fue desgastando el terreno hasta dejar al descubierto estas grandes estructuras de roca.

El resultado es el monumento que se contempla hoy: una formación que parece colocada deliberadamente sobre la montaña, aunque su aspecto sea fruto de un largo proceso geológico. Su presencia ayuda a entender cómo se originó el relieve de Gran Canaria y por qué sus cumbres ofrecen paisajes tan distintos de los que vemos en la costa.

Pero el Nublo no está solo. En sus proximidades aparecen otras formaciones que despiertan la imaginación de los visitantes, como el Roque del Fraile, cuya silueta recuerda a una figura humana con la cabeza inclinada, y el Roque de La Rana, situado junto al gran protagonista.

Vista del Roque Nublo desde la lejanía

Una caminata corta con vistas infinitas

La ruta habitual hasta esta maravilla de la naturaleza arranca en el mirador de La Goleta, junto a la carretera GC-600, en el kilómetro 11,3 (entre Llanos de la Pez y Ayacata). Desde este punto parte el sendero que debemos seguir.

El recorrido de ida y vuelta es de apenas 3,2 kilómetros. Aunque no se trata de una caminata especialmente larga, el trazado asciende de forma constante, por lo que conviene llevar calzado adecuado, agua y protección frente al sol. También es recomendable comprobar las condiciones meteorológicas antes de salir: el tiempo en las cumbres puede cambiar y las temperaturas en el interior de la isla no siempre van a la par con la de la costa.

Al principio, el camino discurre entre pinos y permite disfrutar de la vegetación propia de región. Con algo de suerte es posible observar aves rapaces, como el cernícalo, que aprovecha las corrientes de aire para mantenerse suspendido sobre el terreno mientras busca alimento.

A medida que se gana altura, la vegetación pierde protagonismo y la roca comienza a dominar el paisaje. El sendero pasa junto al Roque del Fraile y continúa hasta El Tablón, una amplia superficie pétrea donde el terreno se abre. Éste es uno de los puntos más llamativos de la excursión, y no simplemente porque aquí se encuentra el Roque Nublo y La Rana; la combinación de las grandes masas de piedra, la altitud y la amplitud del horizonte produce una sensación muy distinta de la que se experimenta en los bosques del comienzo del sendero.

Desde esta explanada, la mirada recorre los barrancos del interior, los pinares y los embalses que salpican el relieve. También pueden distinguirse núcleos habitados como Artenara y Acusa, mientras que, en días despejados, vemos como el océano Atlántico se extiende al fondo hasta el infinito.

El atractivo de la excursión reside precisamente en ese cambio continuo de escenarios. No se trata solo de llegar hasta el Roque Nublo y hacerse una foto, sino de atravesar un territorio donde la geología, la vegetación y las vistas van cambiando a la vez que desvelan buena parte de la personalidad de Gran Canaria.

Bosques de pinos en torno al Roque Nublo

Reservar antes de subir: la conservación marca el camino

Lamentablemente la popularidad del Roque Nublo tiene consecuencias. La concentración de visitantes en un espacio natural limitado puede aumentar el desgaste de los senderos, afectar a la vegetación y alterar la tranquilidad de la fauna. El tránsito fuera de las rutas señalizadas, además, puede deteriorar zonas que tardan mucho tiempo en recuperarse.

Por eso, el acceso ahora está regulado y es necesario planificar la visita con antelación. Debemos consultar las condiciones vigentes y tramitar la reserva correspondiente a través de los canales oficiales antes de dirigirnos al Roque Nublo.

La información sobre las visitas y las reservas está disponible en Gran Canaria Senderos y en Reservas Roque Nublo. Allí se puede comprobar los requisitos aplicables, los horarios disponibles y las instrucciones para acceder al recorrido.

La organización también contempla el uso de los aparcamientos habilitados en las proximidades y las opciones de transporte público previstas para llegar al sendero, por lo que estas medidas cambian notablemente la manera de preparar la excursión, aunque responden a una necesidad concreta: evitar que la afluencia de personas termine dañando de forma irreparable un bien que es de todos.

Por eso, ahora, antes de viajar es aconsejable verificar si existen cambios recientes en el procedimiento de reserva, posibles restricciones temporales o instrucciones especiales. Cumplir las indicaciones, permanecer en los caminos autorizados y no dejar residuos son gestos sencillos que ayudan a conservar el entorno.

El Roque Nublo no necesita grandes instalaciones ni modificaciones para mantener su atractivo. Su encanto está en la forma que le dio la actividad volcánica, en el paisaje que lo rodea y en las vistas que ofrece sobre la isla. La cuestión es que ese patrimonio no puede depender únicamente de la buena voluntad de quienes lo visitan. También requiere normas, vigilancia y una gestión capaz de compatibilizar el turismo con la conservación.

Subir hasta el Roque Nublo seguirá siendo una de las experiencias más bonitas y memorables de Gran Canaria. La diferencia es que, ahora, disfrutar de esa caminata exige prepararla mejor. Porque proteger el monumento no significa alejar a las personas de él, sino procurar que quienes lleguen hoy puedan contemplarlo sin quitarles esa posibilidad a quienes lo quieran visitar mañana.

Dunas de Maspalomas (San Bartolomé de Tirajana)

Conservar las Dunas de Maspalomas

Sin embargo, el Roque Nublo no es el único lugar emblemático de Gran Canaria que debe ser protegido. Las Dunas de Maspalomas, la tan característica extensión interminable de arena dorada que termina fundiéndose con el Atlántico, también está en riesgo. Detrás de esa imagen tan conocida de Gran Canaria hay, en realidad, un paisaje frágil y en constante movimiento, que lleva años perdiendo terreno. Lo que muchos visitantes contemplan como un pequeño desierto junto al mar es, en realidad, un ecosistema donde cada planta y cada grano de arena cumple una función.

Vista aérea de las Dunas de Maspalomas

Un paisaje en constante movimiento

La Reserva Natural Especial de las Dunas de Maspalomas se encuentra en el sur de Gran Canaria, en el municipio de San Bartolomé de Tirajana. Su atractivo no reside únicamente en sus ondulaciones de arena, sino en la variedad de ambientes que conviven en este espacio: la costa, las dunas, la vegetación adaptada a ese ambiente seco y la Charca de Maspalomas, un humedal situado en la desembocadura del barranco de Fataga.

La formación de las dunas comienza en el océano. Las corrientes depositan arena en la playa y, una vez seca, el viento la transporta hacia el interior. En ese recorrido, algunas plantas frenan el desplazamiento de los granos y permiten que se acumulen a su alrededor. Así nacen pequeñas elevaciones que crecen hasta convertirse en dunas. Pero no son montañas inmóviles. Cambian de forma y de posición según la dirección del viento y la cantidad de arena. Esa dinámica explica tanto la belleza del paisaje como su vulnerabilidad: si se altera el movimiento natural de los sedimentos, el sistema entero puede resentirse.

La vida tampoco se detiene bajo esa apariencia desértica. En la reserva crecen más de cincuenta especies de plantas, algunas propias de Gran Canaria, como el salado verde. También habitan en ella insectos adaptados a la arena, aves como la abubilla, y reptiles como el lagarto gigante de Gran Canaria.

Charca y Dunas de Maspalomas

La arena desaparece y la naturaleza retrocede

El problema de las dunas no se explica solo por el paso de los turistas. Su equilibrio depende de un proceso natural que también se ha visto alterado por el desarrollo urbano del entorno. La construcción de edificios cercanos modificó la circulación del viento. Esta variación del viento afecta al transporte de arena y favorece que una parte termine saliendo hacia el mar. Según los datos recogidos en la documentación del proyecto de conservación Masdunas, se estima que alrededor de 45.000 m³ de arena se pierden cada año y acaban en el fondo marino, en lugar de en las dunas.

Las consecuencias se observan en el propio terreno. Disminuye la superficie ocupada por las dunas móviles, aparecen áreas erosionadas y aumenta la presencia de vegetación en lugares donde antes predominaba solo la arena. Este último cambio puede parecer positivo a simple vista, pero también refleja una transformación del ecosistema.

A ello se suma la pérdida de balancones, plantas que ayudan a retener la arena y a formar nuevas dunas. Cuando desaparecen, el viento encuentra menos obstáculos y la arena se dispersa.

Sin embargo, la biodiversidad afronta otras amenazas. Algunas especies invasoras desplazan a las autóctonas, mientras que el pisoteo de la vegetación, la apertura de caminos improvisados y el abandono de residuos dañan el hábitat. También se han detectado construcciones improvisadas a modo de refugios con ramas y piedras, conocidas como “goros”, que alteran el paisaje y pueden aumentar el riesgo de incendio.

Lo que está en juego, por tanto, no es solo la silueta de las dunas que aparece en las fotografías, sino la continuidad de un ecosistema que necesita espacio, arena y vegetación para seguir funcionando.

Charca de Maspalomas

Recuperar la arena

Para frenar este deterioro se puso en marcha Masdunas, un proyecto piloto dirigido a estudiar y aplicar medidas de restauración ambiental. Una de sus principales líneas de trabajo consiste en recuperar parte de la arena perdida y facilitar que el viento vuelva a distribuirla de forma natural.

El proyecto contempla la idea de reintroducir 60.000 m³ de arena mediante su traslado desde la zona de Punta de La Bajeta hasta la playa seca de Playa del Inglés. Desde allí, el viento puede llevarla hacia la zona de las dunas. La finalidad es comprobar si esta intervención ayuda a recuperar el movimiento de sedimentos y permite mantener el aporte de arena a las formaciones costeras.

La restauración también incluye replantar balancones y la creación de estructuras que atrapen la arena. Estos dispositivos, diseñados para frenar el viento en algunos puntos, se estudian para averiguar qué formas funcionan mejor y cómo pueden favorecer la creación de nuevas dunas.

A estas actuaciones se añaden medidas para controlar especies invasoras, recuperar la vegetación autóctona y retirar las construcciones improvisadas. La red de ocho kilómetros de senderos se señaliza para indicar por dónde se puede caminar y evitar que el tránsito se extienda a zonas especialmente sensibles.

Dunas de Maspalomas (San Bartolomé de Tirajana)

Para quienes visitan la reserva, las normas son sencillas: permanecer en los caminos habilitados, no arrancar ni pisar plantas, no alimentar a los animales y llevarse los residuos. Tampoco se deben levantar refugios con piedras o ramas ni crear nuevos recorridos sobre la arena. El futuro de Maspalomas dependerá de que estas intervenciones den resultados y de que se respeten las normas a largo plazo.

Las dunas seguirán cambiando, porque ese movimiento forma parte de su naturaleza. El objetivo no es congelarlas en una imagen perfecta, sino evitar que pierdan las condiciones que permiten su existencia. En Maspalomas, proteger la arena significa también conservar las plantas, la fauna, el humedal y la posibilidad de disfrutar de un paisaje que pertenece a todos. La mejor visita será aquella que deje el lugar prácticamente como lo encontró.

Etiquetas
stats