Carta al señor director general de Correos y al ministro de Fomento, José Luis Ábalos

Muy señores nuestros:

Me llamó Maria Milagrosa Sosa, tengo 52 años y trabajo en la Vega de San Mateo, uno de tanto pueblos bonitos de la isla de Gran Canaria.

Llevo en Correos 28 años de mi vida. Me gusta mi trabajo e intento cada día defender con profesionalidad y dedicación este servicio. Sin embargo, la ilusión de los primeros años comienza a mermar.

El 14 de Marzo de este año 2020, fecha que ningún español olvidará, se decretó el estado de alarma por una pandemia mundial y quedamos declarados, como uno de tantos servicios, personal esencial.

Al día siguiente de esta declaración nos presentamos en nuestros puestos de trabajo con miedo, sin información y preguntándonos cual era nuestro papel en este caos. Sin equipos de protección individual, sin un protocolo claro a seguir y temiendo por nuestras familias.

Los días comenzaron a pasar y los protocolos a surgir. Una jornada llevábamos una cosa, pero otra ya no. La confusión crecía, el miedo pasó a transformarse en terror cuando los contagios comenzaron aparecer ¡Y de qué manera señores! Llegamos a ser el segundo colectivo más contagiado, dejando compañeros en el camino. Que allá donde estén: D.E.P.

No solamente prestamos el Servicio Postal Universal (de forma voluntaria y aún sabiendo el riesgo que corríamos). También nos ofrecimos para otros colectivos que nos necesitaban: repartos de comidas, medicinas, libros para los más pequeños, equipos de protección individual para los sanitarios… Y un sin fin de servicios que quedan para la satisfacción de cada uno de nosotros y nosotras, la de haber servido para que esto saliera adelante.

Una figura importante en esta pandemia ha sido la del el cartero rural, aquel que llega a esa España vaciada, a los pueblos y lugares que muchos no se atreven a ir. Ha realizado esta labor como uno más de los vecinos y, en este caos, fueron su conexión con la realidad.

¿Saben muy señores nuestros que hemos recibido por todo esto? Bofetones, desprecios, ningún reconocimiento y muchísimas quejas.

Pasen por la web de Correos y lean cada uno de los comentarios de los clientes cada vez que se subía algún post. En ellos se dice que no hemos estado a la altura de la circunstancias, que somos “unos gandules”, que les diéramos los paquetes escondidos y mucho más.

¿Quién ha dado la cara en todo esto? Nosotros y nosotras, los carteros y carteras que hemos estado ahí, detáas de las ventanillas, teniendo que da,r día sí y otro también, miles de explicaciones a clientes pocos empáticos e injustos.

¿Saben como estamos muy señores nuestros? Agotados, cansados, con ganas de coger nuestras vacaciones bien merecidadas, que es lo único que nos queda para olvidar esta pesadilla. ¿Y con qué nos encontramos? No van a cubrirse en muchísimos sitios y las tenemos que realizar nosotros y nosotras.

Nosotros y nosotras, que hemos cubierto en esta pandemia las bajas de otros compañeros; que hemos trabajado las tardes para ayudar a otros colectivos sin cobrar un euro más; que después de un parón hemos comenzado a funcionar al 200% para poner al día los envíos atrasados.

¿Sabían ustedes, muy señores nuestros, que casi todos los colectivos catalogado como personal esencial, de una manera u otra, han sido homenajeados por sus superiores? Nosotros y nosotras aún no hemos recibido si quiera un “gracias” de nuestros jefes. No del jefe que ha estado con nosotros y nosotras día a día, sino del superior. No, señor ministro, no hemos recibido ni tan siquiera un pésame en las ruedas de prensa hacia los compañeros fallecidos.

Estamos cansados. Queremos salir y que se cubran nuestras plazas, llegar y seguir nuestra rutina sin tener que volver a cargarnos con trabajo doble. No, muy señores nuestros, no nos lo merecemos y todo tiene un límite. No nos premien, no nos agradezcan, pero consideren que somos personas con derecho al descanso.

Queremos dar calidad al cliente, dar lo mejor de nosotros y nosotras. Que la empresa prospere. Queremos ser competitivos y demostrar que somos la mejor empresa de comunicación (y encima publica). Pero así no. Así no podemos ofrecer lo que el cliente demanda y merece: una empresa publica con lo mejores servicios.

¿Sabían ustedes que como yo piensan casi todos mi compañeros, pero estos, por miedo a las represalias, no son capaces de pronunciar lo que es una verdad y un hartazgo?

Yo en estos momentos me siento desanimada, hastiada, sola y con mucha rabia. No sé si se estarán preguntando o les extraña cómo esta empleada no ha tirado de los sindicatos, el medio más recurrente, para emprender la batalla contra lo que me parece una injusticia. Pues les diré, muy señores nuestros, y haciendo alarde de una gran sinceridad: no son lo que fueron y no me siento representada estos momentos por los que me rodean. Es más, pienso que les son más útiles a ustedes que a nosotros y nosotras.

Cada mañana, a la hora de uniformarme para asistir al trabajo, la cornamusa me pesa una barbaridad. Antes prefería pasar frio y lucir con orgullo nuestra insignia. Ahora paso calor para ocultarla.

Muy señores nuestros, un consejo: si quieren que esto salga adelante y competir, acérquense, hablen con nosotros y nosotras, pregunten, ofrezcannos condiciones de trabajo dignas. Y así verán cómo se sorprenderán.

Sin más, espero tener suerte, que reciban esta carta y que tenga la valentía de leerla, porque somos los que verdaderamente sacamos este servicio adelante.

Reciban un cordial saludó de alguien que quiere ver a su empresa, Correos, en el más alto nivel.

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29 de junio de 2020 - 21:39 h

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