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Privilegios

Lidia Rodríguez

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Íñigo Errejón decía hace unos días que el debate “izquierda o derecha” había resucitado en los últimos tiempos, matizando que el foco debía ponerse en el discurso de clase. El pasado sábado, con la manifestación de Vox pudimos comprobar, por enésima vez, que ni el debate “izquierda o derecha” se ha marchado en algún momento de la política española, ni se puede separar del discurso de clase.

La transición española y el progreso económico en España ha hecho creer en alguna ocasión que el debate sobre izquierda o derecha estaba obsoleto, sin embargo, cuando se han abordado temas de gran calado social siempre se ha visto la presencia de ambas ideologías de manera diferenciada. Un ejemplo de ello es el matrimonio de las personas del mismo sexo, la Ley del aborto o la Ley de Memoria Histórica. La España de las caceroladas es la misma que te dice que quitar nombres de asesinos o monumentos de las calles no es importante, la misma que aplaude los discursos de Cayetana Álvarez de Toledo sobre el consentimiento sexual o la que aplaude a Santiago Abascal cuando dice en El Hormiguero que un matrimonio formado por dos mujeres no tiene el mismo derecho a la hora de adoptar que una pareja heterosexual.

Las encuestas realizadas durante las pasadas elecciones confirmaban, también, que Errejón se equivoca con eso de centrar el discurso en “los de arriba” y separarlo con el de “izquierda o derecha”. La extrema derecha no triunfa en los barrios obreros, sino que despunta en aquellos municipios donde el nivel de ingresos es alto. Dicho de otra forma, el perfil son hombres, mayores de 35 años con poder adquisitivo alto.

Por eso nos sorprende verlos pasear con la bandera para defender la unidad de España en un archipiélago donde no solo sufrimos altas tasas de pobreza sino donde la lejanía geográfica provoca que no suela triunfar el nacionalismo patrio. Lamentablemente, la violencia con la que el fascismo irrumpía en las calles el sábado por la mañana no va a desaparecer cuando lleguemos a la fase 3, ni siquiera dentro de un año o de dos. Odian todo aquello que atente contra los privilegios de su clase. Es por eso por lo que una de sus máximas preocupaciones es el feminismo, y, en consecuencia, el 8M. El fascismo se sustenta a base de privilegios.

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