“Quién era el dueño del mar”: María Nieves Pérez Cejas presenta su primera novela ‘Todas las nubes’

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María Nieves Pérez Cejas. Foto: pablodurango.com

En su admiración por lo desconocido, el niño Dalibor pregunta a su madre «quién era el dueño del mar, porque entendía que si las cosas no eran libres tampoco debían serlo los paisajes» [Todas las nubes, capítulo «8. Dalibor ojos azules», p. 131]. Podríamos haber elegido cualquier otro fragmento del libro para ilustrar ese tono poético —ya destacado por quienes se han acercado a esta obra— que impregna la primera novela dentro de la producción de su autora. Pero concretamente este nos vale para esclarecer la importancia capital del mar en ella no sólo como elemento espacial de la narración, sino casi como un personaje humanizado gracias a la estrecha relación que muchos personajes mantienen con él por su profesión, por cómo sintonizan emocionalmente a través de él o por su mera condición de habitantes de la isla, rodeada de esa «inmensidad del azul» en la que todos caben. María Nieves Pérez Cejas no ha permanecido ajena aquí a los múltiples significados que el mar ha tenido en la historia de la ficción canaria, especialmente, en la poesía.

Criada en el barrio portuense de Punta Brava, cuyo nombre nos revela un mar casi siempre batiente, las resonancias infantiles, de juventud y de adultez no podían faltar en esta primera incursión novelística cuyo engranaje tiene al paisaje como una pieza conductora (a través de la que se desarrolla la trama), contextual (por construir el espacio narrativo) y emocional (en la medida en que los personajes se identifican con él o con partes de él). En este marco, María Nieves Pérez Cejas plantea un trabajo de género policiaco, tan recurrente en la narrativa canaria de los últimos años, pero elaborado a partir de la perspectiva que le permite el lenguaje poético.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de La Laguna, la autora ha decantado su profesión hacia la enseñanza secundaria, a la que se ha consagrado en los últimos tiempos, hasta llegar a obtener la cátedra de Lengua y Literatura Españolas. Al margen de la docencia en el aula —que la ha llevado hasta Cluj Napoca (Rumanía) como profesora de español dentro del Programa de Secciones Bilingües del Ministerio de Educación—, su inquietud la ha avivado a ejercer, además, como coordinadora del Área de Convivencia Escolar de la Consejería de Educación del Gobierno de Canarias y a preparar diferentes materiales didácticos. En este sentido, destacan la elaboración de recursos pedagógicos que fomentan la literatura para la mejora de la convivencia o la visibilidad de la literatura escrita por mujeres (Constelación de escritoras canarias), así como la adaptación al contexto canario de los libros de Lengua y literatura castellanas de la ESO para el prestigioso sello Santillana. Asimismo, ha sido ponente en congresos sobre la literatura escrita por mujeres y sobre la construcción del liderazgo femenino a través de la palabra. Su carrera como escritora no es nueva, pues arranca en su etapa como estudiante de secundaria con una narración galardonada que le permitirá, por primera vez y aun siendo muy joven, viajar a varios países latinoamericanos. Con esta experiencia abordará, poco después, sus estudios universitarios en el ámbito de la Filología del español, lo que le abrirá nuevas oportunidades de exploración textual.

En el ámbito de la narrativa, ha publicado el relato El aire que le falta en la antología Monstruos y superhéroes: relatos terremotos de las Islas Afortunadas (Siete Islas, 2019) y la novela Todas las nubes. En el terreno poético, su producción cuenta con varios galardones, entre los que se encuentran el XIII Certamen de Poesía Gumersindo Galván de las Casas (Ayuntamiento de la Muy Noble y Honorable Villa de Breña Baja), por su poemario Versos al pastel (2014), y el célebre Premio Internacional de Poesía Luis Feria en su XVII convocatoria, promovido por el Vicerrectorado de Relaciones con la Sociedad de la Universidad de La Laguna, por su trabajo El invierno más largo, editado en el monográfico antológico Premios Culturales 2015: Premios Literarios (Universidad de La Laguna, 2016); además, ha visto la luz La melancolía de los supermercados (Baile del Sol, 2016). Como editora y crítica literaria, sobresalen su coedición, con introducción y notas, junto con Victoriano Santana Sanjurjo (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria), de la compilación de aportes periodísticos del narrador Víctor Álamo de la Rosa (Santa Cruz de Tenerife, 1969) sobre literatura, música, cine y artes, reunida en el volumen Da que pensar: textos y pretextos para una antología (1987-2020) (Mercurio Editorial, 2020), y su participación en la redacción, junto con Mercedes González Suárez y Pablo Fernández Vinuesa, de la monografía Las otras historias del volcán Tajogaite: La Palma, islas Canarias: septiembre-diciembre, 2021 (iLove The World; Federación Canaria de Municipios, 2022). A lo cual han de añadirse sus artículos de opinión y reseñas sobre la producción literaria última, así como la dinamización y presentación del programa radiofónico «Una isla de libros» en la emisora tinerfeña Gente Radio.

Feria del Libro de Santa Cruz de La Palma 2026. Ilustración: Nano Barbero

Todas las nubes toma su título de las habilidades de Raúl, abuelo de Greta Rojas, para predecir el tiempo o la hora mirando al cielo o al mar: «Abuelito Raúl, decía, con su apresurado vocabulario infantil, ya estás con tus nubes, con todas las nubes» [capítulo «3. Mujer de verde con pistola», p. 17]. Heredera de la misma maestría para adivinar la meteorología y la hora sin mirar las manillas del reloj, la agente de la Guardia Civil Greta recibe la misión de trasladar a tres presas, Laura Deisy Palomares, acusada por tráfico de drogas, Rosario Cortés, ladrona y participante en un robo con violencia, y María del Carmen Castillo, alias Dorremí, responsable de la muerte accidental de uno de sus hijos y asesina de su marido, desde el centro penitencial de «la isla» a una cárcel peninsular, la Prisión de La Puerta. Durante el trayecto, en el que la acompaña el guardia en prácticas Romero Roque, Greta descubre el intercambio de un maletín entre el teniente de la Guardia Civil Alfaro y el comandante del barco del traslado, monsieur le Capitaine: «Greta pudo distinguir la sonoridad de unas letras al unirse, letras que creaban palabras y palabras que creaban frases, vocablos dispersos porque a ver, capitán, mercancía… sí, sí, a tiempo, por favor, maletín… dinero pero Alfaro y otras expresiones similares que Greta unía con un poco de imaginación y un mucho de experiencia» [capítulo «7. Maletines sospechosos», p. 115]. A partir de ahí y del regreso de los agentes Rojas y Roque a la isla, una serie de acontecimientos, aparentemente inconexos, desencadenarán erupciones y marejadas, reales y simbólicas, que vinculan a unos personajes con otros hasta la resolución final: «Corre a trompicones, con la mano abierta y la sangre dibujando su huella. Corre sabiendo que no puede correr porque el dolor se lo impide, porque está atrapado y una silueta que antes era sombra se ha levantado y se dirige hacia Él» [capítulo «27. Fin de fiesta», p. 339].

‘Todas las nubes’ (Nectarina, 2025). Ilustración: Eliezer Mayor

Todas las nubes fue presentada al público por primera vez en el salón de actos de Cajasiete de su sede de Santa Cruz de Tenerife el 1 de agosto de 2025, con la presencia de la autora y de Isabel Castells Molina, profesora de Literatura Española de la Universidad de La Laguna, quien, entre otros aspectos de la obra, destacó su estilo, su «vuelo poético». A partir de entonces se ha difundido en otros foros, como el Instituto de Estudios Hispánicos de Canarias (Puerto de la Cruz), el 3 de octubre de 2025, a cargo de Salvador García Llanos [«Triunfo en medio del caos», se titula su intervención, disponible en el sitio García en blog]; en el Espacio Alonso Quesada de la XXXVII Feria del Libro de La Laguna el 12 del mismo mes; en el Instituto de Enseñanza Secundaria Sabino Berthelot (El Sauzal) el 15 de octubre, dialogando con la autora el alumnado de 4º de ESO, 2º de PDC y 1º de Bachillerato, coincidiendo con el Día de las Escritoras; en la 35ª Feria del Libro de Fuerteventura, el 24 de octubre de 2025, con la participación del escritor Domingo Fuentes; en el programa «Encuentro con…» que promueve la Biblioteca Municipal Casa de Los Pérez (San Juan de la Rambla), el 27 de febrero de 2026, y en la Casa de la Cultura Benito Pérez Armas el 18 de abril de 2026, en el marco de la Feria del Libro de Yaiza en Lanzarote.

Entre las reseñas críticas de las que la obra ha sido objeto merece citarse especialmente «Entre Todas las nubes, la poesía y la vida», de Ana Muñoz Pérez (La Laguna, 1975), catedrática de secundaria de Lengua Castellana y Literatura, para Trasdemar: revista digital de Literaturas Insulares (27 de diciembre de 2025), en cuyo preliminar Muñoz sostiene: «Hay muchos elementos que caracterizan esta novela, sin embargo, si hay algo que destaca en su escritura es la integración de géneros. En Todas las nubes hay una trama narrativa vertiginosa, una expresión poética constante, una manera de describir y sentir teñida de imágenes y sensaciones; y, al mismo tiempo, una dimensión visual que la acerca al teatro. El fluir de los pensamientos de los personajes, en medio de descripciones que por momentos recuerdan a las acotaciones de Valle-Inclán, es tan humano y real, que resulta actoral».

M. N. Pérez Cejas y Javier Hernández Velázquez, 17 de enero de 2026. Foto: Canal 10 Televisión

El 24 de agosto de 2025 Santiago Toste entrevistó a la autora para un medio de la prensa local y puso de relieve: «Poesía y novela son ámbitos literarios que suelen estar —aunque no siempre— claramente diferenciados. Pero la forma de moverse por ellos, en el caso de María Nieves Pérez Cejas, no resulta tan distinta». El 16 de enero de este mismo año 2026, el escritor tinerfeño Javier Hernández Velázquez conversó con ella en el programa Letras De-Generadas, destacando cómo en su obra se interrelaciona la idea del viaje desde un punto de vista metafórico con el viaje terrenal, con el viaje como un camino que se ha de transitar, como bien sugería el poeta Antonio Machado. Y, más recientemente, Lucía Ruano Cortés ha conversado con ella para la sección de «Cultura/Ocio» de Periodismo ULL: diario digital del alumnado de Ciencias de la Comunicación de la Universidad de La Laguna («María Nieves Pérez: “La escritura también está hecha de silencios”», 18 de abril de 2026).

Víctor J. Hernández Correa. Tus inicios como creadora literaria comienzan en tu etapa como estudiante de secundaria. ¿Cómo nace esta vocación o necesidad de contar, como en ocasiones has reconocido? ¿Fue algo espontáneo? ¿Influyeron tu pasión por la literatura o alguna profesora o profesor en particular?

María Nieves Pérez Cejas. Contar es una manera de pertenecer al mundo, al entorno que nos rodea. Además, es un territorio seguro porque la escritura nace en un espacio individual e íntimo. Por eso, no hay timidez cuando se escribe, no hay vergüenza ni cobardía. Al contrario, escribir te permite expresar sin miedos, con todas las palabras posibles.

Yo empecé a escribir por el simple hecho de escribir, sin más propósito que verbalizar lo que imaginaba o sentía. Y, cuando ese es el objetivo, la escritura se convierte en un territorio de libertad, igual que la lectura. Sin embargo, ese ejercicio va adquiriendo, poco a poco, nuevos sentidos y el texto toma la forma de un verso, y el verso, de un poema, hasta que lo que nace como algo espontáneo acaba convirtiéndose en un acto consciente. Si a este hecho se suma la lectura externa que asiente y valora lo escrito, entonces, la escritura adquiere otra dimensión, se sitúa en una realidad que, hasta ese momento, había permanecido oculta para ti. Es ahí cuando empiezas a tener conciencia de que lo que escribes, sugiere, emociona, insinúa. En mi caso, esta «mirada ajena» estuvo a cargo de mi profesor de la Facultad de Filología, Juan José Delgado. Fue él quien hizo una lectura generosa de mi poesía y me animó a continuar en este camino. A él le debo este primer reconocimiento y la idea de que en literatura, la voluntad y la constancia son vitales para modular la espontaneidad y conseguir que eso que llaman inspiración se convierta en un texto digno de ser leído.

VJHC. Una de tus primeras incursiones escriturarias fue galardonada y te permitió viajar, con sólo dieciséis años, por Latinoamérica. ¿Cómo se desarrolló esta doble aventura literaria y de viaje al extranjero y qué supuso para una chica entonces jovencísima?

MNPC. Ese viaje fue para mí un antes y un después. Como cuando estás inmersa en la lectura de una novela y la historia te atrapa y los personajes no son personajes sino amigos que dialogan contigo cada día, de tal manera que llegas a olvidarte de la realidad y de tu vida presente. Tal vez puede resultar exagerado, pero también es «exagerado» que una adolescente de dieciséis años cruce el océano Atlántico en un barco con casi cuatrocientos jóvenes de su edad, que se levante a las cinco de la mañana a hacer ejercicio bajo el amanecer de un cielo infinito, que escuche cómo sus compañeros paraguayos cantan en guaraní o que su vista se pierda más allá de una selva bañada por el río Amazonas. ¿No es esto también literatura?

Yo creo sinceramente que este viaje fue para mí mi primera novela, y todo gracias a un relato que escribí, en el que narraba las aventuras de un canario en tierras venezolanas. Sin convicción alguna y, sobre todo, animada por mi profesora de literatura, lo presenté al proyecto «Aventura 92» de Miguel de la Quadra-Salcedo, y, para mi sorpresa, gané el concurso. El premio: participar en una ruta educativa que recorrió España, República Dominicana, Venezuela y Brasil, con el lema «Rumbo al Amazonas». El viaje duró casi dos meses y, en él, la realidad superó siempre a la imaginación, pues para mí todo era nuevo, extraño, tan diferente que sentía que apenas podía ser verdad. Siempre había sorpresas: una playa dorada, un río que era negro, una piraña tragándose un dedo, una clase de piragüismo en el barco, un delfín rosa siempre en busca y captura, y un largo etcétera lleno de algo que, para cualquier otra persona, podrían ser excentricidades. Pero no lo eran. Formaban parte de la cotidianidad del viaje. Así que, ¡imagínate!, no puede haber nada más literario que esto.

Por eso, el regreso fue como escribir el punto y final de una novela de la que has sido un verdadero personaje. Y, cuando finalizas la lectura de un libro que te apasiona, se produce un vacío que cuesta llenar, por lo que la vuelta fue durísima. Y es que viajar es ya de por sí un hecho literario, porque te permite el asombro, el tropiezo, la novedad, la locura, la diferencia, la improvisación. Dejar atrás todo eso era regresar al día de veinticuatro horas, a los tiempos definidos. Menos mal que las novelas, como los viajes, tienen siempre segundas partes, menos mal que siempre quedan historias por escribir y por vivir.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. Como creadora, te has movido en el relato y ahora acabas de inaugurar tu faceta como novelista, has escrito y ha sido reconocida por varios jurados tu producción poética, te has involucrado en el terreno de la didáctica y, por supuesto, en el de la crítica literaria. ¿La elección de un género u otro viene determinada por el lenguaje u objetivos de cada uno o por intereses o necesidades más personales?

MNPC. La poesía llegó desde el principio. Sin una elección intencionada, pero como el único lenguaje que cumplía con el propósito estético que necesitaba: dibujar lo que se siente sin más explicación que el verso. La lírica es la herramienta más eficaz para acercar lo cotidiano a la emoción, «el supermercado a la melancolía», parafraseando uno de mis poemarios. Tal vez la elección de este género esté vinculada con mi dedicación a la filología, porque la poesía es un espacio que te permite experimentar con el lenguaje, hacer y deshacer palabras como si el poema fuera un puzle que constantemente puedes construir y deconstruir a tu antojo. La poesía es un ejercicio de sutilezas en el que la poeta debe pulir cada palabra y sus significados, es casi un ritual mágico, como cuando te enfrentas al análisis riguroso de un texto en busca de todos sus porqués. Es un reto más desafiante que la prosa.

Sin embargo, narrar te permite explorar todos los caminos posibles, reconstruir la realidad, deshacer las historias para darles otras vidas. Aunque es verdad que en mi adolescencia había probado la narración, la urgencia de ahondar en ella llegó más tarde, cuando tomé conciencia de que en la realidad hay mucho de literatura y de que la única manera de verbalizar lo que ocurre en ella es a través del relato o de la novela.

En relación a las otras facetas que comentas, en primer lugar, como docente, me preocupa especialmente que la literatura y su disfrute lleguen de verdad a las aulas y, no solo la literatura, sino las artes en general. Por eso, en estos últimos años, he trabajado en la elaboración de cuadernos pedagógicos que acercan a los adolescentes a autores y autoras tan importantes como Nivaria Tejera, Josefina Plá o Ángel Guimerá, entre otros, bien desde el conocimiento y la lectura de sus obras, o bien desde la experiencia teatral, que tanto aporta a la juventud.

Por otro lado, mi faceta como crítica literaria me permite adentrarme en la lectura de las obras aplicando todas las posibilidades de la filología que, en definitiva, no es más que una herramienta especializada que ejerce de puente entre la obra y los lectores. En este sentido y, salvando las distancias, puede vincularse con mi labor como docente, pues, si bien la crítica literaria es un ejercicio de escritura dirigido a otro tipo de lectores, también funciona como una herramienta de mediación entre la literatura y la escritura.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. Aunque habías tenido experiencia en la narrativa a través del relato, con Todas las nubes te has enfrentado a una obra de mayor envergadura. ¿Cómo emprendiste el reto de la novela en relación a trabajos anteriores? ¿Qué dificultades principales encontraste y cómo fue el proceso de selección de la idea inicial, la trama, los personajes, el espacio insular y sus características comunicativas con el exterior…?

MNPC. No fue una decisión del todo consciente. Es verdad que me apetecía probar lo que la prosa ofrece a la escritura. Sin embargo, nunca tuve un objetivo claro al respecto, es decir, cuando me senté a escribir, no me senté a escribir una novela, me senté a escribir una anécdota, una historia puntual, algo que había escuchado y que me había parecido tan extraordinario, tan divertido y poético, que debía estar recogido en algún libro, porque era realmente una anécdota digna de ser contada. De esta manera, surgió la idea inicial. A continuación, empezaron a llegar los personajes. Cada uno traía consigo su historia llena de pasado y también de presente. Así que, de pronto, me encontré rodeada de historias. Tocaba, entonces, encontrar la manera de engarzarlas, de hilar todas las voces. Este proceso fue, tal vez, el más difícil. Sin embargo, a medida que avanzaba en la escritura, aparecían las conexiones entre los diferentes personajes, de tal manera que, poco a poco, el tapiz iba adquiriendo color y sentido.

Por otro lado, en relación al espacio, tenía claro que debía desarrollarse en el dominio insular, porque la novela, de alguna forma, había nacido de la isla. Por ejemplo, el personaje de Greta sería otro si no fuera una mujer isleña. En su caso, la isla la define, forma parte de su identidad y de su manera de comunicarse con los demás. De hecho, incluso en un personaje ajeno a este espacio como es Dalibor, la isla acaba formando parte de él, su presencia le ayuda a sanar su pasado. Pero no solo la isla, sino también el mar. Porque, si bien la isla nos obliga a encerrarnos en nosotros mismos, también nos impulsa a abrirnos al exterior, a mirar más allá, ampliando las posibilidades de comunicación.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. ¿A qué respondió tu elección de un narrador omnisciente? Ocasionalmente, este narrador o narradora, parece dirigirse al lector. Incluso, en ciertos pasajes interpela directamente a algún personaje; por ejemplo, en el capítulo «17. Saldrá el sol» leemos: «Y tú [Greta] sin huir. Tu mente ordenaba la sintaxis de sus frases buscando el sentido y la verdad, pero todo era gris. Te sentías pequeña, doblada por el peso de tu enamoramiento, aunque tu cerebro más racional entendiera todas las alarmas. No trates de estirar lo que ya está roto». ¿Qué te llevó a trabajar con esta ambivalencia narrativa? ¿Cómo enriquece esta alternancia la obra?

MNPC. Creo que este tipo de narrador nos ofrece todas las perspectivas. Aporta una visión panorámica y profunda de la novela, funciona como un laberinto de espejos que refleja una realidad que es, a la vez, una realidad múltiple. Además, el uso de este narrador permite saltos temporales que ayudan a dibujar el perfil de los personajes, facilitando que el lector comprenda las motivaciones de cada uno de ellos. Esta forma de narrar ayuda a la historia, la envuelve, la acerca al lector.

Tenía el firme propósito de conseguir que el lector «viviera» el interior de cada personaje, porque esa vivencia era la única forma de que pudiera entenderlos y, solo si como lector entiendes lo que piensa o lo que siente cada uno de los personajes, llegas a amarlos, o, en su caso, a odiarlos. Da igual la emoción que este hecho genere, lo importante es que emocione. En algunas ocasiones, el narrador no solo narra, sino que reflexiona, hace observaciones sobre lo que ocurre, pero nunca juzga, no emite juicios de valor. Me parece que este tipo de narrador enriquece la novela, llena los posibles vacíos con emociones y comentarios que —como bien dices— interpelan al lector, aunque no en busca de una respuesta, sino con el propósito de generar curiosidad, duda o un cuestionamiento propio.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. Esta novela policiaca se entremezcla con la prosa poética, en principio, dos lenguajes que no suelen encontrarse juntos en una misma construcción narrativa. ¿Qué motivaciones te llevaron a esta combinación? ¿Crees que lo poético resta a la acción que se le presupone al género policiaco?

MNPC. Como bien sabes, mi relación con la poesía es muy estrecha. De hecho, hasta ahora los libros que tengo publicados pertenecen al género lírico. En este sentido, la poesía es para mí una manera de escribir, independientemente de la forma que adquiera el texto resultante; de ahí que incluso en la narrativa el estilo esté cargado de lirismo. Me resulta difícil narrar sin detenerme en lo que cada palabra sugiere o en el ritmo que se infiere de cada frase. Es de esta manera que me interesa construir un relato teniendo en cuenta los recovecos de su atmósfera, pero siendo muy cuidadosa con las palabras para no pecar de exceso o de retórica. Vinculadas a esta idea, me gustaría rescatar las palabras de la filóloga y amiga Ana Muñoz Pérez quien, en la presentación titulada «Entre Todas las nubes, la poesía y la vida», en el marco de la Feria del Libro de La Laguna 2025, afirmó que en la novela «la prosa respira como si fuera verso [...] la poesía ilumina la narración, y la narración da sentido a la poesía. En ese equilibrio se sostiene buena parte del realismo del libro. Un realismo que no depende de conocer a ciencia cierta los lugares —la playa, el muelle, el barco, las cárceles—, sino de reconocerlos emocionalmente. Porque aunque no los hayas pisado nunca (aunque quizás ni siquiera existan), los ves, los hueles, los sientes como propios. A mi modo de ver, ese tipo de realismo, que no copia la realidad sino que la restituye desde la emoción, es el que produce identificación del lector con el texto». No puedo estar más agradecida ni más de acuerdo con sus palabras.

Por otro lado, puede que tengas razón, que este halo poético minimice la acción que se le presupone a una novela de género policíaco. Sin embargo, en el caso de Todas las nubes la trama está supeditada a la forma. Creo que la forma es primero o, por lo menos, así lo siento. De hecho, es la primera vez que califican la novela como policíaca, porque es verdad que el libro sugiere diferentes interpretaciones que complican la inclusión de la obra en un género específico. Por eso, desde mi punto de vista, lo poético complementa la historia, enriqueciendo todas las posibilidades de la trama.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. El personaje principal de Greta trabaja como agente de la Guardia Civil, se presenta como una mujer segura de sí misma, inteligente, de carácter, físicamente atractiva, algo laxa en el cumplimiento de ciertas normas, madre soltera y una persona comprensiva con los demás, incluidos su inexperto compañero Romero Roque y las tres mujeres presas a las que ha de trasladar desde «la isla» hasta la Península. Su talón de Aquiles fue en el pasado Él, personaje sin nombre, que ahora reaparece doblemente en su vida: porque le afecta en lo personal y en lo profesional. ¿De qué plan partiste para la construcción de este personaje? ¿Existen más Gretas, es decir, mujeres autónomas a las que, sin embargo, continúa persiguiendo un pasado afectivo que les pone el caos continuamente delante?

MNPC. No hubo un plan preconcebido, sino una tarde de encuentros: amigas que hablan y, en la conversación, de pronto, surge una historia. Porque, como ya he apuntado, la realidad tiene tanto de literatura como el propio hecho literario.

De hecho, pueden ocurrir dos cosas: que tengas que esforzarte en observar con una mirada especial que descubra el lado poético de las cosas, o que la misma poesía venga a ti, que esté presente en tu vida o en la vida de las personas que te rodean. Yo tengo la suerte de sentir esa poesía, me refiero a ese halo de ficción, en muchas de las personas que conozco, sobre todo, en muchas de las mujeres que conozco. Las oigo hablar, escucho sus historias y siento que no es necesario añadir nada ni inventar nada para convertirlas en un relato, en una novela romántica, en una tragicomedia, o incluso, en una novela de ciencia ficción, porque lo cierto es que la realidad da para mucho.

En este sentido, puedo decir que el personaje de Greta nace de una mujer real que fue guardia civil en una isla, una mujer que trabajó en un espacio masculinizado y que tuvo que ingeniárselas para gestionar y gestionarse en ese mundo de hombres al que ella también sentía que pertenecía porque, tal y como se afirma en la novela, «Greta es mucha Greta». Pero Greta nace también de mi experiencia como voluntaria en la cárcel Tenerife II en la que impartí clase a los presos, y nace también de mi abuelo, que era capaz de saber qué tiempo iba a hacer con solo mirar el cielo. Es decir, Greta se fue construyendo poco a poco con múltiples piezas, pero siempre tuvo como referencia a esa mujer real que es mi amiga Ana, porque la realidad es muy novelesca y porque no me fue difícil ver en ella a «todas las Gretas».

Con respecto a tu segunda pregunta, claro que aún existen Gretas. No sé si de forma generalizada, pero sí que es cierto —y esta es una apreciación basada en experiencias personales y en las de las mujeres que me rodean— que nosotras vivimos la emoción de manera distinta al hombre. De hecho, aún continúan existiendo diferencias de género en la forma en la que tenemos de relacionarnos con el otro, tal y como apunta el psicólogo Antoni Bolinches en su ensayo El síndrome de las supermujeres, libro que acabo de terminar hace muy poco y que radiografía de forma muy clara y precisa la dinámica de las relaciones de pareja. Animo a todas las mujeres y, sobre todo, a los hombres a que lean y entiendan las causas y, sobre todo, las consecuencias de este «síndrome» del que habla Bolinches, porque nos ayuda a entender esa dicotomía hombre/mujer, razón/emoción.

Por otro lado, no creo que nuestro pasado afectivo nos traiga de nuevo el caos; sin embargo, sí que evidencia la necesidad de ordenar la emoción, de ubicarla y de entender cuáles son sus límites. El problema reside en cómo no hacerlo, ¡claro!, pues se trata de liberar las palabras del sentimiento.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. El capítulo «17. Saldrá el sol» plantea el conflicto que genera en el personaje de Greta una sentencia judicial que ordena la custodia compartida con un padre que hasta ahora ha sido y ha estado ausente en la crianza y educación de su hijo: «Porque en los años en los que el bebé se había convertido en niño, solo había estado ella. Ella madre. Ella pagando niñera y guarderías. Ella sin otra vida. Ella sola y olvidada de todo y por todos» (p. 227). ¿Pretendía ser esta situación una especie de radiografía social? ¿Crees que la literatura se puede escribir al margen de la sociedad actual? ¿En qué medida contribuye la creación ficcional a dar voz a ciertos temas?

MNPC. Esta situación que planteas surge de una historia real, de una circunstancia que la «Greta real» vivió y sufrió con su hijo. Yo lo único que hice fue trasladarla a la escritura.

Por un lado, a pesar de lo terrible de la historia, me resultaba interesante, porque colocaba a Greta en un lugar incómodo entre el límite de lo legal y lo prohibido, entre lo correcto y lo que no debe hacerse nunca porque está fuera de la norma. Desde un punto de vista novelesco, esta idea obliga al lector a cuestionarse y a reflexionar sobre lo que está bien y lo que está mal. Al fin y al cabo, se trata de conceptos éticos, de construcciones sociales y filosóficas subjetivas, inmanentes a la condición humana. No se juzga, no se entra en valoraciones, se ofrecen al lector para que él saque sus propias conclusiones. Por tanto, no pretendo actuar como radiografía social.

Pero, por otro lado, sí que es verdad que la relación —o, en este caso, la ausencia de relación entre el padre y el hijo— conecta con la realidad actual porque —tal y como apuntó la profesora Isabel Castells Molina en la presentación de la novela— alude a «la violencia vicaria», al uso de los hijos como moneda de cambio. Y es que, desde mi punto de vista, lo que nos rodea condiciona nuestra manera de sentir y, por tanto, determina el ejercicio de la escritura. El arte es la expresión del ser humano y este responde a su entorno. Ese es el arte y la literatura que me interesa porque ayuda a la reflexión, a despertar del insomnio en el que muchas veces nos sumerge el tipo de vida que vivimos. Creo que la literatura es una de las pocas armas —como decía Gabriel Celaya— capaz de dar voz a lo que nos ocupa y a lo que nos preocupa. Solo tenemos que proporcionarle el espacio que merece.

Puerto de la Cruz, 2026. Foto: Dámaso Pérez García

VJHC. Tanto Mathias como Dalibor (a menudo aludidos por algún personaje como guiris), comparten un origen extranjero y un mismo nivel de integración positiva en la sociedad y en la economía isleñas, aunque sus destinos en la ficción finalmente no tengan nada que ver. Con los últimos acontecimientos asociados a la legalización de migrantes extranjeros en España, este asunto parece volver a estar de actualidad. ¿Cómo has percibido tú —que te has criado en un municipio de especial movilidad turística— al viajero de ida y vuelta y al que finalmente opta por residir en Canarias y su relación con los naturales? El buen ambiente que en este sentido se percibe en la obra, ¿es fruto de tu vivencia más personal? ¿Tienden a identificarse equivocadamente inmigración y criminalidad?

MNPC. Como bien indicas, nací y viví mi infancia y adolescencia en el primer municipio turístico de Canarias, el Puerto de la Cruz, por lo que para mí el turismo fue siempre una parte más del espacio al que estaba habituada, más aún porque mi padre trabajó toda su vida en este sector. De hecho, yo también estuve vinculada de forma muy breve, trabajando como profesora de español en una escuela de idiomas y también como telefonista de hotel, una profesión que parece ahora de otro tiempo.

De esa época recuerdo que siempre me atrajo el contacto con personas de otros lugares, con esos «viajeros de ida y vuelta» a los que aludes, porque ofrecían otra mirada, porque sus historias sonaban a viaje, a la existencia de otros mundos, y eso para mí siempre ha sido enriquecedor. Es la misma sensación que siento cuando estoy en un aeropuerto y observo a la gente que va y viene. Me gusta porque parece que siempre estoy en el camino y que nunca hay un final, es como ver la vida en movimiento, como si no hubiera un lugar fijo al que llegar. Esta idea —al contrario que a otras personas— me atrae porque para mí está asociada a la sorpresa, al cambio, a la acción. Y esto es extrapolable no solo al «viajero de ida y vuelta», sino a ese viajero que, en el Puerto de la Cruz de mi juventud, acababa residiendo en las islas. En este caso, la ciudad siempre se sentía como un espacio compartido en el que ni siquiera éramos conscientes de la procedencia de cada una de las personas que conformaba nuestro círculo más cercano.

Esta convivencia también está presente en la novela, en la que tanto Dalibor como Mathias, a pesar de sus grandes diferencias, no solo se integran sin problemas en la isla, sino que forman parte de ella con total normalidad. De hecho, Dalibor es un personaje que, aunque se ha criado en una ciudad sin mar, hace del océano su hábitat natural, convirtiendo el espacio insular y el espacio marino en particular en parte indisoluble de su definición.

Comentario aparte merece la situación actual de este archipiélago, que no permanece ajeno a los problemas que está acarreando el alto número de turistas que visita cada año no solo las islas, sino otras zonas del país, y cuya presencia está afectando a la movilidad y al día a día de la ciudadanía. Pero este tema daría para otra entrevista.

Con respecto a tu última pregunta, mi respuesta es clara y contundente. Por supuesto que sí, que esa identificación es equívoca. La criminalidad no tiene nacionalidad, no es originaria de ningún país ni de ninguna cultura específica. No hay evidencia que vincule inmigración y criminalidad; lo que existe es un estigma que señala y culpabiliza al otro, al diferente, de la forma más simple. La movilidad forma parte de nuestra historia. En cierta manera, todos y todas somos nómadas, transeúntes de nuestra propia vida.

Vista desde el Roque de los Muchachos, 2025. Foto: VJHC

VJHC. El vulcanismo como hecho diferencial de Canarias es más que una marca geológica o de paisaje y está muy presente en la obra, con frecuentes referencias en caso recto y con una gama amplísima relacionada con el estado de ánimo de algunos personajes o con situaciones. ¿Te documentaste o te asesoraste en este terreno del vulcanismo submarino? ¿Los creadores (literarios, plásticos…) en Canarias han hecho uso del volcán al mismo nivel que del mar?

MNPC. Nunca he hecho submarinismo, así que, a pesar de mi afición y mi gusto especial por el mar, desconocía todo lo que tiene que ver con este mundo. Por eso, dediqué un tiempo a leer sobre el tema y, por supuesto, sobre aspectos vinculados a la vulcanología. Tenía en mente el volcán submarino de El Hierro y, en mi búsqueda, encontré bastante información al respecto. Necesitaba saber, sin entrar en detalles científicos, la atmósfera que rodea a un volcán de estas características, cuáles son los rasgos que definen su hábitat, cuáles los colores que lo dibujan o los olores que lo caracterizan. De esta manera, me era más fácil crear la vida en torno al volcán.

En cuanto a la idea del volcán como objeto artístico, creo que siempre ha estado presente en el arte de las islas; sin embargo, es cierto que el mar tiene una fuerza arrebatadora y una presencia omnipresente con la que parece que es difícil competir. Pero la realidad es que el volcán (y todo lo que de él se desprende) también nos define. César Manrique afirmaba que «el estar inmerso y en contacto directo con los magmas calcinados de Timanfaya produce una inquietud de absoluta libertad, y se siente una extraña sensación de claro presentimiento sobre el tiempo y el espacio». Y ese presentimiento continúa en el tiempo de la mano de Lana Corujo, con Han cantado bingo, una novela que es toda magia y volcán. También aquí, en La Palma, Luis León Barreto ha dado voz a los volcanes en su libro de relatos El volcán y otros cuentos. Faltan muchísimos ejemplos, pero creo que, en definitiva, y de forma casi inevitable, la literatura canaria es «muy de volcán».

María Nieves Pérez Cejas. Foto: pablodurango.com

VJHC. En tu reseña de El poder del cuerpo: antología de poesía femenina contemporánea (Castalia, 2009) para Odisea cultural (2021) afirmaste: «En ocasiones, parece que la mujer es un ser asexual, incapaz de tomar partido activo en la experiencia íntima. El cuerpo como mero receptáculo, el cuerpo sin mancha, el cuerpo sin posibilidad de sexo en soledad, el cuerpo abocado a otro cuerpo, siempre masculino». Uno de los subtemas estrechamente vinculados a la novela policiaca es el que tiene que ver con el sexo, con lo sexualizado y con lo erótico. Hay varias escenas de relaciones sexuales especialmente explícitas en Todas las nubes. ¿Desde dónde partiste para esta elaboración? ¿Ha habido una evolución, desde el punto de vista de la recepción, de la literatura escrita por mujeres que aborda el sexo?

MNPC. Dudé mucho de la inclusión o no de estas escenas, porque no quería hacer de Todas las nubes una novela erótica, no por un motivo concreto, sino simplemente porque no era el propósito de la obra. Sin embargo, sí sentía que la intimidad que se da entre algunos de los personajes debía de exponerse a través del empleo de un lenguaje que no se limitara a la sugerencia o al eufemismo, sino que tuviera su código propio. El erotismo y la sexualidad son partes de la vivencia del ser humano y tienen tantos significados como personalidades; por eso debía ser narrado de forma explícita. Para ello, me ayudé de algunas sugerencias que me parecían especialmente simbólicas, como el vino o el mar.

En relación a la segunda pregunta, la respuesta es, por supuesto, afirmativa. No soy experta en poesía erótica, pero, por ejemplo, la poética de Cristina Peri Rossi alude al cuerpo femenino como un espacio de poder en el que tener sexo es «oficiar un rito» en el que la mujer es siempre protagonista. Asimismo, en esa antología a la que aludes y en la que también se incluye a la poeta uruguaya, el cuerpo se erige como eje vertebral en torno al cual se perfilan todos los temas. El cuerpo deja de ser objeto y se convierte en sujeto activo, en un ente dinámico, siempre en acción, un sujeto que no solo recibe, sino que ofrece. Afortunadamente, hace ya tiempo que la literatura es capaz de dibujar la sexualidad y el erotismo desde todas las perspectivas, incluida la nuestra.

Santa Cruz de La Palma, 2025. Foto: VJHC

VJHC. Tu interés más personal por la naturaleza y su conservación, también está presente en la novela. Por ejemplo, al principio del capítulo «9. La mafia de las gemas verdes» (p. 135), se lee: «La dirección la ocupaba un sinfín de apartamentos construidos en lo alto de la montaña. Entrelazados unos con otros, parecían no dejar respirar a la roca que, en ocasiones, sobresalía, negra y volcánica, entre un balcón y una ventana, luchando por encontrar el espacio que el cemento le había arrebatado». Cuéntanos cómo participa tu ecologismo en esta obra. ¿Merece la pena hacer proselitismo desde la ficción?

MNPC. En la novela describo el recuerdo de una ciudad que se había quedado encerrada entre acantilados y cuyos «dueños» decidieron invadirlos para continuar expandiendo la urbe. Hace tan solo algunos años volví a ese espacio insular que, desde el recuerdo, me había servido como referente para crear la ciudad en la que viven los personajes. Si en el recuerdo las casas y apartamentos empezaban ya a escalar, envalentonados, los acantilados, en la actualidad, las viviendas conforman una colmena que invade la naturaleza sin ningún tipo de miramientos. La playa es apenas charco y Puerto Rico, en el sur de Gran Canaria (el espacio real al que me refiero), ha sido colonizada, de tal forma que la naturaleza ha desaparecido. No sé si esto es propaganda, pero no está de más que de vez en cuando nos miremos al espejo y que este nos devuelva las sombras que ciertas decisiones llevan consigo. Porque, al fin y al cabo, la ficción actúa como reflejo de nuestra realidad.

Presentación de ‘Todas las nubes’. Ilustración: Nano Barbero
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