«Yo soy como una pequeña partícula en un gran mar de mujeres»: María Nieves Santos Gómez, Mujer Destacada del Municipio de Santa Cruz de La Palma 2025
Como cualquier otra manifestación cultural, la Bajada de la Virgen de las Nieves ha estado sujeta al contexto de las mentalidades que a lo largo de la historia ha caracterizado la evolución religiosa, social y económica de la isla de La Palma. En esta trama histórica, la presencia protagonista de la mujer estuvo durante varios siglos concentrada en el terreno musical. De hecho, las religiosas del Monasterio de Santa Catalina y las del Monasterio de Santa Águeda aparecen como las primeras mujeres cantantes e instrumentistas que interpretaron sus repertorios situadas, según marcaba la regla de sus respectivas órdenes, detrás de la reja del coro de sus correspondientes iglesias. Al término de la puesta en escena de la loa representada en el templo del convento catalino en la Bajada de la Virgen de 1765, un cronista anónimo de aquella convocatoria lustral juzgó que «Fue imponderable el primor con que se ejecutó» la obra, «así en música (por serlo todas las más religiosas y algunas tan diestras en los instrumentos, que disputan los inteligentes si les tocan mejor los músicos de Canaria, y hasta compositora primorosa alguna de ellas), como en representación, pues fue con todo el aplauso del pueblo» (Descripción verdadera de los solemnes cultos y célebres funciones que la Muy Noble y Leal Ciudad de Santa Cruz, en la isla del Señor San Miguel de La Palma consagró a María Santísima de las Nieves en su bajada a dicha ciudad en el quinquenio de este año de 1765, Santa Cruz de La Palma: Escuela Municipal de Teatro, Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma, 1989, p. 44).
Junto a ellas, en el siglo XIX arranca la segunda etapa de la presencia pública de la mujer en el mismo marco lustral, como pone de manifiesto la participación de niñas y jóvenes en actos como la danza infantil coreada o el carro alegórico y triunfal. Sin embargo, fue durante el novecientos cuando la actividad de la mujer se disparó en beneficio de una mayor visibilidad, lo que permite establecer un catálogo más o menos rico y variado de los ámbitos de su implicación. De este modo, encontramos actrices, cantantes solistas, músicas instrumentistas, danzantes, poetas, dramaturgas, diseñadoras de vestuario y comienza a despuntar la primera nómina de directoras y responsables artísticas de diferentes números del programa tradicional de estas fiestas.
Uno de estos nombres íntimamente vinculados con la dirección artística en tiempo de Bajada es el de María Nieves Santos Gómez. El fallecimiento de su padre, el biólogo, docente y músico Elías Santos Pinto, el 11 de abril de 1984, quien durante varias décadas estuvo al frente de la Masa Coral de La Palma, acelerará su implicación en la Bajada de la Virgen, precisamente, a través del relevo generacional y familiar para ponerse al frente de este conjunto. A partir de ahí, su primera incursión comienza con su designación como miembro de la Comisión de la Danza de Enanos en 1984, ya aprobados los Estatutos del Patronato Municipal de la Bajada de la Virgen. Entre sus cometidos se encuentran la elección de los integrantes de la Peña de 1985, su dirección musical en los correspondientes ensayos, iniciados en abril de ese año, así como la de los danzantes (apoyados sobre una grabación al piano interpretada por Luis Cobiella Cuevas y proyectada en un equipo profesional cedido por Felipe Santiago Fernández Castillo) en un local del edificio Tinabana, propiedad de Francisco García Rodríguez (Archivo Municipal de Santa Cruz de La Palma: Danza de Enanos: Memorias [1985], sign. 3136-1-11).
Asimismo, y como responsable de la Masa Coral, María Nieves Santos hubo de combinar la dirección vocal de danzantes y miembros de la peña con la del coro de la Bajada de la Virgen de esa misma edición, cuyo repertorio incluía el Festival del Siglo XVIII, el Carro Alegórico y Triunfal, la Loa de Recibimiento en la plaza de España y la Misa en Mi Bemol, de Luis Cobiella, estrenada en este año e interpretada en el solemne pontifical presidido por el obispo nivariense, el Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Damián Iguacén Borau. Además del coro mixto compuesto por sopranos, contraltos, tenores y barítonos, se constituyó un coro infantil, para lo que se publicó la correspondiente convocatoria para edades comprendidas entre los ocho y doce años en tres sesiones celebradas los días 1, 2 y 3 de octubre de 1984, dirigido por Luz María Pérez García (Archivo Municipal de Santa Cruz de La Palma: Coro Infantil: Selección y participación [1985], sign. 3134-1-15).
Entre los creadores de estos repertorios destacan dos nombres: el de Elías Santos Rodríguez, autor de la partitura del carro Amor Eterno (estrenado en 1955), con letra de Félix Duarte Pérez, y el de Elías Santos Pinto, que lo fue del libreto musical de la danza de enanos Peregrinos, con letra de Manuel Henríquez Pérez, estrenada post mortem también en esa convocatoria. Con ello, María Nieves Santos Gómez venía a cerrar el ciclo generacional de los Santos en aquel lustro, en el que la inauguración de su etapa como directora musical coincidía con la puesta en escena de sendas producciones de su abuelo y de su padre. Se sumaron, además, otras figuras consideradas prácticamente de la familia e íntimos amigos de su progenitor: Manuel Henríquez Pérez y Luis Cobiella Cuevas, este último, como autor del Minué y director orquestal.
Desde ese entonces y hasta 2005, María Nieves Santos Gómez asumió la dirección vocal de la danza de Enanos y del coro de la Bajada de la Virgen. Además, junto a esta función directiva, desarrollada durante varios meses en cada lustro, ha actuado como miembro de diferentes tribunales calificadores en las pruebas selectivas realizadas durante estos años. Su participación más reciente consistió en ocupar la presidencia del comité responsable de fallar el III Premio «Letra y Música de la Danza de Enanos», convocado por el Consejo Rector del Organismo Autónomo Local de la Bajada de la Virgen en sesión extraordinaria celebrada el 4 de septiembre de 2019.
Prueba de su influencia en las generaciones siguientes es el testimonio de su antiguo alumno Fernando Felipe Martel, designado director de los danzantes y la peña de la danza de Enanos y del coro de la próxima LXX Bajada de la Virgen de las Nieves (junio-agosto de 2025):
«Aunque ya había tocado algunos teclados eléctricos en otros contextos, cuando posicioné las manos sobre el piano, activé los dedos y comencé a tocar aquel desconocido instrumento, fue como el primer rayo de sol tras una noche de tormenta invernal.
A mis trece años, gracias a la atenta, justa y divertida guía de María Nieves Santos, aquellos hermosos sonidos cambiaron por completo mi concepción del mundo. A partir de ahí, mi vida fue por y para la música.
Casi enseguida, mi maestra me hizo partícipe de sus actividades musicales, convirtiéndome en acompañante de la Masa Coral de La Palma, agrupación que dirigía con singular facilidad.
De su mano conocí el mundo de los coros, los motetes de Semana Santa, los Enanos, la Peña y el Coro de la Bajada. Sin ella nunca me habría implicado en las actividades culturales de mi tierra».
La presente entrevista fue realizada el 11 de marzo de 2025 en la Biblioteca Municipal de Teatro Antonio Abdo de Santa Cruz de La Palma. La transcripción de la grabación ha corrido a cargo de Rosario Rodríguez Rodríguez, administrativa adscrita a la Concejalía de Patrimonio Cultural del Excmo. Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma dentro del Plan de Empleo del Fondo de Desarrollo de Canarias 2024.
Leticia Martín Ramos. ¿Cuál es tu primer recuerdo de Bajada? ¿Está vinculado con la familia Santos?
María Nieves Santos Gómez. Por supuesto, Leticia. Mi primer recuerdo respecto a la Bajada es, quizás, mi padre en el piano, ensayando y tocando con mi tío Domingo Santos, preparando la música de unos Enanos. Después, le recuerdo ensayando, muchas veces, en aquel cuarto (¡en la sala en donde no se podía molestar!) con los cantantes del Carro, de la Loa o de cualquier otro acto.
LMR. ¿Estamos hablando en tu casa?
MNSG. Sí, en mi casa de la calle Álvarez de Abreu [Casa Rodríguez, calle Álvarez de Abreu, número 27]. Ese es mi primer recuerdo de lo que entendí que era la Bajada de la Virgen.
LMR. Tu recorrido en la música arranca —imagino— con tu propia familia, en la que tres generaciones anteriores a la tuya estuvieron íntimamente vinculadas a través de la composición, la dirección, la participación vocal e instrumental, los arreglos orquestales… Además, hermanas tuyas y sobrinos han continuado la vocación musical de la saga Santos.
MNSG. Sí. Y también algunos primos. Desde el principio, en mi casa, lo natural era estudiar música, además de idiomas, de ir al colegio y hacer otras actividades. Era una opción que para mí no constituía obligación ninguna, porque era, repito, lo natural. Después también me influyó muchísimo acompañar a mi padre al estudio de Juan Fierro [Pérez] en la calle Garachico de Santa Cruz de La Palma [Casa Fierro Hernández, calle Garachico, número 25], donde se reunían Juan Fierro, Luis Cobiella y mi padre, los tres amigos. Iban otras personas, como Juan José Gómez, y allí se disertaba y se hablaba sobre la música a un nivel espectacular. Para mí fue algo especial escuchar a Luis Cobiella explicando su estudio sobre la música de Wagner. Además, se oían sinfonías… Yo ahí conocí muchísima, muchísima música, y conocí algunos principios y algunos grandes placeres del estudio y del conocimiento musical.
LMR. ¿Había más niños en esta tertulia?
MNSG. Ahí no. Estaba yo sola, además de la familia de Juan Fierro; todos ellos: Teresa, Manola, Adolfo, Carmita, todos, para mí, como de casa. Para mi padre, para todos nosotros, eran como otra familia que, de hecho, siempre estuvieron ahí, ayudándonos en todo, desde que mi padre desapareció; antes y después. Yo iba a acompañarlo al estudio de Juan Fierro con gusto y, por supuesto, disfrutaba muchísimo. Y eso conformó en mí mucho de mi acervo cultural, no solo musical; también en otros sentidos.
LMR. ¿Con cuántos años?
MNSG. Aproximadamente, desde los once años y durante toda mi adolescencia.
LMR. ¿Qué profesores influyeron más en tu primera formación musical? ¿Jaime Pérez García, tu padre Elías Santos Pinto, Blanca Ríos…?
MNSG. Yo comencé a estudiar con Jaime Pérez García (también, un gran amigo de la familia). Íbamos a su casa de la calle O’Daly [Casa Sotomayor, calle O’Daly, número 40], donde teníamos clases particulares. Yo, desde muy pequeña, con seis años. Después nos examinábamos en el Instituto Masculino [Instituto de Enseñanza Secundaria Alonso Pérez Díaz], como lo llamábamos en aquel entonces. Venían unos profesores de Tenerife para examinarnos. Recuerdo que el primer año no me lo permitieron porque era muy pequeña. Y ahí iban también mis hermanas a sus clases y estuve con él hasta que Jaime Pérez García decidió no continuar impartiendo clases.
Entonces fui a lo que se llamaba la Academia Insular de Música, donde me encontré con una persona, Blanca Ríos, que fue mi profesora desde entonces: una gran pianista, una gran amiga y una grandísima trabajadora, siempre esforzándose y luchando por sus alumnos, por sus alumnas, por todo.
Y después, a partir de ahí, ya salí de la isla. Dejé apartada un poco la música y la volví a retomar estando yo en Las Palmas. Vivía ahí, en aquel entonces, por circunstancias personales. Me encontré con que allí solamente existía Ingeniería Industrial y Arquitectura, y retomé otra vez los estudios musicales. Yo estaba haciendo Geografía e Historia fuera, en la península. Tuve que retomar los estudios musicales, pues me había dado cuenta de que no existía nada de nivel universitario que me interesara en Las Palmas de Gran Canaria.
LMR. ¿Podemos hablar de Blanca Ríos al mismo nivel de influencia que tu padre?
MNSG. Mi padre nunca ejerció la labor docente conmigo. Era un padre con el que en el piano nos poníamos a tocar a cuatro manos, él en la izquierda y yo en la derecha, con la melodía. Recuerdo la suite Peer Gynt y danzas y cosas así. Pero cuando yo me equivocaba, él daba un taponazo en el piano y se enfadaba. Claro, yo era pequeña, pero, según él, tenía que dominar más en todo el tema musical.
LMR. ¿Blanca Ríos ha sido una referente para ti?
MNSG. Por supuesto, por supuesto. ¿Blanca Ríos? ¡Maravillosa!
LMR. ¿Cuántos profesores hombres has tenido en tu vida, sin contar a Jaime Pérez García?
MNSG. Juan José Falcón, en Las Palmas de Gran Canaria, que también se convirtió en un amigo; era buenísimo. Después estuve en Tenerife y tuve a Carmen Cruz en coros y a Miguel Ángel Linares.
LMR. ¿Has tenido más profesores hombres?
MNSG. Aquí en La Palma, no, porque todos eran mujeres. Yo empecé a trabajar en la Academia Insular de Música, en la UNED, en la plaza de España. Recuerdo que una vez hice una huelga (me senté en la plaza con un cartel) porque, con los exámenes universitarios, no podíamos dar clase, y me llevaba a los niños a casa, a la sala. Y me llamaron a capítulo, a gritarme y tal. Y yo me quedé impávida, como diciendo «¿Esto qué es?», siendo, como era, profesora.
Después nos fuimos a la calle Real, a la casa de Pepa Galtier, que era en frente de los colchones, la casita esa [Casa Cabrera Martín, calle Pérez de Brito, número 68], y ahí estaba Blanca Ríos, estaba Olguita [García Martín] y estaba yo. No había nadie más. Después entró Andrés Cabrera (el hermano de Tomás Cabrera Martín [Tazacorte, 1943-2024], el tenor), un gran músico que también llevaba todo lo del grupo Los Arrieros, pianista y músico, creador y ¡tal genial!
Yo empecé en frente de la Cosmológica, en la casa de tía Rosarito Pinto [Casa Aubert, calle San Sebastián, número 3], que después compró Manolo Blahnik. Allí estaba la madre de Finita Perdigón, que era ciega, dando clase de piano.
Otra persona que me dio clase de solfeo antes de Jaime fue Nievitas Castro, Nieves Castro Feliciano, hermana, entre otros, del profesor Paco Castro. Aunque yo tenía seis años en ese entonces, me acuerdo de las aulas perfectamente, cantando y leyendo.
LMR. Tu hermana Isa Santos dice que eras la más empollona de todas, la que sacaba mejores notas, la más lista.
MNSG. Porque tenía facilidad y yo era ratón de biblioteca. Por las tardes, cuando llegábamos de La Palmita de las clases de la mañana, yo me escondía detrás de un sillón, en el cuarto de mamá, a leer, y mamá me decía: «María Nieves, ven a comer». Y yo, escondida, a ver si podía leer un fisco más. Yo me acuerdo de cantar chica (chica, cuando eso, era antes de morir abuelo, que yo tenía cuatro años). Papá tocaba en el piano y yo cantaba cosas. Mamá nos cantaba al ducharnos en casa. Siempre se cantaba. Y yo le cantaba mucho a mis hijas. La gente ahora no canta en sus casas: para dormirte, para bañarte, para jugar en el patio o en la plaza… Cantábamos siempre. Estaba la música ahí. Y fue muy importante. Te lo digo porque se nota el niño que va a la Escuela Insular de Música y canta: tanto el que viene cantando de su casa o el que no canta nada. Se nota mucho eso. Es una cosa innata.
LMR. Cuando tu padre fallece, asumes el relevo generacional en la dirección de la Masa Coral de La Palma. ¿Cómo se produjo este proceso de transmisión de funciones? ¿Quiénes influyeron en esta continuidad? ¿Sentiste que era demasiada responsabilidad?
MNSG. Cuando fallece mi padre y me ofertan (no recuerdo exactamente quién), sé que en aquel entonces estaba de presidente de la Masa Coral Paco Guarino (para nosotros, también muy conocido y considerado de mi familia; como también otras personas que componían la Masa Coral). Y yo, quizás por mi juventud, por mi ingenuidad, por ser muy positiva, por pensar en mi padre, lo asumí como algo… ¿cómo te diría? Lo asumí con una expectación de algo que podía ser maravilloso, que podía sacar yo adelante dentro de mi inocencia y conocimiento. Después de Paco Guarino [Francisco González Sosa], casi inmediatamente asumió la presidencia Fernando Leopold Prats, que ya tuvo un comportamiento —y lo sigue teniendo (lo considero un gran hermano mío)— de sapiencia, de cultura, de explicarte, de enseñarte. Y la verdad es que funcionamos muy bien durante bastante tiempo.
LMR. Pronto, algunos entendidos comienzan a felicitar tu labor. Por ejemplo, Sixto Massieu González te dedica el apartado «¿Una tercera época?: recado para María Nieves» de su monografía La Masa Coral de La Palma (Santa Cruz de Tenerife, 1988, p. 124): «Y a ti, María Nieves, […] te felicito por los éxitos alcanzados y disponte a dirigir, por muchos años, y que sean muchísimos, una Masa Coral que ya tiene 104 años de edad». ¿Cómo valoras tu aportación a este conjunto en materia de ampliación del repertorio, incorporación de novedades técnicas, reclutamiento de miembros, etc.?
MNSG. Yo creo que, bueno, me encontré, primero, con que la mayoría de los componentes de la Masa Coral y los que se iban incorporando (por el tú a tú más que nada, por el voz a voz) no tenían conocimiento musical. Eran personas amateurs en su mayoría o casi su totalidad. Eso me llevó también a tener la imposibilidad de ejecutar obras relevantes propias y que estaban en el repertorio de la Masa Coral. Recuerdo la imposibilidad de hacer los Aires Palmeros (Sirinoque y Arrorró), de Elías Santos Rodríguez, también el Himno a la bandera de la Masa Coral («Bandera, danos aliento, / tu abanico tricolor, / si, erguida, sales al viento / igual que un grito de amor»), porque las voces no eran suficientes. La Masa Coral llegó a tener ciento y pico componentes en épocas más antiguas y con los componentes que teníamos, no se podía realizar eso.
¿Qué se consiguió? ¿Qué aporté? Yo creo que la inclusión de gente con muchas ganas, de gente joven (aunque siempre la hubo), de un poco de orden y concierto. O sea, un poco de rutina de trabajo, hacer ejercicios de calentamiento, trabajos de ejecución vocal, corregir, corregir voces, corregir la ejecución. Y creé, quizás, en esta nueva Masa Coral, cuando estuvo bajo mi tutela, una conciencia coral (que seguramente exigió antes): ser una coral, una coral es un instrumento eliminando esos solistas, esas voces que siempre quieren destacar (¡Ojo, que a veces hacen falta solos!), que ya venían de atrás, muchas veces queriendo decir «Yo estoy aquí» (destacar). Entonces, sí, creo que conseguí un poco eso, ser un instrumento coral como debe ser.
LMR. Conseguiste una igualdad.
MNSG. Sí, bueno, una igualdad. Es que un coro es eso, es un instrumento, un instrumento armónico.
LMR. ¿De qué manera fue tu incursión como primera directora musical de la danza de Enanos, acto en el que, tradicionalmente, la escasa participación femenina se limitó al terreno de la costura? Por línea materna desciendes de Miguel Salazar Pestana, a quien debemos la reforma en la puesta en escena de esta danza en 1905. Además, tu rama paterna ha estado también muy relacionada, sobre todo, los compositores. ¿Qué pesó más en este número en 1985: tu vocación musical o tu vínculo afectivo? ¿En algún momento sentiste que estorbaron tu trabajo por tu condición de mujer?
MNSG. Yo creo que influyeron las dos cosas. Influyó mi vínculo afectivo por los Enanos —engendrado en mi casa, con mi padre, con mi tío Domingo Santos— y también mi vocación musical. Me apetecía muchísimo, tenía muchas ganas. Realmente, no sentí que me estorbaran en mi trabajo por mi condición de mujer. En algún momento, el político de turno se asombró de que no me amilanara frente a cualquier adversidad y, además, es que no permití nunca que me levantaran la voz (si es que alguna vez lo intentaron hacer). Desde mi vinculación con la Danza de los Enanos en el 85, en el 90, en el 95, incluso en el 2000, no atisbé ningún estorbo por mi condición de mujer. Más tarde, ya en el 2005, quizás sí.
Es curioso, pero tal vez sí me encontré con la formación de pequeños grupúsculos (más que grupos de personas) que pensaban, que poseían —de alguna manera— el derecho de que importaban los nombres y los apellidos para participar en la Danza de los Enanos. Se congregaban fuera de las reuniones «normales» de todo el conjunto para opinar, para decidir, para formular quejas y para otras cosas. La primera vez que estuve en la elección de los Enanos en el 85, quizás por mi propia educación y por lo que yo pensaba, me creé algunas enemistades porque no elegí a personas que esperaban ser elegidas. Yo me limité a ser ecuánime y a pensar en la afinación, en el canto, en la entonación y en el ritmo, sin mirar nombres ni apellidos. Y eso…, pues me trajo consigo algunos… nunca problemas, pero sí algunas enemistades. Ahí sí me encontré que algunos de los que formábamos el tribunal o el comité para la elección estaban un poco sometidos a esa presión y a esa «costumbre», quizás, de nombres, apellidos, amigos… Y eso creo que conmigo en el 85 desapareció. No sé si después más tarde o en la actualidad sigue existiendo. No lo sé, lo desconozco.
LMR. En tu labor directiva vocal de la danza de Enanos para la Bajada de 1985, ¿cómo funcionó el día a día? ¿Cómo compaginaste la dirección de la Masa Coral, cuyos miembros integraban la mayor parte del Coro de esa convocatoria lustral, con la dirección de la Peña y coro de danzantes de los Enanos?
MNSG. En el 85 fue para mí maravilloso: hubo un respeto absoluto, un trabajo constante y con mucha ilusión; la colaboración de todo el mundo fue ideal. Don Julio Gómez (también gran amigo, gran músico y maravilloso) me enseñó muchísimas cosas. Era un gran orquestador. Y también el asesoramiento de él, para mí, fue imprescindible respecto a la Danza de los Enanos y a más cosas. Hubo también, por ejemplo, en el 90, unos concejales encargados del número de los Enanos que se sometieron siempre a cualquier dictado de los que llevaban el trabajo, en este caso, el de los músicos y el de los directores del propio baile. Me acuerdo, me viene a la memoria Eusebio Jiménez, que se portó de una manera maravillosa siempre: además de por otras cosas, como concejal de los Enanos. Me parece que no recuerdo bien quiénes eran los demás, pero, para mí, él se lleva la palma dejando trabajar y dejándose asesorar.
LMR. ¿Cómo fue el proceso de organización de los ensayos del coro para afrontar la interpretación de cuatro obras: Minué, Carro, Loa y Misa (además, con obra de estreno dirigida por el propio compositor, quien, además, era amigo de tus padres)? ¿Esta situación te generó más presión añadida?
MNSG. Por supuesto, pero ya se sabe: «¡Juventud, divino tesoro!». Yo tenía ganas y fuerzas para todo. Los ensayos me llevaron a estar siempre en el piano, leyendo a primera vista, para ensayar con el coro los trozos del minué, de la misa, de la loa, de todo. Mucho sacrificio por parte de la gente, de los componentes de ese coro de la Bajada, de los niños, con quienes Luz María Pérez García hizo un trabajo maravilloso. Además, me gustaba mucho porque el coro, que estaba conformado normalmente por la Masa Coral, también contaba con componentes extras que querían participar. En relación al coro infantil, Luis Cobiella siempre me dijo que quería «un coro de niños cantando en la plaza». Eso sería el paisaje del coro de niños, y lo conseguimos. Fue una llamada a niños de Santa Cruz de La Palma, niños y niñas, y se configuró un coro que a mí me pareció poco menos que encantador y emocionante, porque era lo que el compositor quería, en este caso, Luis Cobiella. El trabajo (valga la frase Por amor al arte) siempre fue por amor al arte por parte de todos. Los ensayos siempre se programaban por la noche, cuando uno terminaba de trabajar, cuando podía reunirse la gente: componentes que venían de Los Llanos, de la Breña y de otros sitios de la isla para cantar, para participar. Por supuesto, también tuve varios —muchos— encuentros con Luis Cobiella para hacerme entender las obras: lo que él quería, lo que no quería en la manera de interpretar. Vuelvo a repetir: la juventud. Fue maravilloso.
LMR. Como profesional, ¿cuál es la obra que has dirigido que consideras más interesante y/o emocionante?
MNSG. No puedo elegir una. Es imposible. Son muchas obras. Por supuesto, de Luis Cobiella, las obras para las Fiestas Lustrales. Recuerdo con mucho cariño el Minué de Santo Domingo, que ya no se ejecuta. Creo que se ha puesto en escena una o dos veces, nada más. Tiene una sección casi de música barroca y la parte de los niños es preciosa: contiene algunas cosas de abuelo (Elías Santos Rodríguez); a otras le dije que no, que era imposible ejecutarlas.
También me quedo con algunas obras renacentistas, especialmente del villancico renacentista: obras con las que fuimos a participar para el encuentro coral de La Laguna, también con el Orfeón La Paz; obras que tenían su dificultad y las que ejecutamos, las realizamos con bastante dignidad.
LMR. ¿Cómo valora María Nieves Santos Gómez la gestión y conservación de la música de la Bajada de la Virgen? ¿No te parece que, del conjunto patrimonial de la Bajada, ha sido históricamente el peor tratado? Con la extraordinaria capacidad compositiva e interpretativa que se atribuye a nosotros, los palmeros, ¿a qué crees que se debe la contradicción entre un prestigio en el terreno musical y la poca huella material que ha quedado?
MNSG. Realmente, desconozco el cuidado y la conservación de este acervo cultural y musical de la isla. Lo desconozco. Y desconozco también la relevancia (la mucha o la poca) que se le da a su conservación y estudio, porque sé de muchos estudiosos, profesores y estudiantes que quieren acercarse y conocer el tiempo, la forma, el porqué de las obras y demás. La importancia histórica de toda esta música a lo largo de los siglos en la isla, para mí, es supina. O sea, es. Se tiene que escribir con mayúsculas. Y yo lo que me puedo limitar a decir es que siempre he estado disponible a dar, a prestar e incluso a regalar cualquier obra o pieza musical que estuviera en mi casa. Yo y toda mi familia. No sé de qué manera hacerlo. Pero creo que, igual que hay una biblioteca de José Pérez Vidal, igual que hay cuidado por otras cuestiones culturales en esta isla o de cualquiera índole, debería haber un cuidado grande y extremo respecto a la historia musical en todos los sentidos. No tiene que ser una música muy clásica, una música muy estudiada; puede ser una música muy popular, una música del folklore con mayúsculas. José Pérez Vidal, incluso, publicó un estudio sobre los romances y las melodías cantadas. Todo eso tiene que hacerse: ha de realizarse (o deberíamos realizar entre todos los palmeros) una labor conjunta para llevar esto con gente que sepa y con gente que de verdad quiera conservar, y servirnos de este tesoro (todos nosotros y las personas de fuera interesadas).
LMR. ¿De qué modo crees que puede mejorarse el proceso de gestión de los coros de la Bajada de la Virgen? ¿Qué cambios sustanciales percibes entre el contexto de 1985 y la presente edición de 2025?
MNSG. Yo pienso que, respecto a los coros o al coro de las Fiestas Lustrales, debería irse creando, poco a poco, un coro que podamos llamar profesional y que trabaje durante todo el tiempo. Cuando digo «todo el tiempo», me refiero que sea un coro que siempre esté actuando, siempre esté ahí, aprendiendo, conociendo. Ese coro también debe de tener un asistente, un pianista, alguien profesional que ayude al trabajo, así como la dirección puede ser fija o variable. Pero tiene que convertirse en un coro de verdad. No digo que todos hayan de contar con unos estudios musicales maravillosos. Pero, sí, un coro que podamos decir que es profesional. Ser un coro profesional significa estudiar, trabajar, amar muchísimo la música. Creo que lo que la música coral necesita es una estructura que esté siempre ahí, que no se improvise de una Bajada de Virgen a otra, cada cinco años, cada lustro, sino que se mantenga. Sí, porque después nos encontramos con piezas complicadas que no se pueden abordar y, menos, en unos pocos meses. No se pueden abordar ni ejecutar con una mínima dignidad y, desde luego, el compositor tiene derecho a escuchar su obra con decoro.
LMR. Después de diez años de la última celebración, ¿qué emociones te despiertan estas fiestas lustrales?
MNSG. Mira: lo único que me despiertan es, en mayúscula, la palabra nostalgia; de la cual disfruto porque es muy personal, me pertenece, valga la redundancia. Esta nostalgia está compuesta de la familiaridad, de la amistad, del trabajo, del sacrificio, del disfrute en los rostros de todos nosotros, de los palmeros. Esa la tengo y me la guardo y creo que la voy a seguir teniendo siempre.
Perdona. Cuando en la cuestión anterior me preguntaste cómo mejorar el proceso de gestión de los coros, quería comentar que yo me aparté, me aparté del trabajo de las Fiestas Lustrales por muchas razones. Pero si pudiera esbozar algunos motivos, son la falta de acudir al asesoramiento de las personas que siempre hacían, colaboraban y además sabían, por crear ambientes no positivos (y hablo de cualquier tipo de persona, no del político, ni del cantante: hablo de cualquier tipo de persona) y por lo que comentaba antes: por estas formaciones extrañas, estos grupúsculos (así los llamo yo, más que «grupos») que se atribuyen derechos, posesiones, intervenciones en plan «o ellos o nadie». Y las Fiestas Lustrales (así como los coros, la música y, en general, todo lo que las rodea) siempre estuvieron o han querido estar o quisieron estar conformadas por todos y todas, sin ningún protagonista, sin afán protagonista. Eso es lo importante en las Fiestas Lustrales y en esta isla, cosa que ahora creo que no sucede.
LMR. Este reconocimiento por su trayectoria está enmarcado dentro del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, jornada en la que se conmemora la lucha de las mujeres por su participación en la sociedad y por su desarrollo integro en igualdad de condiciones que el hombre. Tú has sido un referente y una pionera en actos desarrollados mayoritariamente por hombres. ¿Cómo valoras el papel de la mujer dentro de los actos de las Fiestas Lustrales? ¿Has visto una evolución a lo largo de tu trayectoria?
MNSG. El papel de la mujer en los actos lustrales, para mí, creo que ha sido —por lo que yo conozco históricamente y en mis momentos de trabajo— imprescindible y ha sido siempre un trabajo serio, duro y sacrificado. Un trabajo sin caras y sin voces: ¡vamos!, lo que normalmente ha sido la labor de la mujer: hace falta siempre, siempre más, hace falta. Para mí, la característica de una mujer es eso: trabajar sin necesitar el reconocimiento por lo que hacemos. No sé si esta generalización quizás tenga excepciones, como todo, pero, para mí, raya un poquito la verdad. Las mujeres tienen y deben ser las voces y las caras iguales con los hombres. Yo siempre destaco la importancia de la persona, la mujer persona y la persona mujer.
Una evolución, a lo largo de mi trayectoria, en el papel de la mujer en las Fiestas Lustrales, no lo veo. No lo sé. No sabría contestar a eso, ¡fíjate! No sabría contestar a eso. También yo tengo un hándicap a la hora de ver evoluciones en cuanto a la mujer, porque en mi casa siempre nos criamos sin pensar que éramos mujeres, sino personas. Es importante. ¿Sabes que yo no fui consciente de la necesidad del feminismo, sino casi cuando fui adulta? En mi casa, mi padre —por poner un ejemplo— siempre nos decía que no dependiéramos de nadie, incluso, que no nos casáramos; sí, cosas de este tipo. Sí, seguramente, porque tenía cinco hijas y nunca tuvo hijos. Yo nunca sentí que pudiera hacer o no hacer por el hecho de ser mujer (en mi casa, por lo menos, y fuera tampoco). Después, ya sabiendo más y conociendo historias, el ambiente y lo que me rodeaba, me di cuenta de que sí existía un gran patriarcado y un gran machismo ejercido por hombres y por mujeres. Pero fui consciente más tarde, fui consciente mucho más tarde. Yo nunca percibí la existencia del machismo ni la necesidad de un feminismo. Lo que, para mí, fue una desgracia.
LMR. Pero no te consideras machista.
MNSG. No, todo lo contrario. Pero, ¿cómo fue posible que yo no percibiera eso desde mi adolescencia, sino ya cuando era una mujer? Es importante la educación. Sí, porque mis hijas, por ejemplo, han vivido, por supuesto, con la misma educación que tuve yo. Pero ellas sí han tenido un entorno en el que se ha hablado más del maltrato, de los abusos, del feminismo. Asuntos que, cuando yo era niña, no los oía. Aparecen después. ¡Y gracias a Dios que aparecen en nuestra sociedad!
LMR. ¿Cómo te sientes al recibir este reconocimiento como Mujer Destacada de Santa Cruz de La Palma en este año lustral 2025?
MNSG. Para mí, son incontables las mujeres que habría que reconocer en el ámbito de las Fiestas Lustrales (y en cualquier otro). Yo soy como una pequeña partícula en un gran mar de mujeres y, por ende, de personas a las que les ha tocado, en este caso, un papel en este o en otros actos. Por desgracia (para mí), estos reconocimientos siguen siendo necesarios para que se valore el papel y la contribución de la mujer, de la persona mujer o de la mujer persona en la vida laboral y cultural. Entonces, sí estoy contenta de estar aquí, pero, antes que yo (después y durante) deberían de estar miles de mujeres.
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