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Qué es y qué no es el 15M
La iniciativa fue presentada por Ezquerra Republicana de Cataluña, que tuvo que retirar los aspectos más comprometidos de su propuesta para lograr el apoyo de todos los grupos políticos. Los partidos aprovecharon el debate sobre la proposición de los nacionalistas catalanes para usar el movimiento 15 M en su propio beneficio y como arma arrojadiza de sus adversarios. Pero esta utilización se está haciendo desde el primer día y ocurre siempre con cualquier organización que plantee reivindicaciones políticas.
Me llama la atención que todos aquellos que usaron los incidentes en las puertas del Parlamento de Cataluña para criminalizar el movimiento 15 M y dibujarlos como antisistemas y antidemócratas, no hayan destacado la movilización pacífica de cientos de miles de ciudadanos el pasado domingo que salieron a la calle para intentar frenar el llamado Pacto del Euro, una serie de medidas aprobadas por los jefes de estado y de gobierno de la Unión Europea sin debate previo en los parlamentos y con un oscurantismo nada propio de los regímenes democráticos.
El sistema ha llegado a una degradación tan grande que los asuntos que más nos afectan son consecuencia de las recomendaciones de unos señores que no hemos elegido (el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo, el Banco Mundial) y no se debaten en las parlamentos donde están nuestros representantes políticos. Cuando el movimiento 15M grita a los diputados “no nos representan” o “lo llaman democracia y no lo es”, no están cuestionando la limpieza de los procesos electorales, lo que cuestionan es que los parlamentos no están legislando tras escuchar a los ciudadanos, sino tras atender a las recomendaciones de los poderes económicos que presionan a los ejecutivos.
Algunos piden al 15M que se presenten a las elecciones. Suele ser la actitud de quienes no entienden el papel de los movimientos sociales en la democracia. El 1 de enero de 1994 en el Estado mejicano de Chiapas se levantó la revolución zapatista. Unos indígenas que llevaban 500 años en la Selva Lacandona en condiciones de miseria, que eran expulsados de sus tierras por las multinacionales que buscaban recursos naturales, que tenían una cultura que no era reconocida por el estado mejicano, que no eran tratados como ciudadanos, decidieron levantarse en armas. Pero cuando digo armas me refiero con navajas y viejas escopetas que sólo se plantearon usar como defensas en los primeros días si, como así ocurrió, la corrupta policía mejicana reaccionaba de forma muy violenta.
A pesar de que ocuparon la sede del gobierno del Estado de Chiapas por la fuerza, el movimiento declaró desde los primeros minutos que no buscaban el enfrentamiento armado. Tampoco buscaban tomar el poder, querían cambiar las relaciones del poder con los ciudadanos. Pedían a los políticos de méjico que escucharan a la población que estaba harta de corrupción y de un sistema donde no cabía la participación ciudadana. El debate sobre la identidad del 15M me recuerda a los discursos que escuché en Chiapas en 1996 cuando participé en un encuentro de organizaciones sociales convocado por los zapatistas. Las simplificaciones que se hacen del 15M se parecen mucho a las caricaturas que hicieron de aquel movimiento. La identidad del 15M se está formando. En sus manifiestos tenemos las primeras propuestas, que son bastante claras: reforma de la ley electoral, más participación ciudadana, que el poder político escuche a la ciudadanía y no se someta al poder financiero. Los que no quieren entender, a los que no les interesa entender esas propuestas, no van a entenderlas nunca.
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Juan Garcia Luján
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