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Las razones de Podemos para decir no al nuevo Estatuto de Canarias

La diputada de Podemos en el Congreso Meri Pita ha justificado el voto en contra de su formación porque el texto supone la "continuidad" de los políticos que han convertido a Canarias en un "territorio desigual y "extremadamente dependiente"

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La diputada de Podemos Meri Pita en el Congreso

La diputada de Podemos Meri Pita en el Congreso. Canarias Ahora

La diputada de Podemos en el Congreso Meri Pita ha justificado el voto en contra de su formación al texto porque  se traduce en la "continuidad" de los políticos que han convertido a Canarias en un "territorio desigual, extremadamente dependiente y sin herramientas que pongan en manos de la población la posibilidad de cambiar el rumbo". Canarias Ahora reproduce íntegramente el discurso de la que es también s ecretaría de Plurinacionalidad y Diversidad Territorial de la formación morada:

Hoy no es un día importante para Canarias, si acaso lo es para un reducido grupo de canarios y canarias, pero desde luego, no para la mayoría social del Archipiélago. Si alguien tiene motivos para estar contento hoy, son los partidos del régimen del 82 en Canarias. Las mismas formaciones que han alimentado, sin ningún tipo de rubor, ese dañino sentimiento del insularismo, que destruye la sororidad que ha marcado la historia de las clases populares canarias. Y digo sororidad porque a nadie que conozca nuestra historia se le escapa el papel cardinal que han jugado las mujeres canarias en la reproducción de nuestros valores éticos y culturales a lo largo de los siglos.

La propuesta que hoy debatimos aquí, sin embargo, no tiene nada que ver con nuestras abuelas y madres. Es un texto patriarcal que obedece a la soberbia de una élite tan arrogante que se ha auto-proclamado propietaria de la “patria canaria”, al mismo tiempo que la ha destruido, contaminado y empobrecido. Quizás oirán ustedes que es un “Día histórico”. Es posible que incluso alguno se atreva hablar de que el Estatuto es un texto de última generación”. Pero ninguno de estos titulares, créanlo, conseguirá resumir de una manera objetiva la realidad.

¿En qué se traduce este nuevo Estatuto? Pues, en la continuidad de las políticas que, durante toda nuestra historia moderna, nos han convertido, en un territorio profundamente desigual, en crisis permanente, extremadamente dependiente, y, lo que es peor, sin herramientas democráticas que pongan en manos de la mayoría de la población isleña la posibilidad de cambiar el rumbo que lleva el Archipiélago. Por eso es importante que se sepa que la alegría que hoy van a expresar aquí, de manera efusiva e incluso impostada, los representantes de Coalición Canaria, y del resto de partidos que han gobernado y cogobernado canarias en los últimos 40 años, esconde una realidad amarga: su complicidad con los niveles de pobreza que están machacando a nuestro pueblo, donde casi un millón de canarias y canarios, prácticamente la mitad de la población, está en riesgo de pobreza y exclusión social.

Ustedes nunca lo admitirán, porque su manera de hacer política-ficción jamás se los permitiría, pero la realidad es que su alegría ante el hecho de que este Estatuto salga adelante, no tiene nada que ver con la mejora de las condiciones de vida de nuestra gente. Si por algo se van a alegrar ustedes hoy aquí, es porque han logrado, una vez más, que la educación concertada, extraordinariamente numerosa en las Islas, continúe recibiendo cuantiosas subvenciones mientras no hay dinero para ayudas de comedor o para la adquisición de libros de texto para las familias sin recursos. Por otra parte, la sanidad privada ve prorrogadas sus conciertos millonarios con el Ejecutivo canario, que nos han convertido en la tercera Comunidad que más destina al negocio empresarial de la salud, solo por detrás de Madrid y Catalunya… mientras en los pasillos de urgencias de nuestros hospitales públicos no cabe ni una sola camilla más, aunque el señor Baltar, Consejero de Sanidad y amo y señor de la medicina de pago, consolida el transvase de recursos públicos a empresas privadas para las que ha trabajado. Y, cómo no, también han logrado que los grandes promotores inmobiliarios y especuladores se froten las manos al comprobar que el acceso a la vivienda en las Islas continuará siendo un negocio rentable y no un derecho constitucional y estatutario. Entre tanto la empresa pública de Viviendas de Canarias, Visocan, continúa desahuciando a familias sin alternativa habitacional, se ahoga en un mar de demandas laborales tras aplicar un ERE criminal y un recorte salarial ignominioso, y encima tiene que indemnizar a sus exdirectores, (cargos de libre designación) que, como bien conocen algunas, han llegado a cobrar por ocupar este puesto la friolera de 100.000 euros al año.

Lo triste, lo verdaderamente triste es que los responsables de CC, NC, PP y PSOE se suban a esta tribuna a hablar a nuestra gente de progreso, desarrollo económico y social, cuando no es así. Ni una sola mención se hace en este texto al objetivo de aumentar nuestros niveles de soberanía alimentaria y energética. Han bloqueado ustedes toda posibilidad de incluir en nuestro Estatuto cláusulas que hagan posible el cambio de modelo productivo que nuestra economía tanto necesita para crecer de manera equitativa y sostenible.

Por lo que se ve, los derechos de nuestro pueblo deben continuar subordinados a los de las grandes empresas importadoras de productos alimenticios. Y también a las compañías eléctricas, que seguirán produciendo energía en nuestra tierra quemando petróleo y escupiéndolo a la atmósfera, mientras se hace efectivo el soterramiento del gas en unas islas volcánicas que registran más de 1.500 seísmos al año. Lo hemos dicho mil veces, nuestro mar, nuestro suelo, nuestro aire y nuestro sol son un auténtico tesoro, pero este Estatuto tampoco está diseñado para la sostenibilidad, porque ésta no resulta rentable a las oligarquías, como tampoco le renta a esos poderes económicos reverdecer nuestros campos, salvar nuestro medio ambiente de la depredación urbanística y mantener limpios nuestros mares.

Nos definen en este texto que hoy quieren aprobar como un territorio “alejado” y “fragmentado”. ¿Alejado de quién? ¿Fragmentado en relación a qué? Que nosotras sepamos, Canarias es un territorio insular y atlántico Igual que las islas de Madeira, Azores o Cabo Verde, o también las Islas Británicas, Islandia o las Antillas. Y, de verdad que no me imagino a sus dirigentes definiendo en clave victimista su ubicación geográfica y su papel en el mundo. ¿A eso se resume el hecho diferencial canario para ustedes? ¿A la instrumentalización política de los tópicos que han definido nuestra colonialidad histórica en Madrid y en Bruselas?

Miren, nuestro país insular es un territorio transmarino, forjado a partir de una mezcla envidiable de decires y sangres, y con una incuestionable extroversión que nos ha llevado a recorrer las tres esquinas continentales que baña el Océano. Somos un pueblo orgullosamente heredero de la valentía de los indígenas canarios, pero también del esfuerzo de los numerosos pobladores europeos, africanos, americanos y también asiáticos que han arribado a nuestras costas con el humilde y bello propósito de vivir dignamente. Y es triste que el apasionante carácter consular de la cultura y la historia de nuestro Archipiélago, sea reducido por ustedes a un preámbulo como el de este Estatuto, que parece guiado por los mezquinos intereses de los descendientes de los conquistadores: esos insularistas, que blanquean descaradamente nuestro acervo de acuerdo a los dictados de un eurocentrismo que no merece otro calificativo que el de insultante. Si esta es la visión que ustedes tienen de nuestro pasado, da miedo pensar en lo que quieren convertir nuestra tierra en el futuro.

La falta de democracia en Canarias es alarmante, y como si fuera poco un sistema electoral seudo-democrático, en este estatuto se incluyen medidas como la autorización a la Presidencia Autonómica para que pueda gobernar el Archipiélago a golpe de Decretos-Ley. Si esta medida hubiera estado en vigor durante la legislatura actual, la minoría que posee Coalición Canaria habría permitido a Clavijo aferrarse a su cargo sin tener que someter muchas de sus decisiones al voto mayoritario del Parlamento. Si con el Estatuto actual, CC ya manejaba las instituciones canarias a su antojo y sin ganar las elecciones. Imagínense lo que podrán hacer ahora tirando de Decretos-Leyes; aterrador.

Por si todo esto fuera poco, han rechazado de plano nuestra propuesta de incluir en el Estatuto la figura del revocatorio. Un instrumento que nos habría permitido votar si es conveniente que un presidente como Clavijo, para el que la jueza de instrucción del Caso Grúas ha solicitado una investigación por prevaricación y malversación al TSJC, debe seguir al frente de nuestro autogobierno o debe marcharse para evitar comprometer todavía más su legitimidad democrática. Otras cuestiones de calado han quedado igualmente fuera de la negociación para reformar nuestro Estatuto. Así lo ha querido PP, PSOE, CC y NC, por ejemplo, con la declaración de Canarias como Territorio de Paz, Cooperación y Buena Vecindad, con la demanda de superar el marco laboral que condena a Canarias a sufrir un paro estructural que ya multiplica la media estatal y   triplica la europea, el cumplimiento del Principio Archipielágico en nuestra tierra, tal y como aparece definido en la Convención de los Derechos del Mar, evitando así que otros países puedan hacerse con los recursos naturales de nuestras aguas y continúen poniendo en riesgo nuestro medio natural, como lo hace Marruecos cada vez que autoriza prospecciones petroleras cerca de nuestras costas.

Visto lo visto, nuestra posición al respecto del texto estatutaria que hoy debatimos es clara: votaremos que en contra. Lo haremos apelando a la responsabilidad y al compromiso que hemos suscrito con la ciudadanía de Canarias y de todo el Estado, que no nos permite flaquear en la defensa a ultranza del proyecto político con el que nos hemos presentado a las elecciones, tanto aquí como en Canarias. Este no es el Estatuto de la mayoría social de Canarias, que está al borde de la exclusión social, que no puede permitirse ni una semana de vacaciones o que ha tenido, directamente, que irse fuera de las Islas para encontrar las oportunidades que en nuestra tierra les han sido negadas.

Otra Canarias es posible, y otra forma de gobernarla también. Con un gobierno valiente que se atreva a plantar cara a las grandes empresas que pretenden robarnos la salud, la educación, el trabajo con derecho y el derecho al trabajo la vivienda y cuantos derechos fundamentales puedan resultarles rentables. Nuestro Archipiélago es mucho más que lo que ustedes han escrito en esta pobre y continuista propuesta de modificación de nuestro Estatuto. Y hasta que tengamos la fuerza suficiente para plasmar esa realidad en la que debe convertirse en nuestra Constitución, diremos NO a quienes todavía quieren hacer naufragar nuestros sueños de vivir en unas Islas que no sean, como decimos en Canarias más nunca -silencio amordazado.

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