Hawa Touré, superviviente de ablación: “En la noche de bodas te acuestas con tu marido y el dolor es terrible, pero tienes que aguantar”

Hawa Taoré, activista mauritana que lucha por erradicar la mutilación genital femenina.

Natalia G. Vargas

Las Palmas de Gran Canaria —

Hawa Touré tenía solo diez años cuando en el interior de una pequeña casa en la ciudad de Kaedi, al sur de Mauritania, sufrió la mutilación genital. Esta tradición vigente en el país desde tiempos inmemorables condenó a la activista a la ablación, al igual que al 70% de las mujeres de su país que quedan abocadas a la escisión desde su nacimiento, según datos de Unicef. “Más allá de las secuelas físicas, las consecuencias psicológicas son eternas”, confiesa. Desde 2005 esta práctica es ilegal en Mauritania y, pese a que se trata de una costumbre menguante, sigue ejecutándose en la clandestinidad. En el mundo, afecta aproximadamente a tres millones de mujeres y niñas.

La vida y la lucha de Touré quedaron marcadas por esta vivencia. En la actualidad tiene 43 años, reside en Fuerteventura y preside la asociación de mujeres mauritanas Dimbe, integrada por 18 personas y encargada de desempeñar una ardua labor de sensibilización acerca de la salud sexual femenina. La activista ha hecho de Canarias su campo de batalla por ser un territorio en el que convive una amplia comunidad de personas procedentes de países donde se ejecuta la ablación. “Por ejemplo, hay muchas mujeres africanas que viven aquí y que cuando van de vacaciones a sus lugares de origen aprovechan para mutilar a las niñas”, explica.

La sensibilización y la formación constituyen el eje central de su trabajo, no solo mediante charlas formativas impartidas a las potenciales víctimas de esta práctica y a sus familias, sino también a profesionales de los centros de salud y de servicios sociales porque “son quienes tienen contacto directo con ellas”. No es una tarea fácil, ya que en el Archipiélago hay “muchas personas que ni siquiera saben lo que es la mutilación”, pese a relacionarse día a día con mujeres condicionadas por esta realidad, revela.

Hemorragias, infecciones e incluso la muerte son algunas de las complicaciones inmediatas que puede provocar la ablación, según la Organización Mundial de la Salud. A largo plazo, problemas sexuales, menstruales, vaginales, depresión o ansiedad. La escisión se practica habitualmente a las niñas en edad temprana. Hay ocasiones en las que, cuando llega el matrimonio, el ritual se repite.

“Las mayores dicen que la intención es defender el honor de la familia protegiendo la virginidad”, cuenta Touré. Antes de casarse, las mujeres mutiladas no pueden tener relaciones sexuales con ningún hombre. “Lo peor es la noche de bodas, el dolor es terrible cuando te acuestas con tu marido, pero tienes que aguantar”, lamenta. El sufrimiento se lleva por dentro y “eso afecta más que el sufrimiento físico, pero es una situación que no es agradable de contar”.

En España viven más de 55.000 niñas y mujeres procedentes de países en los que se las mutila, tal y como publicó Médicos del Mundo el pasado 6 de febrero, día mundial contra la mutilación genital femenina. Por su parte, esta asociación ha exigido al Gobierno central un sistema de salud público concienciado en el que se conozca esta práctica y sus consecuencias, con un protocolo integral que garantice la atención especializada no solo a las supervivientes, sino también a familiares.

Este verano, Hawa Touré recorrerá con su asociación Tenerife y Gran Canaria, ya que su activismo se mueve a caballo entre las islas y Mauritania. En los últimos meses ha vuelto a visitar su país de origen en el marco de una investigación sobre la permanencia de la ablación en las distintas regiones de forma ilegal. Sin embargo, confiesa que le ha resultado muy complicado localizar a quienes ejecutan la mutilación genital.

En el país africano hay importantes colectivos de mujeres que luchan por erradicar esta histórica costumbre. Una lucha que trasciende a las aulas, ya que, según cuenta Touré, un amplio grupo de docentes que se ocupa de dar charlas y de recordar a las familias y a las menores las consecuencias de la escisión. Algunos de los países del continente africano en los que la movilización ha logrado que se prohíba la mutilación son Senegal, Níger o Etiopía, entre otros.

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