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Las marcas de la colada que ya cargan los bomberos de La Palma

Bomberos, agentes forestales, y personal de Protección Civil y de Cruz Roja en el corte de acceso al barrio de La Laguna para acompañar a los vecinos que tienen permiso para acercase a sus viviendas a recoger algunas pertenecías.

Efe / José María Rodríguez

La Laguna (La Palma) —

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Carlos Ayudarte casi nació predestinado para el oficio que desempeña, un trabajo en el que ha tenido que fajarse con varios incendios forestales de envergadura, el último este verano. Desde hace un mes, este bombero de La Palma se traga su impotencia ante momentos que le están dejando "marcado".

Carlos espera en el punto de control de acceso a La Laguna, en Los Llanos de Aridane, a que le toque el turno de acompañar a algún vecino que quiera seguir vaciando su casa, poniendo todos sus recuerdos a salvo de la colada que lleva días parada a la entrada del pueblo, pegada ya a la oficina de La Caixa, a solo unos metros de la iglesia.

Así han pasado días: la colada, de unos cinco metros de altura, no avanza, pero por detrás el volcán sigue alimentando de lava toda la ladera. Es algo que ya se vivió en Todoque, el barrio que desapareció hace semanas, pero todos quieren pensar que quizás la Laguna tenga otra suerte y se salve. Carlos y varios de sus compañeros están entre ellos.

"Yo estuve en Todoque un par de días. Esto creo que será menos, no creo que se lleve La Laguna como se llevó Todoque", asegura.

Mientras aguarda su turno de acompañamiento, conversa con colegas del Consorcio de Bomberos de Gran Canaria y de la Brigada de Reacción ante Incendios Forestales (BRIF) de La Palma. El trabajo de todos consiste en apagar incendios.

"Estamos acostumbrados a ese tipo de catástrofes, vas y actúas, ves el trabajo que haces... Ahora, sientes impotencia, porque no puedes hacer nada con la lava ni con el volcán. Tienes que ver cómo destruye fincas y casas, impotente, porque no se puede hacer más que ayudar a los vecinos y sacar todo lo que puedan de sus casas", relata.

Carlos Ayudarte es bombero de La Palma y los que sacan los muebles a la carrera son sus vecinos, la gente a la que conoce. A veces, personas mayores que llevan toda una vida en su casa y que se ven en el trance de abandonarla a la carrera, entre incrédulos y resignados.

"Son situaciones que te marcan", confiesa. Llega al punto de control una furgoneta seguida de tres camionetas. Cuando regresen, los vehículos vendrán con un hogar a cuestas.

Es el turno de los bomberos de La Palma y todos los colegas de profesión que se prestarán a ayudar para que el desalojo sea rápido y seguro.

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