Antes de Venezuela fue Cuba: las remesas y el talento local modernizaron La Palma a principios del siglo XX

Canal por la costa de Tazacorte – Años 20 – Armando Yanes es quien aparece vestido de traje negro, bastón en mano y sombrero claro. (Archivo Casa Yanes)

La historia de Canarias y, en concreto, de La Palma no puede entenderse sin la emigración a Cuba y después a Venezuela. Fueron las remesas en distintos períodos de la historia las que permitieron al pueblo palmero levantarse una y otra vez de los estragos de los volcanes, de las crisis económicas o de la Guerra Civil. La familia Yanes guarda como oro en paño las fotografías de principios de siglo pasado que realizó Armando Yanes, figura clave para la modernización de Tazacorte. El municipio es actualmente uno de los tres afectados por la erupción volcánica originada desde el pasado 19 de septiembre, por lo que miembros de la familia aseguran que duele mucho ver los estragos de la lava. Las imágenes de la época reflejan cómo esta tierra volcánica fue trabajada con sacrificio a principios del siglo pasado y sin apenas maquinaria. Una labor que no habría sido posible sin el dinero procedente de América y el ingenio y esfuerzo de todo un pueblo. 

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En el artículo de investigación La emigración canaria a Cuba durante la ocupación norteamericana (1898-1902), el historiador Manuel Hernández junto a Julio Hernández destacan que la familia Yanes tenía históricamente importantes intereses comerciales entre Cuba y Canarias. Además de los vínculos comerciales antes de la guerra de Cuba, en este estudio se recuerda que esta isla fue durante el siglo XIX el destino preferente de la emigración canaria. Una vez finalizada la guerra, el gobierno de ocupación norteamericano asumió todas las competencias en política exterior. El viceconsulado en Las Palmas había crecido en importancia, al albergar un “centro portuario más importante que Tenerife”, donde era mayor el número de barcos que hacían escala con rumbo a Cuba y Puerto Rico. Por su parte, Santa Cruz de La Palma había contado con una agencia consular formalmente establecida, pero discontinua. En el artículo se refleja que entonces fue designado agente consular en esa isla Manuel Yanes, de 42 años y representante en La Palma de la firma Hijos de Juan Yanes, la más grande e importante de Canarias.

“En estos primeros momentos el objetivo de la política migratoria norteamericana referente a Canarias se cifra en estudiar el interés que la misma podría tener para el desarrollo de sus importantes inversiones agrícolas. Por ello, no se prohíbe la emigración de mano de obra contratada, sino más bien se trata de potenciarla”, destacan los historiadores. Durante las tres primeras décadas del siglo XX un rasgo característico de la emigración isleña es que “su punto de mira es el de ganar el máximo dinero posible en una ardua y continua labor agrícola, viviendo en las peores condiciones posibles y ahorrando lo suficiente para almacenar una pequeña cantidad de dinero que posteriormente invertirá en la tierra natal en una ocupación, fundamentalmente campesina, con la que tener garantizado un cierto devenir”. La mano de obra canaria era interesante en esos momentos para los hacendados cubanos por su bajo coste salarial o su capacidad de adaptación a condiciones extremas. 

La figura de Armando Yanes

El investigador Manuel Lorenzo Arrocha ha indagado sobre la figura de Armando Yanes Carrillo, nacido en 1884, gran entusiasta de la navegación y que fue presidente del Cabildo de la isla en 1924. De él destaca que fue clave en la construcción naval, pero también en el desarrollo del municipio a principios del siglo XX. En las fotografías aportadas por su bisnieto Jorge Henríquez Yanes se aprecia la evolución del pueblo, con la construcción del canal de agua por la costa de Tazacorte y las roturaciones del terreno para el cultivo de esa zona de la isla a partir del año 1919. Su padre Gabriel Henríquez apunta que hubo varias claves. Por un lado, el desarrollo agrario con la llegada de la empresa Fyffes a La Palma, que utilizará el almacén Yanes, ahora declarado BIC, para exportar productos agrícolas. Las imágenes de la época ilustran cómo los trabajadores realizaban muros de mampostería para preparar el cultivo de plátano y también disponían de un martillo neumático para el picado de la piedra. Y otra de las claves fue el agua. “Tuvieron la suerte de descubrir el pozo de La Fuerza, y hoy día aún existe la comunidad de La Fuerza”, señala. 

El almacén Yanes, que hoy día es considerado uno de los edificios más emblemáticos de la isla, colocó a La Palma en el mapa internacional del comercio agrícola en la época. El arquitecto Gabriel Henríquez sostiene que alberga no solo la historia del municipio y de la isla, sino que “encierra todo su valor social, cultural y etnográfico”. El bisabuelo de Jorge Henríquez era además amigo íntimo de Alonso Pérez Díaz, político republicano nacido en Mazo. De él, el investigador Manuel Lorenzo resalta que fue diputado en las Cortes Constituyentes de la II República Española y en las ordinarias posteriores y que consiguió entre otros importantes logros la creación en la capital palmera del Instituto de Enseñanza Media. Precisamente, la Reforma Agraria puesta en marcha durante la República incidía en la necesidad de modernizar las infraestructuras agrícolas, algo de lo que Yanes daba cuenta en sus cartas. 

Tras la Guerra Civil, Fyffes decide abandonar La Palma y Armando Yanes compra el almacén para utilizarlo en la exportación de productos agrícolas, principalmente el plátano. “Siempre creyó mucho en Tazacorte”, resalta Gabriel Henríquez. Hasta los años 40 la financiación de todo ese cambio agrícola provenía del comercio con Cuba y de los emigrados a esta parte de América. Fue después del volcán de San Juan en 1949 cuando el franquismo concedió los llamados “créditos blandos”, como recuerda María Victoria Hernández, cronista oficial de Los Llanos de Aridane, y desde 1948 despuntó la emigración hacia Venezuela. Armando Yanes murió en 1962 y precisamente uno de sus barcos, el Goleta Benahoare, que había sido vendido, fue uno de los que se tienen documentados como embarcaciones en las que canarios viajaron de forma clandestina a Venezuela para buscar una vida mejor, amasar dinero y traerlo de vuelta a su tierra. 

María Victoria Hernández recordaba hace unas semanas a este periódico el amor que siente el pueblo palmero por su tierra. Los volcanes, las sequías, el trabajo duro o la emigración (primero a Cuba y después a Venezuela) han marcado el carácter de su gente. La tierra hubo que trabajarla “a pico y pala”. Así fue el modo en que se construyeron esos cultivos en forma de terrazas tan característicos de la isla. “Se traían camiones de tierra de la cumbre” para que esa tierra que fue arrasada por la lava fuera fértil. “A la piedra ya seca de los volcanes se le tiraba agua y se construían murallas”. Manuel Hernández, por su parte, apuntaba que la emigración de los canarios a Venezuela se prolongó hasta los 80 y que en la compra de parcelas, también tuvo que ver la estructura de la propiedad, que los grandes terratenientes vendieran sus tierras a los que regresaban con dinero de América y que decidieron invertir en la zona de Tazacorte, Los Llanos o El Paso. 

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