Coterillo, el líder comunista que fundó Comisiones Obreras en Cantabria: “Nadie nos iba a rescatar”
“Ahí sigue, imperturbable, lanzando esas inmensas diatribas geopolíticas”, dice Dionisio Gómez, exdirigente de CNT Cantabria. José López Coterillo (Miengo, 1937) ha recibido el homenaje de sus compañeros de Comisiones Obreras, el sindicato que fundó y dirigió en Cantabria desde la clandestinidad de la dictadura. “Ilegales, que clandestinos no hemos sido nunca”, ironiza Cote. La historia del sindicato y la propia biografía de Coterillo son dos historias enhebradas con el mismo hilo, escritas con el mismo lápiz.
El reconocimiento -impulsado por Félix Rodríguez, Fernando Sopeña y Javier Gómez Acebo- ha unido a una generación de protagonistas de la lucha contra el franquismo que se saludaron emocionados y evocaron algunas vivencias. “Estoy más nervioso que cuando me perseguían los grises”, bromeó el homenajeado. Un tipo que ha demostrado que siempre ha puesto y pone su ideología y sus principios por delante de todo lo demás, describió un compañero.
Coterillo nació en Miengo (Cantabria) mitad de la Guerra Civil en una familia represaliada. Creció en una dictadura. “Y no quiero irme en otra”, proclamó preocupado por la deriva política actual.
Cuenta que su abuelo murió justo antes de la caída de Santander en manos de los golpistas lo cual siempre generó en la familia dos sensaciones encontradas. Por un lado, el dolor por su fallecimiento y por otro la satisfacción de que los falangistas no pudieron fusilarle. Es el orgullo que les quedó.
Hasta bien entrada la edad adulta su vida fue un conflicto permanente en rebelión contra la terrible herencia de la dictadura franquista hasta el punto de que fue torturado y pasó ocho años en la cárcel. Empezó a trabajar con quince años en la fábrica donde estaba empleado su padre, Nueva Montaña Quijano, donde se formaba y se cantaba el Cara al Sol antes de iniciar la jornada laboral. Le sorprendió el miedo que tenían los trabajadores a quienes aquel chaval empezó a movilizar. Primero para conseguir algunas pequeñas mejoras, como agua caliente en las duchas, hasta que consiguió que saliesen a la calle en aquellas huelgas ilegales en las que se jugaban mucho.
La personalidad y el liderazgo de Coterillo fueron determinantes para forjar su relevante personalidad sindical. Con poco más de quince años ya militaba ya en el PCE y había tomado conciencia de que había que luchar por los derechos sociales y laborales. Empezó a participar en las reuniones para organizar Comisiones Obreras, algunas de ellas en el Barrio Pesquero, en la casa del cura Alberto Pico.
En 1962 fue elegido responsable del sindicato en una asamblea que se celebró en Maliaño. Se organizaron huelgas clandestinas en Standard Eléctrica, SNIACE, Nueva Montaña, cuando todavía no estaba legalizado ese derecho. Dos años después de convertirse en líder del sindicato le despiden de la fábrica. En aquel momento no había seguro de desempleo y se creó una cooperativa para abrir el taller mecánico LIFE en Cartes, donde podían trabajar temporalmente aquellos que perdían su trabajo por formar parte de listas negras. El propio Coterillo, cuyo nombre estaba escrito con mayúsculas en una de ellas, tuvo problemas para colocarse. Cada vez que superaba las pruebas de acceso le denegaban el trabajo por los avisos de peligrosidad que daban las autoridades.
Coterillo fue también corresponsal de Radio España Independiente, la emisora clandestina del PCE que emitía desde el extranjero y se escuchaba a escondidas.
José María Gruber, dirigente del Sindicato Unitario de Cantabria, dice que Coterillo siempre ha estado del lado de los inconformistas, de los comprometidos y de los luchadores, de los que han decidido “salir a ganar” aunque ello representase un riesgo personal.
El episodio más amargo de su biografía personal y sindical es cuando en 1967, el Tribunal de Orden Público –una de las organizaciones siniestras de la dictadura franquista- declaró ilegal a Comisiones Obreras. En Cantabria se descabeza el sindicato con la detención de 40 personas, entre ellos Coterillo, acusado de asociación ilícita y propaganda ilegal.
Fue torturado y encarcelado. Fue el penúltimo de los detenidos en salir de prisión. Pasó ocho años en las cárceles franquistas, desde la provincial de Santander, pasando por Jaén y acabando en Pontevedra. Una vez en libertad fue elegido secretario general de CCOO de Cantabria en el primer congreso que se celebró en la primavera de 1978. El dictador Franco había muerto pero el sindicato todavía no estaba legalizado. Pasó a formar parte de la Comisión Ejecutiva Confederal, dentro del equipo de Marcelino Camacho, con quien mantuvo un fuerte vínculo.
El exsecretario general del Partido de los Trabajadores, José Guerrero, le recuerda junto a Santiago Carrillo y Nicolás Sartorius en aquel multitudinario en el hipódromo de Bellavista (Cueto) de las primeras elecciones generales de 1977.
En diciembre de 1982 deja la dirección del sindicato. Dimite -deja paso a Roberto Rufino Venero- y se reincorpora a su puesto de trabajo en Nueva Montaña, que había recuperado. Pero en los años 80 vuelve a primera línea con la reconversión industrial, una época amarga en la que se perdieron muchos empleos.
A lo largo de su dilatada militancia sindical Coterillo se encerró en la galería con los mineros de Reocín; con los trabajadores de la desaparecida Ibero Tanagra, defendió FYESA, Astilleros del Astillero y Santander, lideró conflictos en Sniace y en su propia empresa de Nueva Montaña Quijano.
“Coterillo es una persona con la que me he encontrado en todos los sitios prohibidos”, evoca su compañero del metal, Félix Rodríguez. En el largo invierno de la dictadura y en tiempos más recientes. “Mucha gente puede estar al frente de un sindicato, pero ser un líder es otra cosa. Coterillo siempre lo ha sido”, subraya. Javier Gómez Acebo recuerda que su despacho de abogado sirvió de tapadera para la sede del sindicato, una asesoría laboral con pisos en más de media docena de localidades de Cantabria. “Yo no sabía ni cuántos estaban a mi nombre”, bromeó al tomar la palabra en el homenaje.
Más proletarios que antes, pero no lo saben
El día del homenaje Coterillo no se resignó a hablar solo del pasado. Sigue muy de cerca toda la actualidad y, desde su propia experiencia —la de fundar y dirigir un sindicato cuando el franquismo era una realidad y hacerlo implicaba riesgo de represalias—, recordó que aquella organización colectiva y defensiva partía de una convicción clara: “Nadie nos iba a rescatar”.
Ve lecciones de aquellos años que no solo siguen vigentes, sino que hoy vuelven a ser necesarias: desde la construcción de espacios de participación desde abajo: “recuperar el espíritu de hacer que la gente participe en pequeñas cosas”, la importancia de la comunicación y las relaciones personales frente al aislamiento del teletrabajo y la necesidad de “recuperar la conexión” entre los distintos niveles en los que se ejerce la actividad laboral, es decir, entre obreros y profesionales.
Los problemas y necesidades siguen existiendo -asegura- aunque adopten nuevas formas de precariedad que hacen que haya “muchos proletarios, probablemente más que antes, pero no lo saben”.
En estas décadas de defensa por los derechos de los trabajadores el mundo ha cambiado mucho. Ese cambio también ha hecho posible la igualdad. Así que el testigo de Coterillo ha ido pasando a lo largo de los años hasta que ha tomado el relevo, al frente de la secretaría general, una mujer, Rosa Mantecón. “Su vida ya forma parte de la historia de la democracia y del sindicalismo de Cantabria”, dijo de él. “Ha pasado de ser patrimonio del sindicato a ser patrimonio colectivo”, concluyó.