El fuero de Santander
«… os doy y os concedo la villa de San Emeterio, para que la habitéis en sus accesos y salidas, tanto por tierra como por mar, a vosotros y a vuestros sucesores por derecho hereditario para que la poseáis para siempre».
Es cierto que fue hace mucho, pero hubo un puerto en el Cantábrico que se llamaba San Emeterio. Cuando Alfonso VIII, rey de Castilla, casó con Leonor Plantagenet, hija de Enrique II, rey de Inglaterra, y de Leonor de Aquitania, reina de Francia, le entregó en carta de arras las rentas de ese puerto. Corría el año 1170 y Leonor tenía nueve.
En 1187 el rey, influido sin duda por su mujer, otorga un fuero a la villa de San Emeterio. Le decimos fuero a la norma que regulaba determinados aspectos de la vida política, económica, penal y social. Un fuero daba libertad frente a los señores feudales a los acogidos a él. El que nos ocupa promocionaba el comercio marítimo por las costas del norte. Entre otros motivos porque era un fácil medio de contacto con las posesiones de las que Leonor era titular, tanto en la Francia continental como en la Inglaterra insular que su familia gobernaba.
El fuero concedido fue una trasposición del de Sahagún, con alguna variación que tenía en cuenta el carácter costero de la población. Por ello el artículo 31 establecía que «si alguna nave que viniera a la villa de San Emeterio fuera hundida y rota de todo lo que se pueda encontrar de su dueño entre las cosas que contenía la nave, nadie se la lleve ni intente cogerla por la fuerza». Es decir, prohibía el raque, para aportar seguridad al comercio marítimo. Esta y otras medidas facilitaron el desarrollo de la villa durante la baja Edad Media, convirtiéndola en el auténtico puerto de Castilla.
Ocho siglos después la población seguía allí, en la costa cantábrica, pero habían cambiado algunas cosas. Su nombre, por ejemplo, había evolucionado a Santander. Y su categoría: ya no era una simple villa, sino una ciudad, capital de una región. Ciudad que tenía un ayuntamiento, perfectamente consciente del papel que el fuero había jugado en la prosperidad de la población. En consecuencia encargó una obra que lo recordara al mejor escultor disponible por aquí, Jesús Otero. El monumento resultante es una obra sencilla, que exhibe el artículo 31 mentado. Puede visitarse en la plaza del rey Alfonso XIII.
Entendemos el desconocimiento mayoritario de los santanderinos de la existencia de dichos fuero y escultura, pues hay aspectos de nuestra historia local que desde las instituciones nunca han sido excesivamente promocionados. Precisamente en sentido contrario, hace unos días se debatió en el Ayuntamiento de Santander una propuesta del Partido Socialista a fin de dar mayor relevancia a la obra que Otero esculpió por encargo del propio ayuntamiento. La propuesta fue rechazada por 14 votos frente a 12. Como la existencia de dicho fuero nos parece un tema de absoluto interés, nos sentamos a reflexionar sobre el alcance de esta negativa.
Recientemente, a instancia de la Fiscalía, se sustituyeron algunos de los nombres del calllejero que el franquismo y gobiernos posteriores habían establecido en loor de los ganadores de la guerra civil. Uno de esos cambios fue dedicarle una calle a la reina Leonor Plantagenet, por primera vez en la historia de la ciudad. Una acción que nos complace. Pero no nos parece suficiente dedicarle una calle y que no haya ningún tipo de explicación, y eso es lo que vinculamos con la negativa de la mayoría del consistorio a dar mayor relevancia al Fuero y a la obra de Otero.
La foto que encabeza este artículo muestra que el estado de conservación del monumento deja bastante que desear. Resolver esto sería la primera medida para mostrarle respeto.
Pero además creemos que lo correcto en una ciudad contemporánea -¡que se ha pasado lustros presumiendo de ser una Smart City!- sería colocar junto a todos los monumentos un QR, un recurso tan sencillo que la mayor parte de los bares lo tienen en sus cartas. Un QR que remitiera al usuario a toda la información pertinente. Como parte del argumento para rechazar la proposición del Partido Socialista es que la explicación oportuna ya la daban las guías turísticas en las visitas guiadas, quedamos anonadados: se nos viene a indicar que cuando pasemos por delante de este monumento, o de cualquier otro, y queramos saber algo sobre él, tenemos que ponernos en contacto no sabemos con cuál de las empresas que se dedican al paseo de turistas por Santander.
Como los STV nunca vamos a hacer eso, significa que esa parte de la información, si de verdad existe, solamente se les entregará a los turistas; que se privatiza esa parte de la cultura, del conocimiento y de nuestra historia para que la empresa de no sé quién se lo explique a los visitantes. Recordemos el apartado final del fuero: «… os doy y os concedo la villa de San Emeterio, para que la habitéis en sus accesos y salidas, tanto por tierra como por mar, a vosotros y a vuestros sucesores por derecho hereditario para que la poseáis para siempre».
Para acabar: apoyamos la instalación de QRs que remitan a la información del monumento. El Partido Socialista defendió esto en el pleno. Y además vamos a proponer otra medida que no ha aparecido, que sepamos, en lugar alguno.
Cuando en 1987 se celebró el octavo centenario, la plaza del Ayuntamiento estaba ocupada por la estatua ecuestre del dictador. Pero el Fuero es el origen de la hoy ciudad de Santander, y seguramente pocas ciudades españolas tienen un origen tan marcado y relevante. El Fuero convirtió una aldea y territorio de poco más de tres leguas en una villa que es la ciudad actual. Constituyó un Concejo que sin solución de continuidad es el presente Ayuntamiento: nos parece razón suficiente para que el monumento de Otero, cuyas modestas dimensiones no supondrían un estorbo, sea instalado en la plaza en la que subsiste esa institución.