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Jesús Ortiz

Tras muchos años trabajados en empresas de comunicación, dirige la editorial milrazones, traduce libros regularmente y enseña en un máster internacional sobre gestión de industrias culturales.

Rosa's cantina

Aquel señor salía cada día de la Cruz Blanca, la fábrica que ocupaba lo que hoy es la plaza de las Cervezas y sus edificios colindantes, con un barrilito. Se sentaba en el bordillo de la acera de san Fernando, frente al arco de la puerta, y cuando acababa de beberlo se sacaba el apéndice pertinente y dejaba fluir un arroyo que llegaba a la plaza de Numancia.

Mis tías veían la escena desde el otro lado de la Segunda Alameda, en la calle Vargas, y la contaban entre risas. Mis tías y tíos Ortiz contribuyeron mucho a mi educación y a la fortuna de la familia García Barredo por su bibliomanía crónica, una afección no sé si contagiosa pero claramente hereditaria y para la que la ciencia no conoce remedio.

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Macandé en la Plaza de la Esperanza

Vuelve mi mujer muerta de risa de la Plaza de la Esperanza: parece que un pescadero ha resucitado el viejo pregón (¡Hay bocartes…!) con gran éxito entre propios y extraños.

—¿Anillo cultural? —me comenta—. Lo que a los guiris les gusta es el pregón de los pescaderos.

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Algunos peligros del reciclaje

¿Usted conoce a alguien que importe basura y la meta en su casa? Yo, tampoco. Bueno, eso creía. Hasta el otro día, que visité a un conocido y vi que tiene un montón de extremos de lápices gastados, como colillas, en su despacho.

—Los traigo de Japón —me informa, yo diría que orgullosamente, percatándose de la dirección de mi mirada.

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Cerrojazo y cerrojillo

Los órganos de algunas orquídeas han evolucionado hasta parecer hembras de insectos, con la finalidad de atraer insectos machos que tras frotarse con ellas visitan a otras orquídeas, polinizándolas, asegurando así la pervivencia de la especie. El papamoscas cerrojillo es un pajarillo muy abundante, ha conseguido reproducirse muy bien: el macho acostumbra esconder cuidadosamente a su pareja y después se pavonea solo, para ligar con otras hembras que lo creen soltero.

La pheidole bicornis es un tipo de hormiga que vive dentro de unos arbustos llamados piper, haciendo un hueco en su interior. El arbusto se preocupa de alimentar a las hormigas, generando comida para ellas, porque a cambio se beneficia de sus restos y de su actividad. La producción de comida por parte del arbusto es deliberada: si las hormigas se van, el arbusto deja de fabricarla. Pues bien, hay un astuto escarabajo, el phyllobaenus, que se las ha arreglado para enterarse del PIN que emplean las pheidole y consigue que la planta lo alimente…, sin dar nada a cambio.

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A sus anchas

En el principio fueron los tranvías de mulas (1861). Después del motor de sangre vino la máquina de vapor, alimentada por carbón. Más tarde, ya en el siglo XX, se adoptó la tracción eléctrica.

Aún no existía la Avenida de Rusia, construida durante la II República por el alcalde Cerveruca, apodado así porque para abrirla echaba abajo tantas casas como los cañonazos del Almirante Cervera, que bombardeaba la ciudad tranquilamente fondeado en el abra. La Avenida de Rusia era ese eje larguísimo ahora despedazado en tantos nombres (San Fernando, Burgos, Jesús de Monasterio, Calvo Sotelo, Paseo de Pereda…) para mejor borrar su recuerdo. Al menos así se lo tengo leído a Simón Cabarga.

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Las Salesas

—Y a este ¿dónde lo metemos? —pregunta el funcionario.

—Ponlo con el viejo — contesta su jefe, guardando en una bolsa mi cinturón y los cordones de mis zapatos. Poco después el primer funcionario cierra una reja a mi espalda, dejándome en una celda en compañía de un anciano trajeado, de aspecto respetable.

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Lo que enseñan los cuentos

La gran Madame Petrova, estrella del Ballet Imperial Ruso, ofrece a Sherlock Holmes un Stradivarius auténtico en pago por sus servicios futuros y aún no pactados. El director del ballet actúa de intérprete entre ambos; explica que Madame lleva demasiado tiempo bailando, tiene 38 años…

—Debo decir que no los aparenta —interrumpe galante Holmes.

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La sabiduría del show business

«Esta mañana tuve una idea buenísima, pero no me gustó», dicen que dijo Samuel Goldwyn, el de la Metro-él mismo-Mayer. La verdad es que ideas tuvo muchas, como ha quedado constancia. Es posible que unas cuantas fueran maravillosas porque había crecido en Polonia y aprendido inglés de mayor. Esta, por ejemplo: «Jamás me calzo un par de zapatos hasta que los he usado por lo menos cinco años». O esta otra: «He llegado hasta donde la mano del hombre nunca puso el pie».

A mí eso de tener ideas buenísimas y que no me gusten me pasa con frecuencia. Por lo menos la segunda parte. Así que me encuentro falto de ideas demasiadas veces, lo que no sería problema si tuviera mucho de otras cosas, dinero por ejemplo, pero no es el caso.

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Agamenón canta blues

En 1929 Bessie Smith grabó Nobody Knows You When You’re Down and Out, [Nadie te conoce cuando estás a dos velas]. Lo hizo dos semanas antes del crac de Wall Street que señaló el comienzo de la Gran Depresión que dejó a dos velas a todo el mundo. Por aquí quizá sea más conocida la versión de Eric Clapton, pero ambas comparten la misma amarga sabiduría de aquellos a los que un súbito cambio de fortuna convierte en solitarios tras haber sido el centro de la vida alegre.

Y la no menos amarga (bueno, sí, un poco menos) de saber que la situación es reversible, a su vez, si Fortuna tiene el capricho de sonreírnos de nuevo: soon as I get up on my feet again / everybody wants to be my long-lost friend [en cuanto levanto cabeza otra vez, todos quieren ser mi viejo amigo perdido].

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Balance, buenos deseos, expectativas

Estamos en la época del año en que instituciones y particulares hacemos balance, compartimos buenos deseos y hasta nos aventuramos a hacer propósitos de mejora. Es una tradición más, y seguramente se eligieron estas fechas para realizar estas tareas porque la abundancia de alimento favorece el buen humor, el afecto por los demás y nuestra confianza en el futuro. Sobre todo si el resto del año no se ingiere proteína suficiente para generar como es debido dopamina, serotonina y demás mensajeros del bienestar.

Pero es difícil ser optimista. El valor de las predicciones de algunos colectivos especializados en predecir es de una utilidad dudosa; con frecuencia se trata de mensajes que pretenden modificar nuestra conducta, no son resultado de una investigación seria.

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