eldiario.es

Síguenos:

Boletines

Boletines

Menú

Jesús Ortiz

Tras muchos años trabajados en empresas de comunicación, dirige la editorial milrazones, traduce libros regularmente y enseña en un máster internacional sobre gestión de industrias culturales.

Nudismo y monarquía

El 16 de agosto de 1984, mañana hará 34 años, un cura párroco encabezó a un grupo de vecinos de Cangas de Morrazo que, con palos y estacas, amenazaron a unos nudistas acampados cerca de la playa de Barra, mientras la policía municipal desmontaba sus tiendas y la Guardia Civil estaba por allí. En el orwelliano 1984 el nudismo llevaba 15 años practicándose en la playa de Barra y había sido autorizado recientemente por el Gobierno Civil competente, el de Pontevedra.

El relato del asunto que hizo El País nombró a un cura de otro pueblo, no al que realmente participó. El periódico rectificó públicamente ese error en cuanto tuvo noticia (en la edición dominical, de circulación muy superior a la de los demás días de la semana), pero el cura mencionado en la primera información demandó a la periodista María José Porteiro y a la empresa editora de El País por intromisión en su honor.

Seguir leyendo »

Baden Baden y el infierno de los ángeles

Sus habitantes la abandonan masivamente en verano porque Madrid se vuelve insoportable: sube el calor y baja el ruido. Huyen hacia la periferia, donde se les acoge con los brazos abiertos porque durante un ratito ayudan a reducir el paro de unos cuantos y aumentan las ganancias de otros. Con el clima local poco se puede hacer; quizás ponerle velas a algún santo, intento tradicional de eficacia poco demostrada. Pero los ayuntamientos de la periferia se ponen manos a la obra con una decisión encomiable para atender el segundo deseo de los visitantes. Organizan conciertos (si los músicos no se presentan, no pasa nada, porque el público se pone a gritar), le ponen altavoces a las procesiones y, si hay playas, contratan manadas de primos actualizados de los famosos Ángeles del  Infierno, ruidosos moteros de origen californiano. Sus primos estivales reúnen lo mejor de dos mundos, el ponto y el averno: cabalgan motos acuáticas. Esta prole de Poseidón y Perséfone recorre incansable el mar por delante de las playas, ahora de babor a estribor, luego de estribor a babor, y los veraneantes se relajan felices. «Esto es vida —piensan—, y no la del pobre Rodríguez que tiene que quedarse solo en Baden Baden».

El servicio es muy eficaz, pero no deja de ser humano, y por tanto imperfecto. Hay ocasiones en que no pasa ninguna moto durante más de 10 minutos seguidos. Entonces el veraneante empieza a ponerse nervioso; aparta la vista del móvil y otea el horizonte océano, como si temiera la llegada de piratas. Alza la oreja hasta que alcanza a distinguir en lontananza un murmullo insignificante, que en efecto resulta ser una moto, y mientras el murmullo va convirtiéndose rápidamente en rugido atronador, el veraneante reemprende su actividad con el móvil y recobra su felicidad estacional. Bien por el ayuntamiento.

Seguir leyendo »

Riqueza, liquidez y escorpiones

¿Nunca le han quitado en el aeropuerto su frasco de after shave? Nunca entendí que una loción perfectamente inofensiva en el baño de casa fuera peligrosa en un avión. Así que se me ocurre que quizá a las autoridades lo que les preocupe sea en realidad el contrabando de líquidos: resulta que los líquidos caros lo son en mayor medida que los sólidos caros, como el oro o la cocaína.

Uno pensaba que los líquidos más caros serían artículos de lujo, como vinos y perfumes. Parte del precio se debería a la dificultad de producirlos; el resto sería atribuible, como ocurre siempre con los productos de lujo, al prestigio añadido. ¿Cuánto del precio del perfume Chanel número 5 se debe a Marilyn Monroe? Marilyn declaró que lo único que «se ponía» para dormir eran unas gotas de ese perfume, lo cual excitó enormemente la imaginación de muchísima gente. (Eso era lo que tenía Marilyn: yo podría decir que para dormir no me pongo ni siquiera colonia, pero dudo mucho que esa información excite lo más mínimo la imaginación de nadie, qué le vamos a hacer).

Seguir leyendo »

Gay Talese honra a su padre

«My father was a tailor»: así empieza Gay Talese a hablar de su padre. Es una frase cargada, porque de modo muy parecido empieza The House Of The Rising Sun, una canción que oí mucho de adolescente, y que continúa: «She sewed my new bluejeans». Que es exactamente lo que ladra el perro que hace mucho me regaló Iván Pávlov, que oyó conmigo la canción muchas veces, a The Animals y a Joan Baez. El perro es muy poco cuidadoso y se agarra a un clavo ardiendo para ponerse a ladrar: finge ignorar que era la madre del autor de la canción quien le cosió a este sus vaqueros nuevos.

Y Talese no habla de su madre, sino de su padre. Un sastre italiano emigrado a Nueva Jersey que aprendió inglés leyendo el New York Times, donde seguía con preocupación las noticias sobre la Segunda Guerra Mundial: sus hermanos combatían en el ejército italiano, junto a los alemanes, contra los estadounidenses, sus paisanos de adopción.

Seguir leyendo »

La abducción del Bristol

Un día de la primavera de 1879 Charles Peirce subió al vapor Bristol en Boston. Al día siguiente en Nueva York se dio cuenta de que había olvidado a bordo su abrigo y un reloj, especialmente valioso porque era un regalo del Gobierno de los Estados Unidos en reconocimiento de sus méritos. Temiendo la deshonra de perderlo, regresó al Bristol, consiguió que le pusieran en fi la a todos los camareros negros del barco y recorrió la fi la hablando con ellos, uno por uno, de temas triviales, método por el que esperaba descubrir al que se había quedado su reloj y su abrigo.

Al acabar la fi la no tenía la menor idea de quién podría ser el culpable, pero se dijo a sí mismo que debía elegir a uno. Hizo eso, elegir a uno cualquiera; lo sacó de la fi la y le ofreció dinero a cambio del reloj, pero el camarero negó tenerlo. Tampoco las amenazas sirvieron para obtener otra respuesta.

Seguir leyendo »

Problemas de dormitorio

Ni a mi mujer ni a mí nos interesan los tríos. Pero cae la noche y ahí estamos los tres, en el dormitorio, desnudos: ella, el mosquito y yo.

De los tres, el único que se frota las manos anticipadamente feliz es el mosquito. Nosotros, en cambio, estamos consternados. Queremos que se vaya. Se lo hemos dicho de todas las maneras posibles. Algunas de ellas muy poco elegantes, cierto, pero eso fue después de haber agotado todas las posibilidades amistosas. Por ser amigables empezamos poniéndole nombre, porque es difícil hablar a alguien noche tras noche sin nombrarlo. Nuestro mosquito se llama Manolo.

Seguir leyendo »

Rosa's cantina

Aquel señor salía cada día de la Cruz Blanca, la fábrica que ocupaba lo que hoy es la plaza de las Cervezas y sus edificios colindantes, con un barrilito. Se sentaba en el bordillo de la acera de san Fernando, frente al arco de la puerta, y cuando acababa de beberlo se sacaba el apéndice pertinente y dejaba fluir un arroyo que llegaba a la plaza de Numancia.

Mis tías veían la escena desde el otro lado de la Segunda Alameda, en la calle Vargas, y la contaban entre risas. Mis tías y tíos Ortiz contribuyeron mucho a mi educación y a la fortuna de la familia García Barredo por su bibliomanía crónica, una afección no sé si contagiosa pero claramente hereditaria y para la que la ciencia no conoce remedio.

Seguir leyendo »

Macandé en la Plaza de la Esperanza

Vuelve mi mujer muerta de risa de la Plaza de la Esperanza: parece que un pescadero ha resucitado el viejo pregón (¡Hay bocartes…!) con gran éxito entre propios y extraños.

—¿Anillo cultural? —me comenta—. Lo que a los guiris les gusta es el pregón de los pescaderos.

Seguir leyendo »

Algunos peligros del reciclaje

¿Usted conoce a alguien que importe basura y la meta en su casa? Yo, tampoco. Bueno, eso creía. Hasta el otro día, que visité a un conocido y vi que tiene un montón de extremos de lápices gastados, como colillas, en su despacho.

—Los traigo de Japón —me informa, yo diría que orgullosamente, percatándose de la dirección de mi mirada.

Seguir leyendo »

Cerrojazo y cerrojillo

Los órganos de algunas orquídeas han evolucionado hasta parecer hembras de insectos, con la finalidad de atraer insectos machos que tras frotarse con ellas visitan a otras orquídeas, polinizándolas, asegurando así la pervivencia de la especie. El papamoscas cerrojillo es un pajarillo muy abundante, ha conseguido reproducirse muy bien: el macho acostumbra esconder cuidadosamente a su pareja y después se pavonea solo, para ligar con otras hembras que lo creen soltero.

La pheidole bicornis es un tipo de hormiga que vive dentro de unos arbustos llamados piper, haciendo un hueco en su interior. El arbusto se preocupa de alimentar a las hormigas, generando comida para ellas, porque a cambio se beneficia de sus restos y de su actividad. La producción de comida por parte del arbusto es deliberada: si las hormigas se van, el arbusto deja de fabricarla. Pues bien, hay un astuto escarabajo, el phyllobaenus, que se las ha arreglado para enterarse del PIN que emplean las pheidole y consigue que la planta lo alimente…, sin dar nada a cambio.

Seguir leyendo »