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El hueso más duro de roer para un monarca

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Solo alguien que no vive en la realidad puede entender al rey emérito, que desde hace tiempo es la mayor máquina de hacer desafectos a la monarquía que hay en el país. La monarquía, jefatura del Estado que vive inmersa en un marketing institucional continuo, intenta desde que se efectuó el relevo de la corona volver a reflotar una institución que estaba abocada a un cuestionamiento radical, como pasó en el Reino Unido y como pasa aquí cuando personas inmunes creen que pueden vivir con un pie en el privilegio y otro en los derechos del común de los mortales y hacer su santa (o monárquica) voluntad. Porque, pese a lo que pregonan la Constitución y la mayor parte de los políticos o generadores de opinión de este país, los miembros de la realeza española no son como los demás.

Años después de que ocurrieran las declaraciones del expresidente cántabro Miguel Ángel Revilla, el emérito rey Juan Carlos I ha acudido a los juzgados (no presencialmente, callado está dicho) para defender su “honorabilidad”, sin caer en la cuenta de que, en términos de opinión pública -y la monarquía y sus circunstancias son básicamente carne de opinión pública-, Revilla es un hueso duro de roer y este es su terreno de juego, su manera de estar en el mundo. En cierto modo, y a su modo, él también es un emérito de la política en ciernes, aunque siga siendo secretario general del PRC y diputado autonómico.

Revilla se hizo a sí mismo en la calle. Desde la calle ha construido un perfil personal y otro político y eso lo saben dentro y fuera del PRC, en donde a nadie se le ocurre cuestionar a un líder que una de cada tres noches entra en los hogares de los españoles por la televisión o el móvil. Es en el regate corto de la opinión donde Revilla es un maestro del drible. En el salseo de los medios, con o sin declaraciones estrambóticas, con o sin lágrimas y decepciones personales, se ha instituido como un valor seguro que dispara los índices de audiencia como ningún otro consigue. Esa manera de decir con aplomo lo que el oyente quiere oír es su divisa, aunque al día siguiente tenga que decir lo contrario.

De esta disputa, Revilla puede que pierda 50.000 euros, cosa que dudo ya que no faltará quien contribuya a una cuestación pública si se plantea, pero lo seguro es que acabará saliendo a hombros y vivirá, este sí, un momento digno de un rey

Como con el rey emérito, aunque en esta ocasión la circunstancia ha venido sobrevenida. Varios años después de que se produjeran las declaraciones de Revilla, el emérito, quien gozó de estatuto de inviolabilidad como los superhéroes de los cómics el aforamiento que le protege ahora, ha demandado a un ciudadano que no está aforado, un planteamiento de partida que ya lo dice todo. Y una manera de echar gasolina al fuego y recordar a quien se le haya olvidado las andanzas del monarca en el retiro, tanto náuticas como terrestres, tanto patrias como expatriadas.

La ratificación de las declaraciones del expresidente cántabro en el juzgado asegura espectáculo para rato, por lo que el rey emérito seguirá gozando de la popularidad que tan a pulso se ha ganado y se sigue labrando día a día. De esta disputa, Revilla puede que pierda 50.000 euros, cosa que dudo ya que no faltará quien contribuya a una cuestación pública si se plantea, pero lo seguro es que acabará saliendo a hombros y vivirá, este sí, un momento digno de un rey.