Claves para conservar y aumentar el colágeno de la piel: “La pérdida se acelera con mala alimentación y falta de descanso”
El colágeno está por todas partes: oímos hablar de él en la televisión, en la radio, en revistas y, por supuesto, en redes sociales. Ahí se publicitan toda clase de productos con colágeno, prometiendo restaurar la piel o aportar solidez a las articulaciones, los tendones, los ligamentos… Sin embargo, por lo general se desconoce qué es, para qué sirve y cómo podemos preservar y aumentar el colágeno.
“El colágeno es la proteína estructural más importante de la piel. Actúa como un andamiaje que aporta firmeza, elasticidad y resistencia”, detalla la doctora Beatriz Beltrán, especialista en medicina interna, nutrición y medicina estética. Y añade que también “es clave en la cicatrización y en el buen estado de articulaciones, huesos y tejidos de sostén”.
Con el paso de los años, la producción de colágeno decae. “La pérdida gradual de esta proteína fundamental para nuestra salud es un proceso fisiológico, pero se acelera por factores externos como la radiación solar, el tabaco, el estrés crónico, la contaminación, una mala alimentación y la falta de descanso. Todos ellos favorecen la inflamación y el daño oxidativo”, puntualiza la experta.
“Desde los 25-30 años producimos menos colágeno. A partir de los 25-30 entonces, el cuerpo pierde aproximadamente un 1% de colágeno cada año”, añade. En las mujeres, con la menopausia, esta pérdida puede acelerarse hasta un 20-30% en los primeros cinco años. Pero con el paso del tiempo no solo se produce menos, sino que además “el colágeno existente pierde calidad y se desorganiza, lo que se traduce en flacidez, arrugas y pérdida de densidad cutánea”, prosigue Beltrán.
¿Cómo se puede prevenir y recuperar esa falta de colágeno? “Con fotoprotección, una buena alimentación rica en proteínas, descanso, ejercicio y tratamientos médicos que estimulan colágeno propio”, enumera la especialista.
La doctora Beltrán asegura que la mala alimentación es uno de los principales factores que afectan de forma directa a la producción de colágeno: “El colágeno necesita aminoácidos, vitaminas y minerales para sintetizarse. Dietas pobres en proteínas, antioxidantes o vitamina C dificultan su producción y aceleran el envejecimiento cutáneo”, advierte, y señala que “el exceso de azúcar y ultraprocesados daña el colágeno y reduce su calidad mediante glicación”.
Entonces, ¿qué alimentos nos benefician? “Alimentos ricos en proteínas de calidad, vitamina C, zinc y antioxidantes. Por ejemplo: pescado, huevos, legumbres, frutas cítricas, frutos rojos, verduras de hoja verde y frutos secos. No se trata de consumir un alimento milagro, sino de una dieta equilibrada y constante”, apunta.
La falta de sueño también es un gran enemigo para la piel. “Durante el sueño profundo se activan los mecanismos de reparación celular. Dormir poco o mal altera procesos hormonales y aumenta el estrés oxidativo, lo que repercute negativamente en la regeneración de la piel y en la síntesis de colágeno”. En definitiva, la piel refleja lo que ocurre en el interior.
¿Y qué consejos generales podemos seguir para una óptima salud cutánea? “Hay que seguir una rutina cosmética adecuada y constante. Protegerse del sol todos los días, mantener la piel bien hidratada, limpiar sin agredir, dormir bien, controlar el estrés y cuidar la alimentación”, destaca.
Según la facultativa, el cuidado de la piel también es un factor clave. “La limpieza, la hidratación y la protección solar diaria previenen la degradación del colágeno existente. Una buena rutina diaria no crea colágeno por sí sola, pero sí lo preserva y evita su destrucción prematura, que es igual de importante”, detalla. Por otro lado, la práctica de ejercicio es asimismo muy recomendable.
“El ejercicio regular mejora la circulación, la oxigenación de los tejidos y el equilibrio hormonal. Todo esto favorece una piel más sana y funcional, capaz de regenerarse mejor y mantener su estructura”.
Por último, la doctora Beatriz Beltrán, explica que, respecto a tratamientos, “existen dos vías con evidencia científica para estimular el colágeno en la piel. La primera son los bioestimuladores inyectables (ácido poliláctico, hidroxiapatita cálcica y policaprolactona), que activan el fibroblasto y favorecen la formación de nuevo colágeno. La segunda incluye tecnologías energéticas como radiofrecuencia monopolar, ultrasonidos focalizados y ciertos láseres. Estas actúan mediante un calor controlado, capaz de inducir neocolagénesis y mejorar la firmeza cutánea”, detalla. “Siempre han de ser personalizados y con un enfoque de prevención y calidad de la piel, no de sobrecorrección”, concluye.
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