Un paso atrás para recuperar el tiempo perdido
El Gobierno sueco, uno de los pioneros y más acérrimos defensores a escala mundial de la introducción de herramientas digitales en las aulas, acaba de anunciar que no seguirá por este camino y que elaborará una estrategia basada en instrumentos analógicos como libros, bolígrafos, lápices y cuadernos.
El frenazo sueco a la irrupción de móviles, tablets y PDI (Pantalla Digital Interactiva) da carpetazo a la fase de adolescencia, y de intereses de las marcas, por vincular desarrollo educativo a la digitalización, sepultando las aulas de aparatos con teclas, botones, lucecitas y pantallas.
Los suecos no están nada contentos con los últimos resultados educativos y han vuelto a los modelos clásicos, visto que ya hay numerosos estudios que vinculan un mejor desarrollo cognitivo del escolar al empleo de métodos convencionales, dados por obsoletos por los iluminados gurús vendegadgets.
El cerebro humano no alcanza su madurez hasta los 25 años, aproximadamente. Es vital que en esa fase de maduración las herramientas sobre las que se trabaje sean las mejores. Al final, lo de siempre: hincar codos, memorizar, interacción física, conversación, escritura a mano, lectura sobre soporte en papel…
“Datos empíricos científicos recopilados y la experiencia demuestran que habilidades básicas como las habilidades relacionales, la atención y la concentración, así como la capacidad de leer, escribir y realizar cálculos aritméticos, se adquieren mejor mediante actividades analógicas en entornos analógicos”, es la conclusión del informe sobre el que se basa la decisión del Gobierno sueco.
Aquí en Cantabria también se ha pasado por la fiebre digital y, aunque los informes PISA no sean malos (el alumnado cántabro se encuentra por encima de la media de la OCDE), solo basta charlar con un chaval para pensar que el fin del mundo se acerca a pasos agigantados. Buenas cabezas, pero confusas y superficiales.
En Cantabria se ha asistido a una involución de la avalancha digital, pero por motivos no exclusivamente relacionados con el rendimiento académico. La prohibición de los móviles en las aulas tiene que ver con el déficit de atención en clase, pero también con el bullying y la intoxicación desinformativa.
Los suecos van a prohibir los móviles también. Otro elemento en que Cantabria es pionera, pero por problemas políticos en el reparto de los artefactos, es el frenazo de la compra de pantallas digitales interactivas, que son unos cacharros apabullantes, pero que para operaciones sencillas siguen estando a años luz de la pizarra y la tiza. Más arduo es el problema con las tablets, pero los suecos lo tienen claro y las van a borrar de las aulas de preescolar.
“La capacidad de los alumnos para leer y comprender lo que leen es la base de su aprendizaje en todas las asignaturas escolares. La política escolar del Gobierno sueco busca volver a lo básico y restablecer un sistema escolar sólido y basado en el conocimiento, centrándose en los primeros grados en habilidades básicas como la lectura, la escritura y el cálculo. Las ayudas digitales para el aprendizaje solo deben introducirse en la enseñanza a una edad en la que fomenten, en lugar de obstaculizar, el aprendizaje de los alumnos”, razona el informe.
También Cantabria mantiene los libros de texto (los suecos los van a recuperar) pero las bibliotecas escolares de verdad se cuentan con los dedos de la mano y la literatura es una cosa fastidiosa no solo para el alumno sino, lo que es más grave, para el docente.
Aquí van algunas de las medidas suecas que se podrían aplicar en Cantabria.
- El acceso a buena literatura de ficción y no ficción es necesario para despertar la pasión por la lectura.
- Los bibliotecarios escolares y unas bibliotecas escolares bien equipadas desempeñan un papel importante en el fomento del interés y las habilidades lectoras.
- Se elimina la obligación de que los niños de preescolar utilicen herramientas de aprendizaje digitales en las escuelas.
- Las pruebas nacionales en primaria ya no serán digitales. “Existe evidencia científica de que los alumnos de los primeros años de la educación obligatoria aprenden mejor usando bolígrafos, papel y libros físicos”.
En resumidas cuentas, una mala noticia para la industria del entretenimiento y una buena noticia para la educación.