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Contradicciones

Una imagen de la afición durante un partido del equipo verdiblanco en El Sardinero. | RACING

Uno nunca termina de conocerse. Se tiene por un tipo racional y luego se encuentra defendiendo causas argumentalmente imposibles. No sé si a Rubén Gómez, portavoz de Ciudadanos en el Parlamento de Cantabria, le ha pasado un poco al contrario cuando se ha apresurado a oponerse al convenio de patrocinio del Racing, antes incluso de que este se presentara para su debate. En su comparecencia ante la prensa mostró sus carnets de abonado y esgrimió su condición de accionista del club para explicar que, aunque el corazón dicte otra cosa, hay decisiones que es conveniente tomar con la cabeza. Y pienso que algo de razón tiene, pero no termino de estar de acuerdo de él. Un lío.

El problema, en eso seguro que estaremos todos de acuerdo, no es menor. Tras dos décadas largas de trayectoria como sociedad anónima deportiva, tenemos al centenario club en el listado de morosos de Hacienda, con 8,9 millones de euros a las espaldas de todos nosotros. No es, ni de lejos, uno de los equipos de fútbol más incumplidores, pero otros, con deudas de hasta tres dígitos, están formalmente al día en los pagos porque van salvando los plazos acordados para ponerse al día con las arcas públicas. Que en el caso del Racing no haya sido posible llegar a un acuerdo para hacer lo mismo es uno de los grandes misterios de este asunto, y lo que ha llevado a que se articule la solución a la que con tanta presteza se ha opuesto Ciudadanos.

Como Rubén Gómez, yo también podría enseñar carnets de abonado y esgrimir mi condición de accionista pero, a diferencia de él y llegado el caso, no sabría qué sentido dar a mi voto.

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Los bichos de Mazón

Una pareja se abraza en la calle tras sufrir un desahucio. |

El Gobierno de Cantabria firmará en los próximos días un acuerdo con la Sociedad de Gestión de Activos Procedentes de la Reestructuración Bancaria (Sareb) -el nombre burocrático del conocido popularmente como banco malo- para la cesión de 40 viviendas en alquiler que se sumarán a los recursos ya existentes para atender situaciones de emergencia habitacional, es decir, para dar cobijo a aquellas personas que peor lo están pasando como consecuencia de la crisis.

Hasta aquí, todo correcto. Parece una medida necesaria dadas las actuales circunstancias y encaja perfectamente con el rumbo social que pretende imprimir el bipartito PRC-PSOE a su gestión durante la presente legislatura. "¿Y esos pisos que cede el Sareb a cambio de un alquiler están vacíos en este momento?", pregunté al consejero José María Mazón. "Bueno, todos no. Algunos vienen con bicho", sentenció el responsable de Vivienda para referirse a los inquilinos que habitan esas casas, con un término peyorativo y faltón que emplean habitualmente las inmobiliarias o los bancos para referirse a los morosos. 

¿Una anécdota sin importancia? Puede ser. También una salida de tono innecesaria de un gestor público, que demuestra una nula capacidad de empatía y una falta absoluta de sensibilidad ante las situaciones dramáticas que viven muchos de esos ciudadanos que están a punto de perder el techo bajo el que desarrollan sus vidas. Todo ello, además, durante la presentación de la nueva Oficina de Intermediación Hipotecaria y de Emergencia Habitacional del Gobierno de Cantabria, que supuestamente tiene como objetivo atender a aquellos ciudadanos que sufren la amenaza del desahucio inminente.

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Diálogos y monólogos cruzados

Congreso de los diputados.

A veces, en clase, me toca hablar de cosas que pasaron en el siglo XIX. Cosas viejas, de cuando no había televisión, ni teléfonos móviles, ni siquiera infografías. Y entonces hablo (o hablamos, vaya, que siempre es más agradable) de sociedad, o de cultura, y también de guerras y de Derecho. Y hasta de política, claro. De política en el siglo XIX.

En el siglo XIX se proclaman los primeros Parlamentos en España, al amparo de constituciones liberales (unas más que otras) que reconocían la representatividad de la Nación (de aquella manera, no nos emocionemos). Así que podemos decir que es el origen de los debates parlamentarios, de la dialéctica del Congreso, en este país. Y oigan, era otra cosa. Qué le vamos a hacer.

No hablo, o no exclusivamente, de la calidad del discurso. O de las lecturas, porque hoy en día parece que es imposible hablar en el Congreso si no es leyendo letra a letra lo que se ha escrito de antemano. O lo que, entre muchos, han escrito. Las ideas aparecen ausentes en muchas ocasiones, la exposición es menos natural, más atropellada, y la misma "calidad" literaria de lo que se cuenta ha caído en picado. No es cosa mía, pueden comprobarlo, es sencillísimo acceder a algunos de los debates de, por ejemplo, los constituyentes gaditanos. No es eso, o no solo.

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Burbujas

Burbujas.

Una burbuja es un habitáculo hermético y aislado del exterior. Al menos eso dice la Real Academia de la Lengua en la segunda de sus acepciones. Es como si hubiera una tendencia natural que nos empujara a vivir dentro de burbujas: supongo que el tiempo disponible es el que es y la mente da de sí lo que da de sí. Y una vez dentro parece que todo lo que está en el interior fuera, para quien habita en la burbuja, más importante que lo que está en el exterior. De cuando en cuando una burbuja estalla y nos asomamos a lo poco importante que son para el resto del mundo la mayor parte de las cosas que nos importan a nosotros y que, por importarnos a nosotros, creemos que debieran ser importantes para los demás.

Al principio puede resultar desolador saber que las cosas que a nosotros nos parecen significativas a la mayor parte de la gente le importan un pimiento; más tarde, uno comienza a acostumbrarse a esa insignificancia y eso ayuda a disfrutar de manera un poco más relajada de las cosas que nos interesan. Comprender que lo que nos importa a nosotros no tiene necesariamente que ser importante para los demás puede ser útil para sacudirnos de encima esa soberbia de los que, desde nuestras burbujas, pensamos a veces que lo de afuera es un mundo a convencer, a conquistar o a tratar con cierta condescendencia porque en lo más íntimo sentimos, he ahí la soberbia, que nuestra postura (aunque consideremos el resto de las posturas respetables) es mejor que las demás.

De pensar esto a convertirse en apóstoles hay delgada línea por la que casi todos hemos transitado alguna vez. ¿Quién no se ha convertido en alguna ocasión en un predicador con el fin de que las cosas que eran importantes para él acabaran siendo importantes para los demás? Ay, qué intensidad defendiendo nuestras cosas importantes, qué vehemencia y qué patéticos esos intentos que, quizá, no tratan de defender lo que nos importa sino apuntalar la identidad propia.

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La crisis: balance (desigual) de daños y prioridades para la recuperación

Nuestra economía trata aún de recuperarse de la que ha sido la crisis más dura de las últimas décadas. En el actual contexto de buenos datos de la coyuntura económica, pero con el impacto económico y social de la crisis aún muy presente, se ha intensificado la discusión en torno a si está teniendo lugar, o no, una recuperación real. No parece existir una respuesta clara a esa pregunta.

En este artículo, a partir del análisis de un conjunto de indicadores económicos clave, pretendo ofrecer una visión general acerca de qué elementos han sufrido un mayor deterioro en los últimos años, en Cantabria y en España, y en cuáles queda aún mucho terreno por recorrer para una verdadera recuperación.

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Un mundo sin abejas

Abeja polinizando una flor.

Siempre me han gustado los prados plagados de flores, y también los que no tienen flores, pero sí tienen hierba. Los campos de cereales… Y me paro a pensarlo y muchos de los campos que veía en mi infancia son hoy edificios, polígonos o simplemente están abandonados… La tierra no tiene ya el valor que tenía antes, porque ahora es el dinero el que da de comer. A menudo me pregunto qué pasaría si de repente no pudiésemos comprar comida. ¿apreciaríamos entonces el valor que tiene la tierra?

Aunque, en realidad, no es solo la tierra la que nos proporciona alimento: se necesita agua, semillas y, entre otras cosas, abejas. Todo el mundo ha oído alguna vez aquella frase que se le atribuye a Einstein que dice que el día que desaparezcan las abejas, a los humanos nos quedarán cuatro años de vida. Y es que las abejas, con su pequeño tamaño, alimentan al mundo, pues es gracias al intercambio de polen, que los insectos trasladan desde las anteras de una flor hasta los estigmas de una misma planta o de otras, que las especies vegetales producen semillas y frutos.

Pero al igual que no hemos sabido valorar la tierra, no hemos pensado tampoco en la importancia que tienen las abejas en nuestras vidas, por lo que no importó llenar los campos con plaguicidas, que envenenan a las abejas y perturban su sentido de orientación; sembrar monocultivos extensivos (grandes superficies donde solo se siembra una única planta, que si no proporciona néctar y polen, obliga a las abejas a trasladarse grandes distancias. Además, la falta de diversidad puede provocar que no encuentren todos los nutrientes que necesitan); acelerar el cambio climático, etc…

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Una locura bonita

Baya Benmahmoud, protagonista de 'Los nombres del amor'.

Anoche me senté con las piernas cruzadas frente a una película preciosa, 'Los nombres del amor'. Se lo digo a mi mejor amigo, que detesto a las personas acomplejadas. Son peligrosas. Sobre todo son peligrosas para los cristalinos que no tenemos ningún problema con el regalo que nos devuelve el espejo. Digamos que pervierten lo bonito, lo mastican lento, qué digestiones pesadas las de los acomplejados, siempre ven el Almax encima de la mesa antes de haber cogido la cuchara para probar el plato. Y claro, se arrugan antes de tiempo.

La película, sí. Me enamoré de ella. Ella se llama Baya Benmahmoud y su personaje es una locura bonita, extrema. Una de esas bendiciones que se salen de lo común, que no se amolda a las normas, a las reglas que impone el entorno, que respira a un ritmo distinto y camina a saltos, como si a cada paso aspirase a rozar el cielo con las yemas de los dedos.

Es difícil no formar parte del montón. Benmahmoud es una mujer de ascendencia árabe que se enamora de un hombre de ascendencia judía. Y hasta aquí todo correcto, porque la película es de amor y es francesa y partir de esa premisa no supone emborronar la hoja al salirse de la línea de puntos.

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El sendero de la guerra

Estado de la senda costera de Santander después de la paralización de las obras.

"Estoy viejo ahora y nunca más tomaré el sendero de la guerra -decía el caudillo apache Gerónimo en sus últimos días- pero si fuera joven volvería a tomarlo y me iría derecho a México". Pero eso es porque el legendario jefe de guerra de los chiricaguas no tuvo la oportunidad de conocer la senda costera de Santander que, por otra parte, se parece mucho estos días a los restos de un fuerte de la frontera atacado por los bravos en busca de cabelleras.

Cuando los indios americanos tomaban el sendero de la guerra, lo hacían para defender a la propia tribu o bien para vengarse de sus enemigos y ese camino se mantenía en tanto el hacha no era enterrada, simbolizando el fin de las hostilidades.

El caso es que, tal y como publicaba eldiario.es el pasado jueves, el Ministerio de Medio Ambiente ha pagado ya a Dragados la suma de 635.000 euros después de que la presión popular paralizase las obras del famoso sendero del litoral. Y, vaya, viendo esas barandillas tiradas, esas maderas caídas sobre la hierba y ese desbarajuste azotado por el viento, bien parecía que el mencionado Gerónimo hubiera arrasado el rancho de la familia Bonanza.

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La Marca España

La Marca España promocionando en Dubái el turismo de lujo y de compras.

Oigo a los políticos contarnos repetidamente las bondades de la Marca España, una operación para mejorar la imagen del país en el exterior, si no lo he entendido mal. Seguramente lo hacen convencidos, porque a ellos la Marca España les debe sentar muy bien. Imagino cómo los reciben en los entornos liberales europeos: "Hombre, tú eres de esos que han conseguido que los españoles trabajen por el salario de los chinos, ¡qué grandes políticos sois!". Y nuestro político, halagado, acepta con modestia solo la mitad del elogio: "No, no… como los chinos todavía no, nos falta una legislatura aproximadamente". Sí, en algunos sitios es probable que la Marca España sea una muestra de categoría y quien la ostenta se convierte inmediatamente en alguien respetable.

Pero a otros no nos va tan bien el cobijo de esa etiqueta. El sotafirmante es un empresario de limitadísimo capital, pero cada año se patea una o dos ferias internacionales y cada semana hace alguna llamada por teléfono y cambia incontables emails con países de tres continentes. Y al hacerlo se encuentra con que al intentar un acuerdo comercial con un colega extranjero, ser español pone inmediatamente en guardia al interlocutor. La famosa Marca España de la que se jactan nuestros líderes políticos es como la marca de Caín: quienes cargamos con ella somos inmediatamente mentirosos y ladrones compulsivos hasta que no se demuestre lo contrario. Que se demuestra después de una pila de años de adelantar el pago de todo: gran ayuda, la Marca España.

Seguramente no podemos competir con nuestro propio Gobierno a la hora de proyectar nuestra imagen en el exterior. Pero para nuestra propia imagen debemos recordar que somos nosotros los que hacemos el país y lo salvamos cada día, los justos numerosos.

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Orgulloso de la militancia

Pedro Sánchez votando en la consulta planteada a la militancia del PSOE. |

La nueva política necesita de viejos militantes: disciplinados, masas seguidoras de líderes, gente de cofradía que, en lugar de sacar al santo, pasean el carnet del partido.

Quizá por eso, Pedro Sánchez enviaba a las redes un mensaje tan enternecedor como lamentable: "Orgulloso del PSOE y de sus militantes. Orgulloso de este gran partido. Gracias por vuestro apoyo. El cambio está más cerca". Así respondía el gran líder tembloroso al apoyo del 79% de la mitad de sus militantes. ¿Qué hubiera pasado si el resultado hubiera sido negativo? ¿No se sentiría orgulloso de la independencia de criterio de sus militantes? ¿No le da vergüenza que la mayoría de la mitad de sus militantes apoyen un pacto con un partido de la derecha con tal de llegar al poder del que los ciudadanos desalojaron al PSOE?

Quizá la nueva política precise de nuevos militantes. El sambenito de la participación es un chollo a disposición de las élites dominantes. Lo sabe Pablo Iglesias y su partido, donde cada consulta a la militancia tiene menos votantes. Lo sabe Pedro Sánchez, que conoce que lo que dictamina la dirigencia nunca encuentra en la militancia contradicción o duda. Es decir, el voto casi sin control de una parte de los militantes solo sirve para legitimar decisiones ya tomadas. Es decir, la sociedad, en realidad, no reclama participación, sino delegación con cierta honestidad en el rejuego político. Es decir, esta nueva política está plagada de viejos militantes pero enajenados de su formación crítica. Me imagino que pondría un viejo militante socialista si pudiera resucitar y utilizar Twitter: "Avergonzado del PSOE y de sus militantes. Asqueado de este que fue un gran partido. Gracias por hacerme ver la luz. El declive está más cerca y yo me bajo de este bus".

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