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El Sumo Sacerdote de las Ortigas

Todo está muy abierto y Revilla tendrá que convencer a muchos cántabros de que no es más útil votar al Partido Popular que al PRC.

La mejora de la vía ferroviaria Santander-Reinosa acabará el próximo año, según De la Serna

De la Serna y Revilla en una reunión en Peña Herbosa durante la presente legislatura.

Nin’yo, un oficial de segundo rango en Japón, tenía un hermano llamado Ryogaku, sumo sacerdote, un hombre de carácter irascible. Junto a su monasterio crecía una gran mata de ortigas que era por lo que la gente llamaba a Ryogaku el Sumo Sacerdote de las Ortigas. Como a Ryogaku no le hacía ninguna gracia el apelativo, cortó la mata. Como todavía quedaba el tocón, la gente pasó a llamarlo el Sumo Sacerdote del Tocón. Más furioso aún, Ryogaku hizo que lo arrancaran, pero al hacerlo quedó un gran agujero. Lo han adivinado. La gente lo llamaba entonces el Sumo Sacerdote del Agujero.

Esta historia le sirve a Robert Green para ilustrar una de 'Las 48 Leyes del Poder' (Espasa, 2008), concretamente la que lleva el título de 'Remover las aguas para pescar peces'. En su recetario para un moderno Maquiavelo, el autor desaconseja la cólera a quien tenga ambición. La moraleja dice así:

"La cólera y la emoción son estratégicamente contraproducentes. Hay que mantenerse calmado y objetivo. Pero si se puede lograr que el enemigo se enfurezca mientras se permanece calmado, se obtiene una indudable ventaja".

Queda año y medio para la cita electoral y ya se van definiendo los contendientes en Cantabria: por un lado Miguel Ángel Revilla, presidente autonómico, que no ha ganado unas elecciones todavía y espera quitarse la espina el próximo año; y por el otro, Íñigo de la Serna, exalcalde de Santander y ministro de Fomento, que cada vez ejercerá más presión desde el exterior, sin saberse muy bien qué tiene en la cabeza. Habrá más contendientes, pero no pueden considerarse rivales: socialistas, populares indígenas, podemitas y ciudadanistas se someterán a las urnas pero las elecciones serán entre Revilla y De la Serna por incomparecencia de rival (están bastante ocupados en recomponer sus casas) o, mejor dicho, por ostensible inferioridad física.

Esto plantea un escenario insólito en Cantabria. Por primera vez la rivalidad trasciende las fronteras. La política en Cantabria se ha hecho extraterritorial. Los regionalistas nunca se han visto en otra. Cuando ya se las prometían felices al quedarse solos en el tablero de juego, viene uno de Madrid y les quiere pinchar el globo. Habrá partido. El Partido Popular está sacando la gran baza de Madrid (al fin y al cabo los cántabros también eligen al Gobierno de la nación) para jugar a domicilio.

Todo esto tiene consecuencias, que ya se han producido, aunque vendrán más: proyectos de uno, que el otro mira con displicencia; proyecto del otro, o de los otros, que mueren por falta de acogida. Y en medio, los cántabros a verlas venir. 

Si De la Serna vio cómo uno de sus proyectos más emblemáticos, la sede del Reina Sofía, languidecía por falta de entusiasmo del Gobierno regional, ahora es éste al que le pisan todos los charcos: polígono de La Pasiega, alta velocidad con Bilbao, túnel de La Engaña, estrangulamiento económico con la retención de las liquidaciones a cuenta, impagos con Valdecilla, Fundación Comillas, Dependencia… Menos mal que al Gobierno central también se le votó en Cantabria… Moraleja: los ministerios parecen técnicos, pero son políticos, esencialmente políticos, y a veces esto se olvida.

Y ya tenemos un problema en toda regla: la virtualidad de los proyectos estratégicos para Cantabria dependerá de la fuerza de quien los abandere, es decir, del respaldo electoral. Este es el mensaje que subliminalmente trasciende. Gobierno regional vs. Gobierno central de distinto signo, del mismo modo que ocurre en la relación del Ejecutivo con los municipios. Pero, ¿quién puede asegurar en esta historia que tiene un futuro asegurado? El Ejecutivo en Cantabria se renueva el año próximo, pero al central le quedarán un par de telediarios más y no tiene tan claro que repita.

Todo está muy abierto y Revilla tendrá que convencer a muchos cántabros de que no es más útil votar al Partido Popular que al PRC.

Mientras tanto, es de esperar una escalada en los ánimos y comprobar que, como en la historia del Sumo Sacerdote de las Ortigas, del Tocón o del Agujero, quien pierde el control se sitúa en desventaja. Ante la imperturbabilidad de un ministro poco pueden hacer los aspavientos de Puertochico y el populusque, aunque no haya leído a Robert Green, siempre está atento a las señales que le inspiran confianza.

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