Matilde de la Torre vuelve a su tierra, a Cabezón de la Sal, 80 años después de su muerte
Matilde de la Torre, mujer pionera en múltiples facetas y diputada en la II República, descansa ya en su pueblo, Cabezón de la Sal, después de que sus restos mortales y los de su hermano Carlos hayan sido trasladados desde México, donde se exilió y donde murió hace 80 años. Han tenido que pasar ocho décadas desde su muerte para que sus cenizas hayan regresado a su tierra para honrar la memoria de una mujer sobresaliente en muchas facetas y que destacó por su compromiso social y político, aunque padeció ostracismo y necesidad y vivió el exilio.
Ha vuelto a Cabezón de la Sal, la localidad cántabra donde nació y creció dentro de una familia que supo potenciar sus inquietudes intelectuales y culturales.
La inhumación de esta escritora, docente, folclorista y política (Cabezón de la Sal, 1884, México, 1946) ha reunido en su pueblo a vecinos y autoridades, como el secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, la secretaria segunda del Congreso, Isaura Leal, el delegado del Gobierno, Pedro Casares, y la directora general de Cultura del Gobierno de Cantabria. Eva Guillermina Fernández.
El alcalde de Cabezón de la Sal, Víctor Reinoso, ha sido el anfitrión del acto y ha ensalzado el esfuerzo para que Matilde de la Torre “vuelva al entorno que marcó su vida y su compromiso”. Con la suma de muchos esfuerzos, ha dicho el alcalde, se ha conseguido “un hecho histórico”: que las cenizas de Matilde de la Torre hayan podido regresar a Cabezón para “descansar entre su gente”. “La devolvemos a su hogar y reforzamos el vínculo entre su legado y las generaciones presentes y futuras”, ha resaltado Reinoso, que cree que se “cierra una página importante”. También ha remarcado que Matilde de la Torre fue “una mujer comprometida” y que “dejó una huella imborrable” dentro y fuera de su tierra.
El delegado del Gobierno, Pedro Casares, ha considerado que este acto debe ser un compromiso con la memoria democrática y con las mujeres que abrieron canino “y tantas veces silenciadas en la historia”. “Fue pionera en la política, una de las primeras mujeres que logró ser diputada”, ha señalado, al tiempo que ha destacado su faceta cultural, docente y relacionada con el folclore. “Todo lo que hizo lo hizo bien”, ha añadido, antes de destacarla “como una voz firme en la defensa de la dignidad humana”.
El secretario de Estado de Memoria Democrática, Fernando Martínez, ha considerado este acto como “necesario” y ha aseverado que Matilde la Torre fue “una luchadora incansable” por los valores democráticos y “una víctima de la represión”. El Congreso también honrará a la que fue diputada, con la colocación de un retrato suyo junto al de las nueve diputadas de la República en el salón de parlamentarios ilustres de la Cámara Baja, ha anunciado Isaura Leal, secretaria segunda de la Mesa.
La directora de Cultura del Gobierno regional ha enfatizado que Matilde de la Torre vivió dedicada a esa faceta cultural y a la educación. “Fue muchas cosas, pero sobre todo fue una mujer comprometida”, ha afirmado.
Matilde de la Torre (Cabezón de la Sal, 1884, México, 1946) no tuvo una infancia fácil ni una educación académica al uso, pero fue una mujer muy culta, sobre todo en una época en la que sus coetáneas tenían un acceso limitadísimo a la educación y a la participación en la vida pública.
Desde bien pronto sufrió el dolor por la muerte de sus más allegados: murió su madre cuando tenía 12 años y también fallecieron casi todos sus hermanos.
También vivió y la marcó, en su juventud, la decadencia de las colonias españolas.
Fue una adolescente leída e informada, porque venía de una familia ilustrada, con tradición periodística.
Mujer poliédrica
En su pueblo destacó sobre todo por su labor docente, pedagógica y como estudiosa de la música, la danza y el folclore.
“Todo esto a principios del siglo XX, cuando las mujeres no tenían prácticamente acceso a la educación. De hecho, ella no tenía educación superior, pero estaba muy formada”, dice a EFE la presidenta de la Fundación Matilde de la Torre, Paz de la Cuesta.
Fundó la Academia Torre, que fue muy innovadora y trabajaba en línea con la escuela libre de enseñanza. Pretendía que las chicas y los chicos tuvieran la misma educación, con unos métodos pedagógicos muy avanzados en ese momento, los años 20 del siglo pasado.
Y, como si fuera herencia de esa gran vocación docente, su Casa de Cabezón de la Sal es hoy un instituto de Secundaria, que no lleva su nombre (se llama Valle del Saja), aunque sí hay en Cantabria otros centros educativos que le rinden homenaje.
También desarrolló una gran labor como escritora, además muy comprometida “y muy rompedora, con ideas muy avanzadas, muy progresistas”, pese a que procedía de una familia de un estatus “muy consolidado” y sin problemas, señala la presidenta de la Fundación Matilde de la Torre, que cree que la obra de esta mujer era un reflejo de su afán por querer cambiar el mundo.
Fue conferenciante y escritora de artículos periodísticos, pero si por algo llamó la atención fue porque fue una gran estudiosa del folclore: fundó un grupo de danzas y el Coro Voces Cántabras.
De hecho, esa gran huella que dejó con su trabajo de estudio y recuperación ha llevado a que en la delegación cántabra que ha viajado recientemente a México para traer a Cantabria sus restos hubiera una importante presencia de esos grupos folclóricos que impulsó.
En la política
En 1931 se afilió al Partido Socialista y fue elegida diputada en las Cortes Generales por Asturias (1933-1939). “Y ¿por qué por Asturias? Porque era mujer y en Cantabria en las filas socialistas no tuvo ese hueco”, señala De la Cuesta.
Pidió el voto femenino, impulsó las Casas Campesinas y fue directora de Comercio y Política Arancelaria del Gobierno de la II República (1936-1937).
Pero tras la Guerra Civil, como pasó con tantos otros, “se echa tierra encima” a la figura de esta mujer.
El exilio y la muerte
En 1940 Matilde de la Torre se exilió, primero en Francia, donde embarcó en el buque 'Cuba', junto a otros muchos españoles, para llegar a México, donde murió el 19 de marzo de 1946 a los 62 años. Allí, con su hermano, fue acogida por el Hospital Español, una entidad de beneficencia.
Sus restos descansaban en el Panteón Español de Ciudad de México, de donde ha sido recientemente exhumada.
Y este sábado, 21 de marzo, se ha celebrado por fin en el cementerio de su pueblo un acto público para la inhumación de sus restos, tal y como habría sido su deseo.