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LOS LANZALLAMAS

Stephen Miller, todo lo que debes saber sobre un psicópata sin tener que preguntarle a Trump

El subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, en el Despacho Oval mientras el presidente estadounidense, Donald Trump, se reúne con Elon Musk en la Casa Blanca en Washington, DC, Estados Unidos, el 11 de febrero de 2025.
20 de marzo de 2026 22:21 h

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Las muestras de racismo contra el jugador Vinícius Júnior se repiten, lamentablemente, con cierta frecuencia. La agresión consiste en emular a un mono desde las tribunas, saltando y gesticulando igual que un primate. Más allá de la propia degradación de quien insulta, la parodia no busca animalizar a Vinícius; el objetivo es humillarle, someterlo. El psicólogo Paul Bloom considera que el sadismo de tratar a los seres humanos como alimañas radica precisamente en el reconocimiento de que no lo son pero, desde una posición psicótica, ejercer esa opresión sobre el otro. Esto es lo que mueve a Stephen Miller, jefe adjunto de Gabinete de la Casa Blanca y responsable de la política que persigue a los inmigrantes en las dos legislaturas de Donald Trump. 

Muchos políticos y medios denuncian a Miller con frecuencia por tratar a los inmigrantes como si fueran ganado. Paul Bloom deja claro que es algo más perverso. Tanto como el ejercicio permanente de un control obsesivo sobre las personas al punto de concentrar toda la fuerza policial del principal país del mundo, a menudo, para deportar tan solo a una. Miller, parece, así, un Ahab que persigue ballenas blancas cada mañana

Cuenta Politico que en 2017, en la primera legislatura de Trump, el presidente estaba con su equipo en París y un grupo de funcionarios de la Casa Blanca, los cuales se sorprendieron cuando Miller les llamó desde Washington para que hicieran lo necesario para deportar en el acto a una persona que había sido detenida por inmigración. Siendo el adjunto de Trump, no tuvieron más remedio que ponerse manos a la obra. 

El año pasado, cuando Zohran Mamdani, inmigrante ugandés, ganó la alcaldía de Nueva York, Miller publicó un tuit en el que afirmaba: “Nueva York es la advertencia más clara hasta la fecha de lo que le sucede a una sociedad cuando no controla la migración”. Viniendo de Miller, este mensaje es una pieza sumamente diplomática. 

Así como Sam Altman, el fundador de OpenAI, con solo quince años se plantó en el instituto para asumir ante una asamblea su condición de gay y así detener un avance reaccionario en el colegio contra las reivindicaciones LGTBI, Stephen Miller, también hijo de una familia judía liberal de California, demostró en la escuela su compromiso. En otro registro, claro. Siendo adolescente ya publicaba artículos en medios ultraconservadores; en una columna de esa época escribió: “Me di cuenta de que varios alumnos carecían de conocimientos básicos de inglés”, y se quejaba del hecho de que la escuela hiciera anuncios en español y en inglés provocaba que los alumnos hispanos no avanzaran en el conocimiento de la lengua inglesa. Tampoco se quedó inmóvil cuando se pusieron condones a disposición de los alumnos: “Desde el punto de vista legal, las relaciones sexuales entre menores constituyen violación de menores. Por no mencionar que los chicos de 14 años son un poco jóvenes para tener relaciones sexuales, independientemente de la ley”.

Steve Bannon supo apreciar la rebeldía de Miller y no dudó en presentárselo a Donald Trump. Por entonces, antes de la campaña de 2016, Miller tenía treinta años y trabajaba con el senador ultraconservador Jeff Sessions, a quien Trump nombró después fiscal general. En el tiempo que le quedaba libre, Miller colaboraba con Breitbart News, el sitio de noticias que entonces dirigía Bannon. En 2019, el portal Hatewatch publicó los correos de esa época entre Miller y Katie McHugh, la periodista de Breitbart que recibía sus colaboraciones. La perspectiva de Miller sobre la raza y la inmigración es repetitiva; cuando habla de delincuencia, se centra en los delitos cometidos por personas no blancas y aborda la perspectiva de poner fin a la inmigración de las mismas. Pero estos correos, además, proponen a Breitbart material que incluye sitios web nacionalistas blancos, una novela sobre el «genocidio blanco» en la que hombres indios violan a mujeres blancas, diversas teorías conspirativas xenófobas y leyes de inmigración de la época eugenésica que Adolf Hitler alabó en Mein Kampf.

¿Cómo iba Bannon a privar a Trump de un perfil como el de Miller?

Mis dos Steves”, decía Trump de la pareja formada Bannon y Miller, en los que veía una confluencia fraterna que marcaba las políticas y las líneas de comunicación de los primeros tiempos de aquella legislatura, hasta que Bannon cayó en desgracia y Miller demostró que el cainismo tampoco le era ajeno al borrar todo vínculo con el propio Bannon y su entorno. Desde entonces –ya son diez años– Miller se ha convertido en la sombra de Trump, en el hombre que le susurra todo el tiempo al oído. Suele insistir, públicamente, en que está “dispuesto a acudir a cualquier programa, en cualquier lugar y en cualquier momento, y a repetir que el presidente de los Estados Unidos tiene toda la razón”, sea cual sea la cuestión sobre la que se le pida opinión. 

Politico llama a Miller “el ideólogo residente” de Trump. Miller propone, Trump asiente. “El presidente dirige toda la política y Stephen ejecuta fielmente lo que el presidente quiere”, dijo en un comunicado Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca: “Ya sea que se trate de inmigración, delincuencia, comercio, Groenlandia o Venezuela”.

Nos asombramos cuando Trump rompe toda convención y hace públicos mensajes privados de Emmanuel Macron de WhatsApp. El expresidente argentino Mauricio Macri tampoco conoce los límites de la discreción. En una charla pública en Madrid, Macri contó que cuando Trump visitó la Casa Rosada estando él aún en el cargo, se detuvo ante un mapa de Argentina y le preguntó, intrigado, qué era esa línea que bajaba de norte a sur entre el Pacífico y la cordillera de los Andes. “Chile”, le respondió, sorprendido, Macri, a lo cual propuso Trump: “¿Y por qué no lo invades? Así tienes salida por los dos océanos”. Miller no deja de recordarle a diario a Trump que tienen que ocupar Groenlandia. Lo mismo hizo con Venezuela. 

En medio de la presión que ejerció Trump sobre Europa amenazando con ocupar Groenlandia en enero pasado, Miller declaraba en la CNN: “Vivimos en un mundo en el que puedes hablar todo lo que quieras sobre sutilezas internacionales y todo lo demás, pero, el mundo real se rige por la fortaleza, que se rige por la fuerza, que se rige por el poder”. Para que quedase claro: “Estas son las leyes de hierro del mundo desde el principio de los tiempos”, remató.

Cuando Miller decidió separar a los padres inmigrantes de sus hijos, un funcionario del ICE contó a The New Yorker que Miller dejó claro que “si se empieza a tratar a los niños lo suficientemente mal, se podrá convencer a otros padres de que dejen de intentar venir con los suyos”. Miller consiguió, siempre con la anuencia de Trump, que el Departamento de Justicia procesara a quienes cruzaran la frontera como delincuentes, con lo cual, mientras los padres enfrentaban cargos penales, a sus hijos se les trataba como menores no acompañados. A finales de junio del año pasado, más de dos mil quinientos niños habían sido separados de los padres, muchos de los cuales no sabían adónde les había llevado el Gobierno. Aún fue peor cuando los padres fueron deportados sin sus hijos. Esta es la doctrina Miller: cuanto peor, mejor. Por eso, en Washington, muchos le llaman el “ello” de Trump, en el sentido que le da Freud: representa todo lo primitivo, la rabia, sin filtro racional o moral.

No quedan dudas de que Miller tiene carta blanca. El mundo lo supo en el distópico discurso que dio Trump en el inicio de su primera legislatura y puso, precisamente, las cartas sobre la mesa. Ese día dijo que llegaba para poner fin a la “carnicería estadounidense”, terminar con un sistema que, afirmó, “deja a nuestros estudiantes privados de todo conocimiento y libre a la delincuencia, las bandas y las drogas que han arrebatado demasiadas vidas y han privado a nuestro país de tanto potencial sin explotar. Esta carnicería estadounidense se detiene aquí y ahora mismo”. 

El autor de ese discurso es Stephen Miller, a quien en el Capitolio llaman Mad Men, en referencia a la serie, por su forma clásica de vestir y, tomando el sentido literal de mad, loco en español, por su manera de embestir al mundo. 

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