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ENTREVISTA
Excomandante de la Agencia de Inteligencia de la Defensa de EEUU

Harrison Mann, exanalista del Ejército de EEUU: “Trump está desconcertado y sin la menor idea de cómo encauzar la guerra”

Harrison Mann, investigador sénior de Win Without War, en el Edificio de Oficinas Rayburn de la Cámara de Representantes, el 27 de febrero de 2025, en Washington, DC.

Andrés Gil

Corresponsal en Washington —
20 de marzo de 2026 22:21 h

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Harrison Mann, excomandante del Ejército de EEUU, renunció en 2024 a la Agencia de Inteligencia de la Defensa —DIA, una especie de CIA del Pentágono— debido a la política de la Administración Biden en Gaza. Ahora, es investigador senior en Win Without War, organización con sede en Washington DC que aboga por una política exterior y de seguridad nacional enfocada en la diplomacia, la justicia y la paz, en lugar de la intervención militar.

Mann hace un análisis del estado de la guerra desatada por EEUU e Israel contra Irán hace tres semanas, de las motivaciones y de cómo puede evolucionar la situación en el frente. “Las opciones militares son desastrosas y se fundamentan en meras fantasías”.

La guerra en Irán cumple tres semanas con el bloqueo del estrecho de Ormuz que está impactando en los mercados energéticos mundiales y la Administración Trump buscando soluciones desesperadas levantando sanciones al crudo de Irán, Rusia y Venezuela mientras ataca a los aliados por no ayudarle en la guerra. ¿Qué espera a partir de ahora?

Es importante distinguir entre las consecuencias que le resultan sorprendentes a Donald Trump y aquellas consecuencias que eran totalmente previsibles para las personas que lo arrastraron a esta guerra.

Donald Trump ha dejado muy claro que esperaba que esto se desarrollara exactamente igual que el caso de Venezuela. Y desde el 1 de marzo, cuando quedó patente que no sería así, se ha mostrado totalmente desconcertado y sin la menor idea de cómo encauzar la guerra.

Por otro lado, Benjamín Netanyahu, Marco Rubio, Lindsey Graham y los demás que contribuyeron a convencerlo de que esta guerra era una buena idea... Ellos no son estúpidos. Ellos comprendían los efectos de segundo y tercer orden, altamente previsibles, que conllevaría intentar atacar a Irán. No quiero atribuirle a la Administración Trump la premisa de que entraron en esta guerra sin que nadie supiera lo que iba a ocurrir. Sí hubo quienes lo sabían. Y, para ellos, ese era un precio que estaban dispuestos a pagar. Si el objetivo es, fundamentalmente, destruir el Estado iraní, provocar un alza en los precios del petróleo o el cierre del estrecho de Ormuz es un precio que se está dispuesto a pagar.

No quiero caer en un exceso de kremlinología respecto a Trump, pero está claro que las personas de su entorno no le estaban comunicando estos riesgos con la seriedad debida. Y creo que eso fue algo bastante deliberado.

Y si entramos a analizar qué están haciendo al respecto, creo que la falta de preparación diplomática y militar sobre qué hacer en caso de que Irán cerrara el estrecho de Ormuz refleja, por un lado, que el propio presidente no preveía tal escenario y, por otro, que aquellos que sí lo preveían no querían asustar a Trump y disuadirlo así de esta guerra llevando a cabo dichos preparativos.

Ahora bien, si bien el estrecho está de facto cerrado, están permitiendo el paso a otros países, y tengo mucha curiosidad por ver cuándo los países europeos y los miembros de la OTAN comenzarán a intentar negociar acuerdos bilaterales con Irán, tal como ya han hecho China, Rusia y, si no me equivoco, India.

¿Cuáles son las opciones de la Casa Blanca?

La Casa Blanca no dispone de buenas opciones. De hecho, yo diría que apenas les quedan opciones, aunque sean malas. Como bien has señalado, están intentando articular un levantamiento de sanciones, tanto para Rusia como para el propio Irán, con el fin de aumentar la oferta mundial de petróleo y lograr que bajen los precios. Sin embargo, las opciones militares que se están barajando son todas ellas desastrosas y se fundamentan en meras fantasías. El denominador común de todos estos planes militares, ya consistan en asegurar el estrecho de Ormuz mediante buques y poder aéreo, o en recurrir a tropas terrestres para lograrlo, es la premisa de que previamente se habrán neutralizado la mayor parte de las capacidades militares de Irán.

Si te fijas, en el artículo que publicó Axios este viernes sobre el estrecho de Ormuz y la isla de Jarg, se sostiene que podemos tomarla y obtener una gran ventaja estratégica sobre Irán, y que solo necesitamos un par de semanas para destruir todas las capacidades militares iraníes. Hace unos días apareció un artículo de opinión en The New York Times, escrito por alguien de la Foundation for Defense of Democracies, que decía: probablemente podamos resolver todo esto con una escolta naval y una operación de desminado, solo necesitamos encargarnos primero de todos los misiles y drones de Irán.

Así que, si el ejército estadounidense logra localizar y destruir las principales capacidades militares ofensivas de Irán, podremos hacer lo que queramos. Podríamos decir que la guerra está prácticamente ganada. Sin embargo, no creo que nadie deba confiar plenamente en que seremos capaces de ejecutarlo correctamente. Ya estamos en la tercera semana, Irán sigue lanzando misiles y drones a través de todo el Golfo Pérsico, impactando objetivos estratégicos tanto en Israel como en la región del Golfo, lo cual significa que Estados Unidos e Israel desconocen la ubicación exacta de todos esos misiles y drones.

¿Y podrían localizarse en las próximas semanas?

Es posible. Cuando disparas un misil o lanzas un dron, si no te mueves con la suficiente rapidez, revelas la ubicación de esos sistemas. Pero está claro que iniciamos esta guerra sin saber dónde se encontraban todos estos sistemas; de lo contrario, los habríamos destruido y no seguiríamos intentando localizarlos tres semanas después. Y no es algo sencillo.

Hemos visto las fanfarronadas del secretario Hegseth y de los funcionarios israelíes: 'Hemos destruido el 80% de sus drones y misiles'. Si eso fuera cierto —y es un gran 'sí'—, en realidad no importaría, porque Irán no necesita el 80% de sus drones y misiles para amenazar el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz; necesita una cantidad de sistemas realmente ínfima. Por lo tanto, la idea de que podemos resolver esto únicamente por la vía militar, a base de disparos, me parece extremadamente improbable.

Se habla mucho de planes para la toma de la isla de Jarg.

Esta operación sería una misión suicida o el germen de una posible crisis de rehenes. Esta isla tiene unas cinco millas de longitud y se encuentra en lo profundo del golfo Pérsico, a 500 millas más allá del estrecho de Ormuz.

Así que, si se quiere llegar hasta allí en barco, hay que cruzar necesariamente el estrecho de Ormuz. Además, la isla se halla a tan solo 15 millas de la costa iraní, lo que significa que uno queda al alcance no solo de misiles y drones, sino también de artillería, cohetes y todo tipo de armas convencionales, muchas de ellas, bastante primitivas. Las tropas estadounidenses quedarían dentro del alcance de esas armas. Nunca antes, o al menos no recientemente, habían estado expuestas al alcance de esos sistemas iraníes.

Si, de algún modo, se lograra desembarcar tropas estadounidenses en esa isla, estas quedarían atrapadas, básicamente, en una zona de aniquilación (kill box) donde Irán podría atacarlas con todas esas armas. Y esto ocurriría incluso contando con una intensa cobertura aérea ininterrumpida de 24 horas al día durante 7 días a la semana proporcionada por los cazas estadounidenses. Creo que sería difícil mantener a esas tropas a salvo. Tampoco sabemos cuántas fuerzas militares iraníes permanecen aún en la isla.

Me parece improbable que el bombardeo de la semana pasada haya acabado con todas ellas. Estoy seguro de que, al igual que otras instalaciones militares iraníes, cuentan con búnkeres reforzados e instalaciones subterráneas. Además, dependiendo de la estimación que se consulte, se calcula que hay en la isla entre 8.000 y 20.000 habitantes. Entonces, ¿se supone que esto es una operación de contrainsurgencia o qué? Francamente, lo que más me preocupa es que esto invite a la Administración Trump a ordenar la comisión de más crímenes de guerra para lidiar con esa población civil.

Intentar introducir o evacuar tropas por vía marítima sería extremadamente peligroso. Habría que atravesar el estrecho de Ormuz. Habría que enfrentarse a lanchas no tripuladas, minas marinas y, además, a todos los misiles, drones y artillería de los que disponen las fuerzas terrestres de Irán.

Si se intenta introducirlas en helicóptero, un helicóptero que desciende para desembarcar o recoger tropas resulta también extremadamente vulnerable ante casi todas esas armas, sumados a los sistemas de defensa antiaérea. Hemos visto informaciones que indicaban que el ejército iraní logró derribar un caza F-35, la aeronave más avanzada del ejército estadounidense y, probablemente, del mundo, por lo que serán capaces de abrir fuego contra los helicópteros que reduzcan su velocidad para desembarcar o recoger tropas. Por consiguiente, el mero hecho de que las tropas lleguen a la isla supondría un riesgo inmenso. Una vez en la isla, las tropas estarían, básicamente, a merced del enemigo; serían un blanco facilísimo. Y creo que un riesgo que no se ha debatido lo suficiente es la posibilidad de que queden atrapadas allí. Podrían quedarse varadas. Si el ejército iraní lograra derribar tan solo una cuarta parte de los helicópteros que intenten evacuar a las tropas, nos encontraríamos ante una especie de crisis de rehenes.

El propósito fundamental de tomar esta isla sería intentar apoderarse de esta terminal petrolera, que gestiona el 90% de las exportaciones de petróleo de Irán. Pero para el gobierno iraní, que desea ganar esta guerra existencial, tener a 1.000 o 2.000 infantes de marina estadounidenses como rehenes resulta mucho más valioso que aferrarse a los ingresos petroleros a corto plazo.

Hay otro debate recurrente en torno a esta guerra, y es hasta qué punto Donald Trump ha sido arrastrado a ella por Netanyahu, y cuán precisa es la evaluación sobre la existencia de una amenaza inminente. Usted ha formado parte de la unidad de inteligencia del Pentágono, ¿cómo funcionan estos procesos esto?

La amenaza inminente es totalmente fabricada. Sabemos que es fabricada porque ni siquiera ha sido un discurso coherente y constante por parte de la Administración Trump. Vimos que un alto funcionario de inteligencia renunció esta semana, Joe Kent; alguien que, sin duda alguna, ha leído todos los informes disponibles, e indicaba que no existía una amenaza inminente.

Incluso Tulsi Gabbard. Yo interpreto su declaración en el Congreso como una afirmación explícita de que no había una amenaza inminente. Trump simplemente decidió que sí la había. Ella dijo: 'Le entregamos toda la información de inteligencia al presidente, y él decidió que existía una amenaza inminente'. Eso es muy distinto a decir que la evaluación de la comunidad de inteligencia concluye que existe una amenaza inminente desde la perspectiva de Israel.

Ha habido una presión increíble a favor de esta guerra, ejercida tanto por el Gobierno israelí como por ciertos sectores del lobby israelí y, en general, del lobby belicista contra Irán, en Estados Unidos desde hace décadas. Y, en última instancia, nadie puede obligar a Donald Trump a hacer nada. Por lo tanto, creo que podemos imaginar que si Netanyahu hubiera estado instando a Donald Trump diciéndole 'tienes que bombardear Irán, tienes que bombardear Irán, tienes que bombardear Irán', pero todas las demás personas a su alrededor —Marco Rubio, por ejemplo; Lindsey Graham, el resto de su gabinete, las personas que aparecen en Fox News para enviarle mensajes directamente—; si todos ellos le hubieran dicho: 'Señor presidente, no haga esto solo porque Netanyahu lo quiera; sería un desastre. Lo haría quedar como un perdedor'... Es muy probable que no lo hubiera hecho,

Debemos recordar eso. Gran parte del resto del personal de la Casa Blanca de Trump, así como sectores del establishment de Washington en general, le han estado transmitiendo el mensaje de que esta guerra era una buena idea. Por eso no quiero eximirlos a ellos ni al propio presidente de su responsabilidad y alegar que Netanyahu lo obligó.

La única razón por la que Netanyahu pudo acercarse a Trump y decirle 'oye, tienes que atacar a Irán, porque nosotros lo haremos de todos modos' y que eso surtiera efecto es porque todos los demás a su alrededor, políticos, analistas de think tanks y personalidades de los medios de comunicación le estaban diciendo que era una buena idea.

Hay otra evaluación que estamos esperando y tiene que ver con el ataque a la escuela de niñas en Irán con un misil Tomahawk. ¿Cuánto tiempo más podemos esperar para conocer los resultados de la investigación?

Yo no esperaría nada. Esperaría más filtraciones a la prensa que nos den la respuesta. Y esa es una de las razones por las que ahora podemos estar más seguros, porque gente del Pentágono lo contó. Pero no espero que volvamos a oír hablar de ello por parte del Pentágono.

Estamos viendo unas 14 bajas militares y cerca de 200 heridos. ¿Cree que estas cifras son correctas o espera que haya más bajas?

Creo que las cifras de muertos en combate son correctas, porque es muy difícil ocultar cuando alguien ha fallecido. Sin embargo, nunca deberíamos asumir que las cifras de heridos son exactas. En los primeros días de la guerra, la Administración Trump habló de cinco o seis heridos. Y, luego, primero fueron 30 y después 200.

Cabe recordar que, en el conflicto que se desató tras el 7 de octubre, momento en el que las tropas estadounidenses estuvieron bajo constante ataque en bases de Siria e Irak, la Administración Biden también ocultó el número de soldados estadounidenses heridos. Y nos encontramos con cifras similares: hubo docenas de heridos y, en última instancia, más de 100 soldados estadounidenses resultaron heridos, algunos de ellos de gravedad, a consecuencia de los ataques. Y la Administración Biden tampoco compartió esa información hasta que se vieron presionados y la gente ya se había ido enterando por su cuenta.

El otro aspecto sobre el que la Administración mentirá, o intentará tapar, es la naturaleza de las muertes y las bajas. Los más recientes son los seis soldados estadounidenses fallecidos que formaban parte de una tripulación aérea cuyo avión de reabastecimiento se estrelló en Irak. Por un lado, hay una milicia iraquí que se ha atribuido la autoría del derribo de esa aeronave, y la Administración Trump, por su parte, afirma que se trató de un accidente y no ha proporcionado detalle alguno sobre las circunstancias en las que se estrelló el avión.

Por lo tanto, esto no significa que debamos confiar en esa milicia iraquí alineada con Irán; pero tampoco podemos confiar en la Administración Trump. Así que creo, para decirlo de forma concisa, que lo que realmente no pueden ocultar es el número de soldados fallecidos, sino las circunstancias de su muerte. Y las cifras de heridos son mucho más fáciles de tergiversar: deberíamos mostrarnos muy escépticos ante las cifras y explicaciones que recibimos por parte de la Administración.

El Pentágono y la Casa Blanca están solicitando 200.000 millones más al Congreso, después de haber logrado una financiación extra de 150.000 millones por la megaley fiscal de Trump. ¿Cuál es el propósito del proyecto de ley de financiación suplementaria que está elaborando la Administración Trump?

No se debe a que el Pentágono necesite ese dinero para librar la guerra en este preciso momento; ya está muy bien financiado. De hecho, ya existe un presupuesto de defensa récord. No hay riesgo alguno de quedarse sin fondos para combatir en Irán. La Administración presenta este proyecto de ley por dos razones.

La primera, porque desea forzar una votación en el Congreso que dé la impresión de que la mayoría del Capitolio aprueba la guerra. La estrategia para lograrlo consiste en que, en lugar de tramitar una resolución sobre los poderes de guerra, se presenta un proyecto de ley que plantea: '¿Acaso no desean financiar más armamento para proteger a nuestras tropas?'. Y a algunos demócratas les ha resultado sumamente difícil responder con un 'no, no votaré a favor de eso'. Por consiguiente, saben que, al menos, pueden intentar persuadir a los demócratas para que se sumen a los republicanos y voten a favor de lo que constituye, de facto, una autorización de la guerra.

De este modo, podrán argumentar: 'Miren, la mayor parte del Congreso, incluidos los demócratas, respalda la guerra', aun cuando esta goce de muy poca popularidad entre la opinión pública estadounidense: 'Contamos con legitimidad'.

La segunda razón para proponer esto precisamente ahora, y esta información se basa en conversaciones que he mantenido con asesores del Congreso, es que este proyecto de ley no se limitará a incluir fondos para armamento u operaciones militares; también asignará recursos para ayudas agrícolas y diversos programas diseñados a medida para miembros concretos del Congreso.

El objetivo de esto es doble: por un lado, intentar captar más votos para la aprobación del proyecto; y, por otro, refleja la actitud de la administración y de los congresistas, quienes observan el contexto bélico y se dicen: '¡Oye, esta es una oportunidad de oro para conseguir más dinero para mi estado, para mis agricultores o para ese sector industrial que tanto me interesa!'. Podemos, simplemente, colgar esas partidas a un proyecto que, a nuestro juicio, todo el mundo se verá obligado a respaldar: el apoyo a las tropas.

Por otro lado, existen informaciones de que a EEUU o a sus socios en Oriente Próximo se les están agotando las municiones críticas, como los interceptores de defensa aérea. Pues este proyecto de ley no resuelve ese problema, porque incluso si se realiza un pedido de nuevos interceptores de defensa aérea, tardarán más de dos años en fabricarse y entregarse. Por lo tanto, no existe en esto ningún alivio inmediato. Puede que se realicen pedidos para reponer las municiones que se están consumiendo hoy, pero estas no harán que nadie esté más seguro sobre el terreno en este preciso momento. Creo que, básicamente, lo que lograrán es que, si Trump así lo desea, pueda tener una nueva guerra, o la continuación de esta, dentro de dos o tres años, cuando esos interceptores finalmente salgan de la línea de producción.

Dijeron que duraría unos días, después seis semanas... ¿Cuánto cree que durará y cómo podría terminar esta guerra?

Tanto los funcionarios de la administración como el excomandante del CENTCOM Joseph Votel, quien concedió recientemente una entrevista sobre este tema y a quien considero una fuente creíble, afirman que se necesitarán varias semanas destruir suficientes misiles y drones como para que podamos abrir el estrecho de Ormuz. Da la impresión de que el objetivo militar material de esta guerra para la Administración Trump ha evolucionado: ha pasado de buscar un cambio de régimen o la destrucción de todo el aparato militar, a lograr la apertura del estrecho de Ormuz; si bien esto último requiere, efectivamente, destruir la mayor parte de las capacidades militares estratégicas de Irán. No creo, o más bien, creo que deberíamos ser escépticos, respecto a la posibilidad de lograr eso en cuestión de semanas, ya que, insisto, simplemente no saben dónde se encuentran todos esos misiles y drones.

Los drones, concretamente, son relativamente fáciles de producir. No se necesita una fábrica especializada para ello y resultan mucho más sencillos de ocultar. En comparación con un misil, ciertamente no son tan grandes. Por lo tanto, no creo que sea realista pensar que, en el plazo de tres semanas, se habrá destruido una cantidad suficiente de drones iraníes como para que un petrolero que navegue por los estrechos pueda hacerlo con la certeza de que ningún dron se estrellará contra el puente de la embarcación, matando a toda la tripulación.

Por otro lado, incluso si Trump quisiera retirarse mañana, y realmente parece que desea hacerlo, la decisión no depende de él. Israel e Irán son, en realidad, las partes a las que resultará más difícil convencer para que pongan fin a esta guerra.

El ministro de Asuntos Exteriores iraní ha sido explícito al afirmar que no iniciará negociaciones hasta que considere haber infligido a Estados Unidos y a sus aliados un daño lo suficientemente severo como para tener la certeza de que no volverán a atacar a Irán sin provocación alguna. Y no creo que hayan llegado aún a ese punto.

Otros han sugerido que tal vez esto ocurra cuando el precio del petróleo alcance los 200 dólares por barril, o cuando se establezca algún otro umbral que indique que el crudo ha alcanzado un coste excesivamente elevado o bien el S&P 500 se deprima tanto que consideren que ya puedan abrirse a la negociación.

El otro obstáculo es Israel. Netanyahu no quiere que esta guerra termine. Por fin ha conseguido lo que quería y, hasta el momento, sigue encaminado hacia una guerra de aniquilación contra Irán. Por lo tanto, ejercerá presión constantemente para que la guerra continúe, y los objetivos militares reflejarán esa posición.

Es posible que Ali Larijani fuera asesinado precisamente porque era alguien que podría haber negociado con Trump en el futuro. También quiero destacar un último punto sobre el papel de Israel como obstáculo en las negociaciones de paz. Creo que es muy probable que Israel lleve a cabo un ataque de falsa bandera para mantener a EEUU en esta guerra, dado que ya intentaron realizar uno aproximadamente una semana después de que comenzara el conflicto, con el ataque a una planta desalinizadora en Irán: la prensa israelí informó, citando a funcionarios israelíes, que había sido Emiratos Árabes Unidos quien lo había hecho en un intento descarado de impedir que los Estados del Golfo buscaran la paz. Sin embargo, Emiratos Árabes Unidos lo desmintió de inmediato. Y no tiene ningún sentido: ¿por qué el ejército de Emiratos Árabes Unidos, que no ha participado directamente en esta guerra en absoluto, habría de atacar ese objetivo en Irán? Pero Israel lo intentó.

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