Diego García, la remota isla del Índico que alberga una base militar clave de EEUU y Reino Unido en la mira de Irán
Diego García es un atolón remoto del archipiélago de las Islas Chagos, en el océano Índico, frente a la costa de India. Alberga una importante base militar conjunta de las fuerzas armadas del Reino Unido y Estados Unidos. Este sábado, ha acaparado muchas miradas tras conocerse que Irán ha disparado dos misiles balísticos de alcance intermedio contra la instalación –que no impactaron–, según adelantó el Wall Street Journal. El Ministerio de Defensa británico ha condenado este sábado los ataques iraníes, que califica de “peligrosos”.
A principios de este mes, en el marco de la guerra iniciada por Donald Trump y Benjamin Netanyahu, Reino Unido concedió a Estados Unidos permiso para utilizar la base para llevar a cabo operaciones defensivas destinadas a impedir que Irán lance misiles que pongan en peligro los intereses o la vida de los británicos. El viernes, Londres acordó permitir a Washington utilizar bases británicas para lanzar ataques contra objetivos iraníes que estén bloqueando el estrecho de Ormuz.
El Ministerio de Defensa británico ha asegurado a los medios que los ataques fueron fallidos y tuvieron lugar antes de este anuncio, al que Irán reaccionó airadamente. Su ministro de Asuntos Exteriores, Abbas Araghchi, afirmó que el país “ejercerá su derecho a la autodefensa”. “La gran mayoría del pueblo británico no quiere tener ninguna participación en la guerra de elección entre Israel y Estados Unidos contra Irán”, dijo.
Centro neurálgico
La base es un centro neurálgico para las operaciones estadounidenses y británicas en Oriente Medio, sur de Asia y África Oriental. Washington la ha descrito como “una plataforma prácticamente indispensable” para sus operaciones en esta zona, según Associated Press, que recuerda que ha prestado apoyo a operaciones militares de Washington desde Vietnam hasta Irak y Afganistán, indica la agencia.
“La base es un centro logístico fundamental en una ubicación estratégica, con una gama completa de instalaciones que funcionan como una estación clave de reabastecimiento de combustible y suministros para operaciones navales y aéreas. Esto permite la proyección de poder y el alcance global, posibilitando el despliegue rápido y flexible de nuestras fuerzas en Oriente Medio, África Oriental y el sur de Asia”, dice un comunicado del Ejecutivo británico, que la define como “fundamental para la planificación y las operaciones de emergencia” actuales de ambos países, “al igual que lo fue en Afganistán e Irak”.
Tiene una dotación de unos 2.500 efectivos, en su mayoría estadounidenses. El acceso está restringido, por lo que “todo el personal militar y civil debe obtener una autorización” para entrar, según explica una web del Gobierno de EEUU.
La isla, coralina y cubierta por una densa vegetación, cuenta con un extenso aeródromo con pistas lo suficientemente largas como para acoger grandes aviones militares, como bombarderos B-52, aviones cisterna KC-135, aviones de reconocimiento y aviones de transporte, según explicó Nitya Labh, miembro de la Schwarzman Academy en el programa de Seguridad Internacional de Chatham House, en un artículo el mes pasado. También dispone de importantes instalaciones de almacenamiento de combustible, instalaciones de radar y torres de control capaces de dar apoyo a las operaciones militares regionales, y cuenta además con un puerto de aguas profundas capaz de atracar, reabastecer y realizar el mantenimiento de grandes buques de guerra, incluidos portaaviones, destructores y submarinos.
Según explica la experta, fue concebida e impulsada por Estados Unidos, no por Reino Unido, para reafirmar el control estadounidense en el Índico.
Descolonización
Diego García ha estado en el centro de una histórica disputa territorial entre Reino Unido y Mauricio. El abogado y escritor Philippe Sands la llama “la última colonia” establecida por Gran Bretaña. En los 60 y los 70, Reino Unido expulsó a unas 2.000 personas para que el Ejército estadounidense pudiera construir allí una base militar. Fueron reubicadas en Mauricio, Seychelles e Inglaterra.
En 2019, la Corte Internacional de Justicia había a Reino Unido que dejara el control del archipiélago porque consideró que no había sido separado legalmente de Mauricio en 1968, es decir, tres años después de la declaración de independencia de ese país.
Tras largas negociaciones y años de presión internacional, el Gobierno de Keir Starmer llegó a un acuerdo el año pasado con Mauricio para ceder la soberanía sobre la isla a cambio de un arrendamiento por un coste medio de 101 millones de libras al año (unos 116 millones de euros), lo que le permite mantener el control operativo completo de la base a largo plazo de forma conjunta con EEUU durante un periodo inicial de 99 años, con la posibilidad de extenderlo por 40 más. En junio, expertos de la ONU señalaron que el pacto alcanzado no tenía en cuenta los derechos de quienes fueron expulsados del archipiélago más de medio siglo antes y advirtieron de que los términos debían renegociarse.
Donald Trump ha rechazado de plano el acuerdo, que calificó como “una gran estupidez”. La legislación para finalizar el pacto se encuentra aún en trámite en el Parlamento británico.
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