Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
El plante de Sumar desde dentro: “No lo aprobaremos sin medidas de vivienda”
Sánchez-Albornoz cumple 100 años: tres exilios, fuga de Cuelgamuros y memoria
Opinión - 'La jauría humana', por Rosa María Artal

El adiós de 'Punky', el histórico helado-pingüino devorado por el mercado: “Asumir que ya no está es asumir que hemos crecido”

El histórico 'Punky', el pingüino con la cresta roja, se despide del catálogo de helados de La Menorquina

Santiago Torrado

Menorca —
20 de marzo de 2026 22:21 h

0

Era un cálido verano de finales de los años noventa. La firma de helados La Menorquina anunció la salida al mercado de un producto destinado a convertirse en un símbolo de época: el Punky, un pingüino de cresta roja y de goma relleno de helado de vainilla que, a pesar de su popularidad y de haber sido el protagonista de los veranos mediterráneos durante casi tres décadas, dejará de producirse por falta de ventas. A través de sus redes, la empresa originaria de Alaior confirmó el pasado 15 de marzo el fin de una era: “Nos despedimos de Punky. Deja nuestro catálogo. El mercado ha hablado: las nuevas generaciones buscan otras cosas y los adultos... bueno, os acordáis de él con cariño, pero os da demasiada vergüenza pedirlo en público. La timidez ha ganado a las ventas. Punky nos deja. Alza el vuelo. Gracias por tantos veranos”.

Desde entonces, una ola de nostalgia millenial se ha extendido en las calles y en las pantallas. Y es que aquel muñeco desmontable de estética punk, más cercano al juguete que al producto comestible, ha generado un hondo sentimiento de tristeza entre sus consumidores, activándose incluso campañas en redes sociales para exigir a La Menorquina que devuelva a Punky al catálogo de cada verano. Ha sido el creador de contenido Marc Pujol Barrón quien ha iniciado una petición a través de la plataforma Change.org con el objetivo de reunir 10.000 firmas que obliguen a la empresa a devolver el helado de su infancia -y la de todos- a los mostradores de todo el país.

Para aumentar la presión mediática y dar calado a su reivindicación, Pujol ha decidido acompañar su reclamo con “una medida de protesta combativa”: se ha disfrazado de Punky y se ha movilizado a las puertas de la fábrica de La Menorquina, en Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona) para exigir el regreso de su chuchería preferida. “Era el helado que mi padre me regalaba todas las semanas. He decidido manifestarme disfrazado ante la sede de la empresa hasta que Punky vuelva. No saben lo que han hecho”, asevera el influencer en sus redes sociales. Su vídeo ha superado las 39.000 visualizaciones en apenas 24 horas y ha recibido apoyo explícito de empresas como Bizum y Wallapop a través de sus cuentas oficiales.

Nos despedimos de Punky. Deja nuestro catálogo. El mercado ha hablado: las nuevas generaciones buscan otras cosas y los adultos... bueno, os acordáis de él con cariño, pero os da demasiada vergüenza pedirlo en público. La timidez ha ganado a las ventas. Punky nos deja. Alza el vuelo. Gracias por tantos veranos

Comunicado de La Menorquina

Fuentes de La Menorquina consultadas por elDiario.es confirman que la decisión sobre cuándo se concretará el cese definitivo del helado aún no está cerrada, aunque podría ser a finales de este año. Mientras tanto, la dirección de la empresa rechaza hacer más declaraciones sobre la triste decisión de retirar a Punky del mercado. “Nos remitimos al comunicado oficial, no podemos decir nada más”, subraya una fuente de la compañía. Preguntados por este medio sobre la posibilidad de que se trate de una campaña de marketing, los miembros de la empresa rehúsan responder. “No podemos decir nada más”. Un manto de silencio cubre la trascendental decisión. Son horas de tensión e incertidumbre en la calle Mar Mediterrània número 23.

Pero no todo es desolación. Hay quienes, a pesar de la innegable huella simbólica que ha dejado el helado en el imaginario colectivo de varias generaciones, piensan que el final de este helado-juguete también es, en definitiva, el fin lógico de una era. “En realidad se acaba porque es un helado que no consume nadie y que no encaja con nuestros tiempos. Es un recuerdo que habita en nuestro 'mundo de la vida', como diría Husserl, una imagen que está claramente vinculada a una nostalgia millennial -aunque los millennials y la nostalgia sean prácticamente sinónimos. Es una expresión de un mundo pop que se termina”, reflexiona la periodista y crítica cultural menorquina Anna Gornès en declaraciones a elDiario.es.

En realidad, se acaba porque es un helado que no consume nadie y que no encaja con nuestros tiempos. Es un recuerdo que habita en nuestro 'mundo de la vida', como diría Husserl, una imagen que está claramente vinculada a una nostalgia 'millennial'. Es una expresión de un mundo pop que se termina

Anna Gornès Periodista y crítica cultural menorquina

“Creo que Punky encarna un poco todo el rollo kitsch que acompañó cierto momento del turismo all inclusive que atraviesa por completo la dinámica económica, social y simbólica de Balears”, subraya Gornès, quien, por otro lado, cree que “asumir que Punky ya no está implica asumir que hemos crecido, lo cual conlleva un desconcierto, un dolor, porque la nuestra es una generación que habita con dificultad -y por razones varias- la adultez”.

La Menorquina, de Alaior al resto del mundo

La historia de La Menorquina comienza, como tantas otras empresas en la isla de Menorca, ligada a lo pequeño, a lo familiar y a lo artesanal. En 1940, un joven emprendedor oriundo de Alaior comenzó a recorrer el pueblo con un carro vendiendo helados. Gracias a un décimo premiado de lotería, Fernando Sintes pudo ampliar la cantidad de carros y sus productos comenzaron a expandirse por toda Menorca tras la compra de la casa de chocolates La Tropical de Maó, una empresa en la que él mismo había trabajado años atrás.

La historia de La Menorquina comenzó ligada a lo pequeño, a lo familiar y a lo artesanal: en 1940, un joven emprendedor oriundo de Alaior comenzó a recorrer el pueblo con un carro vendiendo helados. Gracias a un décimo premiado de lotería, Fernando Sintes pudo ampliar la cantidad de vehículos y sus productos comenzaron a expandirse por toda Menorca

Este paso adelante confirmaba la ambición del joven empresario de llevar a todas los hogares de la isla -y más allá- los helados de Alaior. “Hay que pensar que en esa época el helado no era todavía un fenómeno masivo sino un lujo estacional, especialmente asociado al verano y a la vida local”, comenta M. Sintes, extrabajador de la empresa, quien ha sido testigo del crecimiento del negocio y de su expansión por todo el territorio balear hasta convertirse en una de las firmas más importantes de España. 

Antiguo carro de La Menorquina
Flota de camiones de La Menorquina frente a sus instalaciones en Alaior en los años ochenta

La modernización de los años ochenta abrió las puertas a una nueva forma de consumo, más rápida, más visual, más orientada al gran público. En ese contexto, La Menorquina supo adaptarse sin perder del todo su identidad: amplió su catálogo, mejoró sus sistemas de producción y empezó a competir en un mercado más amplio, participando en ferias y eventos orientados al turismo en Barcelona y Madrid. “Los años 90 marcaron un punto de inflexión. La empresa consolidó su presencia más allá de la isla y comenzó a formar parte del paisaje cotidiano de miles de hogares españoles. En este contexto aparece Punky y los años le han dado la razón: ha sido un gran acierto. Ahí es cuando los helados de La Menorquina dejan de ser un producto local para convertirse en una referencia reconocible, especialmente entre el público infantil”, reflexiona Sintes.

Los años 90 marcaron un punto de inflexión. La empresa consolidó su presencia más allá de la isla y comenzó a formar parte del paisaje cotidiano de miles de hogares españoles. En este contexto aparece 'Punky' y los años le han dado la razón: ha sido un gran acierto

M. Sintes Extrabajador de La Menorquina

En 1999, la firma canaria de helados Kalise se fusionó con La Menorquina, dando lugar al Grupo Kalise-La Menorquina, un binomio de firmas insulares que logrará ser una de las principales referencias en materia de helados y postres, algunos de los cuales son ya un clásico de varias generaciones -como el Pirulo y el Corneto- y todavía hoy endulzan las tardes de agosto. Sin embargo, la competencia es dura y el mundo empresarial no perdona. A pesar de su popularidad, en 2017 el grupo financiero Black Toro Capital (BTC) -un fondo de inversión de capitales de riesgo investigado en 2023 por la Comisión Nacional del Mercado de Valores por presunto uso de información privilegiada en la compra de la empresa Artificial Structures- adquiría por 40 millones el holding Kalise-Menorquina con el fin de “reorganizarlo y hacerlo crecer”.

El paso de la compañía por fondos como Black Toro refleja cómo el sector alimentario ha dejado de ser solo industrial o familiar para convertirse también en un terreno financiero, donde las decisiones ya no responden sólo al producto, sino a la rentabilidad y la escala. ¿Tendrá que ver con esto el fin de Punky? Silencio de radio en las instalaciones de la empresa. De momento sólo caben suposiciones. 

El paso de La Menorquina por fondos como Black Toro refleja cómo el sector alimentario ha dejado de ser solo industrial o familiar para convertirse también en un terreno financiero, donde las decisiones ya no responden sólo al producto, sino a la rentabilidad y la escala

Paneles publicitarios de los helados de La Menorquina en los años noventa

Que se hagan agua los helados

Es común que cada verano los turistas que visitan la isla pidan helados de La Menorquina y, paradójicamente, es cada vez más difícil encontrarlos. Como una expresión reducida pero elocuente del proceso de financiarización del sector alimentación, la competencia y la globalización mercantil del helado ha convertido el kilómetro cero de los helados de La Menorquina en un surtido bazar de productos extranjeros.

“Es difícil competir con el poderío de multinacionales como Unilever o Nestlé, que tienen una capacidad logística, de inversión y económica mucho más grande que las empresas locales. Sin embargo los productores locales hacemos las cosas con cariño, de forma artesanal y eso los clientes lo valoran”, explica Sofía, responsable de una céntrica heladería tradicional en Maó.

Es difícil competir con el poderío de multinacionales como Unilever o Nestlé, que tienen una capacidad logística, de inversión y económica mucho más grande que las empresas locales. Sin embargo los productores locales hacemos las cosas con cariño, de forma artesanal, y eso los clientes lo valoran

Entre el adiós a Punky y la presión de grandes grupos económicos sobre los productos tradicionales hay algo más que un cambio de época: hay una victoria de la lógica de mercado. En ese pulso silencioso, productos concretos que nos han acompañado durante décadas quedan atrapados o se caen del mapa. No porque hayan dejado de gustar, sino porque encajan peor en un modelo cada vez más orientado a la rotación rápida, la rentabilidad y la escala vertiginosa del consumo masivo.

Etiquetas
stats