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La Cova des Càrritx, espacio de muerte y magia: “Sus siete salas internas son una cápsula del tiempo hasta nuestros días”

La Cova des Càrritx debe su alto grado de conservación a un desprendimiento natural que bloqueó la entrada.

Santiago Torrado

Menorca —
31 de marzo de 2026 22:05 h

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Han pasado treinta años desde que, una tarde de otoño de 1995, un grupo de espeleólogos que paseaban por el Barranc d’Algendar, en la costa norte de Menorca, descubrieron por casualidad el tesoro arqueológico más importante de la cultura talayótica de la isla: la Cova des Càrritx. El hallazgo fue accidental, pero sus consecuencias abrieron a los estudiosos del período de la Edad del Bronce de toda Balears —y más allá—, una fuente inagotable de interpretaciones sobre la vida espiritual y simbólica de los habitantes de Menorca de hace 3.000 años. “Las particularidades del hallazgo de la Cova des Càrritx son fundamentalmente dos: por un lado, que se trata de una cueva que permaneció cerrada todo este tiempo, es decir, que no fue vandalizada ni reutilizada posteriormente, y, por otro, que el hermetismo y las condiciones microclimáticas de la gruta han permitido una excepcional conservación del material almacenado en su interior”, señala a elDiario.es el equipo arqueológico del Consejo de la Menorca Talayótica, organismo que ha motorizado en 2023 la denominación de Patrimonio de la Humanidad para el conjunto de yacimientos de este período que se encuentran repartidos por toda la isla.

La cueva se encuentra excavada en la piedra sobre un risco que bordea la costa norte de Ciutadella. Algunos arqueólogos consideran que se trata de una ubicación inaccesible precisamente por la naturaleza sagrada del lugar: una cueva con múltiples salas cuya construcción ciclópea constituía en sí misma un desafío simbólico y material. Llegar a la Cova era probablemente parte de un ritual de paso al que solo los iniciados podían acceder. “Fue utilizada como espacio ritual y funerario durante gran parte de la Edad del Bronce. Tiene la particularidad de haber permanecido excepcionalmente bien conservada debido a un desprendimiento de roca sucedido hacia el 800 d.C que bloqueó la entrada, por lo que sus siete salas internas han sido una cápsula del tiempo hasta nuestros días”, explica uno de los integrantes del Grupo de Investigación de Arqueo-ecología Social Mediterránea de la Universidad Autónoma de Barcelona que investiga el lugar.

Pero el hallazgo casual de la Cova fue algo revolucionario no solo por el grado de conservación, sino por la gran cantidad de objetos rituales que se encontraron en su interior y especialmente por las hebras de pelo humano encontradas dentro de un cuerno, que permitieron hacer una radiografía detallada de los usos y costumbres del período. “En la sala número 5 se encontró un enigmático depósito formado por varios envases de madera y de cuerno repletos de mechones de cabello. Procedían de algunos de los cadáveres enterrados en la sala 1. Habían sido teñidos de rojo y peinados antes de ser cortados”, señala el investigador de la UAB, quien, tras realizar un análisis químico, confirmó el uso de sustancias alucinógenas en los restos. “El análisis químico mediante Cromatografía Líquida de Ultra Alto Rendimiento acoplada a Espectrometría de Masas de Alta Resolución ha detectado la presencia de efedrina, atropina y escopolamina. La efedrina es un estimulante natural, mientras que atropina y escopolamina tienen efectos alucinógenos”, concluye. Se trata de la primera evidencia directa de estas prácticas en Europa, basada en el análisis químico de cabellos humanos.

El hallazgo de la Cova des Càrritx es uno de los más importantes de Europa: por primera vez se obtienen pruebas de las prácticas rituales de la Edad del Bronce.

“Creo que, más allá del uso de sustancias, el hallazgo nos habla del papel central que tuvo la muerte dentro de estas comunidades. La complejidad de los rituales funerarios no solo refleja una preocupación por el más allá, sino también por la construcción de la memoria y la identidad colectiva”, añade Octavio Torres, doctor en Arqueología por la Universidad de Alicante, cuya investigación se concentra en la cotidianidad de las sociedades protohistóricas baleares especialmente en el yacimiento de Torre de'n Galmés. “Además, es un aspecto que nos permite conectar con el presente de una manera muy didáctica: la forma en que tratamos a nuestros muertos sigue siendo hoy una de las expresiones más interesantes de lo que somos como sociedad”, reflexiona. 

La forma en que tratamos a nuestros muertos sigue siendo hoy una de las expresiones más interesantes de lo que somos como sociedad

Octavio Torres Doctor en Arqueología

El folklore talayótico

La declaración de Patrimonio Mundial de la Humanidad del conjunto de yacimientos talayóticos plantea para Menorca un doble desafío: por un lado, la importancia de profundizar y mantener las investigaciones abiertas —en ese sentido, la Cova des Càrritx, entre otros poblados, no son visitables— y, por otro, compartir con los dos millones de turistas que pisan la isla cada temporada de verano el valor histórico que se encuentra diseminado por el territorio e intentar que este no se vea afectado. En este doble reto anida también un vicio de época: la simplificación de la historia. En la era del short y el tiktok, se hace cada vez más difícil comprender la complejidad de un proceso histórico que abarca 3.000 años y sobre el que, además, no existe un consenso omnímodo, sino interpretaciones divergentes —aunque no del todo contrapuestas—. La realidad es compleja. La historia aún más. 

Cueva del poblado de Torralba en el centro de la isla, uno de los yacimientos más grandes y mejor conservados de Menorca.
Cuevas clausuradas en Cala en Porter. A principios de siglo, el Consell Insular cerró muchas de las cuevas funerarias para evitar su deterioro.

Una de las líneas de investigación que Octavio Torres incorpora para abordar el período es el rol de las mujeres. Una mirada “feminista” sobre el estudio de las comunidades talayóticas sirve de puente para pensar con perspectiva novedosa los sistemas sociales de la época. “Lo que sabemos es que los espacios domésticos son clave para entender la participación en lo ritual, en el mundo simbólico. Tradicionalmente se ha tendido a asociar lo ritual con lo excepcional y lo público, pero cada vez tenemos más indicios de que muchas prácticas ceremoniales se desarrollaban en el ámbito cotidiano. Esto abre preguntas muy interesantes sobre quién participaba en ellas o no”, señala el arqueólogo, quien añade que, aunque no siempre se identifican diferencias de género o estatus, las actividades de cuidados pudieron tener dimensiones simbólicas en el imaginario talayótico. “En este sentido, es fundamental no excluir a las mujeres. Más que asignar roles cerrados, lo que tal vez debemos es ampliar la mirada y reconocer que lo simbólico atravesaba múltiples esferas de la vida y la muerte y, por tanto, a distintos sujetos dentro de la comunidad”, finaliza. 

Es fundamental no excluir a las mujeres. Más que asignar roles cerrados, lo que tal vez debemos es ampliar la mirada y reconocer que lo simbólico atravesaba múltiples esferas de la vida y la muerte y, por tanto, a distintos sujetos dentro de la comunidad

Octavio Torres Doctor en Arqueología

Las ruinas circulares

Menorca es de todas las Balears la isla con mayor número de yacimientos talayóticos por metro cuadrado. Un patrimonio cuyo estudio e investigación ha suscitado el interés de arqueólogos y antropólogos de todo el mundo que, sin embargo, no terminan de definir cuál era el sistema de creencias de aquellos pobladores. “La construcción metódica de los recintos en los cuales las llamadas 'taulas' ocupan un rol central, sumado a la evidencia de rituales de comensalidad y la presencia de estatuillas y otros elementos simbólicos, permiten plantear la existencia de un sistema de creencias. Investigaciones recientes como las de So na Caçana o los trabajos en esta línea como los de Simón Gornés Hachero apuntan, además, a referentes simbólicos como el toro o el sol dentro de este universo religioso; sin embargo, es difícil pensarlo como una religión en el sentido moderno”, señala Torres. 

Investigaciones recientes apuntan a referentes simbólicos como el toro o el sol dentro de este universo religioso; sin embargo, es difícil pensarlo como una religión en el sentido moderno

Octavio Torres Doctor en Arqueología
Los recintos de Taula están presentes en casi todos los yacimientos talayóticos y se considera que tenían un uso ritual y simbólico importante.

Es posible que, más allá de la falta de síntesis científica sobre la espiritualidad talayótica, el hallazgo de la Cova des Càrritx habilite una interpretación que no tiene una lectura lineal ni unívoca. La muerte como misterio y la magia como ritual de paso son, por sí mismos, un elemento presente en todas las sociedades que, en el caso de Menorca, tienen la materialidad de las piedras. Las taulas milenarias parecen deslizar la idea de que la dimensión cósmica de los antiguos pobladores integraba la muerte, las ceremonias, la magia ritual como un todo sistemático y sostenido en el tiempo. “Es importante subrayar el profundo conocimiento que ciertas personas tenían de su entorno natural. No se trata solo de consumo de sustancias, sino de un saber especializado y de su aplicación en contextos simbólicos. Estas sustancias pudieron desempeñar un papel significativo en el acceso a determinadas experiencias rituales, quizá vinculadas a espacios o prácticas reservadas, con implicaciones también sociales y políticas dentro de la comunidad”, señala Torres. 

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