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El naufragio del buque 'Général Chanzy' que sorprende todavía a los expertos: “El hundimiento fue veloz y mortífero”

El buque se hundió frente a la costa norte de Menorca, lo cual motivó la construcción de un nuevo faro para evitar nuevas tragedias.

Santiago Torrado

Menorca —
4 de mayo de 2026 22:57 h

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Jean Bruno Cayol era un capitán experimentado y de amplia trayectoria en la Compagnie Française Transatlantique cuando aceptó convertirse en patrón del General Chanzy en el invierno de 1910. Era un buque de correo y pasaje a vapor –moderno para su época–, construido en el legendario astillero de Saint Nazaire apenas unos años antes. Nadie, y mucho menos aquel capitán que había navegado por todo el mundo contra viento y marea, podía imaginar que se iría a pique aquella madrugada del 10 de febrero, hace 116 años, frente a la costa de poniente de Menorca. Aquella tragedia en la que murieron 157 personas incluyendo al capitán y toda su tripulación es considerada uno de los peores accidentes marítimos de la era moderna en España y todavía hoy sigue sin estar del todo claro qué fue lo que causó aquel naufragio. “Es cierto que las crónicas de la época dan cuenta de que había mala mar en la madrugada del 9 de febrero, pero el siniestro sigue sorprendiendo hasta hoy, no sólo porque Cayol era un marino avezado que había hecho ese mismo trayecto cientos de veces, sino porque el hundimiento fue tan veloz como mortífero”, explica el autor del libro El naufragio del Chazny, Miquel Ángel Mir. 

Con las primeras luces del alba del jueves 10 de febrero, la noticia ya era portada en los principales medios locales e internacionales. “Conmoción en París, Argel y Marsella, naufragó el Général Chanzy”, titulaba L'Humanité dando a conocer la tragedia. El semanario La Voz de Menorca abrió su edición insular llamando a los vecinos a sumarse a la desesperada labor de búsqueda y rescate de posibles sobrevivientes. Según narraba el matutino, “las inmediaciones de Ciutadella son en un efervescente trajín de soldados, rescatistas, pescadores de la zona y curiosos que inundan la costa norte a la altura de Punta Nati”. Tras horas de búsqueda se pudieron recuperar 24 cuerpos y se obró un milagro que nadie esperaba: de entre los 158 tripulantes que salieron de Marsella quedaba uno vivo. Su nombre era Marcel Boudez.

Pescadores, vecinos, y voluntarios de Ciutadella y Ferreries lograron rescatar 24 cuerpos tras horas de búsqueda a la mañana siguiente

En estado catatónico y probablemente sin ser del todo consciente de su suerte, Boudez, de 26 años, empleado de aduanas y ahora epicentro de la atención de la prensa de toda Europa, atinó a dar declaraciones una vez se hubo repuesto del naufragio. “Abandonamos Marsella hacia el mediodía. Todo iba bien, incluso la alegría reinaba a bordo. Hacia las siete de la tarde, a medida que entrábamos en el Golfo de León, el mar comenzó a encresparse. Varios pasajeros se mostraron inquietos, pero el capitán Cayol se esforzó en tranquilizarlos. Incluso bajó del puente de mando para contar que había hecho ese mismo trayecto durante años. Realmente confiamos en que al amanecer siguiente estaríamos viendo las montañas blancas de Argel”, explicó en un reportaje publicado poco después del accidente en Le Matin. Según el joven marsellés, la tripulación del Chazny cenó tranquilamente aquella noche a pesar del cada vez más violento oleaje. 

En la más absoluta oscuridad, el buque se aventuró a pasar entre Menorca y Mallorca confiando sólo en la experiencia de su capitán, en medio de una tormenta y sin mayor iluminación que los escasos focos del barco. “Hacia las once de la noche regresé a mi camarote, que ocupaba con otro viajero. Por mi parte, experimentaba una cierta inquietud, pues el mar empeoraba momento a momento. Mi compañero de camarote intentó tranquilizarme y finalmente me dormí”, explicó Boudez, y señaló que, de repente, se despertó “sobresaltado”. Podían ser las cuatro de la mañana aproximadamente. “Para decir la verdad ni oí nada ni lo sentí; pero un terrible presentimiento me advirtió que un peligro me amenazaba. Estamos en peligro, pensé. ¿Por qué? Lo ignoro…”. Baudez lograría escapar del hundimiento del Chazny a bordo de una de las embarcaciones de emergencia que se botaron tras el inicio del hundimiento, junto a otro tripulante que, sin embargo, poco antes de llegar a las rocas de la costa norte de Menorca, desapareció con un violento golpe de mar. Boudez llegó nadando a la costa al borde del colapso donde fue encontrado horas después por los rescatistas.

En la más absoluta oscuridad, el buque se aventuró a pasar entre Menorca y Mallorca confiando sólo en la experiencia de su capitán, en medio de una tormenta y sin mayor iluminación que los escasos focos del barco

Causas y azares

Han pasado 116 años de aquel naufragio y todavía hoy, a unos 12 metros bajo el nivel del mar, el casco del Chazny permanece hundido en un mar de dudas. ¿Cómo es posible que un marino competente y experimentado como Cayol perdiera el control del buque en una ruta de sobra conocida? ¿Fue soberbia, incompetencia o descuido? ¿El mal tiempo de aquella madrugada explica por sí mismo el hundimiento veloz y fatal de la embarcación? ¿Cómo mueren 156 personas en un instante? En suma, ¿por qué se hundió el Général Chanzy?

Jaume Picó Vives, marinero menorquín y autor del libro 75 años de naufragios y accidentes marítimos en Menorca, plantea algunas claves para entender estos sucesos: “La costa norte de Menorca es, en claro contraste con las zonas del sur y de levante, abrupta y acantilada. A esto se suma que todo el tramo litoral comprendido entre Algaiarens y Punta Nati —donde naufragó el Chanzy— apenas dispuso durante décadas de una única referencia marítima, el faro de Cavalleria, en funcionamiento desde 1857. De hecho, este litoral, duro y constantemente expuesto a los temporales, se ha convertido a lo largo de la historia de la isla en escenario frecuente de numerosos naufragios”.

Este litoral, duro y constantemente expuesto a los temporales, se ha convertido a lo largo de la historia de la isla en escenario frecuente de numerosos naufragios

Jaume Picó Vives Marineo
El faro de Punta Nati en la actualidad construido tras el naufragio garantiza un aviso intermitente a 26 millas náuticas desde 1913

Según Picó, aquella tragedia evidenció de forma incontestable la necesidad de reforzar la señalización marítima en la isla. Las autoridades respondieron a esa urgencia iniciando el 5 de julio de 1912 las obras del actual Faro de Punta Nati, que sería inaugurado en septiembre de 1913. Una imponente mole de piedra situada a 43 metros sobre el nivel del mar y con un alcance de 26 millas náuticas que nació como respuesta directa al desastre. “Esa luz, que en las noches de temporal advierte del peligro de los acantilados del norte, es también un recuerdo permanente de las víctimas del Général Chanzy y, al mismo tiempo, la garantía de que tragedias como esa no deberían volver a repetirse en esas costas”, concluye el marino.

En Francia, el accidente también causó una profunda conmoción, probablemente debido al elevado número de víctimas; prueba de ello fue la construcción de un monumento conmemorativo en su memoria en Ris-Orangis, diseñado por el arquitecto Georges Wybo y ubicado en el parque de la Casa de Retiro de los Artistas Líricos al sur de París. El cenotafio fue inaugurado el 14 de mayo de 1911 por Armand Fallières, presidente de la República en una ceremonia de la que participó una parte importante del gobierno y el único sobreviviente, Boudez, quien con el correr de los años fue cayendo en el olvido. Menorca también rindió homenaje a los fallecidos y especialmente a aquellos cuyos cuerpos pudieron ser recuperados del mar, que fueron trasladados a tierra y todavía hoy descansan bajo una gran estatua de un ángel alado y una losa de marés grabada con la silueta del barco. 

El monumento a las víctimas en el cementerio viejo de Ciutadella todavía recuerda a los 156 muertos que fueron enterrados allí

Jean-Jacques Jordi, historiador especialista en la Marsella de los siglos XVIII al XX y profundo estudioso de la tragedia del Chanzy, destaca el impacto popular que generó el naufragio en la sociedad de la época. “Hubo una asistencia de cerca de 12.000 personas a los funerales celebrados en la catedral de Marsella y oficiados por su obispo. También asistieron numerosas figuras relevantes de la vida política y social, lo que evidencia que la población hizo propia aquella tragedia, una implicación que también se reflejó en Argel, donde unas 6.000 personas acudieron a los funerales oficiados por el arzobispo de la ciudad, quien pronunció una extensa homilía de dos horas”, cuenta el historiador. 

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