Por qué es importante preparar el cuerpo para los desafíos físicos y emocionales del tratamiento oncológico
Se prevé que para este año 2026, el número de cánceres diagnosticados en España alcance más de 301.100 casos, lo que supone un incremento del 2% respecto al año 2025, según estimaciones realizadas por la Red Española de Registros de Cáncer (REDECAN), y tal como recoge el informe Las cifras del cáncer en España 2026, según el cual la incidencia en 2050 podría superar los 350.000 casos.
Un diagnóstico de cáncer suele ir ligado a un sinfín de citas médicas, preocupación y una sensación abrumadora cuando la cita al quirófano es inevitable, además de cierta pérdida de control por parte del paciente. La cirugía oncológica representa un hito importante en el tratamiento. Si bien la intervención en sí es fundamental para el diagnóstico, la terapia y el alivio de los síntomas, la fase preoperatoria también es crucial. Una preparación adecuada a nivel físico, e incluso emocional, influye de manera considerable en el buen desarrollo de la cirugía y en la rapidez de la recuperación posterior.
¿Se puede influir, en las semanas previas a la cirugía, en las probabilidades de éxito? La prehabilitación oncológica es un enfoque revolucionario que está transformando la forma en la que se prepara a estos pacientes para la cirugía oncológica. Como lo es el programa de prehabilitación oncológica que impulsa el Hospital Universitario Rey Juan Carlos, en colaboración con la Universidad Alfonso X (UAX) y los centros deportivos Forus, destinado a pacientes oncológicos que deben someterse a una cirugía y cuya finalidad es conseguir mayores garantías de éxito.
Cambiar la espera pasiva por una preparación activa
¿En qué consiste este enfoque? La prehabilitación prepara a los pacientes para el tratamiento oncológico, tanto física como mentalmente, y tiene como objetivo estar presente durante todo el proceso terapéutico, no solo después. “La prehabilitación oncológica nos permite intervenir antes del tratamiento, optimizando el estado clínico, funcional y nutricional del paciente. No se trata solo de prepararlo para una cirugía, sino de mejorar su capacidad para afrontar todo el proceso oncológico”, afirma la Doctora Carolina Blas Carracedo, especialista en Medicina Interna del hospital mostoleño.
Como parte de la prehabilitación oncológica se realiza una valoración morfofuncional de cada paciente y permite clasificar a los pacientes según su grado de fragilidad y, por tanto, abre la puerta a diseñar un plan individualizado. Implica, por tanto, evaluaciones físicas para identificar el nivel funcional del paciente y posibles comorbilidades. Esto permite implementar intervenciones adecuadas para optimizar la salud física del paciente antes de iniciar los tratamientos agudos.
Además, en todo este proceso, también se brinda a los pacientes la oportunidad de involucrarse en su propio cuidado, más allá de la toma de decisiones sobre tratamientos futuros. Porque la prehabilitación oncológica abre la puerta a participar activamente en su proceso de rehabilitación, lo que mejora de manera simultánea los resultados de salud física y psicológica.
Ejercicio físico y nutrición antes del tratamiento oncológico
Estas intervenciones incluyen ejercicio físico, apoyo nutricional y asesoramiento psicológico, abarcando así un enfoque multimodal. Dentro de todo este proceso de prehabilitación, el ejercicio físico forma parte de una de las piezas clave. Mover el cuerpo correctamente puede fortalecerlo y mejorar su salud. También ayuda a combatir la fatiga y la pérdida de masa muscular durante el tratamiento. Sus beneficios son numerosos en un escenario oncológico: mejora la tolerancia al tratamiento como quimioterapia o radioterapia, optimiza el estado previo a la cirugía, mejora la recuperación posterior y disminuye posibles complicaciones quirúrgicas.
También una buena alimentación es una parte más de las fundamentales de la prehabilitación. No solo se basa en comer de forma saludable, sino que se trata de optimizar el estado metabólico del cuerpo para la curación. La sinergia con el ejercicio es clave ya que una nutrición adecuada permite que el cuerpo responda mejor al entrenamiento físico de la prehabilitación, ayudando a construir o mantener el músculo.
Como afirma el Doctor Miguel Aganzo Yeves, nutricionista y doctor en Biociencias Moleculares, del hospital mostoleño, “en el paciente oncológico, la nutrición y el ejercicio no deben entenderse por separado; la intervención conjunta permite frenar la pérdida de masa muscular, mejorar la capacidad funcional y optimizar la respuesta tanto a la cirugía como a los tratamientos oncológicos”.
Se ha observado que, después de 15-30 días de prehabilitación, los pacientes presentan mejoría en parámetros funcionales, como la fuerza medida por dinamometría y las pruebas de valoración funcional.