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Comprender la columna vertebral envejecida: signos, síntomas y tratamiento

Una mujer mayor sufre dolor de espalda

Mercè Palau

La columna vertebral es la que nos permite estar erguidos, sentados o de pie, desempeña funciones cruciales. Pero, con el paso de los años, es inevitable que el cuerpo cambie, y esta zona en particular es propensa a sufrir problemas relacionados con la edad: experimenta cambios que pueden provocar molestias, movilidad reducida y dolor crónico.

Para muchas personas, son problemas que se convierten en un desafío diario ya que repercuten directamente en su calidad de vida. Entender qué ocurre y cuáles son los signos y los síntomas del envejecimiento de la columna vertebral es clave para mejorar de manera significativa su tratamiento. 

Por qué se deteriora la columna vertebral 

El término columna envejecida describe la degeneración natural de las estructuras de vértebras, discos, articulaciones, músculos y ligamentos circundantes. “Todos estos elementos se van desgastando de forma progresiva: los discos pierden hidratación y altura, las articulaciones se deterioran y el hueso se vuelve más frágil, especialmente en el contexto de osteoporosis”, explica  el Doctor Luis Álvarez Galovich, jefe asociado del Servicio de Traumatología y Cirugía Ortopédica del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz y director de la Unidad de Columna del centro, que acaba de ser acreditada como Centro de Excelencia Europeo de Surgical Spine Centre of Excellence (SSCoE) —sociedad europea de la columna vertebral que estimula el intercambio de conocimientos y avances en el campo de la investigación, prevención y tratamiento de enfermedades—.

El problema está, según admite el Doctor, en la propia estructura de la columna, que “soporta carga constante y esto hace que los cambios en los hábitos, con una vida más sedentaria, hagan que las estructuras musculares que la soportan estén menos preparadas y los cambios degenerativos puedan dar más síntomas”. 

Molestias de espalda

¿Qué le pasa a la espalda con la edad?

“Los problemas más comunes son las patologías degenerativas”, afirma el especialista de la Fundación Jiménez Díaz, único centro en España en contar con esta certificación. Con la edad, es común que aparezcan hernias discales en fases más evolucionadas ya que los discos, que actúan como una especie de amortiguador para la espalda, empiezan a resecarse y, si se ejerce mucha presión sobre la espalda, el disco puede romperse. En estos casos, suele causar compresión, irritación y dolor intenso. 

También es común la artrosis facetaria, una afección degenerativa que se desarrolla con el tiempo y cuyo dolor puede ser causado por el desgaste del cartílago entre las articulaciones facetarias de la columna. Es frecuente también la estenosis de canal lumbar, “un estrechamiento del canal por donde pasan los nervios”, indica el Doctor Álvarez Galovich.

Otras deformidades progresivas que se contemplan son la escoliosis del adulto y problemas como la “fractura vertebral osteoporótica, que muchas veces pasa desapercibida pero tiene un gran impacto, con dolor y disminución de la calidad de vida”, afirma el facultativo.

Síntomas que limitan el día a día 

El denominador común de estas afecciones es el dolor, que puede ser “lumbar o cervical más o menos continuo, pero también irradiado a piernas o brazos cuando hay afectación nerviosa”, advierte el Doctor Álvarez Galovich. A todo esto se le suma otro problema importante: la limitación funcional para realizar actividades cotidianas como caminar o para realizar acciones básicas. 

“En muchos casos no solo es dolor sino incapacidad para llevar una vida normal”, afirma el médico, porque impacta de lleno en su independencia. Cuando esto ocurre, suele traducirse en menor movimiento, lo que lleva a entrar en un círculo vicioso: “menos movilidad, más fragilidad, peor estado general e, incluso, impacto emocional”. 

Dolor de espalda en una mujer mayor

Frente a un paciente mayor con dolencias de columna lo más común es tener que tratar a una persona con más patologías. Esto es lo que explicaría que el “abordaje tenga que ser individualizado y multidisciplinar para valorar su estado general, su actividad, expectativas y el riesgo-beneficio de cada tratamiento”, matiza el Doctor Álvarez Galovich.

Las primeras actuaciones son conservadoras: fisioterapia, ejercicio adaptado, medicación para controlar el dolor y técnicas intervencionistas como las infiltraciones o la rizólisis —desconexión de los nervios que transmite el dolor de las articulaciones facetarias—. Para el especialista de la Fundación Jiménez Díaz, se trata de “procedimientos poco invasivos que pueden ofrecer un alivio significativo en pacientes seleccionados”.

Cirugía de columna en mayores

Suele pensarse que, a partir de cierta edad, los problemas de espalda no se pueden tratar con cirugía. Sin embargo, cuando el dolor es incapacitante y no responde a tratamientos conservadores o hay un compromiso neurológico claro, o en casos de deformidad progresiva o fracturas que no evolucionan bien, es posible la cirugía. ¿Cómo se abordan este tipo de intervenciones? 

Debe tenerse en cuenta que, en el paciente mayor, cualquier tipo de complicación puede tener peores consecuencias, de ahí que sea prioritario no “solo resolver el problema de la columna sino hacerlo con el menor coste biológico posible: el ‘cómo’ tratamos es tan importante como el ‘qué’ tratamos”, afirma el Doctor Álvarez Galovich.

Tanto la técnica como la extensión deben basarse en criterios individuales y en función de los factores clínicos. “No se trata de operar más sino de hacerlo mejor y a quien realmente lo necesita”, incide el especialista. Y, debido a que en estos pacientes es fundamental minimizar el impacto quirúrgico, la cirugía mínimamente invasiva permite ir hacia esta dirección. 

Este tipo de técnicas son especialmente útiles en el caso de “descompresión del canal lumbar, en las que a través de pequeñas incisiones se libera la presión sobre los nervios sin necesidad de grandes abordajes”, reconoce el facultativo. También el “uso de tornillos cementados en pacientes con osteoporosis permiten una fijación más segura del implante”, afirma el director de la Unidad de Columna del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz.

Una de las mayores ventajas de estos tratamientos es la reducción del tiempo de recuperación, por tanto, menos tiempo de hospitalización y una reanudación más rápida a las rutinas diarias. “En pacientes mayores, cada día encamado cuenta: si se movilizan antes, menor es el riesgo de complicaciones como infecciones, trombosis o deterioro general”, concluye el Doctor Álvarez Galovich. 

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