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Alergias cutáneas en primavera, ¿cómo podemos proteger nuestra piel?

Una mujer se rasca el brazo al sufrir alergia.

Mercè Palau

Con el buen tiempo y los primeros días de la primavera llega algo más que jornadas soleadas y temperaturas más cálidas. Esta época también anuncia la temporada de alergias. Si bien los estornudos, el lagrimeo y la congestión son síntomas de alergia bien conocidos, las alergias estacionales también pueden afectar a la piel, que puede volverse vulnerable a los efectos de las orugas de los pinos y otras amenazas externas. 

¿Cómo afecta esta época a la piel? Conocer los síntomas más comunes de cada una de ellas puede ayudar a tomar las medidas adecuadas para aliviarlos.

Procesionaria del pino: reacciones cutáneas llamativas

A diferencia de la gran mayoría de las orugas, la Thaumetopoea pityocampa es una especia particular. A primera vista, la oruga procesionaria parece un insecto inofensivo. Sin embargo, los aproximadamente 500.000 pelos urticantes que llevan en el dorso secretan una sustancia histamino-liberadora que actúa como tóxico al contacto con la piel y las convierte en un riesgo ya que se desprenden con facilidad.

Esta larva anida en los árboles durante la primavera y el verano, en forma de una “especie de bolas blancas como de algodón que se enganchan en las ramas”, lo que hace que sean fáciles de detectar, explica la Doctora Mar Fernández-Nieto, especialista del Servicio de Alergología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz

Mar Fernández-Nieto, especialista del Servicio de Alergología del Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz. 

Las orugas procesionarias reciben su nombre por su particular comportamiento de moverse en largas filas, lo que es notorio cuando abandonan sus nidos para alimentarse y, por tanto, son fáciles de reconocer.

“El contacto directo y por vía aérea a través de corrientes de viento con estos pelos puede desencadenar reacciones cutáneas locales más o menos llamativas, y también pueden provocar problemas oculares y bronquiales”, admite la Doctora Fernández-Nieto. La erupción, que suele aparecer en la parte interna de los brazos, la cara o las piernas, suele provocar un “intenso picor cutáneo y aparición de habones y lesiones compatibles con picaduras”, confirma la especialista.

Habones propios de la alergia cutánea.

Si se trata de una reacción por mecanismo irritativo, lo primero y más importante que debe hacerse es eliminar los posibles pelos enganchados “echando agua fría en la zona afectada y así calmar la piel agredida”, recomienda la Doctora Fernández-Nieto. Al secretar histamina, en algunos casos un antihistamínico aliviará los síntomas. 

Pero si la afectación va más allá y aparece una verdadera alergia, los síntomas suelen ser más graves: inflamación de la cara, urticaria generalizada, dificultad para respirar y, en algunos casos, reacciones anafilácticas que necesitan una actuación urgente.

Como en todo, la prevención es fundamental para evitar este tipo de manifestaciones cutáneas. Si bien lo más adecuado es exterminar los nidos para evitar la procesionaria, cuando esto no es posible deben tomarse algunas medidas. La Doctora Fernández-Nieto aconseja “evitar sentarse o permanecer en zonas de pinares durante estas fechas, evitar también la exposición de nuestras mascotas y, en caso de duda, consultar con el médico de cabecera”.

Urticaria crónica, de origen desconocido

Más allá de la alergia, la subida de las temperaturas también puede desencadenar reacciones cutáneas como la urticaria o, lo que es lo mismo, la aparición de lesiones cutáneas, con relieve y enrojecidas, que causan mucho picor, similar al que produce una picadura. Estos habones, que pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo, suelen desaparecer a las 24 horas sin dejar marca, aunque es de curso crónico, es decir, que tiene brotes de seis o más semanas de duración. Si bien altera la calidad de vida de la persona, se trata de un tipo de urticaria de origen desconocido que es “benigna, no infecciosa y no contagiosa”, afirma la Doctora Fernández-Nieto.

Según datos de la Sociedad Española de Alergología e Inmunología Clínica (SEAIC), la urticaria crónica afecta aproximadamente al 0,6% de la población española, aunque su incidencia y prevalencia podría ser mayor. Y afecta tanto a hombres como mujeres de cualquier edad, aunque la mayoría son mujeres de entre 30 y 50 años.

“Hasta un 50% de los casos se pueden asociar a angioedema, una manifestación de la urticaria en las mucosas y zonas blandas: lengua, labios o párpados, entre otras”, afirma la Doctora Fernández-Nieto. ¿Hay alguna relación con otro tipo de alergias? No se ha establecido relación alguna ni con una alergia ambienta, ni alimentario o de otro tipo. Sí se ha demostrado que “algunos pacientes que la sufren ven cómo se puede precipitar un brote tras la toma de antiinflamatorios no esteroideos”, advierte la Doctora Fernández-Nieto.

Para detectar este tipo de urticaria es clave realizar unos test de calidad de vida ya que, pese a ser benigna, impacta de lleno en el día a día de la persona. También es fundamental efectuar un diagnóstico que descarte otras enfermedades que también puedan cursar con estos brotes, como los trastornos tiroideos.

Test de alergia.

En cuanto al tratamiento, lo más habitual es administrar antihistamínicos de segunda generación en dosis altas durante periodos largos y, en el caso de que no lograse remitir los síntomas, se pueden plantear otro tipo de terapias. 

En todos los casos, y siempre que surjan dudas de por qué pica la piel, “es importante contactar con la consulta de Alergología, que realizará un estudio completo y un tratamiento correcto”, concluye la Doctora Fernández-Nieto.

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