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Bien resuelto

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Imaginen a los ucranianos abandonando a la carrera su país. Imaginen la frontera cerrada. Imaginen que los reciben con gases lacrimógenos, pelotas de goma, palos y piedras, como recibieron en Polonia y Hungría a sirios y afganos. Imaginen que para salvar su vida, los que huyen también llevan palos. Imaginen que caen, hay una avalancha, quedan atrapados, aplastados, unos encima de otros, sin poder respirar, hasta que mueren asfixiados. Recuerden la avalancha del Madrid Arena, recuerden la agónica muerte de George Floyd. Imaginen 37 personas muriendo así. El mundo miraría horrorizado, Europa consternada.

Cambien ahora el color de piel y el origen de los muertos. Ahora no son blancos ucranianos, son africanos negros. Cambien la frontera a Melilla. Lo demás no cambia: huyen de la guerra, del hambre, de la pobreza, de la violencia. Pero cambia la mirada. La tragedia se convierte en invasión, las víctimas en atacantes, los muertos en nada. Pedro Sánchez comparece para felicitar a las fuerzas de seguridad marroquíes y españolas por un “trabajo extraordinario” y “bien resuelto”. No tiene palabras de pésame para los fallecidos ni sus familias en su primera intervención. Ni se le pasa por la cabeza que sean personas. 

Son “asaltantes violentos” que “ponen en peligro nuestra integridad territorial”. 2000 subsaharianos ponen en peligro nuestra integridad territorial, pero podemos acoger 120.000 ucranianos como si nada. En la frontera sur también escapan de violencias extremas como la del Congo o de guerras como la de Sudán del Sur. Tienen derecho al asilo, según la legislación internacional, pero Europa ha decidido que no son su problema y lo ha dejado en manos del Mediterráneo o de regímenes autoritarios como Marruecos, Libia y Turquía para que los hagan desaparecer o se ocupen de ellos con sus métodos atroces. Hemos externalizado el problema para que no nos salpique.

Y cuando nos salpica, tenemos que salir a justificar a nuestros socios criminales como ha hecho Pedro Sánchez que ha llamado “bien resuelto” a un operativo que acaba con la vida de treinta y siete personas, según las ONGs. Veintitrés, según Marruecos. Llama “bien resuelto” a lanzarles piedras y golpearles en la valla hasta hacerles caer desde 10 metros, seguir golpeándoles en el suelo y golpearles después de que la Guardia Civil los devuelva “en caliente”. Llama “bien resuelto” al hacinamiento de cientos de personas maniatadas y tiradas al sol mientras los patea la policía, como hemos visto en imágenes sobrecogedoras. Bien resuelto, gracias por limpiarnos la basura. Dos palabras, una infamia. 

Esto explica por qué Pedro Sánchez ha dado la razón a Marruecos respecto al Sáhara con la aprobación de Europa. A cambio de nuestro apoyo incondicional haga lo que haga, el reino alauí se compromete a mantener a los migrantes a raya cueste lo que cueste. Aunque cueste vidas humanas. Es lo mismo que España le pedirá a la OTAN en la Cumbre de Madrid de esta semana, que le ayude a parar la migración sur porque es una amenaza como el terrorismo, en palabras del Ministro de Exteriores. El PSOE mezcla migrantes y terroristas. Abascal sonríe. El PSOE dice que todo es culpa de las mafias como repite Vox, obviando el horror del que huyen quienes emigran, negando su libertad. Abascal sonríe.

El presidente que empezó su primer mandato ofreciendo asilo al barco de Médicos Sin Fronteras que nadie quería, acaba blanqueando la masacre de personas. El partido que se dice socialista y obrero acaba equiparando refugiados y yihadistas. El partido que acusó al PP de “trato inhumano” por las 15 muertes del Tarajal, llama “trabajo extraordinario bien resuelto” a la acción violenta que ha provocado la muerte de 37 personas. Marruecos quiere enterrar a los fallecidos sin autopsia, a prisa y corriendo, para ocultar lo que los activistas han conseguido hacer público. Unidas Podemos ha pedido una investigación, su socio de Gobierno le impide hablar en la rueda de prensa del Consejo de Ministros y se opone a que se investigue. El PSOE pone la pala para echar la tierra encima de los muertos. Es la misma pala con la que han enterrado al Sáhara. 

Imaginen a los ucranianos abandonando a la carrera su país. Imaginen la frontera cerrada. Imaginen que los reciben con gases lacrimógenos, pelotas de goma, palos y piedras, como recibieron en Polonia y Hungría a sirios y afganos. Imaginen que para salvar su vida, los que huyen también llevan palos. Imaginen que caen, hay una avalancha, quedan atrapados, aplastados, unos encima de otros, sin poder respirar, hasta que mueren asfixiados. Recuerden la avalancha del Madrid Arena, recuerden la agónica muerte de George Floyd. Imaginen 37 personas muriendo así. El mundo miraría horrorizado, Europa consternada.

Cambien ahora el color de piel y el origen de los muertos. Ahora no son blancos ucranianos, son africanos negros. Cambien la frontera a Melilla. Lo demás no cambia: huyen de la guerra, del hambre, de la pobreza, de la violencia. Pero cambia la mirada. La tragedia se convierte en invasión, las víctimas en atacantes, los muertos en nada. Pedro Sánchez comparece para felicitar a las fuerzas de seguridad marroquíes y españolas por un “trabajo extraordinario” y “bien resuelto”. No tiene palabras de pésame para los fallecidos ni sus familias en su primera intervención. Ni se le pasa por la cabeza que sean personas.