El oso como antepasado humano: un estudio indaga en su papel protagonista en las mitologías de los primeros cazadores

Los antiguos soberanos chinos aparecieron ligados a ese tótem en relatos fundacionales

Héctor Farrés

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Las paredes de roca cerraron el paso y la luz quedó reducida a una franja fina sobre el suelo húmedo. Una osa y un tigre pidieron dejar atrás su forma animal y vivir como humanos, y aceptaron encerrarse allí dentro mientras contaban los días y racionaban los dientes de ajo y las hojas de artemisa que les servían de alimento.

El tigre golpeó la piedra con las garras y acabó saliendo antes de tiempo, con el pelaje manchado y la respiración agitada. La osa resistió en silencio, apoyó el lomo contra la pared fría y esperó hasta completar la prueba, y ese aguante cambió su destino.

Shuxian Ye reconstruyó un linaje sagrado que sitúa al animal como origen de reyes y clanes

Shuxian Ye publicó un estudio que reconstruye el papel del oso como ancestro divino, mediador cosmológico y principio regenerador en las mitologías prehistóricas del nordeste asiático. El trabajo parte de textos antiguos, restos excavados y comparaciones etnográficas para sostener que ese animal ocupó un lugar estructural en las creencias de China, Corea y Japón.

El autor aplica el método de las cuatro evidencias, que integra literatura, arqueología, estudios de campo y tradición oral para reconstruir su significado. El análisis sitúa ese simbolismo en comunidades cazadoras del Neolítico y lo vincula con la forma en que esas sociedades entendían el origen del linaje humano.

El letargo invernal sirvió para explicar la muerte y el regreso a la vida

El comportamiento biológico del oso ocupa un lugar principal en esa construcción simbólica. Su retirada invernal y su reaparición en primavera se interpretaron como una forma de regreso a la vida tras un periodo de ocultación. Volver a la cueva equivalía a entrar en un vientre primordial, mientras salir de ella marcaba el retorno al mundo exterior.

De ahí que la hibernación sirviera como modelo narrativo para explicar muertes rituales y nuevos comienzos, y que los relatos de héroes que emergen de montañas o rocas se lean como variantes de ese mismo esquema.

Los restos hallados en el nordeste asiático apuntaron a ceremonias dedicadas al plantígrado

Esa lectura encaja con los datos materiales hallados en una amplia franja del nordeste asiático. El estudio identifica pueblos que mantuvieron ceremonias dedicadas al oso desde épocas preagrícolas, como los ainu de Japón y varios grupos cazadores del norte de China y Siberia. En esos lugares, el animal aparece como antepasado protector y destinatario de rituales específicos.

La arqueología ha documentado cráneos de oso venerados hace unos 5000 años, y esa zona coincide con la temprana distribución del jade en la cuenca del río Liao, con piezas fechadas hacia el 6000 a. C., un solapamiento que apunta a una tradición religiosa compartida en sociedades de cazadores recolectores.

En la China arcaica, el análisis se detiene en la figura de Youxiong, identificado con el Emperador Amarillo, cuyo nombre puede leerse como “el que posee oso”. Esa denominación sugiere una filiación totémica y abre la puerta a una genealogía en la que el animal aparece ligado a los reyes fundadores de la dinastía Xia, entre ellos Gun, Yu y Qi.

La tradición coreana cuenta que ella dio a luz al creador de Joseon tras superar el aislamiento, mientras el tigre quedó excluido

Los relatos antiguos cuentan que algunos de estos gobernantes adoptan forma de oso o nacen en cuevas y montañas asociadas a ese animal. Shuxian Ye interpreta esas transformaciones como rituales simbólicos de muerte y renacimiento dentro de una tradición que concibe el linaje humano como descendiente del tótem ursino, y añade que el nombre Qi se vincula con la apertura de cavernas en primavera, una imagen conectada con el despertar tras la hibernación.

El simbolismo también dejó huella en la geografía. Textos chinos mencionan la Montaña del Oso y la Cueva del Oso, mientras en Corea aparecen topónimos como Montaña o Valle Xiongxin, donde xiong significa oso. En Japón, lugares como Kumano y Kumamoto incorporan el término kuma con el mismo sentido. Según Shuxian Ye, estos enclaves funcionan como puntos de transición entre el ámbito celestial y el humano, espacios que se cierran y se abren siguiendo el ritmo anual del retiro y la salida del animal.

El mito de Dangun Wanggeom consagró a la osa como madre fundadora

El relato coreano de Dangun Wanggeom ofrece uno de los ejemplos más claros de esa jerarquía simbólica. Tras superar la prueba en la cueva, la osa se transformó en mujer y dio a luz al fundador del antiguo Joseon, mientras el tigre quedó apartado por no completar el aislamiento.

El mito coloca a la osa por encima del tigre porque ella sí cumple el aislamiento y acepta ese ciclo de encierro y salida. Ese ciclo se entiende como morir y volver a empezar. Por eso el oso no es solo un animal más dentro de los tótems del norte, sino el que representa mejor esa idea de renacer.

Y como la fundación del antiguo Joseon nace de esa transformación, el poder político queda ligado a ese mismo proceso natural de entrar en la oscuridad y regresar a la luz.

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