La carrera hacia misiones espaciales más largas ha puesto sobre la mesa un problema biológico que no estaba resuelto: la fertilidad humana fuera de la Tierra

Un grupo internacional pone la reproducción sobre la mesa y avisa de que ya no es un debate teórico

Héctor Farrés

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La idea de instalar comunidades humanas fuera de la Tierra implica algo más que viajar lejos y plantar una bandera. Colonizar otros planetas como Marte exige asegurar agua potable, producir alimentos en entornos cerrados y generar energía sin depender de suministros constantes desde casa, porque cualquier fallo en esos sistemas pone en riesgo la supervivencia diaria

Además, hay que resolver cómo proteger a las personas de la radiación que atraviesa el espacio y cómo mantener su salud física cuando la gravedad no actúa igual que aquí. A eso se suma la necesidad de organizar turnos, trabajo y convivencia en espacios reducidos durante meses o años, con aislamiento prolongado. Todo ese conjunto de retos hace que cada detalle biológico cobre peso, ya que vivir fuera del planeta obliga a pensar también en cómo se reproducirá la población si la estancia deja de ser temporal.

Un grupo de expertos advierte que la natalidad fuera del planeta ya no es una hipótesis lejana

Esa insistencia en la continuidad humana es precisamente el punto que aborda un estudio internacional publicado el 3 de febrero en la revista Reproductive Biomedicine Online, que sostiene que la salud reproductiva en el espacio ya no puede tratarse como un asunto teórico. El informe reúne a nueve especialistas en medicina reproductiva, salud aeroespacial y bioética, que analizan los riesgos previsibles y los vacíos normativos antes de que la expansión comercial y científica supere a las reglas.

Giles Palmer, embriólogo clínico sénior de la International IVF Initiative y director del trabajo, afirmó en un comunicado que “ahora, más de medio siglo después, defendemos en este informe que estas dos revoluciones que antes iban separadas están chocando en una realidad práctica y poco explorada”.

La exposición más allá de la atmósfera plantea riesgos serios para el cuerpo humano

Los autores recuerdan que el entorno espacial supone una exigencia dura para el cuerpo humano, ya que la radiación cósmica atraviesa tejidos sin el filtro de la atmósfera y del campo magnético terrestre. También señalan que la microgravedad altera procesos celulares y que los ritmos biológicos se desajustan cuando se pierde la alternancia habitual de día y noche. A eso se añade la presión psicológica del aislamiento y la duración de las misiones, que pueden extenderse durante largos periodos. Según el estudio, los órganos reproductivos muestran especial sensibilidad al daño en el ADN y la exposición acumulada a radiación durante misiones prolongadas en hombres sigue siendo, en palabras de los autores, una “laguna crítica de conocimiento”.

El informe sitúa este debate en un momento en que los vuelos espaciales han dejado de ser patrimonio exclusivo de astronautas profesionales y han incorporado a ciudadanos privados en misiones comerciales. Al mismo tiempo, las técnicas de reproducción asistida se han automatizado y extendido, desde la fecundación in vitro hasta la inyección intracitoplasmática de espermatozoides.

Palmer explicó que “las tecnologías de fecundación in vitro en el espacio ya no son puramente especulativas” y añadió que “es una extensión previsible de tecnologías que ya existen”. Para los investigadores, la coincidencia entre la expansión de la actividad orbital y el avance de estas técnicas obliga a examinar escenarios que antes parecían lejanos.

La falta de normas claras abre dudas éticas y médicas

A pesar de ese avance, no existen estándares aceptados de forma amplia para gestionar los riesgos reproductivos fuera de la Tierra. El estudio plantea dudas sobre cómo evitar embarazos no deseados durante una misión, cómo medir el efecto conjunto de radiación y microgravedad en la fertilidad y qué límites éticos deben fijarse si se plantea investigar la reproducción humana más allá del planeta.

Fathi Karouia, científico sénior en la NASA y coautor del trabajo, afirmó que “a medida que la presencia humana en el espacio se amplía, la salud reproductiva ya no puede seguir siendo un punto ciego en las políticas”. En el mismo comunicado añadió que “la colaboración internacional es urgente para cerrar lagunas de conocimiento y establecer directrices éticas que protejan tanto a astronautas profesionales como privados”.

La publicación en Reproductive Biomedicine Online recoge estas advertencias en un momento en que ninguna persona ha concebido ni dado a luz en órbita y el embarazo sigue siendo una contraindicación estricta para viajar más allá de la Tierra. El artículo insiste en que, si algún día se plantea la reproducción fuera del planeta, deberá hacerse con garantías de seguridad, transparencia y normas claras que respondan a los riesgos descritos.

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