Gisèle Pelicot relata la conmoción que le causó verse como “una muñeca de trapo” en los vídeos de su marido
Gisèle Pelicot, que se convirtió en un símbolo mundial de valentía durante el juicio contra su exmarido y las decenas de hombres que la violaron mientras estaba inconsciente, ha descrito su conmoción cuando la Policía le mostró por primera vez las imágenes de los delitos, comparándose a sí misma con una “muñeca de trapo”.
En extractos de sus memorias, 'Un himno a la vida', que se publicarán próximamente, Pelicot, de 73 años, describe su conmoción cuando la Policía le contó las acciones de su exmarido Dominique, a quien consideraba “un gran tipo” y con quien había compartido su vida durante 50 años.
En el libro cuenta cómo su mundo se derrumbó el 2 de noviembre de 2020, cuando le dijeron por primera vez que su entonces marido la había estado drogando y violando e invitando a desconocidos a violarla. Así lo recogen los extractos publicados en Le Monde de la versión en francés del libro, que se publicará simultáneamente en todo el mundo en 22 idiomas la próxima semana.
Dominique Pelicot había sido citado por la Policía para ser interrogado después de que un guardia de seguridad de un supermercado lo sorprendiera filmando en secreto debajo de las faldas de las mujeres.
Gisèle Pelicot lo había acompañado a la comisaría y no estaba preparada para la bomba que le soltó el agente Laurent Perret. Este le dijo: “Voy a mostrarle unas fotos y unos vídeos que no le van a gustar. Esa de la foto es usted”.
Pelicot dijo que no creía que la mujer inerte que yacía en la cama fuera ella. “No reconocí a las personas. Ni a esta mujer. Tenía la mejilla tan flácida. La boca tan floja. Era como una muñeca de trapo”, escribe en el libro: “Mi cerebro dejó de funcionar en la oficina del sargento adjunto de policía Perret”.
Pelicot se dio a conocer internacionalmente el año pasado cuando renunció a su derecho al anonimato en el juicio que conmocionó al mundo.
Durante casi una década, Dominique Pelicot trituró pastillas para dormir y ansiolíticos y los mezcló con puré de patatas, café o helado, e invitó a decenas de hombres a violarla en el pueblo de Mazan, en el sureste de Francia, donde la pareja se había jubilado. Ella se encontraba en un estado similar al coma. Un total de 51 hombres fueron declarados culpables de violación o agresión sexual.
En los extractos del libro, Pelicot describe su decisión de hacer público el juicio. Afirmó que si hubiera mantenido el proceso a puerta cerrada, como suele ocurrir en estos casos, habría protegido a sus agresores y se habría quedado sola con ellos en el tribunal, “rehén de sus miradas, sus mentiras, su cobardía y su desprecio”.
En el libro escribe: “Nadie sabría lo que me habían hecho. Ni un solo periodista estaría allí para escribir sus nombres junto a sus delitos... Y, sobre todo, ninguna mujer podría entrar y sentarse en la sala del tribunal para sentirse menos sola”.
Dijo que si hubiera sido 20 años más joven: “Quizás no me habría atrevido a rechazar una audiencia a puerta cerrada. Habría temido las miradas. Esas malditas miradas con las que una mujer de mi generación siempre ha tenido que lidiar, esas malditas miradas que te hacen dudar por la mañana entre unos pantalones y un vestido, que te siguen o te ignoran, te halagan y te avergüenzan. Esas malditas miradas que se supone que te dicen quién eres, lo que vales, y luego te abandonan a medida que envejeces”.
El lanzamiento del libro de Pelicot, escrito en colaboración con la autora francesa Judith Perrignon, se considera un gran acontecimiento editorial, ya que se publicará simultáneamente en todo el mundo el 17 de febrero.
La actriz británica Emma Thompson narrará el audiolibro en inglés. En una publicación en las redes sociales, Thompson dijo que la historia “absolutamente extraordinaria” era “difícil de leer en voz alta”, pero que inspiraba “valor y compasión, y también exigía un cambio crucial”.
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