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Los niños liberados del 'chalé de los horrores' de Oviedo intentan una nueva vida tras cuatro años encerrados

El chalé en Toleo, a las afueras de Oviedo, donde los tres hermanos, dos gemelos de 8 años y un niño de 10, permanecieron recluidos, sin salir al exterior, durante cuatro años.

Pilar Campo

Oviedo/Uviéu —
11 de febrero de 2026 17:59 h

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Los tres hermanos -dos gemelos de 8 años y un niño de 10- que permanecieron recluidos durante cuatro años en un chalé a las afueras de Oviedo, sin contacto con el exterior, por el temor de sus padres a que contrajeran el Covid-19, y fueron liberados el pasado mes de abril por agentes de la Policía Local, se están recuperando poco a poco de las secuelas sufridas. Las condiciones infrahumanas del domicilio y el estado deplorable en el que se encontraban los menores, descalzos, con tres mascarillas, en pañales pese a su edad y viviendo entre escombros y excrementos llevó a los policías a describir la vivienda como “el chalé de los horrores”.

Sus abuelos maternos, que inicialmente se trasladaron a Asturias y mantuvieron contacto con los niños, tras la separación de sus progenitores que permanecen ingresados en el Centro Penitenciario de Asturias, han regresado a Estados Unidos y ya no se encuentran en la comunidad autónoma.

Desde su liberación, los niños se encuentran alojados en régimen de acogimiento en un centro dependiente del Principado. La consejera de Derechos Sociales y Bienestar del Gobierno de Asturias, Marta del Arco, ha asegurado que no se contempla conceder su tutela a los abuelos.

Las opciones

Una de las principales opciones que se barajan es que los menores pudieran estar en acogida temporal si hubiera una familia que reuniera los requisitos, ya que en principio se descarta una posible adopción.

Inicialmente se pensó que dada la corta edad de los niños, este largo encierro podría acarrearles secuelas con el paso del tiempo y, según ha confirmado la consejera, es exactamente lo que ha sucedido: “Están trabajando de una manera muy intensiva con los niños, tanto el personal educador como los psicólogos, porque realmente lo necesitan”, ha corroborado.

El Principado estudió las posibilidades de que los abuelos fueran quienes asumieran la custodia de sus nietos, una vez que el juzgado había retirado la patria potestad a sus padres, pero no es la opción más viable, dado que ya han regresado a su país de residencia.

La alerta de una vecina

Los tres niños fueron liberados el pasado 28 de abril por agentes de la Policía Local que se trasladaron al domicilio, tras la llamada de una vecina a los servicios sociales de la capital asturiana que trasladó su inquietud ante la sospecha de que en el chalé pudiera estar residiendo una familia.

La mujer solo había visto a un hombre, pero creía que se podría dar la circunstancia de que no fuera el único habitante de la casa porque a veces había escuchado voces de niños pero nunca los había visto en el jardín y creía que no iban al colegio. Las escasas veces que veía al padre era, según su testimonio, cuando salía a la puerta para recoger los pedidos de comida, algunas veces muy voluminosos para una sola persona.

La vecina alertó entonces al Servicio de Familia e Infancia del Ayuntamiento de Oviedo de una situación que “le pareció sospechosa”, según han explicado fuentes policiales.

La investigación policial

Las primeras vigilancias policiales sobre el chalé, ubicado a 1,9 kilómetros de distancia de la capital asturiana, comenzaron el 14 de abril y los agentes pudieron comprobar que “se movía una cortina en el piso superior cuando el hombre recogía un pedido”, lo que venía a constatar que había más personas en el interior. Con estos datos se solicitó una reunión con la Fiscalía de Menores y se dictó una orden para proceder a la identificación de las personas que pudieran estar viviendo ahí.

El lunes, 28 de abril, se desplegó un importante operativo policial y de servicios sociales en torno a la vivienda. Al llegar, les recibió el padre que iba, según fuentes policiales, “con un aspecto desaliñado y descalzo”. Les pidió que se pusieran mascarillas y accedió a que entraran. En ese momento, pudieron ver a la madre y a los niños, todos ellos provistos de tres mascarillas en la cara, y constataron el estado de insalubridad de la vivienda y las condiciones infrahumanas en las que se encontraban los menores, que aún usaban pañales.

El chalé, ubicado en la zona rural de Oviedo, donde residía la familia autoconfinada por miedo a contraer el covid.

Una familia autoconfinada

En el domicilio, según confirmaron a elDiario.es Asturias fuentes policiales, solo estaba censado el padre, el alemán Christian S., de 53 años, mientras que oficialmente no figuraban ni la madre, la estadounidense Melisa A.S, de 48 años y que también tiene la nacionalidad alemana, ni los tres hijos.

Los menores pese a haber superado los ocho años seguían llevando pañales. Los gemelos dormían en cunas y su hermano mayor en una cama pequeña. Aunque los menores estaban sin escolarizar, sus padres habían habilitado un aula en el domicilio familiar.

Los tres hermanos quedaron a cargo de las trabajadoras sociales del Equipo de Recepción y Valoración de la Dirección General de Infancia y Familia de la Consejería de Derechos Sociales y Bienestar del Principado.

La reacción de los menores

Los policías que intervinieron en esta operación resaltaron la reacción de los tres hermanos al salir al exterior de la vivienda. Lo primero que hicieron fue “respirar profundamente” e incluso uno de los menores llegó a sorprenderse al tocar la hierba del jardín “como si fuera la primera vez que lo hacía”.

Entre tanto, los padres eran detenidos y trasladados a dependencias policiales. Tras ser puestos a disposición judicial, la titular del Juzgado de Instrucción número 2 de Oviedo decretó su ingreso en prisión por riesgo de fuga, al carecer de todo arraigo en España, y ante la necesidad de dar protección a las víctimas y evitar una reiteración delictiva.

Detención y prisión

El Juzgado de Instrucción número 2 de Oviedo se había hecho cargo del procedimiento después de que el Juzgado de Instrucción número 3 de Oviedo, que había asumido la causa en un principio al estar de guardia el 30 de abril, se inhibiera a su favor.

La Fiscalía solicitó a la magistrada que ratificara la prisión provisional que había acordado previamente la guardia del juzgado número 3, así como que se mantuviera en este momento, y sin perjuicio de lo que resulte de las diligencias de instrucción que se practiquen, la calificación para ambos acusados de su presunta autoría en los delitos de abandono de menores, maltrato psicológico habitual así como un posible delito de detención ilegal.

La necesidad de proteger a los menores

La magistrada siguió el criterio del Ministerio Fiscal, al entender que no se habían modificado las circunstancias que habían sido valoradas por el Juzgado de Instrucción número 3 para acordar el ingreso en prisión.

Por ello, dictó un auto donde ratificaba la prisión provisional de ambos acusados al estimar que existía aún el riesgo de fuga, dado que ambos carecen de todo arraigo en España, además de la necesidad de protección de las víctimas y la de evitar una reiteración delictiva.

Su desplazamiento a Oviedo

La familia vivió en Alemania, país natal del marido, hasta 2021. A finales de ese año, el padre Christian S. alquiló a través de una agencia inmobiliaria un chalé en el pueblo de Toleo, una tranquila zona rural de Oviedo, situada a la falda del Naranco y a 1,9 kilómetros del centro urbano.

Los cinco miembros de la familia se trasladaron a la vivienda y la vida de los tres niños cambió radicalmente. A partir de su desplazamiento a Asturias, el miedo a contraer el covid les aisló del mundo exterior. Uno de los datos que más llamó la atención de los investigadores fue la obsesión de la familia por llevar puestas hasta tres mascarillas para evitar contagios.

Sin pisar la calle

Ni los niños, ni la madre volvieron a pisar la calle. Solo el padre salía unos minutos a la puerta de entrada para recoger los pedidos de comida o la correspondencia. Christian S. trabajaba en Alemania dando clases de Filosofía y cuando llegó a Asturias teletrabajaba como asesor de Recursos Humanos.

Aunque los vecinos de las casas más cercanas e incluso las monjas del convento de las Carmelitas Descalzas, situado enfrente del domicilio de la familia, habían visto en alguna ocasión a los repartidores con paquetes voluminosos de comida, no llegaron nunca a sospechar que en ese chalé vivía una familia.

La perplejidad de los vecinos

La estupefacción de los vecinos fue generalizada cuando trascendió públicamente la noticia de que los agentes de la Policía Local de Oviedo habían accedido a la vivienda y detenido al matrimonio.

Entre tanto, la administración regional se hacía cargo de los tres hermanos que eran internados en un centro de menores. Previamente, fueron sometidos a un primer examen médico en el Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA), donde se comprobó que físicamente “estaban bien”, según indicaron fuentes cercanas a la investigación.

Su vida dio de nuevo un vuelco con su liberación. La consejera de Derechos Sociales y Bienestar ha explicado que se está trabajando “intensamente” con los tres menores para que puedan superar sus secuelas y reintegrarse a la vida normal, si es posible, con una familia de acogida temporal.

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