Carta desde... el agujero negro del Brexit

  • Nueva entrega de la serie de 'Cartas desde...' diferentes países de Europa, escrita por periodistas locales para entender mejor su realidad ante las próximas elecciones

Queridos amigos españoles:

El Brexit es un agujero negro capaz de sacar la energía a cualquier otro tema. Hemos dejado de hablar de pobreza infantil, de nuestro renqueante sistema de salud y de una crisis de vivienda que afecta a millones de personas. Estamos atrapados en un día de la marmota cada vez más aburrido, debatiendo sobre uniones aduaneras y comercio sin tensiones.

Se suponía que Gran Bretaña no iba a tomar parte en las elecciones europeas, pero las promesas imposibles de cumplir de los conservadores se están estrellando con la realidad tres años después del estrecho margen con el que la campaña por el Brexit ganó un referéndum que, además, fue convocado para gestionar las divisiones internas del Partido Conservador.

En todo este período de agitación, la gran mayoría de los que votaron en el referéndum no ha cambiado de opinión. Simplemente han radicalizado sus posturas. Para los que querían quedarse en la Unión, eso significa que no se conformarán con nada que no sea detener el Brexit. Para los que votaron por irse, el 'Brexit sin acuerdo' es lo que corresponde ahora, por más que esa propuesta radical nunca fuera considerada en el referéndum.

En este panorama, las elecciones europeas solo servirán para que las dos partes dejen registrado con sus votos el nivel de sus respectivos enfados. El Partido por el Brexit del exbróker de la city londinense Nigel Farage se anotará un triunfo, eso está claro. Su líder se presenta como un cruzado contra el establishment pese a haber estudiado en escuelas privadas, tener el apoyo de millonarios y creer en la reducción de impuestos a los ricos y en las privatizaciones.

En comparación con el partido de Farage, los centristas que votaron por seguir en la UE parecen fragmentados, sin liderazgo ni dirección estratégica y sin respuesta para las crisis sociales que aquejan al Reino Unido.

Los laboristas de Jeremy Corbyn han intentado superar estas divisiones de forma desesperada y valiente (y no siempre con éxito): han sostenido la necesidad de encontrar un punto medio que satisfaga a las dos partes del Brexit argumentando que la verdadera división de nuestra sociedad no es la que separa a los bandos que fueron a votar hace tres años, sino la que hay entre una mayoría obligada a pagar por la crisis económica (de la que no era responsable) y una élite que no ha dejado de beneficiarse desde entonces.

Pero este intento laborista de trascender la enconada guerra cultural aparece como un intento de salirse por la tangente: en los dos bandos, cada vez más radicalizados, hay menos y menos gente dispuesta a escuchar sus argumentos. Dentro del laborismo también ha sido triste el abandono de una defensa cerrada de los inmigrantes, sobre todo cuando hablamos de líderes políticos que habían abogado por los derechos de los inmigrantes y refugiados en momentos en que era poco popular hacerlo.

Así que estas elecciones europeas no son más que un nuevo capítulo de la nueva normalidad de crisis británica. Según el excepcionalismo anglosajón (un concepto que tiene tanto de chovinismo como de fantasía), el Reino Unido siempre fue anormalmente estable frente a un continente vulnerable a las pasiones de los populismos. ¿Quién sería capaz de defender hoy esa idea?

El país está hecho un desastre y sin rumbo. No es que le falte un gobierno en funcionamiento, lo que le falta es directamente un gobierno. Seguirá hundiéndose hasta que no se aborden las crisis sociales y económicas detrás del malestar, pero los conservadores siguen aferrándose, muertos de miedo por lo que vendrá después, al final de sus cuatro décadas de consenso neoliberal.

Nuestras elecciones europeas servirán para subrayar la división, polarización y falta de respuestas de Gran Bretaña. Nada nuevo, que sepamos.

Un abrazo,

Owen.