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De Alejandría a la RAE: los “sorprendentes usos sociales” de las gramáticas desde hace más de 2.000 años

Hablar de las gramáticas y de su historia puede parecer cosa de intelectuales. De expertos. De investigadores. Y efectivamente lo es. Pero no tiene por qué ser únicamente de élites. Al igual que la filosofía, la física o la medicina, desde su nacimiento ha tenido muchas utilidades. Es la piedra angular de las lenguas del mundo, una forma de entender la comunicación humana. Y como tal, es una ciencia con unos “sorprendentes usos sociales” desde que hace 2.000 años nació en Alejandría.

Su divulgación no es algo que encontremos más allá de las fronteras de la Real Academia Española (RAE), y mucho menos de manera amena y con anécdotas curiosas. Ese fue el objetivo que el profesor universitario de origen toledano Francisco Escudero se propuso cuando comenzó a dar clases de Historia de la Gramática Española en la Universidad de Salamanca.

Escudero es graduado en Filología Hispánica y en Estudios Árabes e Islámicos por la Universidad de Salamanca. Actualmente, es profesor universitario en la Universidad Rey Juan Carlos. Apasionado de la Lengua Española desde muy joven, el autor acaba de publicar ‘Tú a Salamanca y yo a Alejandría’ (Pie de Página, 2025), un breve pero apasionado viaje por la historia de las gramáticas, es decir, por esos sistemas de reglas y principios que gobiernan la estructura de las palabras (morfología) y combinación en oraciones (sintaxis) de un idioma.

Lo presenta este jueves, día 12 de febrero, a las 19.00 horas en el Salón de Actos de la Biblioteca de Castilla-La Mancha, en el Alcázar de Toledo. El también escritor y profesor Félix Chacón le acompañará en esta puesta de largo de su nuevo libro.

Fue al comenzar a impartir la asignatura en Salamanca y al despertar el interés de su alumnado cuando vislumbró en esta ciencia “cierto potencial”. A medida que preparaba sus apuntes se dio cuenta de que también estaba preparando un libro. “El reto era cómo hacer llegar eso a todo el mundo”.

Se puso manos a la obra y decidió partir desde el origen. Porque ahora, según cuenta el autor, vivimos una época en la que hay mucha divulgación lingüística, pero no siempre ha sido así. La gran pregunta, por tanto, es: ¿para qué sirve la gramática? “Depende de muchos factores. A lo mejor a una conductora de autobús no le sirve, como a mí no me sirve comprender las ecuaciones de segundo grado, pero sí me es útil que otros lo sepan. Quiero que haya otros estudiando ingeniería y tecnología, y dedicándose a muchas profesiones para que todo se desarrolle”.

El punto de vista del libro es el castellano, pero abarca otras lenguas. Por eso habla de “gramáticas”, en plural. “De esta forma, las gramáticas llevan 2.000 años sirviendo para mucho, pero variando en sus usos en función de la época”, cuenta el profesor.

Echando la vista atrás, lo cierto es que la gramática ha sido utilizada en diferentes culturas, épocas y sociedades para diferentes lenguas, y cada una “le ha dado una utilidad diferente o varias al mismo tiempo, todas igual de sorprendentes”.

Todo empezó con Dionisio de Tracia

Así, el primero que escribió un libro de gramática lo hizo como una herramienta para entender textos antiguos del griego, como los de Homero. Fue primero Dionisio de Tracia y luego Apolonio Díscolo, este último inventor de la sintaxis, entre los siglos I-II d.C. Ambos trabajaban en la legendaria Biblioteca de Alejandría. Recopilaban todos los textos que llegaban, escritos en griego medio milenio antes. “Y al estudiarlos tenían que saber gramática, por lo que se convirtieron en los creadores de esa ciencia”.

Posteriormente, sería la gramática romana la que incorporaría utilidades que iban más allá del estudio de los textos antiguos, con “sorprendentes usos sociales”. Durante el Imperio Romano, el pedagogo hispanorromano Quintiliano de Calahorra escribió un libro de oratoria con cuestiones de gramática. “Ahí ya la estaba utilizando para la retórica, para dar buenos discursos. Se produce un vínculo del poder con el conocimiento”.

Después, los árabes le encontraron una función totalmente distinta. “Ellos tenían la necesidad de entender la poesía preislámica, pero también deseaban conocer el árabe clásico, que es en el que está escrito el Corán. Querían entender el mensaje, la palabra de su dios, mantenerlo en su auténtica pureza”, relata Escudero.

Lo curioso es que, avanzando en la historia, para los cristianos no fue así. Cuando los primeros misioneros llegaron a América, lo primero que hicieron fue aprender las lenguas indígenas para transmitir la palabra de dios en su idioma. “Hicieron gramáticas de lenguas indígenas como el quechua y otras muchas. Es decir, los árabes y los cristianos le dieron dos utilidades religiosas a la gramática, pero totalmente distintas”.

El año clave fue el 1492: Antonio de Nebrija escribió la primera gramática del castellano… y fracasó. “Nadie entendió eso. La gente de su propia época no le vio ninguna utilidad a una gramática de una lengua que ya todo el mundo hablaba. Quizás el único sentido fue enseñar el idioma, es decir, una gramática de español para extranjeros, pero eso fue una manera de justificar su obra”.

La cuestión es que Nebrija fue el primero en elaborar una gramática española “después de muchos vaivenes” y que no volvió a haber otra, al menos tan buena, hasta más de un siglo después. La hizo Gonzalo de Correas, por doble partida: una trilingüe y otra del castellano. Pero “ni siquiera ahí hubo un repunte”.

No fue hasta el siglo XVIII, en 1743, cuando Benito Martínez Gómez Gayoso hizo una nueva gramática española. “No tenía gran calidad, pero a partir de ahí nunca volvió a desaparecer la gramática del español, ya no se dejaron de hacer. Este hecho coincide con la Ilustración y con la creación de la RAE, pero incluso para esta última, su objetivo era el diccionario y la ortografía; la gramática se retrasó porque vieron que era muy complicada. Y no se publicó la primera gramática de la RAE hasta 1771”.

Por eso es en el siglo XIX cuando empieza a producirse un desarrollo gramatical importante en España. Vicente Salvá es el primero que elabora una gramática poniendo especial acento en la sintaxis, y posteriormente fue el venezolano Andrés Bello quien elaboró otra que incluía muchas variedades. “Fue el primer gran gramático hispanoamericano, tuvo fama internacional y su legado llega hasta hoy”.

La historia no solo se hacen con ‘nebrijas’, se hace con mucha gente. Su utilidad no es solo lo que dijeron los grandes, sino quienes la han necesitado y han aportado su granito de arena

Pero Francisco Escudero considera que la historia de las gramáticas no corresponde solo a los “grandes hitos”. Explica que a partir del siglo XIX el castellano se empieza a enseñar en las escuelas y los profesores las elaboran para sus colegios. “La historia no solo se hacen con ‘nebrijas’, se hace con mucha gente. Su utilidad no es solo lo que dijeron los grandes, sino quienes la han necesitado y han aportado su granito de arena”. Hasta nuestros días ha sido así, porque en la actualidad la gramática también sirve para el lenguaje forense, el computacional o el inclusivo.

Como toda historia de una ciencia, también está repleta de hechos anecdóticos. El más popular es la creación de las llamadas “gramáticas pardas”. Según el Instituto Cervantes, se constituyen como “la astucia, picardía o habilidad natural para manejarse en la vida, salir airoso de situaciones complicadas o evitar engaños, sin haber recibido una educación académica formal”. Se asocia tradicionalmente con la sabiduría popular de las clases humildes. 

“Es algo muy divertido. En realidad, es una pseudogramática, es un conocimiento asociado a la picaresca. No es conocimiento lingüístico, sino habilidad, lo que llamamos ‘tener calle’”. Destaca en este tipo de sabiduría popular a Ramón Soler, que bajo el seudónimo de Bachiller Cantaclaro alumbró su gramática parda para “enseñar a vivir sin trabajar”. “Lo más interesante es que se utilizan los términos propios de la gramática para hacer humor. Es una parodia y yo solo las he encontrado en el siglo XIX, pero están por investigar. Hay un filón muy grande ahí y es muy divertido”.

En su libro, Francisco Escudero habla también de las lenguas inventadas, las “artificiales”, que vienen a “enriquecer” nuestra propia gramática. La primera que lo hizo fue una mujer, la abadesa alemana Hildegarda de Bingen, en el siglo XII. “No se sabe muy bien para qué lo hizo y, lamentablemente, como siempre sucedía con las mujeres, se olvidó”.

Me parece maravilloso que haya lenguas con fines literarios o de ficción porque se trata de dar verosimilitud a las historias, con sus propias gramáticas y diccionarios. Sirve para pasarlo bien y ser feliz, y esa es otra utilidad importante

Después, en el siglo XIX, proliferó la utilidad de las gramáticas artificiales, la necesidad de crear “una lengua de comunicación internacional y fácil de aprender”. De ahí proceden el esperanto y el volapük. “Umberto Eco decía que los resultados no han sido buenos. Por ejemplo, el esperanto ha tenido cierto peso demográfico y de hablantes, pero está muy lejos de haber conseguido sus objetivos”.

Para el autor, resultan más interesantes las lenguas creadas con fines literarios o de ficción, porque sí han triunfado. Es el caso del klingon (‘Star Trek’), el dothraki (‘Juego de tronos’) o el lenguaje élfico de ‘El señor de los anillos’. “Eso me parece maravilloso porque se trata de dar verosimilitud a las historias, con sus propias gramáticas y diccionarios. Sirve para pasarlo bien y ser feliz, y esa es otra utilidad importante”.

De Beatriz Galindo a todas las “olvidadas”

Finalmente, como puede verse, salvo la abadesa alemana, pocos son los nombres de mujeres mencionados. El autor menciona en su libro a la gran gramática española Beatriz Galindo, que fue institutriz de Isabel I de Castilla. “Las mujeres han sido borradas, no se les ha hecho caso. Ahora mismo, en historiografía lingüística en España hay muchos investigadores e investigadoras que encuentran a mujeres lingüistas, sobre todo en el siglo XIX y se está haciendo una labor muy importante de recuperación de un trabajo totalmente invisibilizado”.

Menciona por ejemplo el libro ‘Lingüística se escribe con A. La perspectiva de género en las ideas sobre el lenguaje’', de Teresa Moure, así como los “magníficos” trabajos de la gramática toledana Nerea Fernández de Gobeo.

“Buscar mujeres gramáticas en la historia es un trabajo muy complicado, porque esta ciencia ha sido creada por y para los hombres, pero es la única historia que me sé. Lo que sí sé es que la mía no es la historia real, es la historia que he podido y he sabido contar. Pero detrás de eso, hay un montón de mujeres que seguro que hicieron aportes interesantes y algunas están por descubrir y otras jamás las descubriremos. No está todo contado”, concluye.