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La Tierra es nuestra madre y sus ecosistemas nuestro hogar

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En el año 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra. Cada año desde entonces, ese día de celebración reconocemos que la Tierra y sus ecosistemas son nuestra madre y nuestro hogar respectivamente.

La verdad es que, tal y como está el patio, no deberíamos dejar de promover este reconocimiento todos los días de nuestras limitadas vidas, y permitir que la Madre Tierra ocupe un lugar central para brindar bienestar a todos los humanos y no humanos del planeta.

Limitadas nuestras vidas como limitados son los recursos naturales, aunque nos empecinemos en creer lo contrario. El agotamiento de los recursos naturales y la rápida degradación ambiental del mundo son el resultado de patrones de consumo y producción insostenibles que han tenido consecuencias adversas tanto para la Tierra como para la salud y el bienestar general de la humanidad.

El aumento de la temperatura media mundial (en 2019 fue de 1,1Ëšsuperior a los niveles preindustriales), el aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero proveniente de los vehículos de carretera, por ejemplo (en el sector del transporte han aumentado más del doble desde 1970), el uso inadecuado que los seres humanos hacemos del agua y su contaminación a un ritmo mayor que el que necesita la Naturaleza para reciclar y purificar el agua de los ríos y de los lagos (una persona promedio, con una ducha de 10 minutos al día, consume el equivalente a más de 100.000 vasos de agua potable cada año), el elevado porcentaje de comida desperdiciada (un tercio de toda la comida que se produce se pierde, se desperdicia o se estropea), o el elevado porcentaje de textiles que terminan en vertederos o incinerados (la industria de la moda, tanto de ropa como de calzado, produce más del 8% de los gases de efecto invernadero), son algunos datos a tener en cuenta.

Porque no nos engañemos. Los cambios que emergen a raíz de la industrialización definen una nueva sociedad, influenciada por la mecanización de la producción, la necesidad de más materias primas, de mano de obra concentrada en determinados espacios, cambios en los transportes, y definen a su vez, inevitablemente, la forma en la que la humanidad se relaciona con la Naturaleza a la que se ha considerado desde el enfoque antropocéntrico como una mercancía para el beneficio de las personas.

Los cambios que emergen a raíz de la industrialización definen una nueva sociedad

Para satisfacer las necesidades básicas humanas dentro de los límites de los recursos finitos de la Tierra, es imprescindible idear un modo de relación con la Naturaleza que defienda un nuevo paradigma ecocéntrico, basado en la Justicia Ecológica y la Jurisprudencia de la Tierra, basado en enfoques holísticos e integrados de desarrollo sostenible en sus tres dimensiones política, económica y social, y que guíe a la humanidad a vivir en armonía con la Naturaleza.

Desde este punto de vista, la Humanidad desempeña un papel diferente en la forma en que percibe, comprende e interactúa con el resto del mundo natural, desde un control explotador de la Naturaleza a un acercamiento a la restauración de la buena administración, el cuidado y las relaciones armoniosas con los seres no naturales, abrazando, en particular, los conocimientos tradicionales de los pueblos indígenas y las comunidades locales que encarnan conceptos como la Madre Tierra.

Sin olvidar, obviamente, contemplar en todo este entramado la justicia social, definida a través de los principios de dignidad humana, del bien común, de la solidaridad, entre otros, ya que las personas en situación de vulnerabilidad, como pueden ser las personas con discapacidad, los/as niños/as o las personas de edad, presentan un alto grado de exposición y susceptibilidad ante todos los efectos generados por la inadecuada e inaceptable relación mantenida de los seres humanos con la Naturaleza.

De ahí que sea necesario, o más bien urgente, que promovamos la armonía con la Naturaleza, para conseguir un equilibrio justo entre las necesidades económicas, sociales y ambientales del momento y de las futuras generaciones. Nosotros ya lo hacemos desde el programa de Harmony with Nature de Naciones Unidas. Pero es importante que el trabajo que se hace desde distintos países y diferentes ámbitos de estudio cale en toda la sociedad, en las escuelas, universidades, empresas, en nuestro día a día para que, entre todas y todos podamos reducir esos porcentajes que mencionaba anteriormente, respetando a nuestra madre Tierra, cuidando nuestro hogar, los ecosistemas, y relacionándonos en todos y cada uno de nuestros contextos en armonía. 

En el año 2009, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 22 de abril como el Día Internacional de la Madre Tierra. Cada año desde entonces, ese día de celebración reconocemos que la Tierra y sus ecosistemas son nuestra madre y nuestro hogar respectivamente.

La verdad es que, tal y como está el patio, no deberíamos dejar de promover este reconocimiento todos los días de nuestras limitadas vidas, y permitir que la Madre Tierra ocupe un lugar central para brindar bienestar a todos los humanos y no humanos del planeta.