Lavar el nórdico en casa: el detalle clave para que quede bien va más allá de la limpieza

Edredón nórdico.

Elena Segura

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El nórdico es un elemento imprescindible en cualquier casa: lo sacamos cuando llega el frío, lo introducimos en una funda y durante meses es el rey de la cama. Pero cuando toca lavarlo, empiezan las dudas. ¿Cabe en la lavadora? ¿Se estropeará el relleno? ¿Mejor lo llevo a la lavandería?

La respuesta corta es que sí, se puede lavar en casa. La larga es que lo que marca la diferencia no es tanto el lavado como el secado. Porque un nórdico mal tendido puede quedar peor que antes de meterlo en la máquina.

Durante años hemos asumido que el edredón es una prenda 'de exterior', algo que se limpia fuera de casa, pero con las lavadoras actuales y un poco de planificación, es posible hacerlo en casa y obtener un resultado igual de bueno. Eso sí, siempre que entendamos qué necesita el nórdico para mantener su forma y su capacidad de abrigo.

Un edredón nórdico no es solo una funda grande rellena. Su estructura está pensada para que el interior —plumas, plumón o fibras sintéticas— quede repartido de forma uniforme y cree esa cámara de aire que nos abriga por la noche. Ese 'aire atrapado' es el que da la sensación de ligereza y calor.

Cuando lo lavamos, ese relleno se empapa y pesa. Y si al salir de la lavadora lo colgamos sin más, como si fuera una sábana, la gravedad hace su trabajo y desplaza todo el relleno hacia abajo. El resultado son bultos, zonas sin relleno y la sensación de que el nórdico ya no es el mismo.

Cada cuánto conviene lavarlo

Aunque solemos lavarlo solo cuando lo guardamos, lo recomendable es hacerlo una o dos veces al año. Al final del invierno es el momento más habitual, pero también conviene hacerlo antes de volver a usarlo tras meses guardado.

Edredón nórdico

Antes de meterlo en la lavadora, lo primero es comprobar la etiqueta. Ahí aparece la información clave: si admite lavado en agua, la temperatura recomendada y si puede ir a secadora. Después viene la parte práctica: asegurarse de que la lavadora tiene capacidad suficiente. Si entra muy justo, el lavado no será eficaz. El nórdico necesita espacio para que el agua penetre en el relleno y el detergente actúe de forma uniforme.

También conviene revisar las costuras y pequeños agujeros. Si el relleno es de pluma o plumón, una abertura puede hacer que el interior se salga durante el ciclo.

En cuanto al detergente, mejor optar por uno suave y sin suavizante añadido. El suavizante, que en la ropa normal ayuda, aquí solo deja residuos que apelmazan el relleno. La idea es limpiar sin saturar el tejido.

La escena es habitual: el nórdico sale mojado, lo llevamos al tendedero y lo colgamos por un lado. Parece lógico. Pero ese gesto es el que arruina el resultado. Al colgarlo en vertical, el relleno cae y se acumula en la parte inferior. La superficie se seca, pero por dentro quedan zonas húmedas y apelmazadas. Y aunque luego lo sacudamos, ese relleno ya no vuelve a su sitio con la misma facilidad.

Tenderlo en horizontal

El nórdico no se cuelga, se extiende. Tenderlo en horizontal permite que el relleno se mantenga repartido y que el aire circule por toda la superficie. No hay zonas que queden aplastadas por su propio peso ni partes que tarden más en secarse que otras.

Este sistema evita que el relleno se mueva de su sitio. Al estar apoyado, la distribución interna se conserva y el secado es mucho más homogéneo. Además, se reduce el riesgo de que queden bolsas de humedad en el interior.

Edredón nórdico

No hace falta tener un tendedero gigante. Una cama despejada, un sofá o varias sillas alineadas pueden servir como base. Lo importante es que el nórdico quede lo más plano posible y que el aire pueda circular por arriba y por abajo. Si se seca en interior, ayuda abrir ventanas o usar un ventilador cercano. El flujo de aire es lo que realmente hace el trabajo, no el calor.

Más allá de la estética o del tacto, un nórdico que se ha secado mal puede retener humedad en el interior, algo que no se nota a simple vista pero sí en el olor y en la sensación térmica. Esa humedad, además, es el entorno perfecto para que aparezcan hongos o ácaros. Por eso, aunque parezca seco, conviene airearlo bien antes de guardarlo o volver a ponerlo en la cama.

Un nórdico que conserva su volumen demuestra que el secado ha sido correcto.

Secadora sí, pero con cuidado

Si el nórdico admite secadora, es una buena alternativa. Eso sí: siempre con temperatura baja y ciclos largos. El objetivo no es solo que se seque, sino que el relleno recupere su forma.

Introducir pelotas de tenis o pelotas de secadora ayuda a que el relleno se mantenga suelto mientras gira. Así se evita que el interior se compacte. Aun así, incluso en secadora, conviene revisar el nórdico y sacudirlo a mitad de ciclo. El relleno se redistribuye mejor y el resultado final es más uniforme.

Secar un nórdico en invierno o en zonas con humedad alta puede ser más lento. En estos casos, la ventilación es esencial. Un deshumidificador o un ventilador pueden acelerar el proceso y evitar olores a humedad. Lo importante es no guardarlo hasta que esté completamente seco. El tiempo de secado es parte del cuidado de la prenda.

Una vez seco, lo ideal es guardarlo en una bolsa de tela transpirable. Evitar el plástico hermético permite que el relleno respire y se conserve mejor. Si se guarda comprimido, el relleno puede perder volumen con el tiempo. Lo recomendable es doblarlo sin aplastar demasiado.

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