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Ada Colau, del 'sí se puede' ganar la alcaldía al 'sí se debe' conservarla

La líder de los 'comuns' abraza el pragmatismo de la política institucional y reconoce que el poder de la alcaldía bien vale tragarse el sapo de una investidura con Valls

Colau, que pasó de 'okupa' a alcaldesa en 2015 con el auge de la nueva izquierda en toda España, se convierte ahora en la referente municipal de este espacio político

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Las bases de BComú avalan con el 71 % de los votos que Colau pacte con el PSC

Ada Colau, del 'sí se puede' al 'sí se debe' EFE

Se escuchaba de fondo la muchedumbre en Plaça de Sant Jaume cuando Ada Colau, recién proclamada alcaldesa de Barcelona el 13 de junio de 2015, hizo suyas las palabras de otro de los llamados alcaldes del cambio, Xulio Ferrerio, durante su discurso de investidura: "Los cargos electos somos contingentes, la ciudadanía es la única necesaria e imprescindible". Hoy, cuatro años después y todavía con el bastón de alcaldesa en la mano, pocos en los 'comuns' cuestionan que Colau, y el poder que ostenta desde el cargo, son vitales para su proyecto. 

Tras encajar entre lágrimas la derrota del pasado 26 de mayo frente a la ERC de Ernest Maragall, Manuel Valls, el autoproclamado candidato de las élites, le abrió las puertas de la alcaldía sin pedir nada a cambio. Colau tuvo que decidir entonces si abrazaba definitivamente el pragmatismo que ha ido cultivando durante sus cuatro años al frente del Ayuntamiento de Barcelona, y así lo hizo. La alcaldía bien vale tragarse el sapo de una investidura con los votos del exprimer ministro francés. De hija del Guinardó... a regidora con el beneplácito del candidato de Pedralbes. 

¿Qué ocurriría si hoy se repitiera el cara a cara de campaña electoral entre la alcaldesa y su yo del pasado, la portavoz de la PAH? Se lo recordaban estos días a Colau algunos sus detractores. Pero la dirigente política le diría lo mismo que ha venido argumentando estos días: que la alcaldía es clave para gobernar, que ERC y el PSC se han vetado y que las bases de su partido están con ella. "No hemos de renunciar a gobernar por tres votos regalados", afirmó el jueves con rotundidad. 

Ada Colau, portavoz de la Platataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ante el local del colectivo en Barcelona / Carmen Secanella

Ada Colau, portavoz de la Platataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), ante el local del colectivo en Barcelona / Carmen Secanella

Al fin y al cabo, el viaje hacia el pragmatismo, apunta un miembro del anterior ejecutivo municipal, empezó el día que Colau decidió saltar del activismo a la política con un partido que llevaba por entonces el nombre Guanyem. "El objetivo siempre fue ganar Barcelona para gobernar", recuerda. El equipo de activistas que integraba la lista saltó de las calles a los despachos sin pasar por la oposición –el lugar que pensaban que ocuparían de entrada– y el discurso más activista fue mezclándose con el institucional. La renovación del Mobile World Congress, firmada días después de la investidura, fue la primera señal de que los 'comuns' podían ser una fuerza de izquierdas y antiestablishment, pero no de bloqueo. 

La eléctrica pública, las promociones de vivienda protegida, la tarifación social de las guarderías, la moratoria a los hoteles... Estas y otras medidas son las que Colau defiende haber liderado desde la alcaldía y que, a menudo, los 'comuns' lamentan que le hayan dado más proyección como referente de la izquierda fuera del país que en una Catalunya muy tensionada por el debate nacional. Mientras el documental 'Push' la citaba como un referente mundial en la lucha por la vivienda, en su casa la oposición consideraba un fracaso su legado en la materia.

La que fue okupa, activista antiglobalización, precursora de la desobediencia contra los desahucios y primera alcaldesa de la historia de Barcelona, tiene ahora delante de si cuatro años más para concluir su obra de gobierno. Rodeada de un equipo con mayor perfil de gestión –figuras más activistas como Gerardo Pisarello o Jaume Asens se han ido al Congreso– y con la vuelta del PSC al gobierno como nuevas señales de realismo político, Colau se dispone a completar las políticas de izquierdas que puso en marcha el mandato pasado pese a estar en minoría. 

Pedro Santisteve, Ada Colau, Dolors Sabater i José María "Kichi" durante el acto conjunto en Barcelona / SANDRA LÁZARO

Pedro Santisteve, Ada Colau, Dolors Sabater i José María "Kichi" durante un acto conjunto en Barcelona / SANDRA LÁZARO

En pleno repliegue de los 'comuns' en Catalunya y de las distintas confluencias de Podemos en toda España, Colau es de las pocas figuras de la nueva izquierda que sigue instalada en los cielos después de asaltarlos. Su proyección, política y mediática, será determinante para mantener las constantes vitales de un espacio político que debe reconfigurarse en los próximos años.

Mientras, Colau seguirá trabajando desde un despacho de alcaldía que sigue presidido por una frase que los 'comuns', entre tanto pragmatismo, se resisten a abandonar. "No olvidemos nunca quienes somos, de donde venimos y por qué estamos aquí". Esta es una de sus frases más rememoradas junto con otra que pronunció en la investidura de 2015: "Echadnos si no hacemos lo que hemos dicho". De momento, los votantes, y una envenenada aritmética consistorial, han decidido que Colau sea alcaldesa de nuevo.

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