Catalunya permitirá a las granjas de cerdos verter purines más cerca de viviendas y depósitos de agua

Purines como abono en Mariana (Cuenca).

Pol Pareja


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El Govern catalán permitirá que los ganaderos puedan almacenar, tratar y verter purines más cerca de domicilios, centros de trabajo y puntos de captación de agua. Así lo prevé una modificación del actual decreto de deyecciones ganaderas que está en fase de información y que previsiblemente se aprobará después del verano. 

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Los purines son una mezcla altamente contaminante de heces, orina y resto de comida que producen los animales. Tienen un alto nivel de nitrógeno que les permite ser utilizados como fertilizantes orgánicos. Estos residuos, sin embargo, también generan problemas por sus malos olores y porque al filtrarse en la tierra acaban contaminando las aguas subterráneas. También contaminan la atmósfera por las emisiones de amoníaco.

Actualmente, las plantas de almacenaje de purines de cerdo deben guardar una distancia de 750 metros respecto a núcleos de población, viviendas aisladas, polígonos industriales y centros de trabajo no agrario. En el documento que propone la modificación del decreto, la Generalitat señala que esta distancia es “excesiva” e imposibilita que en muchas zonas de Catalunya se puedan instalar plantas de tratamiento y almacenaje de este residuo.

La propuesta prevé reducir esos 750 metros de distancia de las plantas de purines a solo 400 metros de núcleos de población, casas aisladas y centros de trabajo. Otra de las opciones planteadas en la documentación implicaría una distancia de 500 metros para núcleos habitados, 400 metros para viviendas aisladas y 300 metros para los centros de trabajo. Para las deyecciones que no sean de cerdo se prevé una distancia mínima de entre 250 metros (naves industriales) y 400 metros (núcleos de población).

Catalunya fue en 2019 pionera a la hora de establecer distancias mínimas entre estas plantas y los municipios. Tres años después, apuesta por relajar las exigencias medioambientales en su normativa modificando el anexo del decreto de gestión de deyecciones ganaderas.

Desde el Departament d'Acció Climàtica creen que rebajando las distancias requeridas fomentarán la instalación de más y mejores plantas para tratar los purines y favorecerán el uso de abonos orgánicos. “Para nosotros, las deyecciones ganaderas nunca han sido un residuo, sino un fertilizante”, señala en conversación telefónica Neus Ferrete, subdirectora de Ganadería de la Generalitat.

“Si tenemos distancias de seguridad muy garantistas, muy prudentes, estamos dejando una parte de los campos sin que pueda llegar fertilizante orgánico, que es más beneficioso que el fertilizante mineral”, remacha Ferrete, que insiste en que la modificación de la normativa en ningún caso supone un paso atrás. “Al revés, es un paso adelante”, sostiene.

Vertidos más cerca de pozos de agua

La modificación no solo afectará a las plantas de almacenaje de residuos animales. También prevé reducir la distancia de seguridad cuando se viertan purines para usarlos como abono en campos cercanos a puntos de captación de agua y núcleos de población.

La Generalitat prevé una reducción considerable de esta distancia de seguridad respecto a los puntos de agua potable, a pesar de que el propio Govern admite que el 83% de las masas de agua subterránea en Catalunya tienen un exceso de nitratos por culpa de los purines y de los fertilizantes agrícolas.

Actualmente se debe guardar una distancia de entre 100 y 300 metros respecto a estos pozos de agua subterránea y núcleos de población, en función de si se aplican los purines directamente a la tierra o se hace con un sistema de tubos al nivel del suelo.

La Generalitat prevé reducir esta distancia a solo 75 metros respecto a puntos de captación de agua subterránea para todos los supuestos, sin distinguir la manera de aplicar los purines. También prevé una reducción similar de la distancia respecto a viviendas aisladas (25 metros) y polígonos industriales (75 metros). En el caso de otros fertilizantes animales que no provengan del cerdo también se reducirán las distancias requeridas.

De las 12 “zonas vulnerables” de agua subterránea identificadas por la Generalitat, solo tres mejoraron su percentil de nitratos entre 2019 y 2020. En el resto de puntos la contaminación aumentó con la excepción de una de las zonas, cuyo índice se mantuvo estable. Esto supone que, en algunas comarcas con alta concentración de granjas como Osona, en algunos momentos más del 40% de las fuentes públicas hayan tenido que colgar un cartel de “agua no potable”.

“No plantearía la nueva normativa como una mejora [de las aguas subterráneas] sino que no afectará negativamente”, responde Ferrete, la subdirectora de Ganadería. “No podemos dejar de fertilizar los campos, ahora parece una tontería pero la situación puede cambiar de un día para otro”, añade, en referencia a una posible falta de materias primas por la guerra de Ucrania. “Tenemos que intentar que la superficie rinda al máximo cumpliendo la normativa, preservando el medio ambiente e intentar ser autosuficientes en materia alimentaria”.

La propuesta de la conselleria liderada por Teresa Jordà (ERC) también contempla una lista de 60 municipios de montaña en los que se establecerá una distancia de solo cinco metros entre el municipio y los campos en los que se viertan purines como abono. Los municipios están en las comarcas del Alt Urgell, Alta Ribagorça, Berguedà, Cerdanya, Pallars Jussà, Pallars Sobirà, Solsonès y Vall d'Aran.

“Son medidas que benefician a la industria y perjudican al medio natural y a los acuíferos”, señala Jordi Gisbert, miembro de la organización animalista ADDA contra la cría intensiva de animales. “Lo que debería hacer el Govern es plantear cómo reducir la cabana porcina en Catalunya”. Según el Instituto de Estadística de Catalunya, en 2020 hubo más de 8 millones de cerdos en la comunidad.

El Govern también prevé modificar a la baja los índices de generación de purines previstos para cada cerdo. Prevé reducir el coeficiente actual de 2,15 metros cúbicos por cerdo hasta 1 metro cúbico. Ferrete explica que, tras analizarlo en 250 granjas durante un año, han llegado a la conclusión de que el valor actual no se ajusta a la realidad debido a los avances técnicos en la gestión de estos residuos. Precisa, sin embargo, que esta modificación no permitirá aumentar la cabana porcina a las granjas.

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