La portada de mañana
Acceder
PSOE y Podemos buscan in extremis un acuerdo sobre la ley del ‘solo sí es sí’
El brote de gripe aviar en una granja de visones acerca la transmisión entre humanos
OPINIÓN | 'Y a Sánchez se le acabó la paciencia', por Esther Palomera

Los 800 chilenos que llevaron a juicio a una de las mineras más importantes del mundo (y perdieron)

Lúa Pena Dopazo

0

“Todo empieza en los 80 en la planta de fundición Rönnskär, en Suecia”, cuenta Lars Edman, uno de los directores del documental Arica, un escándalo sobre los residuos tóxicos. En la factoría sueca, que pertenece a la minera Boliden, la misma que en España protagonizó el desastre de Aznalcóllar en el año 1998, se tratan y procesan distintos metales, como el oro, y de estos procedimientos resulta el lodo de fundición, un material con altos niveles de “arsénico, mercurio y plomo”, ilustra Edman. En 1985, “cuando aún había dictadura militar en Chile, Boliden envió cerca de 20.000 toneladas de lodos tóxicos a las afueras de Arica”, agrega el director.

“Boliden pagó 1 millón de dólares a la empresa chilena Promel para que se hiciera cargo de los residuos tóxicos”, sostiene Edman. “Pero solo se procesó una parte del lodo” y “el resto quedó apilado y dejado al olvido en las afueras de Arica”, amplia Edman. Los restos se encontraban cerca de un vecindario en crecimiento y estos acabaron convirtiéndose en “un patio de juego” para los niños de la zona. 

Con el paso del tiempo, los niños empezaron a enfermar y los casos de cáncer crecieron de modo exponencial. “Los médicos de Santiago se quedaron callados porque decían que eso era una alarma para la gente”, expresa una de las vecinas de Arica, que a continuación muestra la medicación que tiene que tomar su hijo de 10 años y que ha sido diagnosticado de resistencia insulínica. A continuación, aparece el caso de Roselyn, una joven a la que tuvieron que operar porque le estaban creciendo pechos en el abdomen. 

Lars Edman, director del documental junto a William Johansson Kalen, nació en Chile, pero fue adoptado por una familia sueca y, de hecho, su padre trabajó para Boliden. Hace unos 15 años Edman empezó a investigar el caso de los residuos tóxicos en Arica, que conectaba la localidad donde había crecido con su país de nacimiento. La indagación desembocó en el documental Toxic Playground (2010) en el que llegó a participar en Rolf Svedberg, antiguo gerente de medioambiente de Boliden. 

En 1998, los residuos habían sido trasladados y enterrados a 1 kilómetro de su localización original y, en 1999, el estado chileno y la empresa Promel habían sido llevados ante los tribunales y estos “tuvieron que pagar por los daños a un pequeño grupo de víctimas”, expone Edman. No obstante, la minera sueca nunca había tenido que dar explicaciones ante la justicia y eso es lo que se propusieron cerca de 800 ariqueños que comenzaron a preparar el caso en 2011, tras el estreno del documental de Edman y Johansson. El quid de la cuestión era demostrar “la relación entre las sustancias tóxicas y las enfermedades de esas personas”, exponía uno de los abogados de los demandantes chilenos, que aseguraba también que “Boliden actuó con negligencia” y, por ello, les pedían cerca de diez millones de euros de indemnización. 

Los abogados que representaban a los afectados se mostraban optimistas, ya que había habido casos similares precedentes en los que empresas o países del llamado primer mundo habían tenido que pagar por los daños causados en países en vía de desarrollo. Además, la justicia chilena había dicho que más de 19 microgramos de arsénico por litro de orina es perjudicial para la salud y los demandantes presentaron análisis en los que mostraban tener más de 30 microgramos.

Por su parte, Boliden contrató a diversos expertos para intentar demostrar que no había pruebas suficientes contra la minera y su abogado añadió que “cuando la gente se enteró de que los residuos eran tóxicos comenzó a considerarlos la causa de todo lo que les pasaba”. Una especialista en toxicología afirmó en el juicio que el arsénico en la orina puede deberse a otras muchas causas, como una alimentación a base de pescado y marisco, productos muy comunes en los comercios locales, según ella misma aseguraba haber visto. Cuando les preguntaron a los afectados, muchos de ellos enfermos de cáncer, pero también con problemas respiratorios y de fertilidad, aseguraron que ellos comen poco pescado y marisco porque son muy caros. 

Otro de los pilares de la defensa estaba en que la empresa no podía haber previsto que los residuos llegarían a la gente y que Promel no los gestionaría de forma adecuada. Sin embargo, Martin Lindström, otro de los gerentes que visitó Arica, ya supuso en los 80 que los lodos no serían tratados del modo correcto en Chile, según le había confesado a su hija. Asimismo, en Toxic Playground Rolf Svedberg, antiguo gerente de medioambiente, había afirmado que no necesitaba hacer estudios médicos para asegurar que las consecuencias de aquellos residuos “serían graves”.

La actitud de Svedberg, que se mostraba muy afectado en el documental de 2010 y que aseguraba estar triste porque “si hubiera tomado otra decisión aquel material jamás habría sido enviado” a Arica, cambió de forma drástica durante el juicio y aseguró que “su trabajo no era evaluar la credibilidad de la empresa chilena en cuanto al manejo de residuos”, pero tampoco “escoger el emplazamiento” de estos que, según él, ya había sido decidido de antemano. Asimismo, aseguró que cuando él visitó Arica por primera vez no había casas a la vista, aunque una fotografía que él mismo había tomado allí demostraba lo contrario.

Ambas partes desconocían cuál sería el derecho escogido para tratar el caso, si el sueco o el chileno. El 8 de marzo de 2018 se publicó la sentencia: se aplicó el derecho chileno, por lo tanto, los presuntos delitos no podían prescribir, sin embargo, el juez dictaminó que no se podía demostrar que existiera conexión entre los desechos de Boliden y el arsénico hallado en la orina de los demandantes y que Svedberg y la empresa habían cometido negligencia, pero que eso no tenía suficiente relevancia. Además, el tribunal sueco estipuló que 30 microgramos de arsénico por litro de orina no son dañinos, que sí lo sería a partir de 100. 

Los ciudadanos de Arica implicados en la demanda se sintieron decepcionados, pero aún les quedaba una última oportunidad: el tribunal sueco había decidido aplicar la ley chilena, pero había ignorado la sentencia en la que la justicia de Chile había dicho que 19 microgramos de arsénico son tóxicos para el ser humano. Tras conocerse la noticia, el director Lars Edman visita la antigua planta de Promel en Arica con un extrabajador que afirma: “Me da mucha pena saber que hubo gente preparada, gente que sabía, como los de Suecia que sabían que esos materiales eran tóxicos, siento que ellos se están riendo de nosotros”. 

En 2019, los chilenos presentan una alegación argumentando que no se aplicó la ley chilena como lo habría hecho un tribunal de Chile. En esta ocasión, el tribunal escoge estudiar el caso según la ley sueca, por tanto, se considera que los posibles delitos han prescrito. “Es difícil aceptar que se hizo justicia”, asegura el director Lars Edman. “Se suponía que el tribunal presentaría la verdad, pero ahora que dicen que el delito ha prescrito la verdad ni siquiera fue el tema de debate”, sentencia. 

El revés de esta nueva sentencia ha desilusionado, pero no ha desmoralizado por completo a las personas afectadas que a día de hoy siguen luchando y exigiendo al Estado sueco que envíe una delegación a la zona para conocer la realidad con sus propios ojos, cree un programa de salud y de reparación integral. También exigen que tome los tóxicos que quedan y se los lleven de vuelta a Suecia. 

“Todo empieza en los 80 en la planta de fundición Rönnskär, en Suecia”, cuenta Lars Edman, uno de los directores del documental Arica, un escándalo sobre los residuos tóxicos. En la factoría sueca, que pertenece a la minera Boliden, la misma que en España protagonizó el desastre de Aznalcóllar en el año 1998, se tratan y procesan distintos metales, como el oro, y de estos procedimientos resulta el lodo de fundición, un material con altos niveles de “arsénico, mercurio y plomo”, ilustra Edman. En 1985, “cuando aún había dictadura militar en Chile, Boliden envió cerca de 20.000 toneladas de lodos tóxicos a las afueras de Arica”, agrega el director.

“Boliden pagó 1 millón de dólares a la empresa chilena Promel para que se hiciera cargo de los residuos tóxicos”, sostiene Edman. “Pero solo se procesó una parte del lodo” y “el resto quedó apilado y dejado al olvido en las afueras de Arica”, amplia Edman. Los restos se encontraban cerca de un vecindario en crecimiento y estos acabaron convirtiéndose en “un patio de juego” para los niños de la zona. 

Con el paso del tiempo, los niños empezaron a enfermar y los casos de cáncer crecieron de modo exponencial. “Los médicos de Santiago se quedaron callados porque decían que eso era una alarma para la gente”, expresa una de las vecinas de Arica, que a continuación muestra la medicación que tiene que tomar su hijo de 10 años y que ha sido diagnosticado de resistencia insulínica. A continuación, aparece el caso de Roselyn, una joven a la que tuvieron que operar porque le estaban creciendo pechos en el abdomen. 

Lars Edman, director del documental junto a William Johansson Kalen, nació en Chile, pero fue adoptado por una familia sueca y, de hecho, su padre trabajó para Boliden. Hace unos 15 años Edman empezó a investigar el caso de los residuos tóxicos en Arica, que conectaba la localidad donde había crecido con su país de nacimiento. La indagación desembocó en el documental Toxic Playground (2010) en el que llegó a participar en Rolf Svedberg, antiguo gerente de medioambiente de Boliden. 

En 1998, los residuos habían sido trasladados y enterrados a 1 kilómetro de su localización original y, en 1999, el estado chileno y la empresa Promel habían sido llevados ante los tribunales y estos “tuvieron que pagar por los daños a un pequeño grupo de víctimas”, expone Edman. No obstante, la minera sueca nunca había tenido que dar explicaciones ante la justicia y eso es lo que se propusieron cerca de 800 ariqueños que comenzaron a preparar el caso en 2011, tras el estreno del documental de Edman y Johansson. El quid de la cuestión era demostrar “la relación entre las sustancias tóxicas y las enfermedades de esas personas”, exponía uno de los abogados de los demandantes chilenos, que aseguraba también que “Boliden actuó con negligencia” y, por ello, les pedían cerca de diez millones de euros de indemnización. 

Los abogados que representaban a los afectados se mostraban optimistas, ya que había habido casos similares precedentes en los que empresas o países del llamado primer mundo habían tenido que pagar por los daños causados en países en vía de desarrollo. Además, la justicia chilena había dicho que más de 19 microgramos de arsénico por litro de orina es perjudicial para la salud y los demandantes presentaron análisis en los que mostraban tener más de 30 microgramos.

Por su parte, Boliden contrató a diversos expertos para intentar demostrar que no había pruebas suficientes contra la minera y su abogado añadió que “cuando la gente se enteró de que los residuos eran tóxicos comenzó a considerarlos la causa de todo lo que les pasaba”. Una especialista en toxicología afirmó en el juicio que el arsénico en la orina puede deberse a otras muchas causas, como una alimentación a base de pescado y marisco, productos muy comunes en los comercios locales, según ella misma aseguraba haber visto. Cuando les preguntaron a los afectados, muchos de ellos enfermos de cáncer, pero también con problemas respiratorios y de fertilidad, aseguraron que ellos comen poco pescado y marisco porque son muy caros. 

Otro de los pilares de la defensa estaba en que la empresa no podía haber previsto que los residuos llegarían a la gente y que Promel no los gestionaría de forma adecuada. Sin embargo, Martin Lindström, otro de los gerentes que visitó Arica, ya supuso en los 80 que los lodos no serían tratados del modo correcto en Chile, según le había confesado a su hija. Asimismo, en Toxic Playground Rolf Svedberg, antiguo gerente de medioambiente, había afirmado que no necesitaba hacer estudios médicos para asegurar que las consecuencias de aquellos residuos “serían graves”.

La actitud de Svedberg, que se mostraba muy afectado en el documental de 2010 y que aseguraba estar triste porque “si hubiera tomado otra decisión aquel material jamás habría sido enviado” a Arica, cambió de forma drástica durante el juicio y aseguró que “su trabajo no era evaluar la credibilidad de la empresa chilena en cuanto al manejo de residuos”, pero tampoco “escoger el emplazamiento” de estos que, según él, ya había sido decidido de antemano. Asimismo, aseguró que cuando él visitó Arica por primera vez no había casas a la vista, aunque una fotografía que él mismo había tomado allí demostraba lo contrario.

Ambas partes desconocían cuál sería el derecho escogido para tratar el caso, si el sueco o el chileno. El 8 de marzo de 2018 se publicó la sentencia: se aplicó el derecho chileno, por lo tanto, los presuntos delitos no podían prescribir, sin embargo, el juez dictaminó que no se podía demostrar que existiera conexión entre los desechos de Boliden y el arsénico hallado en la orina de los demandantes y que Svedberg y la empresa habían cometido negligencia, pero que eso no tenía suficiente relevancia. Además, el tribunal sueco estipuló que 30 microgramos de arsénico por litro de orina no son dañinos, que sí lo sería a partir de 100. 

Los ciudadanos de Arica implicados en la demanda se sintieron decepcionados, pero aún les quedaba una última oportunidad: el tribunal sueco había decidido aplicar la ley chilena, pero había ignorado la sentencia en la que la justicia de Chile había dicho que 19 microgramos de arsénico son tóxicos para el ser humano. Tras conocerse la noticia, el director Lars Edman visita la antigua planta de Promel en Arica con un extrabajador que afirma: “Me da mucha pena saber que hubo gente preparada, gente que sabía, como los de Suecia que sabían que esos materiales eran tóxicos, siento que ellos se están riendo de nosotros”. 

En 2019, los chilenos presentan una alegación argumentando que no se aplicó la ley chilena como lo habría hecho un tribunal de Chile. En esta ocasión, el tribunal escoge estudiar el caso según la ley sueca, por tanto, se considera que los posibles delitos han prescrito. “Es difícil aceptar que se hizo justicia”, asegura el director Lars Edman. “Se suponía que el tribunal presentaría la verdad, pero ahora que dicen que el delito ha prescrito la verdad ni siquiera fue el tema de debate”, sentencia. 

El revés de esta nueva sentencia ha desilusionado, pero no ha desmoralizado por completo a las personas afectadas que a día de hoy siguen luchando y exigiendo al Estado sueco que envíe una delegación a la zona para conocer la realidad con sus propios ojos, cree un programa de salud y de reparación integral. También exigen que tome los tóxicos que quedan y se los lleven de vuelta a Suecia. 

“Todo empieza en los 80 en la planta de fundición Rönnskär, en Suecia”, cuenta Lars Edman, uno de los directores del documental Arica, un escándalo sobre los residuos tóxicos. En la factoría sueca, que pertenece a la minera Boliden, la misma que en España protagonizó el desastre de Aznalcóllar en el año 1998, se tratan y procesan distintos metales, como el oro, y de estos procedimientos resulta el lodo de fundición, un material con altos niveles de “arsénico, mercurio y plomo”, ilustra Edman. En 1985, “cuando aún había dictadura militar en Chile, Boliden envió cerca de 20.000 toneladas de lodos tóxicos a las afueras de Arica”, agrega el director.

“Boliden pagó 1 millón de dólares a la empresa chilena Promel para que se hiciera cargo de los residuos tóxicos”, sostiene Edman. “Pero solo se procesó una parte del lodo” y “el resto quedó apilado y dejado al olvido en las afueras de Arica”, amplia Edman. Los restos se encontraban cerca de un vecindario en crecimiento y estos acabaron convirtiéndose en “un patio de juego” para los niños de la zona.