El médico que persigue la primera placenta artificial del mundo: “Dentro de unos años será algo normal”
Solo hay tres grupos científicos en todo el mundo que avancen en el desarrollo de una placenta artificial: una incubadora líquida que permita a los bebés más prematuros sobrevivir –y hacerlo sin secuelas graves– fuera del útero materno. Uno de ellos está en Filadelfia (Estados Unidos); otro es un consorcio australiano-japonés, y el tercero trabaja en Barcelona, liderado por el médico Eduard Gratacós.
Tras más de cinco años de investigación, el proyecto fetaLife de BCNatal –un consorcio del Hospital Clínic y Sant Joan de Déu, financiado por la Fundació La Caixa– ha logrado elevar ya a 21 días la supervivencia de un feto de oveja. Ahora, Gratacós y su equipo han iniciado los trámites para poder hacer ensayos con humanos, un reto que, reconoce, requiere un salto de escala en cuanto a tecnología e inversión.
Aun así, Gratacós, catedrático de Medicina de la Universitat de Barcelona (UB) y especialista en medicina y cirugía fetal, cree que las placentas artificiales serán una realidad más pronto que tarde. Se trataría de un hito científico que podría dar esperanza y mayor tranquilidad a las familias que ven nacer a hijos prematuros con menos de seis meses de gestación: unas 25.000 cada año en Europa.
¿Qué es exactamente una placenta artificial, a la que se llama también incubadora líquida?
Es un sistema por el cual consigues mantener a un bebé que ha nacido como si no hubiese nacido. Ha salido de su madre, pero le mantenemos las condiciones. ¿Qué es lo que diferencia a un feto de un recién nacido? Que no respira, que vive rodeado de líquido y que se alimenta y respira a través del cordón umbilical. Bien, pues eso es lo que intentamos conseguir. Esto es importante porque cuando no tiene que activar sus pulmones, no tiene que activar sus intestinos y está en un medio líquido con temperatura estable, puede seguir madurando como estaba previsto. Si no, lo ponemos en una situación de mucho estrés, que es lo que pasa a un prematuro. Y cuando son muy prematuros, realmente nos cuesta.
¿De cuántas semanas de gestación estamos hablando?
En realidad no sabemos cuál sería el momento ideal para hacerlo, pero todo el mundo estaría de acuerdo que por debajo de edades extremas: probablemente 23 o 24 semanas. Luego habría una pequeña fase de transición y a partir de las 28, con los medios actuales, les podemos dar unas garantías muy altas.
¿Cuáles son los problemas que presenta un bebé tan prematuro?
Un prematuro por debajo de las 28 semanas presenta problemas a distintos niveles. El más claro es la respiración, porque su pulmón se está fabricando y no ha acabado: le obligamos a funcionar antes de que tenga la capacidad para ello. Sus intestinos también son muy sensibles, no están preparados para tolerar ingesta. Otra dificultad es mantener unos niveles de oxígeno perfectamente equilibrados y fisiológicos, lo que hace que el cerebro pueda sufrir y que a veces estos niños tengan problemas de neurodesarrollo que afectan a veces a la inteligencia, al movimiento o a sentidos como la vista o el oído.
También tienen la piel extremadamente delicada: es papel de fumar, pierden líquido y temperatura. Finalmente, la propia agresividad con la que tenemos que manipularlos hace que haya riesgos altos de infecciones. Riesgos relevantes. Todo ese conjunto es el que hace que no les podamos garantizar unos resultados tan buenos como los de un bebé no tan prematuro, de 30 o 31 semanas. De cara a desarrollar la incubadora líquida, hay que ponerse en situaciones extremas, cuando haya riesgos del 80% o 90% de mal resultado.
¿De mortalidad del bebé?
De mortalidad o secuelas graves.
Avanzada ya la investigación en animales, concretamente en ovejas, ¿cómo de cerca estamos de ver ensayos con humanos?
Muy cerca y, según como se mire, muy lejos. Lo que falta es dinero. Se necesita una serie de instrumental o equipamiento que en este momento es experimental y que ha de pasar a acabado industrial. Esto puede parecer banal, pero no lo es. Para probar nuestra investigación en humanos necesitamos que una serie de componentes artesanales, hechos por ingenieros de primer nivel, pasen a tener un acabado industrial que no se estropee nunca. De forma que una agencia de la seguridad o del medicamento nos permita probarlo sin generar riesgo adicional.
¿Algún ejemplo para que se entienda de qué tipo de material o tecnología hablamos?
Por ejemplo, la sangre del bebé tiene que pasar por un circuito mínimo de 60 a 70 mililitros, que es toda la que tiene el bebé en su cuerpo y en la placenta. Para una persona normal, este circuito puede tener 2 o 3 litros. La miniaturización hay que hacerla de forma que no se produzcan coágulos, que no haya reacciones con el material, que se mantenga a una temperatura que no oscile… Es dificilísimo. Si a un feto le cambio la temperatura tres grados hacia abajo, lo mato. Todo esto requiere mucho esfuerzo, muchas horas de trabajo y financiación.
¿Cree entonces que lo veremos pronto?
Estamos en el curso de solicitar a la Agencia Española de Medicamentos y a la Agencia Europea permiso para hacer lo que se llama First in Human: primero en humanos. Después vendría la parte regulatoria, que serán unos años más. Soy optimista: creo que se pueden conseguir los fondos. Hay inversores interesados en Catalunya y hay también fondos públicos. Yo diría que estamos a medio camino.
¿En qué punto están los otros dos grupos de investigación que trabajan en ello?
Hasta hace pocos años eran proyectos que iban por delante, porque nosotros nos unimos en 2018, cuando ellos ya llevaban siete u ocho años trabajando. El que ha llegado más lejos es el grupo de Filadelfia: han conseguido demostrar que pueden mantener a un feto hasta 28 días en el sistema, ya tienen muy avanzado un sistema preclínico y están esperando permiso de la FDA americana. Están bastante preparados para hacer un primero en humanos.
He trabajado siempre en hospitales universitarios con niveles de publicación muy altos, pero con un nivel de transferencia muy bajo. Nuestro sistema de patentes es muy deficitario comparado con otros
Sea gracias a BCNatal u otros investigadores, ¿cree que las placentas artificiales serán una realidad en los hospitales?
La intención es esa. Es un proyecto de una ambición muy grande que no es habitual en nuestro medio. Como médico investigador, he trabajado toda mi vida en hospitales universitarios con niveles de publicación muy altos, pero siempre con el nivel de transferencia tradicionalmente bajo que tenemos en España. Nuestro sistema de patentes es realmente muy deficitario comparado con Holanda, Israel, Reino Unido, Estados Unidos o Suiza. Aun así, este sistema lo veremos, va a ser una realidad seguro. Me gustaría verlo como profesional y eso quiere decir que debería ser en los próximos diez años más o menos.
Hay cosas que hace 100 años parecían magia, como hacer un trasplante, y ahora forman parte de lo normal. En realidad, para un feto que no puede estar más dentro de su madre, es mucho más natural estar en un sistema que lo mantenga como feto, que sacarlo e intentarlo hacer vivir sin estar preparado. ¿Es difícil? Sí. ¿Complicadísimo? Por supuesto. Pero cada vez que me subo a un avión también me quedo asombrado de que sea posible. Dentro de unos años se considerará algo normal.
Usted llevó a cabo la primera cirugía fetal en España, en 1999. Era entre dos gemelas que padecían transfusión feto-fetal. ¿Cómo han cambiado las cirugías gestales desde entonces?
Han mejorado, pero no extraordinariamente. El salto brutal fue cuando se hicieron endoscopios muy finos, en los años 90 y principios de los 2000. Al feto lo puedes operar de 15 o 20 cosas, no mucho más, porque hay que pasar por la mamá. Recientemente, hemos añadido la gastrosquisis.
¿Cuál sería el siguiente salto en estas cirugías? ¿Alguna nueva patología operable?
Es que el gran reto sería tener una placenta artificial, porque entonces podríamos hacer muchas más cirugías fetales. Podrías tener al feto en un entorno en el que la madre no te limita.
A menudo las cirugías fetales presentan problemas éticos por el riesgo de la madre.
Claro, por ejemplo si tienes que hacer una cesárea a una madre que no la hubiese necesitado. Inevitablemente implican un riesgo. Siempre ha habido mucha discusión bioética: el caso de la gastrosquisis, que creo que claramente tiene beneficios, se presentó un comité de ética asistencial, se explicaron muy bien las razones y el comité también se preocupa mucho de que la mamá y la familia lo comprendieran bien.
Le quería preguntar por la preeclampsia, uno de los principales problemas del embarazo. ¿Qué avances ha habido en los últimos años para tratarla?
En los últimos diez años han sido extraordinarios. En las preeclampsias precoces, que son las más graves, hoy en día con un cribado en primer trimestre y con una aspirina conseguimos reducirla en un 60%. Ha sido un grandísimo avance. Además, con indicadores que van a ser algoritmos y que miran cómo funciona la placenta y la predisposición que tiene la madre, estaremos cerca de saber que la mamá va a hacer preeclampsia.
También es una oportunidad extraordinaria para detectar riesgo cardiovascular alto al cabo de 10-15 años, y eso es totalmente prevenible con cambios en el estilo de vida. Aunque a la gente le cuesta muchísimo más cambiar su forma de comer que tomarse tres pastillas al día, y paradójicamente, las grandes complicaciones del embarazo se reducen a la mitad cambiando eso.
Justamente ustedes tienen una investigación sobre como la dieta mediterránea beneficia al embarazo.
Absolutamente. Es además un artículo extraordinariamente citado, porque demuestra por primera vez que puedes mejorar el crecimiento fetal y puedes reducir la preeclampsia a la mitad simplemente con una dieta mediterránea, que al final es una dieta antiinflamatoria. Puedes reducir grasas saturadas de animales, introducir frutas, introducir nueces, introducir calcio, que también es importante... Es decir, grasas saludables, fruta y sobre todo reducir azúcar, que ha sido el gran enemigo ignorado durante muchísimos años.
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