OPINIÓN: La política y las distintas maneras de sufrir
Han pasado ya varios días desde que los españoles quedamos atenazados ante el espanto y el desconcierto de la tragedia inexplicable, de la maldad sin límites, de los indiscriminados efectos de la locura. Todavía no estamos en tiempos de explicaciones, de racionalidad fría, porque el duelo tiene su tiempo, la emocionalidad se impone y porque nada racional puede sobreponerse a los sentimientos que ahora vivimos en colectivo.
Asistimos a tiempos de incertidumbre y el humor social es un imprescindible factor a valorar para la gestión política de lo público. No hay mejor situación para darle valor a la emoción pública que la que estamos viviendo estos días.
Si bien puede ser demasiado pronto para hacerlo, tratemos de sacar conclusiones que la política debería tomar en cuenta por encima de los intereses partidistas coyunturales. Ninguna situación electoral como la que ahora vivimos en España y en Catalunya puede imponerse a la gestión del humor social, como saben todos los que han perdido elecciones precisamente por haberse equivocado en esto.