Catástrofes continuadas

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El planeta nos manda, uno tras otra, catástrofes continuadas que arrasan nuestro bienestar produciendo alarmas, desalojos, miedos y muertes. Es muy cruel, decimos.

Pero en esa batalla desigual nosotros empezamos primero enviando a este planeta oleadas agresivas de desatino. Contaminamos su aire, sus mares, sus ríos. Deforestamos sus bosques sin piedad destrozando flora y fauna; cazamos especies hasta su extinción sin pestañear y colgamos los trofeos en nuestro salón. En definitiva, derrochamos sus riquezas sin pudor. A esas oleadas de catástrofes que le mandamos a la Tierra le llamamos progreso y nos quedamos tan tranquilos. Nos quejamos de la ruina que nos producen las tormentas, pero nos recreamos en nuestro expolio sobre el planeta maltrecho.

Somos miopes, ignorantes y suicidas. Preferimos invertir en reparar antes que en prevenir, y las muertes siempre caen del lado de quien no tiene responsabilidades directas. No le prestamos atención a nuestro hábitat, no respetamos nuestra casa grande, pero exigimos que nos respete a nosotros que somos los invasores. ¿Por qué iba a hacerlo?

Hemos planteado nuestra relación como un combate, no como una convivencia. Queremos imponer nuestros intereses por encima de todo, esos que van contra nosotros mismos, y no entendemos las consecuencias trágicas. Todo lo que se nos ocurre es querer enseñar a llover a la lluvia, enseñar a soplar al viento, enseñar a calentar al sol, enseñar a dormir al subsuelo. Somos altivos, maestros de nada y responsables de todo.

La Tierra nos mira sorprendida. Os he dado lo que tengo, piensa: vida, diversidad, alimentos, agua, aire, belleza, y lo estáis dilapidado sin miramiento coronándoos como reyes de aquello que destruís. Os creéis fruto de la evolución, pero en realidad sois una regresión, incapaces de habitar sin destrozar. Buscáis vida en otros planetas, pobres de ellos, lo que les espera, pero no sabéis cuidar la vida que hay en este. Si de verdad sois tan listos como creéis, revisad de una vez vuestra relación conmigo. Lo escribisteis en vuestra Constitución, ¿no lo recordáis?, defender y restaurar el medio ambiente, de eso ya hace mucho.

Los verdaderos sabios lo saben desde hace años, los científicos lo explican avisándonos de los riesgos, la ley lo recoge, la evidencia nos pone delante del espejo, pero miramos para otro lado argumentando artificios y seguimos confiando en un progreso dopado, mentiroso y cortoplacista que nos llevará a la ruina.

No sé qué más necesitamos para decidir cambiar de rumbo. El tiempo se acaba, el planeta se rebela exhausto con su furia infinita, y nosotros nos quejamos poniendo parches diminutos a boquetes de sinrazón. Es más sensato reconciliarnos con la naturaleza y disfrutar de sus maravillas con respeto, con cuidados; es mejor colaborar en lugar de enfrentarnos a ella, ahora que estamos a tiempo.

Ojalá seamos capaces de reflexionar. Ojalá sepamos transformar nuestra mirada, doctorarnos en humildad, y entender el sentido de la vida y la responsabilidad que supone habitar el extraordinario planeta azul. Ojalá.