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Retrasamos los relojes

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No es mío, es el mejor titular de todos los que han alimentado las pancartas de los manifestantes americanos ante la decisión de anular el derecho al aborto. “Retrasamos los relojes 50 años” rezaba una de las banderas enarboladas este fin de semana en multitud de ciudades americanas, porque el fallo judicial nos ha devuelto al pasado y ha provocado el resurgimiento de una polémica que hoy superada enfrentó y polarizó la sociedad en su momento.

La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos, el equivalente al Tribunal Supremo Español, de anular la legalidad de la interrupción voluntaria del embarazo en su territorio supone sin duda un retroceso sin precedentes en los derechos que nos retrotraen al siglo pasado. Las características especiales de la distribución territorial americana en la que cada Estado mantiene competencias sobre su legislación, permite que en este momento la decisión recaiga en los gobiernos estatales y no exclusivamente en el federal.

No es una prohibición, es aún peor, es una anulación del derecho. La Corte Federal tomó una decisión que en la práctica significa que el derecho de las mujeres a decidir si desean llevar adelante su embarazo o no, ha desaparecido 49 años después de su aprobación como si nunca hubiera existido.

La sociedad americana tan “moderna” y puritana al mismo tiempo divide sus críticas a la resolución basándose en argumentos variopintos. Similar situación se da a la hora de la defensa. En mi opinión la más sangrante e insultante es la del juez Samuel Alito, magistrado nombrado por Bush en 2005 y que sin ningún pudor remite a la carta magna para defender su posición. “La Constitución no hace referencia al aborto, y ningún derecho de este tipo está protegido implícitamente por ninguna disposición constitucional. Es hora de hacer caso a la Constitución y devolver el tema del aborto a los representantes electos del pueblo”, sobre todo porque el Congreso americano tiene una mayoría de miembros que apoyan el derecho al aborto pero no así en el Senado, con lo que la solución se presenta complicada para quienes defienden el mantenimiento del derecho de las mujeres a decidir cuándo quieren ser madres.

Las mujeres americanas se van a ver obligadas a viajar a Estados vecinos para poder tener atención medica adecuada y aunque está por ver si se mantiene la legalidad de la píldora del día después en todo el país, esta opción va a ser clave en los programas electorales del próximo otoño ya que el único organismo que puede restablecer el derecho al aborto en todo el país es el Congreso.

¿Recuerdan cuando en España no existía el derecho a decidir cuándo ser madre?; ¿recuerdan cuantas mujeres murieron a manos de carniceros?; ¿recuerdan qué gobierno aprobó la legislación para que fuéramos nosotras las que tuviéramos la potestad para elegir el momento?; y por cierto ¿recuerdan qué partido mantiene recurrido en el juzgado el derecho al aborto en España?.

La situación en EEUU puede restablecerse o agravarse según los resultados de los próximos comicios electorales. En España también. Hoy tenemos la tranquilidad del mantenimiento de los derechos que nos da la seguridad al tener un gobierno progresista.

Si la superpotencia americana marca las líneas de desarrollo del mundo deberíamos empezar a temblar y sobre todo deberíamos elegir con mucha cautela a nuestros representantes en las cámaras legislativas y los gobiernos (central y autonómicos fundamentalmente) y a las personas que formen el máximo órgano judicial.

No es mío, es el mejor titular de todos los que han alimentado las pancartas de los manifestantes americanos ante la decisión de anular el derecho al aborto. “Retrasamos los relojes 50 años” rezaba una de las banderas enarboladas este fin de semana en multitud de ciudades americanas, porque el fallo judicial nos ha devuelto al pasado y ha provocado el resurgimiento de una polémica que hoy superada enfrentó y polarizó la sociedad en su momento.

La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos, el equivalente al Tribunal Supremo Español, de anular la legalidad de la interrupción voluntaria del embarazo en su territorio supone sin duda un retroceso sin precedentes en los derechos que nos retrotraen al siglo pasado. Las características especiales de la distribución territorial americana en la que cada Estado mantiene competencias sobre su legislación, permite que en este momento la decisión recaiga en los gobiernos estatales y no exclusivamente en el federal.

No es una prohibición, es aún peor, es una anulación del derecho. La Corte Federal tomó una decisión que en la práctica significa que el derecho de las mujeres a decidir si desean llevar adelante su embarazo o no, ha desaparecido 49 años después de su aprobación como si nunca hubiera existido.

La sociedad americana tan “moderna” y puritana al mismo tiempo divide sus críticas a la resolución basándose en argumentos variopintos. Similar situación se da a la hora de la defensa. En mi opinión la más sangrante e insultante es la del juez Samuel Alito, magistrado nombrado por Bush en 2005 y que sin ningún pudor remite a la carta magna para defender su posición. “La Constitución no hace referencia al aborto, y ningún derecho de este tipo está protegido implícitamente por ninguna disposición constitucional. Es hora de hacer caso a la Constitución y devolver el tema del aborto a los representantes electos del pueblo”, sobre todo porque el Congreso americano tiene una mayoría de miembros que apoyan el derecho al aborto pero no así en el Senado, con lo que la solución se presenta complicada para quienes defienden el mantenimiento del derecho de las mujeres a decidir cuándo quieren ser madres.

Las mujeres americanas se van a ver obligadas a viajar a Estados vecinos para poder tener atención medica adecuada y aunque está por ver si se mantiene la legalidad de la píldora del día después en todo el país, esta opción va a ser clave en los programas electorales del próximo otoño ya que el único organismo que puede restablecer el derecho al aborto en todo el país es el Congreso.

¿Recuerdan cuando en España no existía el derecho a decidir cuándo ser madre?; ¿recuerdan cuantas mujeres murieron a manos de carniceros?; ¿recuerdan qué gobierno aprobó la legislación para que fuéramos nosotras las que tuviéramos la potestad para elegir el momento?; y por cierto ¿recuerdan qué partido mantiene recurrido en el juzgado el derecho al aborto en España?.

La situación en EEUU puede restablecerse o agravarse según los resultados de los próximos comicios electorales. En España también. Hoy tenemos la tranquilidad del mantenimiento de los derechos que nos da la seguridad al tener un gobierno progresista.

Si la superpotencia americana marca las líneas de desarrollo del mundo deberíamos empezar a temblar y sobre todo deberíamos elegir con mucha cautela a nuestros representantes en las cámaras legislativas y los gobiernos (central y autonómicos fundamentalmente) y a las personas que formen el máximo órgano judicial.

No es mío, es el mejor titular de todos los que han alimentado las pancartas de los manifestantes americanos ante la decisión de anular el derecho al aborto. “Retrasamos los relojes 50 años” rezaba una de las banderas enarboladas este fin de semana en multitud de ciudades americanas, porque el fallo judicial nos ha devuelto al pasado y ha provocado el resurgimiento de una polémica que hoy superada enfrentó y polarizó la sociedad en su momento.

La decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos, el equivalente al Tribunal Supremo Español, de anular la legalidad de la interrupción voluntaria del embarazo en su territorio supone sin duda un retroceso sin precedentes en los derechos que nos retrotraen al siglo pasado. Las características especiales de la distribución territorial americana en la que cada Estado mantiene competencias sobre su legislación, permite que en este momento la decisión recaiga en los gobiernos estatales y no exclusivamente en el federal.