Paco Gorrea: “Llíria tiene que crecer acompañada de sus industrias, no queremos ser una ciudad dormitorio”
Paco Gorrea todavía no lleva un año como alcalde de Llíria y con sus 36 años ya adelanta que, aunque aspirará a alargar una legislatura más el gobierno progresista de L’Almodí, no cree que su trayectoria política sea muy larga. Entiende la política local como arraigada en la identidad como pueblo de Llíria, que se apoya en su pasado milenario, pero diseña un futuro vinculado especialmente a la industria. Gorrea ve necesario sanear las comunicaciones con València, pero huye de convertir Llíria en una ciudad dormitorio de la capital.
Llevas algo más de medio año como alcalde y tienes que gestionar ya polémicas heredadas, como la de la planta de biometano. Con el crecimiento de la oposición vecinal, ¿cómo se ve un proyecto que desde el primer momento ha tenido apoyo del Ayuntamiento?
Como bien dices, este proyecto viene ya de años heredado. Lo primero que hay que tener en cuenta es que nuestro plan general —y así lo prevé desde 2007, en la modificación puntual que se aprobó— establece que las empresas sujetas a DIC (declaración de interés comunitario) deben ir en este terreno donde se proyecta esta planta de biometano. Sí que es cierto que en 2019 viene esta empresa, piden la compatibilidad urbanística, se les da y empiezan todo el procedimiento con la Generalitat, que es la que da las autorizaciones ambientales integradas, la evaluación de impacto ambiental y la DIC, que es el factor determinante.
Nosotros, en un primer momento, como cualquier empresa que viene a implantarse a nuestro municipio, le damos todo el apoyo. ¿Por qué? Porque entendemos que la industrialización es un motor esencial para el crecimiento de Llíria. Sí que es cierto que no entendíamos o no éramos conocedores de la problemática o la magnitud del rechazo que podría tener este tipo de industria para una parte de la población, en este caso dos municipios vecinos —Casinos y Domeño— y algunas urbanizaciones que rodean la planta.
Una vez somos conocedores de este rechazo, nos ponemos a trabajar para ver cómo podemos estar junto a los vecinos e intentar, de algún modo, minimizar el impacto. Sí que es cierto que ahora mismo, en el procedimiento en el que estamos, se hace muy complicado. No es el Ayuntamiento de Llíria el que autoriza la planta; nosotros somos los competentes para dar una licencia de obras, que es un acto reglado. Si cumpliera todas las autorizaciones de Conselleria —que en este caso las cumplía— tendríamos que darla; sin embargo, a pesar de tener las licencias de obras sobre la mesa desde hace medio año, a estas alturas no las hemos firmado, porque hemos intentado, primero, escuchar a los vecinos y a la asociación que se ha formado en contra de la instalación de esta planta, y después tener estas consultas en Conselleria también, mediante informes técnicos y jurídicos, para ver de qué manera podemos apoyar a todo este movimiento. En esto estamos. Al final, la gente nos pide que nos posicionemos, pero nuestra circunstancia nos hace tener que ser muy prudentes y muy discretos, y así lo somos. Pero yo creo que al final los hechos hablan más que las palabras, y el hecho es que a estas alturas no hemos dado la licencia, porque estamos trabajando para ver de qué manera podemos apoyar a este movimiento vecinal.
La empresa insiste en que se cumplen todas las garantías legales y sanitarias, pero en las últimas contestaciones ya ha llegado a decir que son protestas ideológicas. ¿Pedirías algún tipo de cambio de actitud, o cómo lo ves?
Yo, aquí, no me meteré, es una cuestión de una empresa privada. Yo no comparto que sean unas protestas ideológicas. Creo que la gente tiene una preocupación lógica. Al final, uno tiene una vivienda y la tiene en un territorio determinado porque quiere tener unas condiciones de vida, y probablemente con las industrias hay que conjugarlo todo. Una industria es un impacto para tu modo de vida. Yo creo que va más por aquí que por la parte ideológica.
Lo que pasa en el territorio nacional, en España, con todo este boom del biometano, aquí sí que no me meteré, porque no he entrado. He tenido todo el foco puesto en mi municipio y no sé qué se mueve por fuera.
Más allá de esta planta, en Llíria hay otros vectores de ocupación, como son los polígonos industriales, las industrias de Carrasses, con empresas como Power Electronics. ¿Cuál es la salud del sector industrial local?
Debo decir que es muy positiva. En 2015 ya se hizo un trabajo importante para poner en marcha el polígono de Carrasses, que era algo vital para la salud económica del municipio. De hecho, los últimos datos de paro y de empleabilidad lo demuestran así: estamos casi doblando la empleabilidad y todo esto ha venido por la industrialización, no podemos negarlo.
No paran de llamar empresas que quieren suelo industrial para venir a Llíria. Primero, porque creo que el gobierno local ha demostrado en los últimos años que cuida sus empresas, que está a su lado y que facilita todas las necesidades que puedan tener. Por eso tenemos que estar a la altura y tenemos que crear más suelo industrial; y esto lo haremos con una modificación del plan general para poder tener un millón de metros cuadrados de suelo industrial en los próximos años. Será a medio plazo, porque, al final, creemos que Llíria tiene que crecer de la mano de sus industrias.
Hablas de suelo industrial, pero, ¿cómo está el suelo urbano de vivienda, como está la vivienda? Porque esto va vinculado también a la ocupación; si se genera perspectiva de trabajo, puede venir gente. Además, como es una ciudad relativamente cercana a València, se puede llegar a la problemática de ser una ciudad dormitorio. ¿Cómo se encara esta gestión del posible crecimiento de población?
Este es el deber de todas las administraciones. La local es la que menos competencias puede tener en este sentido, pero sí que es cierto que nosotros no queremos ser una ciudad dormitorio, queremos ser una ciudad viva y que la gente venga a desarrollar su vida. Creo que lo somos ahora mismo, pero tenemos que luchar más; este crecimiento industrial no puede venir sin un crecimiento también de la oferta de vivienda.
Nosotros, lo poquito que está en nuestra mano, lo hacemos. Hemos hecho un inventario de parcelas municipales mirando las que son urbanas y con posibilidad de construcción para sacarlas a subasta, siempre con prioridad para jóvenes. Además, desarrollaremos en los próximos meses la unidad de ejecución 14, en la que se permitirá la construcción de algunas viviendas; y también queremos desarrollar una modificación puntual —en este caso sería del plan general— para poder hacer de las plantas bajas viviendas y que no sean solo para uso terciario. Todo esto también vendrá aparejado —y confiamos que así sea — de una política de vivienda importante por parte del Gobierno de España.
Industria y vivienda necesitan también unas infraestructuras. Comunicaciones, fundamentalmente la carretera CV-50, la conexión al Corredor Mediterráneo, pero también el metro, que es un problema endémico en Llíria. ¿Cómo se encara el hecho de conjugar este crecimiento con la necesidad de mejorar las comunicaciones?
Vital. Aquí sí que es verdad que creo que tenemos que ir de la mano de la Mancomunidad del Camp de Túria. La comunicación en la comarca ahora mismo no es la que debería ser; todavía tenemos un déficit importante en nuestros municipios. Aquí la Mancomunidad tiene mucho que decir y me consta que la presidenta y todos los grupos que la formamos estamos de acuerdo en ello. Tenemos que ir a la Generalitat a reclamar lo que es justo y creemos que todo el crecimiento que experimentaremos —no solo nosotros, no solo Llíria, sino toda la comarca— tendrá que venir de manera sostenida y con una inversión fuerte por parte de la Generalitat Valenciana en infraestructuras de metro y de comunicación potentes.
Llíria va unida a la cultura, especialmente a la música y al patrimonio histórico. ¿Cuáles son las prioridades del gobierno para cuidar de este tipo de patrimonio y poder aprovecharlo no solo para la vida y el disfrute de los vecinos, sino también para la proyección que pueda hacerse a través del turismo?
En Fitur presentamos hace unos días la oferta para 2026. Unimos los dos grandes pilares, sobre todo patrimonio y música, que es en lo que nosotros tenemos nuestra especialización y nuestra potencialidad. Todo esto creemos que tiene que ir de la mano, porque, si somos Ciudad Creativa por la Unesco —esa marca tan importante y tan internacional que hace que Llíria se pueda distinguir del resto de los municipios de todo el país— nuestro patrimonio, evidentemente, dice mucho de esto.
Tenemos 14 BIC (bien de interés cultural) y 3.000 años de historia que se pueden recorrer en Llíria casi en un día. Además, todo esto es importante y tiene que venir también acompañado de la inversión. Por eso, el Gobierno de España nos concedió dos subvenciones importantes y estamos actuando ahora mismo en la muralla y en las termas romanas para poder tener esta inversión en nuestro patrimonio, que hace falta. No nos cansaremos de pedir más, porque, con todo lo que tenemos, hay que invertir y hay que cuidarlo.
Llíria ha convertido en tradición en las últimas legislaturas el pacto entre el PSPV y Compromís y el relevo en la alcaldía entre ambas fuerzas. ¿Cuál es la salud de la relación entre los socios de gobierno, sobre todo en orden a las próximas elecciones en 2027 ante un presumible auge de la derecha?
Son ya 12 años de gobiernos progresistas, algo nunca visto en Llíria, y trabajaremos para que sean dieciséis. Creo que si algo nos distingue es que, evidentemente, somos dos fuerzas progresistas, cada una tiene su línea de trabajo, pero esto se aparca y vamos todos a una. Yo creo que esto es lo que hace que la gente continue confiando en el gobierno de L’Almodí, porque, cuando nos ponemos a trabajar, cuando entramos por la puerta del ayuntamiento, somos un gobierno.
Somos un gobierno que va a la par con los proyectos consensuados sobre la mesa. De hecho, aprobamos a comienzos de la legislatura el plan de inversiones municipal 2023-2027; lo aprobamos con mucho trabajo, nos sentamos los dos grupos y decidimos cuáles eran las líneas de trabajo a seguir. Este plan, que es público y se puede consultar, va cumpliéndose.
Y en orden al futuro, evidentemente, no se puede descartar un nuevo pacto. Somos conscientes todos de la realidad política en nuestro país y la realidad política hoy dice que las mayorías absolutas son prácticamente inexistentes; pueden darse en algún municipio, pero en Llíria es muy complicado. Así que sabemos todos que nos necesitamos, sabemos que debemos estar unidos y somos conscientes que así tiene que continuar.