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Por qué nuestra piel empeora en verano: no es solo el sol, también puede ser la microbiota

La piel en verano debe protegerse del sol, pero los cambios en la rutina alimentaria y las bacterias intestinales influyen en su estado.

Darío Pescador

14 de agosto de 2026 22:04 h

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Cuando se habla de la piel en verano es normal pensar en las quemaduras solares, pero los cambios van a veces más allá. Muchas personas notan que la dermatitis se activa, que el acné reaparece o que la rosácea se irrita más de lo habitual. Aunque se pueda pensar que el calor, el sudor y el sol son los principales culpables, hay otro sistema menos visible que también influye: la microbiota intestinal.

Qué es y cómo funciona el eje intestino-piel

“El denominado eje intestino-piel describe la comunicación que existe entre el aparato digestivo, el sistema inmunitario y la piel”, explica la doctora Susana Torres, oncóloga y coordinadora de Urgencias del Hospital Universitario Sanitas Virgen del Mar. “La dieta puede modificar la microbiota intestinal y algunos compuestos producidos por estas bacterias pueden intervenir en la regulación de la inflamación. Además, se han observado diferencias en la microbiota de personas con dermatitis atópica o psoriasis frente a personas sin estas enfermedades, aunque todavía no se puede afirmar que esas alteraciones sean su causa directa”, añade.

Una revisión publicada en 2022 analizó sistemáticamente la relación entre microbiota intestinal y enfermedades cutáneas e identificó los mecanismos por los que la disbiosis intestinal puede afectar a la piel. Por un lado, la inflamación produce una reducción de la capa de moco intestinal. Además, aumenta la permeabilidad intestinal, lo que favorece el paso de microorganismos a través de la barrera intestinal y dispara la producción de productos inflamatorios. Esto a su vez produce una respuesta intensa del sistema inmunitario. Todos estos factores son disparadores de crisis en las enfermedades cutáneas asociadas a alteraciones inmunitarias, como la psoriasis, la dermatitis atópica, el acné vulgar y la rosácea.

Lo que el verano hace a la microbiota

“El verano suele implicar cambios importantes en la rutina: variaciones en los horarios de las comidas y del sueño, más viajes, mayor consumo de alcohol, comidas más abundantes o con más productos ultraprocesados y, en ocasiones, tratamientos con antibióticos por infecciones propias de esta época”, enumera Mar Sánchez Somolinos, médica especialista en enfermedades infecciosas y microbiología clínica, y jefa de la Unidad de Microbiota de la clínica Neogenia.

Pero ¿en qué consiste esta alteración? El mecanismo principal es la reducción de diversidad bacteriana, es decir, que haya menos especies distintas de bacterias en el intestino, lo que rompe el equilibrio con el sistema inmunitario. “Los estudios muestran que una dieta pobre en fibra y rica en alimentos ultraprocesados, grasas y azúcares se ha asociado con una menor diversidad de la microbiota intestinal y con una menor capacidad de producción de ácidos grasos de cadena corta, los metabolitos que contribuyen al mantenimiento de la barrera intestinal y a la regulación de la respuesta inmunitaria”, explica la doctora Sánchez Somolinos.

Los viajes añaden otro factor de riesgo. Como advierte la doctora Sánchez: “Durante los viajes también puede producirse una exposición a microorganismos patógenos, lo que aumenta el riesgo de diarrea del viajero y otros trastornos digestivos”.

El riesgo de alteraciones es mayor en personas con diagnósticos previos: 'En quienes presentan dermatitis atópica, psoriasis, acné o rosácea, un cambio brusco de hábitos podría sumarse a otros factores capaces de favorecer un brote

Mar Sánchez Somolinos médica especialista en enfermedades infecciosas y microbiología clínica

De cambios en la microbiota a cambios en la piel

La relación entre los cambios en la microbiota y su manifestación en la piel es indirecta y poco predecible, si no hay un trastorno claro. “Una modificación importante de la dieta puede cambiar la composición y la actividad de la microbiota intestinal, sobre todo cuando disminuye el consumo de fibra y aumentan el alcohol o los alimentos ultraprocesados”, explica la doctora Torres. “Sin embargo, no existe una disbiosis de verano concreta ni puede predecirse que un cambio intestinal vaya a provocar una lesión cutánea determinada. En una persona sin enfermedad dermatológica, estas variaciones suelen ser transitorias y no tienen por qué traducirse en síntomas visibles en la piel”.

El riesgo de alteraciones es por tanto mayor en personas con diagnósticos previos: “En quienes presentan dermatitis atópica, psoriasis, acné o rosácea, un cambio brusco de hábitos podría sumarse a otros factores capaces de favorecer un brote, como el estrés, la falta de sueño o un mayor consumo de alcohol. Aun así, en verano suelen tener más importancia clínica factores directos como el calor, el sudor, la radiación solar o el uso de productos que irriten la piel. Por ejemplo, el calor y la sudoración pueden empeorar el eccema, mientras que la exposición solar es un desencadenante frecuente de la rosácea”, añade la especialista.

“En la mayoría de las personas sanas, estos cambios son temporales y la microbiota suele recuperar su equilibrio al retomar hábitos saludables. Sin embargo, cuando existen enfermedades digestivas previas o factores como el uso de antibióticos, la recuperación puede ser más lenta”, advierte Sánchez Somolinos.

El sol y la microbiota alterada

Una revisión de estudios de 2021 intenta establecer esta relación entre la disbiosis intestinal y las enfermedades de la piel, y llama la atención sobre que se observa en las dos direcciones: muchas personas con problemas de la piel también tienen problemas intestinales. Pero ¿empeora la situación la exposición al sol?

“En la actualidad no hay evidencia clínica suficiente para afirmar que una alteración de la microbiota intestinal multiplique el daño producido por la radiación solar o eleve por sí sola el riesgo de cáncer de piel”, comenta la doctora Torres. Los estudios indican que la exposición al sol sí puede cambiar otra microbiota, la de la piel, y modificar los efectos de la protección solar. Para Torres, “todavía se desconoce qué relevancia tienen estas modificaciones para la salud a largo plazo. El principal riesgo para la piel sigue siendo una exposición solar excesiva o sin protección adecuada”.

El principal riesgo para la piel sigue siendo una exposición solar excesiva o sin protección adecuada

Susana Torres oncóloga

Cómo proteger la microbiota y la piel en verano

Para la doctora Sánchez Somolinos, “la recomendación principal es recuperar de forma progresiva las rutinas saludables, evitando cambios bruscos”. Según la especialista, “la microbiota responde mejor a la constancia que a las medidas puntuales. Desde el punto de vista nutricional, conviene priorizar una alimentación rica en frutas, verduras, legumbres, frutos secos y cereales integrales, ya que aportan fibra, el principal sustrato de muchas bacterias beneficiosas. También es útil incorporar alimentos fermentados, como yogur o kéfir, cuando sean bien tolerados”, añade.

La doctora Torres coincide en las recomendaciones dietéticas: “Lo que cuenta con mayor respaldo científico es la adopción de un patrón de alimentación saludable y equilibrado”. Y añade: “También sabemos que mantener un buen descanso nocturno, realizar actividad física regularmente, controlar el estrés y evitar el tabaco son medidas que favorecen tanto la salud intestinal como la cutánea”.

Surge la pregunta de si podemos prevenir alguna de estas molestias con probióticos. “No existe una recomendación general para toda la población”, indica Sánchez Somolinos. “Algunas cepas han demostrado utilidad en situaciones concretas, pero su indicación debe individualizarse según el problema de salud y la evidencia disponible para cada caso”, añade. La doctora Torres coincide en que “su eficacia depende de la enfermedad y de la cepa utilizada y los resultados disponibles son desiguales”.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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