Qué es la astenia veraniega, según un médico: “Se puede confundir con una anemia por la sensación de cansancio”

Solo por combatir el calor nuestro organismo ya está gastando energía extra.

Darío Pescador

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Llega el verano y las vacaciones, se supone que hay que estar descansado y, por tanto, con energía y, sin embargo, muchas personas se sienten exactamente al revés: aletargadas, sin ganas, con la sensación de que el calor les aplana. Esto tiene un nombre y una explicación médica.

“La astenia es más común en primavera cuando comienza el tiempo caluroso y se extiende hasta el verano coincidiendo con las altas temperaturas”, explica el doctor Carlos Fournon González-Barcia, jefe de Urgencias de la Clínica CEMTRO. “Cursa con sensación de cansancio y apatía, falta de fuerza y dificultad para conciliar el sueño”, añade.

La astenia no es lo mismo que el cansancio que aparece después de un esfuerzo. Es un estado de fatiga persistente que no se arregla con el descanso habitual, y que afecta tanto a la capacidad física como a la concentración y el estado de ánimo. En verano, a esos síntomas se suma con frecuencia la pérdida de apetito, ya que el calor suprime las señales internas del hambre y reduce la ingesta de alimentos ricos en nutrientes, lo que a su vez agrava la sensación de fatiga.

Cuando el cansancio es muy intenso, prolongado o no mejora con las medidas habituales, conviene descartar otras causas mediante analítica. El doctor Fournon señala también el riesgo de confusión con otras patologías: “Se puede confundir con una anemia por la sensación de cansancio o de agotamiento”.

La termorregulación del cuerpo y por qué es un trabajo extra

Aunque sintamos que no hemos hecho ningún esfuerzo en todo el día, nuestro organismo sí ha estado trabajando. El cuerpo humano mantiene su temperatura interna dentro de un rango muy estrecho (36,5-37,5 °C) mediante un sistema de termorregulación que pasa una factura energética.

Cuando la temperatura ambiental es alta, aumenta la circulación periférica de la sangre para evacuar el calor desde el centro del cuerpo hacia la piel. Las glándulas sudoríparas se activan para segregar sudor, y se redistribuye el flujo sanguíneo. Todo ese proceso exige un mayor esfuerzo cardiovascular, lo que deja menos recursos disponibles para el rendimiento físico y mental.

Una revisión de estudios en Physiological Reviews sobre estrés por calor y rendimiento explica cómo la hipertermia, el exceso de calor en el organismo, reduce la capacidad aeróbica máxima y aumenta la percepción de esfuerzo para la misma carga de trabajo, no solo en deportistas sino en cualquier persona que realice cualquier actividad en un ambiente caluroso.

La deshidratación que multiplica la fatiga

El mecanismo más importante, y el más corregible, es la deshidratación. En verano, la pérdida de agua por sudoración puede superar con facilidad el litro por hora en condiciones de calor y actividad moderada. Una pérdida equivalente al 2% del peso corporal, que en una persona de 70 kg equivale a apenas 1,4 litros, ya es suficiente para deteriorar el rendimiento físico y cognitivo, aunque no se sienta sed.

Un estudio sobre personas expuestas al calor encontró que la deshidratación del 2% de peso corporal, combinada con un aumento de 2 °C en la temperatura central, provocó una caída del 9% en el rendimiento combinado cognitivo-motor. Cuando los participantes estaban correctamente hidratados, el mismo aumento de temperatura no produjo la misma caída. Esto quiere decir que la hidratación no elimina por completo el efecto del calor, pero lo atenúa de forma significativa.

Para el doctor Fournon, es fundamental en estas circunstancias “evitar la deshidratación con una ingesta abundante de líquidos, y alimentos frescos de fácil absorción como frutas y verduras”.

Los alimentos también compensan la pérdida de electrolitos por el sudor, especialmente sodio, potasio y magnesio. El magnesio, en particular, participa en más de 300 reacciones enzimáticas relacionadas con la producción de energía en las células, y su déficit se asocia con la fatiga y la dificultad para dormir.

El sueño y la astenia

La astenia veraniega tiene también está relacionada bidireccionalmente con el sueño alterado. La “dificultad para conciliar el sueño” que el doctor Fournon señala como uno de sus síntomas característicos se une a que el calor durante la noche interfiere con el inicio del sueño. Cuando la habitación supera los 25 °C, es más difícil que se produzca el descenso de la temperatura corporal central necesario para iniciar el sueño y mantenernos dormidos. Pero, a su vez, el sueño de peor calidad agrava la fatiga del día siguiente, lo que nos hace más vulnerables al esfuerzo físico ante el calor, lo que dificulta el sueño de la noche siguiente.

Recomendaciones para combatir la astenia en verano

Además de mantener la hidratación, las medidas más efectivas tienen que ver con evitar el calor todo lo posible. El doctor Fournon recomienda “evitar exposición al sol y actividad física en las horas de máximo calor”, ya que en estos casos solo estaremos agravando el problema.

Eso se traduce en beber agua o antes de tener sed (la sed aparece cuando la deshidratación ya ha comenzado), preferir alimentos con alto contenido en agua (sandía, pepino, tomate, gazpacho), incluir fuentes de electrolitos en la dieta (plátano, frutos secos, legumbres, lácteos) y desplazar cualquier actividad física al amanecer o a la puesta del sol, cuando las temperaturas son más bajas.

Aún podríamos agravar más la situación: tomar alcohol por la noche y compensarlo con cafeína por la mañana. El alcohol afecta gravemente a la calidad del sueño en las fases profundas, las que necesitamos para recuperarnos, y la cafeína en exceso tampoco nos dejará dormir. En la mayoría de los casos, la astenia veraniega no es grave, y el mejor tratamiento es prestar atención y cuidar nuestro cuerpo.

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